Al séptimo duque de Medina-Sidonia no le fue muy bien con la Armada Invencible, y eso que tenía fama de experto marino. El decimocuarto leía con pasión a Voltaire y Rosseau y se encargó de que no faltara la Enciclopedia en los pueblos en los que gobernaba. Pero no le gustaba mandar. Su sueño era vivir en Francia y comenzó los largos papeleos con la corte para que le permitieran liberarse de sus responsabilidades. Lo consiguió al final, preparó su partida. No tuvo suerte: murió antes de cruzar la frontera. Se llamaba Pedro de Guzmán. El duque de Medina-Sidonia que vivió durante la guerra de la Independencia se situó abiertamente contra los franceses, aunque era ilustrado. Una detrás de otra fueron sucediéndose algunas de las historias de estos viejos personajes que ya nadie recuerda. Las contaba Liliana Dahlmann, la presidenta de la Fundación Casa de Medina-Sidonia el pasado jueves en Sanlúcar de Barrameda. Hablaba muy cerca de los más de seis millones de documentos del inmenso archivo que se conserva en el palacio de esa pequeña y luminosa ciudad andaluza.
Luisa Isabel Álvarez de Toledo, la llamada duquesa roja, murió hace unos días. Liliana Dahlmann (que
aparece con ella en la imagen) recordaba que su abuelo, Gabriel Maura y Gamazo, la familiarizó desde muy pequeña con la historia. Con catorce años ya se movía con destreza para encontrar la información que le había encargado que buscara entre viejos papeles. Le enseñó a amar el documento. Cuando se convirtió en duquesa de Medina-Sidonia en 1956, rescató el archivo de su familia de un guardamuebles en Madrid y lo llevó al palacio de Sanlúcar. Allí se sumergió, durante larguísimas jornadas, en esos 6.314 legajos para organizarlos. Lo consiguió. Veinte densos volúmenes contienen el inventario de lo que allí se conserva. Una guía, unas cuantas coordenadas, para navegar por una larga historia.
La página web de la Fundación (www.fcmedinasidonia.com/) permite conocer el resultado de los afanes de esa duquesa que entendió que las cosas de su familia deberían estar al servicio de la comunidad. También es una ventana a la vertiginosa e incansable actividad que realizó a lo largo de su vida. Levantó la Fundación, escribió más de veinte libros (novelas y ensayos históricos) y conservó las ganas de pronunciarse sobre las cosas que pasaban, como puede rastrearse en sus múltiples escritos (http://colonias.iespana.es/1menuprim/menuprincipl.htm). Si durante el franquismo se enfrentó a la dictadura, su furia crítica siguió intacta después, y no dejó de disparar contra los asuntos más variados.
Fue Guzmán el Bueno en el siglo XIII, cuando se enfrentaban cristianos y musulmanes, el que puso los fundamentos de lo que sería con el tiempo el ducado de Medina-Sidonia. El título llegó más tarde, en 1445, y lo recibió Juan de Guzmán (y no su célebre antecesor, como erróneamente se publicó en la información de este diario del viernes 21). La duquesa roja vivió cuando la aristocracia ya no pintaba nada. Quién sabe si la energía viaja en los genes, el caso es que esta mujer se impuso una titánica tarea. Y combatió por ella con la intensidad y entrega con la que algunos antiguos nobles defendían sus castillos.
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