La verdad del lector

Por: | 19 de febrero de 2009

Lo que cuenta El lector, la película de Stephen Daldry basada en la novela de Bernhard Schlink, es la emergencia brutal de los hechos de la historia en la vida de un joven alemán a principios de los años sesenta. Todo empieza un poco antes, cuando todavía es adolescente y descubre el sexo con una mujer mayor. La locura del sexo y la intensidad de la pasión, y la complicidad del amor y sus incómodos equívocos. Hasta que un día se separan. Lo que viene después es esa irrupción del pasado, del ignominioso pasado de la Alemania nazi. Era la de aquellos años una época de hacer limpieza. "Ahora pienso que el entusiasmo con que descubríamos los horrores del pasado e intentábamos hacérselos descubrir a los demás era, en efecto, poco menos que repugnante", observa el narrador de la novela de Schlink (Anagrama, traducción de Joan Parra Contreras) cuando más tarde reconstruye lo que entonces pasó.

La película de Stephen Daldry tiene un registro clásico. Nada desentona en su transparente descripción del doloroso choque entre la historia y la vida. La fuerza de la trama de la novela de Schlink no necesitaba ningún aliño suplementario. Lo que importaba era conservar la intensidad de ese estallido, y cómo en un instante todo cuanto se vivió puede quedar atrapado en las pantanosas miasmas de un pasado infernal. "¿Cómo debía interpretar mi generación, la de los nacidos más tarde, la información que recibíamos sobre los horrores del exterminio de los judíos?”, escribe el protagonista de El lector en el libro.

"Sólo me pregunto si las cosas debían ser así”, observa poco después: “unos pocos condenados y castigados, y nosotros, la generación siguiente, enmudecida por el espanto, la vergüenza y la culpabilidad”. Todo eso está en la película de Daldry. La desolación por lo irreparable y la extrema dificultad de pronunciarse sobre lo que había ocurrido ahí adentro, en las entrañas de los funcionarios que participaron en el horror. Y, sin embargo, condenar.

Luego está lo que significa, en el fondo, leer y si la dicha de frecuentar y disfrutar las grandes obras de Kate winslet el lector los clásicos va a transformar finalmente nuestras vidas. El detalle que quería, en cualquier caso, destacar es la elegancia de la lectura que ha hecho Daldry de Schlink. Esa elegancia pasa por la extrema fidelidad al espíritu del texto. Schlink describe así a la mujer que interpreta Kate Winslet (en la imagen): “Más bien parecía que se recogiera en el interior de su cuerpo, que lo abandonara a sí mismo y a su propio ritmo pausado, indiferente a los mandatos de la cabeza, y olvidara el mundo exterior”. Vean la película y observen con qué exactitud esas palabras se encarnan en la interpretación de Winslet que ha rodado Daldry. Ése es el gran lector, el que hace profundamente suyo lo que ha hecho otro. Sin traicionarlo, haciéndolo verdad.

Hay 3 Comentarios

Ayer tarde fui a buscar el libro de Safranski y cuando iba a salir de la librería me topé con El Lector.
Cuando llegué a casa volví a entrar en su blog y releí su artículo y el comentario de Lola.
Tengo que decirle Lola, que tiene razón en todo.
Efectivamente para Hanna resultaba más vergonzoso su analbabetismo que haber participado en ese horror.

Me impresionó el hecho de que ella se avergonzara por no saber leer, que eso fuese algo más terrible a ocultar que el haber participado en el horror nazi abriéndose, sin embargo, al inagotable océano de la imaginación y entrega que son los libros, a las mentes de los autores, a la magia de las letras cuando aprendió a leer y a escribir por sí sola y a la exuberancia de las frases que componían todo el fluir de un libro.

Me sobrecogió el amor en el tiempo de un hombre que, aun sabiendo el pasado de ella, pervive dicho amor y la intenta salvar de sí misma, a través de la literatura, del horror del cual fué partícipe.

