Hay demasiado vértigo en la Feria de Frankfurt para que los escritores tengan el tratamiento que se merecen. El miércoles, por casualidad, vi a Richard Ford. El periódico Süddeutsche Zeitung junto al Club Bertelsmann y ZDF-Aspekte tienen en el espacio que separa al pabellón seis del cinco su llamado sofá azul. Cada media hora proponen allí un diálogo de un periodista con un autor. Se acumulan unos cuantos curiosos, no sobrepasan nunca los cincuenta, a escuchar lo que se cuenta, se discute o se debate. Unas pantallas proyectan en las cercanías el diálogo. Luego hay firma de libros. Había exactamente ocho entusiastas en la cola de Richard Ford, siete con libro y el octavo con una hoja de periódico, donde el autor de Infierno estampó su amable dedicatoria.
Muchos de los escritores que vienen a la Feria se deprimen, me contaron distintos agentes y editores. Sólo aquí se constata con toda crudeza la envergadura del mercado del libro, y entonces no les resulta difícil observar como aquellas cuantas páginas a las que han dedicado tanto tiempo y que han escrito con tanto mimo sólo son una minúscula e ínfima porción de los millares y millares de páginas que han escrito otros colegas suyos, seguramente con parecida dedicación y mimo. Un grano de arena en una playa. Viendo así las cosas, sorprende el interés que puedan tener algunos en estar físicamente presentes en el evento.
De lo que se trata es de comprar y vender, y los protagonistas son agentes y editores. Umberto Eco estuvo también el otro día en el sofá azul. Si hubiera algún tipo apuntando los libros que firmó seguro que el novelista y ensayista italiano no alcanza, ni remotamente, la cifra de títulos que firmó cualquiera de los autores que estuvieron en el Festival Hay de Segovia.
Eso sí, en esta Feria hay 2.500 actos programados. Y hay gente para pararse en ellos, y escuchar de principio a fin lo que allí se cuenta. De paso, yendo de un lado a otro, en uno de los stands de la zona alemana, una escritora ya anciana leía ayer fragmentos de uno de sus libros. La escuchaban no mucho más de una decena de personas, algunos tan ancianos como la autora. Una isla de calma y recogimiento y sosiego en mitad de la borrasca. Seguramente son este tipo de cosas las que hacen de esta cita algo único.
Hay 2 Comentarios
¡Cuánta razón!
Publicado por: Papa de la crítica | 13/10/2007 14:46:24
http://www.arantxameridainteriorismo.com/
Publicado por: Arantxa Merida | 12/10/2007 21:50:01