La pasión y los buenos modales

Por: | 13 de enero de 2009

Hay balazos desde el primer momento y, enseguida, dos inmensas figuras recorren sobre sus caballos los páramos desiertos de Nuevo México. Corre el año 1882. Hace unos años que terminó la Guerra de Secesión, todavía hay grescas con los indios y en el lejano Oeste hace falta que las leyes empiecen a cumplirse. Los dos tipos que cabalgan, los imponentes Ed Harris (que dirige la película y firma el guión con Robert Knott sobre una novela de Robert B. Parker) y Viggo Mortensen, se ocupan precisamente de eso, de que reine el orden. Y llegan a Appaloosa, un pequeño villorrio minero en mitad de ninguna parte. Hay lío: un ranchero, protegido por sus matones, ha liquidado al último sheriff y a dos de sus ayudantes. Los recién llegados van a ocuparse del asunto.

El aspecto de los dos hombres que se ocupan de hacer cumplir la ley, su impecable indumentaria, la profunda complicidad que arrastran de viejas batallas compartidas, la dura consistencia de su oficio, la destreza con que manejan sus armas: la primera impresión e, incluso, las situaciones iniciales prometen uno de esos westerns de corte clásico, cargado de referencias trágicas, salpicado de diálogos rotundos y con esos personajes de, por su envergadura, remiten a esos viejos héroes que parecen haberse metido en los paisajes abruptos del Oeste tras salir de alguna pieza de Shakespeare. En Appaloosa no hay nada de todo eso.

Están Ed Harris, que interpreta al sheriff Virgil Cole, y Viggo Mortensen, que hace de Everett Hitch, su Appaloosa ayudante. Conviene verlos aparecer (esos rostros curtidos y esos ademanes imponen), hay que asisitir a la negociación que tienen con las autoridades de Appaloosa y contemplar cómo se liquidan a los primeros compinches de Randall Bragg, el ranchero que interpreta Jeremy Irons. Y luego hay que levantarse, salir del cine e irse a tomar unas tapas (por ejemplo).

El momento en el que aparece la chica de la película (Renée Zellweger) es el momento del primer bostezo. Todos los elementos de la trama, de los personajes, del paisaje y de la misma atmósfera están prometiendo una película que nunca llega. Ésta debe de ser la chica que va a desatar el gran conflicto entre la pasión y el deber y que va a provocar hondas fisuras entre los amigos, piensa uno, y la chica resulta una sosaina que no despierta la menor emoción. Y todo eso, todo el rato, adornado con unos diálogos que pretenden remedar esa rotundidad que tienen ciertas frases para demoler el mundo. Puro artificio, un permanente quiero y no puedo. Cuando Cole le cuenta a Hitch que va a quedarse con aquella dama, y lo que uno debería encontrar tras su escueto cinismo (viste bien, habla bien, toca el piano) es la presencia de una pasión inconfesable, lo único que hay es una suerte de interés antropológico del sheriff por los buenos modales. Y sólo con buenos modales, con perdón, no se va a ninguna parte.

Hay 4 Comentarios

¡EXTRA!¡EXTRA! EL NUEVO BLOG DE HUMOR GRÁFICO DE MARTÍNEZ: http//www.elblogdemartínez.blogspot.com/

Los buenos modales son el respeto por el otro,la lealtad en este caso a su socio.
Ed Harris no tiene nada que envidiar a ningún actor de teatro inglés, está en su salsa.
No necesita hablar porque su mirada lo dice todo.
Anduvo unos años pegado a su papel de astronauta, pero después de verle en peliculones como Las Horas o Copying Beethoven, he descubierto a uno de mis actores favoritos.
Ahora Laurence Olivier tendrá que conformarse con la mitad de mi admiración.
Mortensen está muy bien, algo estático pero es el papel que le ha tocado.El look de general Custer no le favorece demasiado.
La pelicula no estaría mal si tuviera un poquito más de acción y de pasión.

Si no se ha visto la película, como es mi caso, siempre se corre el riesgo de meter la pata. Hay en las librerías un libro de moda que se titula, más o menos, “Como hablar de los libros que no has leído”, ¿cómo hablar de películas de no se han visto? Difícil. E imprudente. Pero me ha preocupado eso de que “con buenos modales no se va a ninguna parte”, incluso la contraposición entre pasión y buenos modales. Se pueden tener buenos modales y tener pasiones, incluso “bajas pasiones”. Los buenos modales no son sólo una pose artificial, un engaño, un freno. Son una consecuencia del desarrollo, de la evolución de la especie. Son posibles revoluciones individuales y colectivas sin perder los buenos modales. Son las mejores: recuerden el Portugal de los claveles. Las pasiones amorosas casi siempre dejan víctimas pero las más graves (piénsese en la violencia machista) son las derivadas de la pérdida extrema de los buenos modales que conduce precisamente a la falta de respeto por la integridad del otro o, llevada al extremo, por su vida. La pasión por el poder, el ejercicio del poder, siempre será mejor si está tamizado por los buenos modales: no se puede fusilar o torturar con buenos modales por lo tanto – si se tienen – no se practican esas monstruosidades. Y, ya sé que es difícil, me gustaría no ser encasillado entre los decididos partidarios del “mourir pour des idées, oui, mais de mort lente…” ni siquiera del autoritarismo paternalista, del famoso “mano de hierro con guante de seda”. Creo que es otra cosa…

La historia no me pareció gran cosa, pero los personajes, me encantaron, Harris es un gran contador de historias, tal vez un buen continuador del gran Clint.
Un western muy correcto.

Publicar un comentario

Si tienes una cuenta en TypePad o TypeKey, por favor Inicia sesión.

TrackBack

URL del Trackback para esta entrada:
http://www.typepad.com/services/trackback/6a00d8341bfb1653ef010536cc892b970c

Listed below are links to weblogs that reference La pasión y los buenos modales:

El rincón del distraído

Sobre el blog

El rincón del distraído es un blog cultural que quiere contar lo que pasa un poco más allá o un poco antes de lo que es estrictamente noticiable. Quiere acercarse a lo que ocurre en la cultura con el espíritu y la pasión del viajero que descubre nuevos mundos y que, sorprendido e inquieto, intenta dar cuenta de ellos.

Sobre el autor

José Andrés Rojo

(La Paz, Bolivia, 1958) entró en El PAÍS en 1992 en Babelia. Entre 1997 y 2001 fue coordinador de sus páginas de libros y entre 2001 y 2006 ha sido jefe de la sección de Cultura del diario. Licenciado en Sociología, su último libro publicado es Vicente Rojo. Retrato de un general republicano (Tusquets, 2006), XVIII Premio Comillas. Correo: @elpais.es.

Eskup

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal