El rincón del distraído

Sobre el blog

El rincón del distraído es un blog cultural que quiere contar lo que pasa un poco más allá o un poco antes de lo que es estrictamente noticiable. Quiere acercarse a lo que ocurre en la cultura con el espíritu y la pasión del viajero que descubre nuevos mundos y que, sorprendido e inquieto, intenta dar cuenta de ellos.

Sobre el autor

José Andrés Rojo

(La Paz, Bolivia, 1958) entró en El PAÍS en 1992 en Babelia. Entre 1997 y 2001 fue coordinador de sus páginas de libros y entre 2001 y 2006 ha sido jefe de la sección de Cultura del diario. Licenciado en Sociología, su último libro publicado es Vicente Rojo. Retrato de un general republicano (Tusquets, 2006), XVIII Premio Comillas. Correo: @elpais.es.

“The Sidewinder”

Por: | 31 de enero de 2008

Cuando cumplió catorce años, Lee Morgan recibió de regalo una trompeta. Se la habían comprado su hermana Ernestine y su madre. Su padre era pianista de góspel, así que la afición estaba firmemente arraigada en casa. Vivían en Philadelphia, y el muchacho no tardó en participar en diferentes jam sessions con tipos de la localidad, como John Coltrane y Benny Golson. Las primeras sesiones de grabación las hizo con Horace Silver y Hank Mobley. En 1956, cuando tenía dieciocho años, entró en la big band de Dizzy Gillespie. Luego formó parte de los Jazz Messengers de Art Blakey entre 1958 y 1961. Fue ese año cuando regresó a casa, a Philadelphia, enganchado a la heroína. En 1963 entró en los estudios de Blue Note para grabar The Sidewinder. Al poco tiempo el tema batía todos los récords de ventas en el mundo del disco del jazz. Su elegancia permanece intacta.

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Sobre la música

Por: | 30 de enero de 2008

Mozart le comentó en una carta a su padre que la música debía permanecer siempre musical. Es decir, siempre seductora y encantadora aunque sirviera de vehículo a unas palabras cargadas de tristeza y de desamparo. Lo recuerda el filósofo francés Clément Rosset en El objeto singular (Sexto Piso), donde vuelve a ocuparse de lo real y su doble. “La música que acompaña a un texto, o más exactamente, que se acompaña de un texto, como una ópera o un lied, no tiene por función ni sujetarse a ese texto ni ponerse ella misma a su servicio”, escribe. Poco antes había sido más claro, al afirmar que la música es lo más ajeno que existe “a la realidad evocada por las palabras”.

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Una figura clásica

Por: | 29 de enero de 2008

En el epílogo que Mario Perniola, profesor de Estética en la Universidad Tor Vergara de Roma, ha incorporado a Los situacionistas. Historia crítica de la última vanguardia del siglo XX (Acuarela & A. Machado), que publicó originalmente en 1972, hay un singular retrato de Guy Debord. Perniola empieza por considerar que éste tuvo una relación de rivalidad mimética con André Breton y, enseguida, se pregunta por qué los situacionistas no han desempeñado en la cultura de finales del siglo XX la misma influencia que tuvieron los surrealistas en la de antes de la Segunda Guerra Mundial. Y escribe: “Es cierto que Debord pasó la mayor parte de su vida en estado de intoxicación y no pudo dar lo mejor de sí mismo, como hizo Breton; y que la calidad y el número de personas que Breton supo comprometer directa o indirectamente en su empresa no son ni de lejos comparables con el entorno situacionista y pro-situacionista”. El caso es que, hacia 1966, los surrealistas ya pintaban poco y “la antorcha de la revolución había pasado a manos de los situacionistas”.

