¿No es una exageración? ¿Hace falta realmente ponerse las pilas y salir a la gresca? ¿Qué batalla se libra, contra qué enemigo, en qué territorio? ¿Está la guerra declarada? ¿De qué está hablando, dónde hay que alistarse? Élie Barnavi (Bucarest, 1946), que fue embajador de Israel en Francia entre 2000 y 2002 y dirigió el Centro de Estudios Internacionales de la universidad de Tel-Aviv y que es ahora director científico del Museo de Europa en Bruselas, acaba de publicar Las religiones asesinas (Turner). Es un panfleto. Donde llama, efectivamente, a la acción y en el que revela el rostro malvado del enemigo. “Aquí no nos peleamos contra unos Gobiernos que representan a unos pueblos, sino contra una nebulosa que transmite una idea. Y por eso la batalla de las mentes es más importante que la de los cuerpos”, escribe.
Son 124 páginas. Nueve tesis y una conclusión. En la advertencia, Barnavi empieza diciendo que no, que Dios no ha muerto, que lo podríamos haber dado por muerto los occidentales, pero que ahí está una vez más con renovados ímpetus, a la cabeza de nuevas hordas de creyentes que amenazan justamente aquello por lo que llevamos luchando siglos: la libertad. “La guerra”, dice Barnavi, “¿para qué? Pues ya se lo he dicho, la guerra para salvaguardar sus valores, sus libertades, su modo de vida. En una palabra, el porvenir de sus hijos”.
Escrito en segunda persona, exigiendo así la atención de sus interlocutores, y provocándolos, Barnavi recorre de manera pedagógica y rotunda en sus nueve tesis el estado de la cuestión. “Religión” es un rompecabezas. Toda religión es política. El fundamentalismo es una lectura particular de la religión. El fundamentalismo revolucionario es una lectura totalitaria de la religión… La simple mención de los títulos de sus tesis señala ya el recorrido de sus reflexiones. Barnavi empieza contando la extrema variedad de las religiones, la multitud de iglesias y corrientes que conviven bajo el paraguas de las distintas fes, y va afinando hasta señalar al enemigo verdaderamente peligroso: el fundamentalismo revolucionario, ese fundamentalismo que se entiende legitimado para recurrir a la violencia cuando se trata de imponer su lectura de los textos sagrados para acabar con el orden impío.
Es ahí donde aparece el terrorismo islamista en lontananza. Esa nebulosa que para imponer su idea no duda en sacrificar a sus fieles en atentados suicidas. Del otro lado de las trincheras, y eso es lo que convendría retener, la sociedad liberal, “una sociedad atomizada, centrada en el individuo y sus derechos inalienables” y que ha perdido la garra para luchar por los valores que la han hecho ser lo que es. ¿Qué valores? Barnavi los resume en una palabra: el laicismo. Y subraya: “Este laicismo, sin el cual no hay democracia posible, tendrá usted que defenderlo con uñas y dientes, sin matizaciones ni flaquezas”. ¿Ha quedado claro?
Hay 4 Comentarios
"La guerra es la paz" decía hace muchos años el Gran Hermano en 1984 de Orwell...
Estos nuevos defensores del laicismo y la democracia despiden un fuerte hedor a totalitarismo, por cierto, muy parecido al de aquellos a los que quieren combatir.
Publicado por: Enrique | 29/12/2007 0:10:46
Rara envoltura la que pone Elie Barnavi al laicismo: la del combate a un fundamentalismo particular. Como si fuese el único. ¿Bush es laico? ¿Ratzinguer es laico cuando alaba la expansión del catolicismo contra los turcos y los pueblos americanos? Estamos de acuerdo en luchar por el laicismo, pero a partir de hacer cuentas a todos los fundamentalismos.
Publicado por: victor | 24/12/2007 18:56:43
siempre aparecen cuando menos los necesitas!!
Publicado por: Martin | 22/12/2007 5:21:46
El Sr Barnavi,¿a que laicismo se refiere,al de Europa o al de Israel?
Debería revisar el concepto Estado laicista, Europa e Israel,afortunadamente, no comparten la misma idea sobre su significado e implicaciones.
Otro llamando a la guerra santa...¿pero de donde sale tanto iluminado?
Un saludo
Publicado por: JanoCunctator | 14/12/2007 17:21:53