En Wyndham Lewis tienen cabal cumplimiento muchos de los rasgos del artista de vanguardia. Esos rasgos que marcaron una época y que luego siguieron flotando a lo largo de todo el siglo XX. El primero: el afán de romper con la tradición. El segundo: proyectarse hacia el futuro, abrazar lo desconocido, reinventar la manera de mirar. Tercero: trabajar bajo las órdenes de las formas pero pegados al mundo. Cuarto: pronunciarse a propósito de todo y dar los pasos necesarios para ponerse bajo la luz de los focoses lo mismo. Etcétera. Me sirven, creo, esos puntos para tratar de la magnífica exposición que la Fundación Juan March dedica en Madrid al artista británico: más de 150 pinturas y dibujos y más de 60 libros, revistas y manifiestos para poner en escena la trayectoria de un hombre excesivo. Fue el fundador del vorticismo, el único episodio de aquella tumultuosa historia de artistas heterodoxos que tuvo lugar en el Reino Unido.
El 20 de junio de 1914 apareció el primer número de Blast, el órgano de expresión de los vorticistas. Incluía varios manifiestos, como era costumbre en aquellos años. Uno de ellos se titulaba Maldiciones y bendiciones (Blasts and blesses). La primera de las maldiciones: “Maldecimos el humor”. La primera de las bendiciones: “Bendecimos al peluquero”. Poco después afirmaban: “Bendecimos el humor inglés”. ¿En qué quedamos? ¿Por qué maldecir el humor y, al mismo tiempo, bendecir el humor inglés? Pero así eran las cosas, y si sirve de algo, cuando hubo pasado ya un tiempo de aquello, Wyndham Lewis (en la imagen) escribió en su libro autobiográfico de 1937, Estallidos y bombardeos (Impedimenta; traducción de Yolanda Morató): "…el Vorticismo estaba repleto de humor, por supuesto: fue aclamado como la mejor broma de todos los tiempos".
La exposición muestra muchos cuadros de aquellos años, cuando Wyndham Lewis desembarcaba en la escena literaria y artística del Reino Unido, poco antes de que estallara la Gran Guerra. Las figuras se descomponen, las perspectivas se confunden, no siempre se guardan las proporciones, todo se fragmenta y astilla. Hay piezas llenas de una velocidad vertiginosa, otras están poseídas de una extraña calma. Las figuras tienen algo de máquinas. Hay un cierto aire que remite a los futuristas. Y, sin embargo, Lewis se enfrentó en Londres a su gran pope, Marinetti. Le reprochaba que rindieran un culto excesivo a las máquinas. Una vez le dijo: "Aborrezco cualquier cosa que vaya demasiado rápido. Si se va demasiado rápido, no se está allí". Marinetti le contestó: "¡Que no se está allí! ¡Sólo cuando se va más rápido es cuando se está allí!". Y Lewis: "Eso es absurdo. No puedo ver algo que pasa demasiado rápido".
Bravuconadas, riñas, grandes proclamas. Las vanguardias querían reinventar el mundo en una época en que se estaba viniendo abajo. Y llegó la guerra, donde Lewis sirvió como artillero. En Estallidos y bombardeos se atreve a formular un diagnóstico brutal: "Nadie habría podido adivinar la insensata tentativa de paralizar y aniquilar para siempre todo lo que de robusto, laborioso e inteligente había en Europa, para poner lo irreal en el lugar de lo real". La paz llegó, hubo que aprender a habitar entre las ruinas. Tan confuso era todo que Lewis (en la imagen, el retrato que hizo de T. S. Eliot) encontró en Hitler a alguien que podía garantizar la paz. Luego se distanciaría de semejante disparate, pero aquel afán de notoriedad y esa compulsión por pronunciarse sobre lo divino y lo humano llevó con frecuencia a tantos artistas y escritores a abrazar las causas menos recomendables. "Yo era inocente por completo, vuelvo a afirmarme en ello, en lo referente a cualquier móvil político", escribió refiriéndose a las proclamas que en 1914 hizo el vorticismo. ¿Es eso, de verdad, posible? ¿Un gesto osado o mera ingenuidad?
Hay 2 Comentarios
La medida de la sobriedad.
El sonido
del ave alegre
me llama, en
la eternidad
del cielo
cristalino;
siento silente
el triste recuerdo
que regresa
en el sol,
duermo feliz
en el canto
dichoso.
Francesco Sinibaldi
Publicado por: Francesco Sinibaldi | 21/02/2010 15:47:53
Lo mas seguro es que Wyndham Lewis no fuese tan inocente como dijo luego, pues se dejó llevar por un exceso de entusiasmo como bien apuntas y que fue típico de las Vanguardias, pero nosotros jugamos con ventaja al saber lo ocurrido y disponer de una información que quien vive el presente no tiene. LL
Publicado por: Luis | 19/02/2010 20:02:42