El tipo no lo había hecho muy bien en una redacción sobre la Iglesia, donde dejó mal a los curas. Pero se le torcieron definitivamente las cosas cuando tuvo que explicar quién era y qué había hecho Pietro Micca. Había sido éste un centinela que, durante el asedio a Turín de las tropas francesas en 1706, estaba encargado de vigilar uno de los pasadizos de entrada a la ciudad. Cuando las tropas enemigas se disponían ya a superar el cerco, Micca voló una mina, liquidando a un puñado de franceses y muriendo en el intento. Desde entonces es un héroe en Italia. Pero Giantommaso Delmastro, Masin, el tipo aquel que había hablado mal de los curas, vino a sugerir que el centinela voló la mina porque tenía una borrachera descomunal. Trabajaba como conductor de pruebas de la Fiat y daba clases con unos cuantos empleados para mejorar su condición. En pleno fascismo, hacer bromas con la patria no estaba bien visto: lo echaron de la escuela. Lo cuenta Cesare Pavese en Ciau Masino.
En un día como hoy, hace cien años, nació Pavese en Santo Stefano Belbo, un pequeño pueblo del
Piamonte. Su personaje aquel, Masin, un día después de que lo hubieran echado de las clases, ya estaba probando un coche por la cuesta del Pino. Cambiando de marchas por sus vueltas y revueltas, entre árboles y viñas. Y allí, en el fondo del valle, Turín. Llegó al Pino, fue a una cantina, pidió de comer. Luego entró un campesino de bigotes grises y se tomó una grappa, medio tambaleándose al lado de la barra. Masin se acordó de que lo habían echado de la escuela y pensó que sin el diploma técnico se tendría que pasar la vida conduciendo coches.
Aquel día todavía tenía para un rato. Unos cuantos kilómetros, hasta Villafranca calculó, para probar el motor. Así que salió zumbando hacia el este, donde la niebla era roja. Desembocó en la última calle del pueblo, le dolía la cabeza, el sol lo cegó: “En ese momento oyó un grito. Y un golpe, un ligero salto. No se daba cuenta de lo que hacía. Paró el motor y bajó. Dos hombres corrían hacia él gritando. A Masin le bailaron las rodillas. Había atropellado a alguien”.
Siempre hablan de relatos cuando se refieren a Ciau Masino. Pero el libro contiene en realidad dos novelas, que nada tienen que ver entre sí, y que se deslizan de manera paralela (salpicadas de un puñado de poemas). Una es la de Masin, que atropelló al viejo de bigotes grises que bebía grappa y se quedó también sin trabajo. La otra habla de Masino, un periodista. Ahí están los primeros textos narrativos del escritor italiano (los reunió en 1931; no se publicaron hasta después de su muerte) y, de alguna manera, está ya todo Pavese. Su extrema contención, su capacidad de sugerencia, su aliento poético y su arte para atrapar en una docena de páginas con fulminante precisión cómo las cosas que te van pasando te terminan por joder la vida.
Hay 2 Comentarios
Este verano he tenido el placer de por fin poder leer a Pavese en italiano. Impresionante. Grande Pavese! Te atrapa el estómago con esa mezcla de sensibilidad y realismo y no hay manera de que logre soltarte.
Publicado por: Mónica Gutiérrez Sancho | 09/09/2008 19:36:03
Y qué es la vida, en definitiva, sino cosas que te van pasando. Con tan sentido texto, qué ganas dan de salir corriendo a leerlo!
Publicado por: Sastre | 09/09/2008 12:00:45