Con Crimen sin castigo (Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores) termina de publicarse en España la trilogía que Vitali Shentalinski ha dedicado a explorar los archivos literarios del KGB. Como los anteriores volúmenes, este último contiene un puñado de historias que no sólo revelan las estrategias de represión del régimen estalinista sino que muestran también la riqueza, vitalidad y las muchas veces extraña factura de la cultura hecha en Rusia y sus alrededores. Lo más valioso de la propuesta de Shentalinski sigue siendo, sin embargo, el escalofriante viaje que propone al corazón del terror a través de casos concretos. Las historias del teólogo Pável Teréntievich Alekséyev y de los poetas Leonid Kenneguíser, Nikolái Gumiliov y Anna Ajmátova y de tantos y tantos otros, que recoge esta tercera entrega, vuelven a poner los pelos de punta por la mezcla de arbitrariedad, ignominia, saña y extrema frialdad con que operaron los servicios secretos comunistas.
Justamente por eso, por tratarse de historias individuales que muestran las entretelas del horror, me
he vuelto a acordar de otro personaje del que se ocupa Shentalinski. Sus peripecias están recogidas en Denuncia contra Sócrates, el volumen anterior, y dan cuenta de las vueltas que puede dar una vida, una vida vivida en el filo de una navaja, hecha de metamorfosis y traiciones, donde se confunden maldad y ambición, ideales y bajezas. El nombre no les sonará de nada: Borís Viktórovich Savinkov (en la foto).
El tipo organizó el asesinato de personajes relevantes del zarismo durante los inicios de la Primera revolución rusa. Fue ministro de la Guerra y la Marina en 1917 en el gobierno provisional de Kerenski y se enfrentó a los bolcheviques cuando asaltaron el Palacio de Invierno convirtiéndose después en uno de los más reputados caudillos del ejército blanco. Levantó numerosas sublevaciones en distintas ciudades rusas y luchó en la Siberia contrarrevolucionaria: fue derrotado. Salió hacia Polonia. En Varsovia creó un ejército para continuar peleando contra los bolcheviques y volvió a perder. Rompió entonces con los blancos y fundó su propio partido con el que organizó el Movimiento Verde, que llevó a los campesinos a una cruenta guerra contra los comunistas. Si antes había planificado un atentado contra Nicolás II, no dudo en concebir uno que acabara con Lenin. No salió bien.
En 1924, Savinkov fue hecho prisionero por los servicios secretos soviéticos y fue encarcelado en la Lubianka, el temido lugar en el que acababan los enemigos de la Revolución. Lo llamaban hombre-teatro por la variedad de las máscaras tras las que se escondió. Y es que, además de todas sus peripecias como hombre de acción, fue también escritor y periodista (sus novelas han sobrevivido bajo su sobrenombre literario, V. Ropshin).
El mítico terrorista y contrarrevolucionario no pudo al final con los chequistas. Ni siquiera llegó a pasar un año completo en la Lubianka. Un día pudo acercarse hacia una ventana que estaba abierta, se encaramó y se tiró. No pudieron detenerlo. En mayo de 1925, poco antes de lanzarse al vacío, había escrito en su diario, comentando un pasaje de los hermanos Goncourt: “El destino de los grandes personajes es tal, que llega un día en que no queda salida. Entonces se arrojan al mar”.
Hay 3 Comentarios
fe de erratas del articulo de simon p. g.:excexo por exceso;iden por idem ;Reagan por Reagan; ante oeras por anteojeras ; Mandels mann por MANDELSTAM; envoga por en voga; otra mente por otramente. disculpas.
Publicado por: gramsciez | 26/12/2007 16:39:14
fedeerratas:exceso no escexo .otramente no otra mente
Publicado por: simonpu simonpuertagarcia | 25/12/2007 18:41:56
lo de "arbitrario" no se puede sostener en la mayor parte de los casos, tras las investigaciones objetivas y no deformadas en excexo ideológicamente, siguiendo los estudios realizados en los últimos 20 años; otra cosa es la propaganda; sobre todo de los discípulos del primer creador mediático mundial(y empleador de Hitler), el señor William Hearst y como el tal R. Conquest(asesor de M. Thatcher) y R. Pipes(iden de R. Reaga), además una larga "pleïade" de corifeos bien pagados, que "cumbrea" entre el esperpento máximo(se superará) de M. Amis y es que la contibrución de estupidez, falta de honestidad y buen vasallaje de señor, haciendo méritos, no encuentra límites, llegando hasta las afirmaciones más irrealizables. Aclaremos que lo de "la ignominia" es un concepto moral que dependerá de los valores que uno defiende y/o imperante, hay quien se lo merece por su actuación aún no siendo consciente de ello debido a sus antioeras ideológicas y egoísmo(la propia Nadiezhda Mandels Mann, se pone en evidencia cuando relata en su memorias hechos y pensamientos: se muestra un talante supuestamente generoso y humanitario). Por fin, imagino que será por un intento excesivo, muy envoga en la actualidad, pero estimado José Andrés lo de "saña" y "extrema frialdad" no es posible (es un anacoluto) y no se puede estar "secamente mojado": la saña es caliente, furiosa, descontrolada, arrebatada, nunca es fría ni calculada, no se puede actuar con saña y frialdad. Tengo un enorme respeto por la figura del general Vicente Rojo, y la lectura de su biografía, hace unos pocos años hizo acrecentar ésta, junto al añadido de la estima a su biografiador y nieto. Siento que escribir en un media, paradigmatico, de la tercera restauración, junto a la moda "signo de los tiempos", bien apreciada en dinero y otra mente, de divulgar prejuicios antiestalinistas sea su condición necesaria y quizá...
Lo piensa alguien de su misma generación, nacido a final de los 50.
Publicado por: simonpuertagarcia | 25/12/2007 18:24:10