40 Aniversario

El rincón del distraído

Sobre el blog

El rincón del distraído es un blog cultural que quiere contar lo que pasa un poco más allá o un poco antes de lo que es estrictamente noticiable. Quiere acercarse a lo que ocurre en la cultura con el espíritu y la pasión del viajero que descubre nuevos mundos y que, sorprendido e inquieto, intenta dar cuenta de ellos.

Sobre el autor

José Andrés Rojo

(La Paz, Bolivia, 1958) entró en El PAÍS en 1992 en Babelia. Entre 1997 y 2001 fue coordinador de sus páginas de libros y entre 2001 y 2006 ha sido jefe de la sección de Cultura del diario. Licenciado en Sociología, su último libro publicado es Vicente Rojo. Retrato de un general republicano (Tusquets, 2006), XVIII Premio Comillas. Correo: @elpais.es.

Patriotismo y religión

Por: | 22 de octubre de 2008

God & Gun. Apuntes de polemología (Destino), la última entrega de Rafael Sánchez Ferlosio, está dividido en nueve libros. Cada uno de ellos, a su vez, está compuesto por diferentes entradas, todas ellas numeradas, del 1 al 59. En uno de estos fragmentos, menos de quince páginas, cuenta de refilón la historia de los patinadores de El Bosco. En otro, no llega a diez páginas, alude a la tesis de Walter Benjamin sobre la filosofía de la Historia en la que se refiere al ángel que pintó Paul Klee. Cada recodo del camino, cada una de las tentativas que despliega para cercar y analizar y desmontar la materia que lo ocupa, cada excusa y broma, cada una de las historias que recoge, todo, está orientado a entender y analizar esa explosiva mezcla que resumen las dos palabras de su título, Dios y las armas. Ferlosio se va muy lejos (al remoto pueblo de Israel, a Roma, a la Edad Media), pero todo el rato está señalando el presente. Un presente de guerras y bombas y lleno de víctimas.

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El huracán del progreso

Por: | 21 de octubre de 2008

En una nota de God & Gun, Rafael Sánchez Ferlosio recoge la  novena de las Tesis de la filosofía de la Historia de Walter Benjamin, aquélla en la que habla del ángel de un cuadro de Paul Klee para comentar que el ángel de la historia tiene que  parecérsele. "Tiene el rostro vuelto hacia el pasado. Lo que a nosotros se presenta como una cadena de acontecimientos, él lo ve como una catástrofe única que acumula sin cesar ruinas sobre ruinas, arrojándolas a sus pies". Al ángel le gustaría volverse e intentar recomponer semejante desastre, pero un huracán lo empuja desde el paraíso hacia el futuro. "Eso que nosotros llamamos progreso es ese huracán", escribe Benjamin. Y Ferlosio añade: "No puedo quitarme de la cabeza que esta glosa está inspirada en Hegel".

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El tiempo de la felicidad

Por: | 20 de octubre de 2008

Hay en el último libro de Rafael Sánchez Ferlosio unos pasajes en los que, de pronto, pareciera romperse el carácter obstinado de su escritura. En God & Gun. Apuntes de polemología (Destino) está marcado desde el principio su afán de arremeter contra algunos de los fundamentos que sostienen el discurso de la dominación y la guerra. El escritor avanza con el ceño fruncido sobre la hosca materia que lo ocupa, implacable a la hora de pronunciarse, meticuloso cuando tiene que fundamentar sus ideas, riguroso hasta el punto de no querer dejar ningún cabo suelto. Los viejos hechos del pasado adquieren de nuevo consistencia y dejan entrever cómo, desde entonces (desde tan lejos), ya se anunciaba el feroz avance del Sentido para imponerse sobre la variedad de los hechos. Y, de pronto, a Ferlosio le brillan los ojos y le asoma fugaz una sonrisa que parece querer espantar con un gesto. Y escribe: “El que patina va y viene como quiere, a la velocidad que quiere y todo el tiempo que quiere sin ir a parte alguna, pero, sobre todo, gozando corporalmente a cada instante durante el ejercicio”.

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La verdad de las poses

Por: | 14 de octubre de 2008

En la sala de exposiciones del Canal Isabel II hay una exposición en la que se han reunido imágenes de Foto Ramblas, que estaba en Barcelona, y del fotógrafo Juan Gyenes, que trabajaba en Madrid. Tienen algo en común: la mayoría de las imágenes son retratos que están realizadas en un estudio con iluminación artificial. En todos existe por tanto la voluntad de posar y de salir favorecidos, por parte de los modelos, y un evidente deseo de agradar al cliente, por parte del fotógrafo. Fondos neutros (blancos, la mayoría de ellos), actitudes estudiadas, meticulosas puestas en escena. Cada uno de los fotografiados quiere contarse a sí mismo y dejar huella. Gyenes fotografió a la alta sociedad de su época y a lo más destacado del mundo cultural. Foto Ramblas se concentró sobre todo, en las vedettes y artistas de variedades y en los boxeadores y luchadores de la Barcelona del Paralelo. Todos posan para ocultar lo que no les gusta de sí mismos, todos enseñan su verdadero rostro.

