En su último ensayo, Rafael del Águila se asoma a los viejos ideales para rascar un poco y contar la cantidad de cadáveres que acumulan en los desvanes. Al recorrer sus páginas, es inevitable acordarse de la imagen del adolescente, rubio y guapo, con la mirada inocente depositada en un futuro lleno de posibilidades, que en la película Cabaret empieza súbitamente a cantar y que poco a poco va incorporando cientos de voces que resuenan como una llamada de lo más remoto para asumir grandes desafíos. Ya se sabe en qué acabó aquello: en los seis millones de judíos que cayeron simplemente por ser judíos y en todas las demás víctimas de unos iluminados que arrastraron a los suyos a la locura de recuperar unas esencias impolutas que se habían perdido. “La nación alemana, la raza aria, exige su derecho a sobrevivir a las agresiones de otras razas inferiores”, escribe Del Águila en Crítica de las ideologías. El peligro de los ideales (Taurus). “El imperativo de la autopreservación es el ideal que justifica cualquier acción en su defensa. La defensa del destino, grande y magnífico, de los arios”.