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12 noviembre, 2007 - José Andrés Rojo

Una mirada diferente

Una arrolladora ha pasado por el marxismo y se lo ha llevado por delante. Ésa es la impresión que se deriva, por lo menos, de la debilidad de su presencia en las discusiones teóricas recientes. Y es que hubo un tiempo en que frente al marxismo sólo había dos respuestas posibles: o sí o sí. Negarlo era una aberración; discutir sus postulados, una apostasía; cuestionar su eficacia práctica, no sólo un dislate sino la peor de las traiciones, pues se entraba directamente a las filas de la reacción. Así que un gustazo haber estado hoy con Eric Hobsbawm en Barcelona, donde el gran historiador marxista ha hablado sobre Europa en el Centro de Cultura Contemporánea (CCCB) junto a Donald Sassoon y Josep Fontana.

Un gustazo porque la sabiduría de este hombre es inmensa, llena de recovecos y cargada con la Hobsbawm_carles_riba munición más eficaz, la de la pasión. Nacido casualmente en Egipto en 1917, se formó en la cultura de la Mitteleuropa de principios de siglo y vio, por tanto, cómo se iba a pique, se astillaba y al final naufragaba en los campos de batalla de la I Guerra Mundial. Entonces Hobsbawm (la foto es de Carles Ribas) era un niño, cierto, pero en 1933 ya repartía en Berlín los panfletos que paría la organización juvenil comunista a la que se había apuntado para ganarle las elecciones al monstruo que se avecinaba. Pero triunfó Hitler y aquel joven judío de madre austriaca y padre inglés se fue a vivir a Londres. Terminó estudiando en Cambridge historia, aunque lo que le interesaba entonces era sobre todo la literatura.

Hobsbawm sigue defendiendo el marxismo, el poder que tiene para desentrañar el mundo capitalista y sus hondas raíces materialistas. Lo que le pasó a esta doctrina fue precisamente eso, que se convirtió en doctrina: sus fundadores habían creado unas herramientas que desnudaban con brutal efectividad los mecanismos de la dominación económica del capital y las múltiples alienaciones que padecían los hombres, pero de paso habían dado unas cuantas fórmulas para arreglar el mundo. La paradoja mayor es que siempre hablaron de una revolución que tenía que triunfar en los países desarrollados y, en realidad, sólo se impuso en aquellos que tenían pendiente su industrialización y, por tanto, su modernización.

Los desastres no hace falta repetirlos: dictaduras, purgas, campos de exterminio, millones de víctimas inocentes. La utopía se merendó a los hicieron de aquella doctrina un dogma de fe (y los que no comulgaban con ella, en muchos casos no están ya ni para contarlo). Pero Hobsbawm con lucidez no se emplea en defender lo indefendible, sino que va mostrando cómo el marxismo que aprendió y sigue cultivando mantiene intacto su poder de análisis. Lo hace atendiendo a los matices, no dando nunca por buena la versión más extendida, revelando la complejidad de las cosas. Con él no sirven las nuevas doctrinas que han venido a tapar el agujero de incertidumbres que indisponen a los creyentes (y que producen conversos cada día más fundamentalistas y peligrosos). Con la finura del historiador curtido (y cómplice aún del joven que fue) pasa el bisturí y le abre las entrañas al mundo: sigue estando en estado comatoso, pero nadie lo va a arreglar si no somos nosotros mismos.

Comentarios

¡Qué envidia, poder estar hoy en Barcelona y escuchar a Hobsbawn!. Eric Hobsbawm, uno de los últimos marxistas clásicos vivo (y lúcido), nos recuerda con su vida que teoria y praxis deben ir unidas. Es excelente su comentario. Tan excelente que en esta España de hoy empobrecida culturalmente, pacata, desinformada, despreocupada por temas tan importantes, apenas suscita participaciones, mientras otros blogs, más ligeros, rebosan comentarios.
Sólo una observación: dice usted "la utopia se merendó a los que hicieron de aquella doctrina (el marxismo) un dogma de fe". Es cierto pero las utopias (creo haberselo leído en alguna ocasión a Saramago -y cito de memoria- es algo hacia lo que hay que tender, un horizonte hacia el que se progresa. Y los horizontes -y también cito de memoria a Eduardo Chillida- no existen, se disipan a medida que nos acercamos a ellos pero son una referencia necesaria.

