Dentro de un par de meses se va a publicar la segunda entrega de la autobiografía de Julián Rodríguez. Así que corro a leerme la primera parte, que quedó traspapelada en su momento entre tanto libro. Ahí está: Unas vacaciones baratas en la miseria de los demás (Caballo de Troya). De inmediato esa impresión tan grata que ya se conocía de otros textos suyos: la ligereza de la escritura. Las palabras fluyen, van sueltas, caminan por la página como si las hubieran soltado a dar un paseo y tuvieran urgencia por disfrutarlo. ¿Una autobiografía sin haber llegado a los cuarenta? Lo es, pero no responde estrictamente a lo que se supone que da, o promete, ese género. Es otra cosa.
Se entiende, en principio, que quien decide contar su propia vida lo que anda buscando es colocar cada cosa en su sitio, hacer balance, formular una hipótesis (y una interpretación) de lo que fue, lo que es, lo que viene siendo su propia historia. Nada tan ajeno a lo que hace Julián Rodríguez. En algún lugar de esta primera parte lo cuenta: que la idea le vino en un seminario de fotografía de la Menéndez Pelayo. Estaba tratando allí de imágenes, de lo que revelan y ocultan, de cómo funcionan, de lo que de ellas puede decirse, de cómo te sacuden, de sus posibilidades artísticas y políticas… y le entraron ganas de ponerse a contar lo que va pasando. Vaya principio.
Quizá hablo muy alegremente de autobiografía, y es que tampoco tiene tanto sentido etiquetar las cosas. Hay en este libro diez momentos y un prólogo, y todo cuanto se cuenta ha ocurrido en la vida real. No hay ficción. Aparecen el padre, la madre, los hermanos y algún sobrino de Julián, unas cuantas chicas (Acacia, Lucía, Joaquina, Pascale), y luego hay historias y un montón de páginas para tratar de fotografía (aparecen o se habla de Carl Sutton, Jacob Riis, Koto Bolofo o Kzrystof Gieraltowski, por citar al azar unos cuantos nombres) y también de arte.
Y luego está Extremadura. Cáceres, Las Hurdes, Ceclavín. Sobre todo la zona de la raya entre España y Portugal. Julián Rodríguez procede de una familia campesina y ha heredado su familiaridad con la naturaleza, con la materia de la tierra, con los abruptos cambios de tiempo, con el desamparo y las sutiles variaciones de color que marcan las horas. Conoce bien sus latidos, sabe oírlos. Tan bien, por lo menos, como sabe oír los latidos de nuestro tiempo en los afanes de sus artistas. Luego está todo lo que cuentan las fotos. Pero para eso hay que sumergirse en sus historias. Dejarse arrastrar por esa prosa tan suelta que celebra el afán de conocer, de expresar, de preguntarse, de provocar, de elaborar y corregir y meter la pata. Todo eso que hacen los artistas y también unos cuantos mortales.
Hay 4 Comentarios
Hola, José Andrés.
Me alegra enormemente que hayas leído esa maravilla de libro que nos regaló Julián. Yo espero, también ansioso, Cultivos.
De Unas vacaciones hablé en mi blog, el enlace es: http://vivirdelcuento.blogspot.com/2006/09/dottore-in-niente.html
Publicado por: Antonio Jiménez Morato | 28/01/2008 19:53:49
que edad es pues la adecuada para escribir una autobiografia?
Publicado por: horacio | 27/01/2008 8:21:04
Hoy he leído el muy interesante artículo que salía en la edición impresa de EL PAÍS sobre este tema... Y cuál ha sido mi sorpresa al comprobar que estaba equivocada la firma!!!! Menos mal que los que te leemos habitualmente, sabemos tu estilo y referencias.
Publicado por: Asombro Profundo | 26/01/2008 16:47:07
Qué buena noticia que salga ya la continuación de Unas vacaciones baratas. Nos gustó mucho ese libro, y desde que se anunció que abría un ciclo estamos entusiasmados. Te leemos siempre José Andrés, unos apuntes sutiles y parece que sin prisas y nos gusta lo que propones por lo habitual y el modo en que lees algunos libros y escuchas discos.
Publicado por: Adela y Pablo | 25/01/2008 18:18:00