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Ya nada es lo que era

Por: | 13 de octubre de 2008

Estás en lo que tienes que estar: haciendo ejercicio. Levantas pesas, corres, estiras por aquí y por allá, sudas como un endemoniado. Y vas llevando lo mejor que puedes la condena del gimnasio, de la que no hay escapatoria. La condena del gimnasio, la condena de la belleza: el deber inapelable de borrar las arrugas de la edad y la urgencia de quitarse el bochorno asociado al exceso de kilos. En ese vértigo de los cuerpos que se afanan por mantenerse impecables, y en un gimnasio del extrarradio de Washington, uno de los empleados encuentra un disco de ordenador. Otros curiosean en su contenido. Hay allí un montón de información relacionada con la CIA. La cosa puede ser explosiva. Y de contarnos qué pasa se ocupan los hermanos Joel y Ethan Coen en su nueva película, Quemar después de leer.

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Volver a pensar

Por: | 10 de octubre de 2008

Cuando tenía 24 años, a Baruch Spinoza se le aplicó el herem. Se trataba de una maldición eterna que prohibía a todos los miembros de la comunidad judía a la que pertenecía relacionarse con él, compartir el mismo techo o comida, dirigirle la palabra, leer sus libros. Tal era su condición de apestado que incluso hubo alguien que decidió pasar a mayores e intentó apuñalarlo en una calle de Ámsterdam. ¿Qué había hecho para merecer ese tratamiento aquel joven que tanto sabía de la Tora y el Talmud, que frecuentaba con familiaridad la cábala, las matemáticas y la filosofía, que hablaba hebreo y holandés, pero que se manejaba también con el español, el francés, el griego, el latín, el portugués y el italiano, que había leído a fondo a Descartes? Pues había defendido que la única sustancia es Dios, que Dios no sólo es lo espiritual sino también lo espacial. Spinoza sostenía que todo es Dios y a los rabinos se les pusieron los pelos de punta pensando que era un panteísta, y lo fulminaron con el herem. Así que Spinoza dejó Ámsterdam en 1660, aquella ciudad donde brillaba entonces un grupo de médicos, pensadores y herejes, y se fue a un pequeño pueblo de Leiden y luego a los alrededores de La Haya. Lo cuenta Fernando Savater en La aventura de saber (Debate).

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La calle

Por: | 07 de octubre de 2008

Nashville, 1963, tres imágenes: un grupo de señoritas con un niño, una mujer tumbada, un rostro. Florida, 1963: un tipo en una moto (y al lado, un radiador). Filadelfia, 1963: el rostro de una mujer. Galex, Virginia, 1963: un niño. Portland, Maine, 1963: la cara de una chica a punto de llorar (eso parece). Describo, en plan telegráfico, algunas fotos de Lee Friedlander (Aberdeen, 1934). Pero sólo apunto lo que aparece en las pantallas, porque lo que ocurre en esas imágenes es que en todas hay un televisor. Alguno está encima de un aparador; otro, en el salón; el de más allá, justo al final de la cama de un dormitorio. Lee Friedlander salió a la calle y lo que hizo fue meterse a las casas. No hay personas, salvo las de los televisores. Estamos en los inicios de los sesenta. Y en una exposición, Coleccionar el mundo, que se exhibe en la Fundación Mapfre en Madrid y que muestra algunas de sus recientes adquisiciones.

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Huellas dactilares

Por: | 06 de octubre de 2008

Las posibilidades que ha abierto la Red para el desarrollo de las iniciativas más diversas son tan inmensas que provocan alborozo y desasosiego. No es difícil, en el primer sentido, encontrarse aquí y allá con nuevas direcciones, sofisticadas bitácoras, ambiciosas revistas digitales y propuestas extrañas y originales que han convertido el universo virtual en una auténtica panacea para quien esté interesado en el mundo de la cultura. El desasosiego deriva de una cuestión de magnitud. Como cada vez hay más sitios que sorprenden e interesan, y el tiempo (siempre reducido) para navegar es el mismo, no es difícil caer en el desánimo, y empezar a padecer esa incómoda sensación de estar perdiéndose lo mejor. Muchos de los blogs han surgido con la voluntad de irrumpir de inmediato en esa suerte de polis global que es la Red para dejar dicho qué se piensa sobre esto o qué nos ocurre ante aquello. Un simple arañazo para comunicar nuestras impresiones e invitar a los que pasan por allí al diálogo, al comentario. Existen, sin embargo, otras iniciativas. No aspiran sólo al arañazo instantáneo: quieren durar, establecer complicidades, construir una memoria, inventar un estilo.

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El filtro de la mirada

Por: | 01 de octubre de 2008

Está el mundo, y están sus ruidos y conflictos, la larga sombra de su historia, las peripecias de sus gentes, la variedad de sus paisajes, las obras que concibieron compositores, pintores  y literatos, los misterios que exploraron los científicos. Y todo lo demás. Al otro lado, los hombres y las mujeres, que están medio mezclados con todo eso; con un pie dentro y otro fuera, como quien dice. Están ahí, tratan de entender, se comunican y celebran sus hallazgos, conforman sus propias interpretaciones de andar por casa, y de vez en cuando sufren (por no decir que lo hacen con frecuencia). Se podría formular una hipótesis y decir que el artista es aquel que de alguna manera agarra todo eso y lo fija en una obra. Como quien deja testimonio de estar viviendo, y de ir pasando por la alegría y el dolor, la duda y la furia, lo que se fue y lo que se va encontrando, lo que se descubre y se inventa. El caso es que Mireia Sentís ha repasado su historia de estos últimos 25 años y exhibe una muy completa antología de sus trabajos en el Círculo de Bellas Artes de Madrid.

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El País

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