Los fanáticos son tipos normales. Pueden vestir camisas blancas y pantalones vaqueros de pitillo. Tener buen aspecto, una aceptable constitución atlética, saber comportarse con exquisitos modales. Por su aspecto, nadie diría que pueden convertirse en monstruos dispuestos a apretar un botón y a llevarse por delante a cuantos coincidan en el lugar en el que han decidido inmolarse. ¿Por qué lo hacen entonces? El escritor estadounidense John Updike se ha acercado en su última novela, Terrorista (Tusquets), al complejo fenómeno del fanatismo islamista para comprender cuáles son los mecanismos que se ponen en marcha para que se produzca un atentado y se desencadene una catástrofe.
Seguramente no es la mejor novela de Updike (la fotografía es de Martha Updike), pero lo suyo ha sido siempre contar de sus semejantes y de sus complicaciones con el tiempo en que les ha tocado vivir. Ha sido valiente, y honesto también, por no pasar de largo sobre el mayor batacazo de la reciente historia de su país, el 11-S, y por ponerse a escudriñar en los pantanos y las ciénagas que han generado un odio tan grande, capaz de volver a poner en escena ese fenómeno que tantas veces resulta inconcebible, el del mal. Ese mal absoluto que no admite justificación racional de ningún tipo.
Ponerse en el lugar del otro. Seguir sus pasos, abrir poco a poco cada capa de su conciencia, reconstruir su historia, dar cuenta de sus emociones. Así ha hecho Updike para contar la historia de Ahmad, un chaval de dieciocho años, que se convirtió al islam a los trece y que todavía es tan ingenuo que sigue creyendo lo que le dice su maestro, que todos los infieles son sus enemigos y que “el Profeta advirtió que llegará el día en que todos los que no creen serán destruidos”.
Lo relevante no son, sin embargo, las creencias del muchacho, sino más bien cómo esas creencias le permiten construir su propia identidad frente a un entorno que lo margina, del que no forma parte, cuya violencia lo humilla y cuyas promesas le resultan remotas y banales. Y así, lo que en Updike comienza siendo una aproximación al otro se convierte también en una crítica feroz de lo propio, de esa América confusa y sin derroteros claros.
“Estados Unidos está pavimentado de alquitrán y grasas, una masa viscosa que se extiende de costa a costa a la que estamos todos pegados”, piensa Jack Levy, un judío ya mayor, el tutor de Ahmad. Es en ese ámbito pringoso donde el muchacho encuentra en el islam (la religión de su padre, que lo ha abandonado) una salida a la extrema mediocridad de la vida familiar con su madre, una mujer a la que considera “víctima de la religión estadounidense de la libertad”. Una libertad, piensa Ahmad, en la que “la sustancia y el fin de la misma es algo que queda en el aire”.
Por eso Ahmad se precipita en esa estructura divina, la del islam, que hace “postrarse, hombro con hombro, a ricos y pobres”. Y por eso se encuentra capaz de desencadenar el mal, el horror, el desastre. Porque sólo ahí, en su sacrificio, puede cumplir consigo mismo y hacer trizas las humillaciones padecidas. “Tras una vida vivida siempre en los márgenes, ahora está a punto de traspasar la palpitante frontera que lo levará a una posición de radiante centralidad”. Y para eso, para conseguirlo, sólo tiene que apretar un botón.
Hay 4 Comentarios
Me ha parecido muy interesante su artículo, y relacionado con el mismo tema me gustaría recomendar otro libro, recientemente adquirido por mi, y que trata el mismo tema. Se titula "Contra el fanatismo" y su autor es Amos Oz, premio Príncipe de Asturias 2007 de Las Letras, al que algunos ya conocerán, y que para mi ha sido un descubrimiento muy agradable.
Publicado por: Pilar | 23/08/2007 8:36:59
¡Qué agradable sorpresa!. Ventanas abiertas, murmullos, palabras, luces encendidas... En este blog hay de nuevo vida.
Sin pensarlo me asomo y sin pensarlo me cuelo.
Désolée!..!Qué verguenza! Nunca he leido nada de Updike... y no sé si batirme discretamente en retirada.
Mais non!...siempre se gana algo si se continua leyendo.
En esta ocasión el premio ha sido doble: nuevo autor para una lista ,y visión de una de sus obras a través de los ojos de otro.
El tema no deja indiferente, pero no se puede opinar sin haber leido el libro.
No obstante algo atrae la atención del lector:
" Lo relevante no son, sin embargo, las creencias del muchacho, sino más bien cómo esas crencias le permiten construir su propia identidad frente a un entorno que lo margina..."
Ciertamente...Construir un monstruo que no valora en nada ni su vida ni la de sus semejantes.El mal por el mal.
¡Qué revolución y qué entrega tan estúpida!...
Esto me trae a la memoria algo leido tiempo ha , no recuerdo donde:
"A quoi sert la révolution si elle ne doit pas rendre les hommes meilleurs?..."
Pourquoi ne sera- t-elle faite par les hommes les plus humains?...."
Sin respuesta.
Publicado por: Venecia | 22/08/2007 17:58:34
Perdón, "Le dernier jour d'un damné" del escritor argelino Slimane Benaïssa, que a diferencia del fantástico Yasmina Khadra, no ha sido traducido, por lo que me consta. Benaïssa escribió muchísimo teatro, y en Ginebra puso en escena e interpretó una magnífica obra llamada "Prophètes sas Dieu". Me encantaría que se discutiera (¿aquí?) un poco los parámetros literarios de rigor para tratar sagazmente la temática que aborda en su libro Updike.
Gracias.
Publicado por: Abenyusuf | 22/08/2007 11:28:47
Estimado Sr. Rojo,
Me permitiré aconsejarle y a todos los lectores una novela del escritor argelino francófono Le dernier jour d'un damné, que analiza el mismo tema, "En el lugar del otro", con una solvencia de verosimilitud que será difícilmente igualable. Tb. recomiendo el cuento de Hanif Kureishi de "Blues...", un clásico de la temática.
Gracias.
Publicado por: Abenyusuf | 22/08/2007 11:18:35