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Latidos de nuestro tiempo

Por: | 24 de enero de 2008

Dentro de un par de meses se va a publicar la segunda entrega de la autobiografía de Julián Rodríguez. Así que corro a leerme la primera parte, que quedó traspapelada en su momento entre tanto libro. Ahí está: Unas vacaciones baratas en la miseria de los demás (Caballo de Troya). De inmediato esa impresión tan grata que ya se conocía de otros textos suyos: la ligereza de la escritura. Las palabras fluyen, van sueltas, caminan por la página como si las hubieran soltado a dar un paseo y tuvieran urgencia por disfrutarlo. ¿Una autobiografía sin haber llegado a los cuarenta? Lo es, pero no responde estrictamente a lo que se supone que da, o promete, ese género. Es otra cosa.

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‘My Funny Valentine’

Por: | 23 de enero de 2008

Miles Davis pasa por haber revolucionado el jazz un montón de veces y de haber marcado con su influencia esa música durante medio siglo. En 1944 conoció a Charlie Parker y a Dizzy Gillespie y se puso con ellos a marcar los derroteros del bebop, que transformó profundamente lo que se venía haciendo hasta entonces. Cuatro años después fundó un grupo de nueve músicos con una amplia sección de viento. Grabaron The Birth of the Cool, así que también se inventó (cuando el disco se publicó en  1957) lo que pronto sería otro estilo, otra tendencia, otra moda: el cool. Cambió la manera de entender la música para el cine con su banda sonora para Ascensor para un cadalso (diciembre de 1957), de Louis Malle, y en 1959 grabó Kind of Blue, que procede de sus investigaciones en la música modal, y que es el mayor hito de su carrera. Luego anduvo columpiándose con el hardbop y el free, valga decir la vanguardia, y con In a Silent Way y Bitches Brew, logró en 1969 que los caminos del jazz confluyeran con los del rock. Abrió las puertas del futuro, donde todavía seguiría proponiendo más cambios y sorpresas. Pero, para mí, lo mejor que hizo Miles Davis fue invitar a Red Garland a realizar su soberbia interpretación en My Funny Valentine, del disco Cookin’ (1956) para Prestige.

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La juerga y el desgarro

Por: | 22 de enero de 2008

“Traía aspecto de indiano rico y la barba poblada. Metido en una  juerga, aquel tipo extraño pidió al maestro Patiño que le acompañara por siguiriyas gitanas. Su voz rompió a cantar y todos se quedaron mudos”. Silverio Franconetti acababa de volver de su periplo americano y así cuenta el impacto de su arte el periodista Miguel Mora en una de las tantas versiones de su libro sobre el flamenco que se publicará a final de año. En aquella juerga estaba también María Borrico, famosa siguiriyera de Cádiz, y cuenta Mora que le pidieron que cantara. Ella respondió: “¿Y cómo quieres que cante, si ese gachó de las barbas me ha estemplao?”. Del gachó de las barbas dicen que en 1865 sentó en Sevilla las bases del gran cante flamenco. Por eso Patricia Moli y Pedro G. Romero, comisarios de La noche española, han elegido esa fecha para iniciar el recorrido en torno a flamenco, vanguardia y arte popular que proponen en el Reina Sofía de Madrid. El paseo termina en 1936.

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La modernidad

Por: | 21 de enero de 2008

Hay un profundo desencuentro entre el personaje del escritor del Diario de un mal año (Mondadori), el último libro de J. M. Coetzee, y el compañero de la joven que contrata como mecanógrafa. Uno es ya un tipo mayor, célebre por sus libros, y trabaja en un manuscrito para una editorial alemana en el que elabora sus opiniones sobre los temas más diversos. El otro tiene poco más de cuarenta años, sabe bastante de matemáticas y se dedica a ganar dinero a través de operaciones financieras. Este piensa del mayor que no se entera de nada. “Quiere ver codicia y explotación”, dice. “Para él todo es un juego de moralidad, en el que los buenos se enfrentan a los malos. Lo que no ve o se niega a ver es que los individuos son jugadores en una estructura que trasciende los motivos individuales, trasciende el bien y el mal”.

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Un breve descanso

Por: | 10 de enero de 2008

ELPAIS.com informa de que José Andrés Rojo se encuentra de vacaciones. En unos días retomará su blog, "El rincón del distraído".

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El País

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