¿Es sensato que a uno le interesen todas las tendencias? ¿No hay en esa actitud un exceso de diletantismo y falta de criterio propio? ¿Tiene sentido cerrarse en una parcela para profundizar en ella y evitar así la frivolidad de brincar de un lado a otro? ¿Existe más valor en el trabajo lento o en el gesto inmediato ante un estímulo cualquiera? ¿Hay mayor fundamento en la lectura de lo que se hizo en el pasado o es más rico alimentarse de la pluralidad del presente? ¿Tiene mayor autoridad el tiempo o el dinero? ¿Qué pesa más, el reconocimiento del profano o el del que sabe? ¿A quién y por qué tres razones merece la pena hacerle caso? ¿Hay más belleza en el ruido o en el silencio? Señores y señoras, una nueva edición de Arco, la feria internacional de arte, acaba de tener lugar en Madrid. Ayer cerró sus puertas.
Debo confesar que en cuanto encontré colgada de una pared la pequeña fotografía del tenedor de
André Kértesz ya fui profundamente dichoso. Ahí, en la galería Kicken de Berlín, estaba acompañada por otras imágenes de clásicos del siglo XX y, claro, uno tiene sus debilidades. Una pequeña maravilla de Brancusi, otras de Peter Keetman y de Lazslo Moholy-Nagy, algo de Otto Steinert, de Kiyoshi Niiyama (en la foto), de Ed van del Nelsken… Debió de ser tan intenso el entusiasmo que derramaba que por lo menos dos de las responsables de la galería se acercaron a intentar venderme lo que fuera. Tuve que decirles la verdad, y confesarles mi ruina.
Por lo demás, un aluvión de propuestas de lo más diferente. Vas de un lado a otro y ahí te asaltan desde
toros hasta dictadores (Fidel) o terroristas (Bin Laden), hay unos gordos metálicos que juegan a una especie de ping-pong, y hay miles de fotografías (muchas de ellas inmensas y, como quien dice, del jardín de casa), y colores que explotan aquí y allá llenos de vida, hay esculturas sobrias y elegantes y otras gamberras y juguetonas. Están las chicas de Julian Opie, siempre tan ligeras, y de pronto te das de bruces con cuatro fotografías (inquietantes siempre) de Boris Mikhailov. Por haber ha habido hasta un tipo solitario, convertido él mismo en pieza de arte: “Carmine Caputo di Roccanova (manierismo geométrico) busca esposa” (en la imagen). La irrupción de la soledad en el tráfico vertiginoso de reclamos visuales.
Y cada año uno se agarra una obsesión, y esta vez ha sido por los desenfocados. Imágenes
movidas, acuosas a veces, que insinúan lo que muestran sin revelarlo del todo. Como las fotos de momentos tomados de la televisión que hace Thomas Ruff (en la imagen). Pero es curioso porque no hay sólo figuración desenfocada (borrosa), también la hay en algunas propuestas abstractas y, claro, en muchos vídeos que son tan rápidos como para poder atraparlos. Será que así estamos ahora: sin poder ver las cosas de forma rotunda, sólo vagas formas, lejanas, como yéndose. O mejor: sin conseguir nunca alcanzarlas.
Hay 1 Comentarios
Buen rollo ARCO.
Más cultura, más diversidad, más experiencias eso es lo que hace falta en este país.
Publicado por: tenachico | 19/02/2008 18:31:37