Los elementos flotantes

Por: | 02 de junio de 2010

En uno de sus aforismos, parte de los cuales seleccionó Joan Parra en Relaciones y soledades (Edhasa, 1998), Arthur Schnitzler escribió: "El alma de algunas personas parece estar hecha de diversos elementos por así decirlo flotantes, que no oscilan en torno a un centro, y por tanto no pueden formar una unidad. El ser humano sin núcleo se deja llevar por la vida en una soledad inmensa, de la que, sin embargo, nunca llega a ser demasiado consciente". La mayoría de los personajes de Sweet Nothings, la obra del escritor vienés que se representa estos días en Madrid, tienen mucho que ver con ese diagnóstico: carecen de un centro que les dé firmeza, van arrastrados por la fuerza de la corriente y, si pelean por algo, lo hacen por conquistar el instante. Vivirlo todo aquí y ahora, con urgencia, al límite. La pieza forma parte del programa del XVIII Festival de Otoño en Madrid y se ha montado en la sala verde de los teatros del Canal, donde todo resulta tan próximo que las cosas que ocurren en el escenario parecen una prolongación de la realidad. Y da miedo que los actores se puedan caer cada vez que saltan de arriba abajo y de abajo arriba para entrar o salir de ese círculo donde se ponen en escena sus conflictos.

Sweet nothings
Hay unos atriles en los márgenes del escenario. Y, de tanto en tanto, suena un vals, suena una marcha, se escucha una melancólica composición que uno de los personajes toca al piano. La música está en las entrañas de esta obra, porque su asunto tiene que ver con el desorden profundo que habita en el corazón de los hombres, y se ha contado (Schopenhauer, Nietzsche) que sólo la música sabe expresarlo. Los cuatro jóvenes andan como locos construyendo sus propias máscaras para habitar el mundo, porque ya no saben de certeza alguna que pueda dar sentido a sus cuitas. Celebran una fiesta, despliegan sus encantos, se mezclan; la muerte ronda por los alrededores. Tienen el alma llena de elementos flotantes y ellos mismos parece que flotaran. El escenario es un círculo que se va moviendo imperceptiblemente. Como en un vals que no se fuera a acabar nunca. Girar y girar y girar siguiendo las pautas de unas formas ligeras cuando, en realidad, están escapando de los mordiscos del vacío.

Sweetnothings3 Luc Bondy pone en escena los elementos imprescindibles para acercarse al interior de cada uno de los dramas que padecen los personajes de Schnitzler. Y, sobre todo, deja que el trabajo lo hagan los magníficos actores del Young Vic. Son historias que tienen que ver con el final de una época. Ya no hay futuro, eso es lo que se cuenta, pero todavía existe la ilusión de un porvenir inmediato. Un noviazgo, una boda, quién sabe. Y esa ilusión es la que sostiene la pasión de la joven en la que se centra la segunda parte. Es entonces cuando, frente a la muerte, no tienen otra que quitarse las máscaras. Una vecina, mientras tanto, ha procurado dejar claras las convenciones que sostienen el viejo mundo de la Europa que se vino abajo con la Gran Guerra.

Es un montaje elegante, que evita cualquier énfasis gratuito: bastante tienen esos jóvenes con sus amoríos (es otra traducción posible para Liebelei, el título original de la obra, como servirían también enamoramientos o coqueteos: sweet nothings). Schnitzler, que era también médico, apunta muy bien para dar forma a todos esos elementos flotantes que viajan a la deriva en el interior de sus personajes. Viven corriendo hacia el instante y el tiempo los ha superado. "Tengo la impresión de que usted ha averiguado por medio de la intuición, o más probablemente observándose a sí mismo, todo lo que yo he descubierto en otras personas gracias a fatigosos trabajos", le escribió Freud en 1922. Tiene razón. Schnitzler tiene un rara habilidad para saber por donde va la oscura deriva de las pasiones.

Hay 2 Comentarios

No hay nada como desayunar con este blog distraido. Besos belgas.

Sin tratar de restar excelencia a los descubrimientos (pulsión) y análisis del Dr. SuperFreud, digo Sigmund Freud en relación al trauma, me parece que esta aportación es muy buena.
Ahí va desde wikipedia: "Charcot también introdujo un concepto que más tarde tendría una asociación profunda con el de trauma, el de "Condition seconde": un estado que parece afectar las acciones de los individuos sin que estos se den cuenta o, a lo más. débilmente. Más tarde esta "condition seconde"" llegó a ser llamada el "inconsciente".
Revela el artículo además, cierta inmadurez consentida en cuanto al comportamiento de los personajes (entre niños, la reacción suele envolver comportamientos agitados o desorganizados).
¡Qué bonita obra, y además ,qué triste!
Como muchas vidas.

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El rincón del distraído es un blog cultural que quiere contar lo que pasa un poco más allá o un poco antes de lo que es estrictamente noticiable. Quiere acercarse a lo que ocurre en la cultura con el espíritu y la pasión del viajero que descubre nuevos mundos y que, sorprendido e inquieto, intenta dar cuenta de ellos.

Sobre el autor

José Andrés Rojo

(La Paz, Bolivia, 1958) entró en El PAÍS en 1992 en Babelia. Entre 1997 y 2001 fue coordinador de sus páginas de libros y entre 2001 y 2006 ha sido jefe de la sección de Cultura del diario. Licenciado en Sociología, su último libro publicado es Vicente Rojo. Retrato de un general republicano (Tusquets, 2006), XVIII Premio Comillas. Correo: @elpais.es.

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