"El desorden es el más bello de los órdenes". "Los cerdos se lavan con cieno; las aves de corral con polvo y ceniza". "Acuérdate de quienes olvidan la dirección del camino". "Para las almas es plenitud o muerte volverse húmedas". "¿Cómo ocultarse de lo que no tiene ocaso?". "No sería mejor para los hombres que aconteciese lo que desean". "El carácter del hombre es su destino. “A quienes entran en los mismos ríos bañan aguas siempre nuevas". ¿Quién escribió todas estas extrañas sentencias? ¿Fue un filósofo, un poeta, un profeta, un charlatán? Lo hizo Heráclito, y están incluidas en un nuevo libro que se presentó la pasada semana en Madrid. Heráclito: fragmentos e interpretaciones (Ardora) es un volumen de 467 páginas y recoge, por así decirlo, las obras completas del filósofo griego: 126 fragmentos. Los editores, José Luis Gallero y Carlos Eugenio López, explican que 123 de estos fueron admitidos como genuinos por Hermann Alexander Diels y Walther Kranz, las grandes autoridades en cuanto tenga que ver con los presocráticos, y que han incluido tres de los que consideraron dudosos y uno que nunca recogieron, pero que fue reivindicado por Hans-Georg Gadamer como auténtico. Esta nueva propuesta de volver a Heráclito se ha construido a partir de una mirada que los editores resumen así: "Además de ante un filósofo, nos hallamos, por decirlo de un modo sintético, ante un poeta".
Nacido en Éfeso, pocas cosas se saben de Heráclito (el retrato es de 1628, obra de Hendrick ter Brugghen): que vivió en tiempos de Darío, que alcanzó su madurez durante la LXIX Olimpiada (504-501), que era un tipo hosco, arrogante y atrabiliario con un altivo sentimiento aristocrático. Cuentan Gallero y López que de sus peripecias no han llegado más que citas. "Es probable que Heráclito jamás escribiese un texto unitario, sino una colección de sentencias, como su carácter oracular permite colegir", explican.
Así que se dedicaron a traducir los fragmentos de Heráclito y fueron, al tiempo, siguiendo sus huellas: cómo lo habían leído e interpretado los que vinieron después. El resultado es este libro que despliega un apabullante tejido de voces que han rascado, para encontrar sus sentidos ocultos, los oscuros pliegues de ese puñado de frases que forman parte del código genético de la cultura occidental. "Un texto cargado de incógnitas, ininterrumpidamente interpretado, en permanente proceso de elaboración: ésta es la realidad de los fragmentos", dicen Gallero y López.
Así que están los fragmentos, y luego las lecturas que han coleccionado sobre éstos, uno a uno: esa multitud de referencias que proponen caminos muy distintos para llegar al filósofo. Erudición exquisita y pedagogía de alto nivel, pero también puros arañazos: aproximaciones, tentativas, llamaradas de sentido. Hablan Platón, Aristóteles o Séneca, entre otros. Gadamer, Marcovich, Guthrie, Jaeger, Mondolfo, Gigon, Nestle, Fränkel o Rodríguez Adrados despliegan sus rigurosas investigaciones. De María Zambrano, Ortega, García Calvo, García Bacca o Gómez de Liaño, y de Heidegger, Nietzsche, Hegel, Simone Weil o Castoriadis se han recogido sus interpretaciones. Pero también están Hölderlin, Donne, Machado y tantos y tantos otros. El resultado: un fascinante tapiz donde se entrelazan los hilos más distintos y un autopista de múltiples direcciones. Heráclito escribió: "Todo lo gobierna el rayo". Y René Char, un montón de centurias después: "Somos ingobernables. El único amo propicio para nosotros es el Rayo, que tan pronto nos ilumina como nos parte en dos".
Hay 2 Comentarios
Eres realmente bueno, muy bueno, en cierto modo, salvando todas las diferencias, tienes ese punto que tambien aparece en Borges de hacer que el que lee tus textos se lance de inmediato a la compra del libro que mencionas.
Eres muy bueno Jose Andrés, no hace falta que yo lo diga, pero tal vez si hace falta que lo vuelva a recordar.
Publicado por: Hrabal | 15/11/2009 13:37:02
Árdora hace una labor editorial imprescindible. Sus pequeñas ediciones, hechas con tan buen gusto. Me merece mucho respeto una empresa que tiene en su catálogo a la poeta Teresa Gracia o a la fotógrafa y ensayista Mireia Sentís. Dos lujos.
Por cierto, hace unas semanas murió el fotógrafo Koldo Chamorro. Un gran artista menor, si se quiere. En medio de tantas muertes célebres, la suya ha quedado sepultada en la hojarasca de los días sin apenas comentarios. Y como los suplementos culturales se limitan a jalear aniversarios y pompas fúnebres, echo de menos algún testimonio escrito de quienes le trataron, le quisieron y apreciaron su obra. Tal vez en otra vida, en otra Sinsueña tal vez.
Qué lástima.
Publicado por: PREcarísimo | 12/11/2009 20:19:07