El marxismo es una forma de utopía bien válida, ya que las utopías son las que ha hecho evolucionar al mundo, nunca deberíamos olvidarlo.
Otra cosa es como el hombre es capaz de prostituir cualquier idea hermosa que se ponga en sus manos, no es una excepción el marxismo. Partir de la premisa de que todos podemos tener lo mismo y ser absolutamente iguales, es la gran utopía, Marx olvidó que el hombre es un lobo para el hombre y dió libertad a sus sueños. Pero el ser humano se encargó, por desgracia, de quitarle la razón. Pero no se puede olvidar la grandeza de Marx en todo lo planteado, ya que en ningún momento hablaba de dictaduras asesinas para imponer su ideal.¿Realmente Marx ha muerto, como se proclamó hasta la saciedad durante finales de los ochenta y los noventa?

El marxismo es una forma de utopía bien válida, ya que las utopías son las que ha hecho evolucionar al mundo, nunca deberíamos olvidarlo.
Otra cosa es como el hombre es capaz de prostituir cualquier idea hermosa que se ponga en sus manos, no es una excepción el marxismo. Partir de la premisa de que todos podemos tener lo mismo y ser absolutamente iguales, es la gran utopía, Marx olvidó que el hombre es un lobo para el hombre y dió libertad a sus sueños. Pero el ser humano se encargó, por desgracia, de quitarle la razón. Pero no se puede olvidar la grandeza de Marx en todo lo planteado, ya que en ningún momento hablaba de dictaduras asesinas para imponer su ideal.¿Realmente Marx ha muerto, como se proclamó hasta la saciedad durante finales de los ochenta y los noventa?

El marxismo es una forma de utopía bien válida, ya que las utopías son las que ha hecho evolucionar al mundo, nunca deberíamos olvidarlo.
Otra cosa es como el hombre es capaz de prostituir cualquier idea hermosa que se ponga en sus manos, no es una excepción el marxismo. Partir de la premisa de que todos podemos tener lo mismo y ser absolutamente iguales, es la gran utopía, Marx olvidó que el hombre es un lobo para el hombre y dió libertad a sus sueños. Pero el ser humano se encargó, por desgracia, de quitarle la razón. Pero no se puede olvidar la grandeza de Marx en todo lo planteado, ya que en ningún momento hablaba de dictaduras asesinas para imponer su ideal.¿Realmente Marx ha muerto, como se proclamó hasta la saciedad durante finales de los ochenta y los noventa?

La página dedicada a Hobsbawm en el número de hoy se complementa muy bien con el artículo de Todorov, tambień de hoy.
Gloria, ¿O si pensamos la anteUtopía en vez de la utopía?
Atentamente,

que suerteeeeeeeeeee!!!por que no salen estos sabios mas a menudo...aqui solo nos queda conformarnos con una simple pagina y un rapido comentario sobre una leyenda viviente..que tristeza de pais que tristeza de informadores..

que suerteeeeeeeeeee!!!por que no salen estos sabios mas a menudo...aqui solo nos queda conformarnos con una simple pagina y un rapido comentario sobre una leyenda viviente..que tristeza de pais que tristeza de informadores..

que suerteeeeeeeeeee!!!por que no salen estos sabios mas a menudo...aqui solo nos queda conformarnos con una simple pagina y un rapido comentario sobre una leyenda viviente..que tristeza de pais que tristeza de informadores..

A Marx lo mató un día Felipe González mientras veía arder en su biblioteca los libros de Marta Harnecker y de Engels.
Ya no quedan noticias de él. Tal vez Hobsbawn que como buen británico es marxista pueda recuperar para los más jóvenes (qué pena, ni siquiera conocen a Groucho) las respuestas a muchas preguntas que nos hicimos muchos allá por los setenta.

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