Y no me sorprendió el final, ya que no había lugar para ella después de haber estado veinte años en aquélla cárcel física y anteriormente en su própia cárcel mental, donde la carcelera era la vergüenza por la ignorancia y no la monstruosidad de la obediencia ciega nazi.

Es un encuentro y desencuentro de amores donde un padre explica a su hija que no se separó de su madre por su culpa, sino porque estaba enamorado de otra mujer...y le cuenta su historia.

Justamente después de leer su entrada he buscado información acerca del autor de la novela.Lo he hecho porque no la he leído, pero vi la película la semana pasada.
Schlink nació en el cuarenta y cuatro, así pues tenía quince años, igual que Michael Berg cuando conoció a Hanna.Casualmente es abogado y no me ha sorprendido porque la sensación que tuve mientras veía la película es que la história de ambos fue real.
La excursión al campo en bicicleta gracias a la venta de sus sellos ( el tesoro más preciado de un chaval de quince años ) fue algo hermoso, quizá lo único bello que le sucedió a Hanna en toda su vida.
El momento clave de la obra se debate entre el corazón y la conciencia del joven estudiante de derecho.
En mi opinión,debía haber hablado para salvarla, no ya porque la quisiera, sino porque era su obligación como abogado.
El Derecho debía prevalecer sobre los sentimientos,y de esa modo las otras implicadas hubieran pagado su culpa.
Michael,al igual que su creador no acudió al entierro de su padre.
Las escasas escenas familiares en torno a la mesa, muestran un padre lejano, con el que no hay contacto, ni siquiera visual.
Es una película que me ha hecho reflexionar sobre otras custiones,como el perdón.Esperaba que la niña judía la hubiera perdonado, también pensé en cual habría sido mi respuesta después de soportar todo el dolor que infringieron al pueblo judío.
Yo creo que la hubiera perdonado porque Hanna demostró un arrepentimiento sincero, el perdón también es un alivio para el que perdona, es la mejor manera de abrir la puerta de salida del sufrimiento.
La película me gustó muchísimo, Kate Winslet hace un papelón impresionante.
Pensé en Bette Davis, en sus ojos y los de Winslet. Tal vez algún día Winslet protagonize un remake de ¿ Qué fue de Baby Jane ?
Ultimamente parece que Alemania está de moda, películas históricas como Valkyria, la reedición de clásicos alemanes, y como no la canciller alemana Angela Merkel.
Me ha sorprendido la fortaleza moral de una mujer que actualmente representa el sentir de la mayoria de los alemanes respecto al Holocausto.
Negar esa atrocidad, sería lo mismo que negar las piras funerarias donde eran incinerados vivos los sefarditas españoles, sería vivir en un permanente estado de inmoralidad y Alemania ha demostrado a través de las palabras de Merkel, de Hanna, de Schlink, de Platón; que es capaz de reconocer sus graves errores y enmendarlos para que nunca jamás vuelvan a repetirse.

Publicar un comentario

Si tienes una cuenta en TypePad o TypeKey, por favor Inicia sesión.

TrackBack

URL del Trackback para esta entrada:
http://www.typepad.com/services/trackback/6a00d8341bfb1653ef011278fbec3928a4

Listed below are links to weblogs that reference La verdad del lector:

El rincón del distraído

Sobre el blog

El rincón del distraído es un blog cultural que quiere contar lo que pasa un poco más allá o un poco antes de lo que es estrictamente noticiable. Quiere acercarse a lo que ocurre en la cultura con el espíritu y la pasión del viajero que descubre nuevos mundos y que, sorprendido e inquieto, intenta dar cuenta de ellos.

Sobre el autor

José Andrés Rojo

(La Paz, Bolivia, 1958) entró en El PAÍS en 1992 en Babelia. Entre 1997 y 2001 fue coordinador de sus páginas de libros y entre 2001 y 2006 ha sido jefe de la sección de Cultura del diario. Licenciado en Sociología, su último libro publicado es Vicente Rojo. Retrato de un general republicano (Tusquets, 2006), XVIII Premio Comillas. Correo: @elpais.es.

Eskup

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal