Camino de la verdad

Por: | 18 de septiembre de 2012

En un breve texto, que Siruela publicó en 1995 en su magnífica colección Biblioteca de Ensayo, María Zambrano se ocupa de la confesión como género literario. Decía allí que, con la modernidad, se había producido una brecha entre esas razones con las que las criaturas van trajinando por la vida y los argumentos de los filósofos. "La vida del hombre sencillo", escribió, "que no tenía tiempo ni medios para detenerse a encontrar la verdad por su cuenta, con ese agónico esfuerzo que es siempre la filosofía, iba quedando desamparada y desdeñada". El gran salto que dieron los pensadores que pusieron en cuestión las verdades consagradas y se cargaron el puñado de fórmulas que garantizaban una cierta idea del mundo terminó por dejar a los hombres perdidos y confusos, desbordados por su ignorancia. María Zambrano cita a Nietzsche —"se hace muy difícil aceptar la verdad sin más, pues una vez aceptada hay que someterse a ella"— para dar cuenta de ese desvalimiento y luego va mostrando como la confesión es el formato que permite poco a poco ir saliendo de ese atolladero. "El extraño género literario llamado Confesión se ha esforzado por mostrar el camino en que la vida se acerca a la verdad, 'saliendo de sí sin ser notada", apunta. También escribe que "la confesión se verifica en el mismo tiempo real de la vida, parte de la confusión y de la inmediatez temporal" o que "no es sino un método de que la vida se libre de sus paradojas y llegue a coincidir consigo misma". Vaya, que al elegir como género la confesión lo que se hace es tomar la palabra desde el mismo centro del torbellino vital e ir dando forma a esas sacudidas que están emborronando el paisaje. Al hacerlo, se va despejando el camino. El camino de la verdad, ahí donde las razones propias no chirrían con lo que se está viviendo. No está de más tener en cuenta estas reflexiones de la pensadora malagueña a la hora de leer las cartas que le dirigió cuando aún era muy joven al que entonces era su novio, Gregorio del Campo, y que Linteo acaba de publicar en una impecable edición de María Fernanda Santiago Bolaños.

Maria zambrano raul cancio

Evidentemente esas cartas no constituyen estrictamente una confesión, y no son nada pretenciosas. "No se escribe ciertamente por necesidades literarias, sino por necesidad que la vida tiene de expresarse", escribió María Zambrano (la foto es de Raúl Cancio) en aquel librito. Y es justamente eso, la necesidad de expresarse y el afán por despejar las sombras que agitaban su relación con aquel muchacho, lo que parece impulsarla a tomar la palabra y hablarle al amado.

"Tengo la cabeza hecha un bolo....", le dice aquella joven en alguna de sus cartas a Gregorio. La aprendiz de filósofa toma la palabra desde la confusión y procura aclararse, sale de sí misma ("...sin ser notada") como huyendo de sus inquietudes y lo que anda es buscándose, procurando acertar con la voz que le resulte más verdadera, con esa voz que va dar forma a su manera de vivir. Quiere ser una mujer libre. Quiere ser independiente. Quiere tener sus propias razones, no las convencionales, no las heredadas, no las que se daban por supuestas durante los años veinte en aquella pequeña ciudad en la que vivía, Segovia, que formaba parte de un país que se esforzaba también por ir rompiendo poco a poco con las cadenas de la tradición para abrirse a los vientos de la modernidad. El padre de María, Blas Zambrano, y el poeta Antonio Machado habían fundado la Universidad Popular en la vieja ciudad castellana, pero todavía había mucho que hacer.

La historia de María Zambrano refleja como pocas ese momento y el desafío de buena parte de la sociedad española: dar el salto y acercarse a Europa, abrirse al mundo, romper con las zonas más oscuras de la religión católica. Encarna el impulso que condujo a la República y los sueños de renovación que la alentaron hasta que los sectores más retrógrados forzaron el golpe de estado de Franco y sus secuaces. Entonces María Zambrano tuvo que salir al exilio. Lo que recogen las setenta cartas que dirigió a Gregorio del Campo ocurrió antes, y muestra los altibajos de una relación que duró entre 1921 y 1928. "Hay que romper con esta vida cobarde y gris", le decía aquella joven a su chico. Y puso todo su empeño en conseguirlo. "Siempre que te he querido así de verdad", le escribió en otro momento, "me han dado ganas de desnudarme contigo, de estar libre de toda traba, y es que el desnudo no cabe duda que es la negación de toda malicia y de toda impureza, y yo cuando te quiero me siento tan pura!...".

Hay 2 Comentarios

A la pregunta: ¿Supo María Zambrano que, ocho días antes de su boda con Alfonso Rodríguez Aldave, habían asesinado al que durante más de un lustro fuera su novio en Segovia?
Lo detuvieron el 19 de julio por haber sido uno de los contados oficiales que no secundaron el golpe de Estado en el cuartel Palafox de Zaragoza, me gustaría apuntar este enlace http://www.granadahoy.com/article/ocio/1051522/lorca/y/pizarro/la/esperanza.html
en relación a una de las cartas, en la que comenta refiriéndose a sí misma, que “nada hay q. pueda detener a una flecha cuando se dispara”.
No trato de restar protagonismo a Gregorio del Campo, quien creo que correspondió a la autora cuando esta le pide: “Si quieres permanecer cerca de mí, vivir conmigo, has de cultivar tu espíritu...”.
Lo comento como aportación a lo que se quiere conocer.
Cito a Miguel Pizarro, "flecha en blanco" por lo que se construyó en ese tiempo que para la autora califica como momento auroral, tan escasos en la historia universal.
Y este título: Auto de los despatriados por lo que simboliza, María o Sofía. "Sofía personifica a España, la de mi padre, la de la República, la peregrina, la del exilio".
Quizás la verdad sea el sentimiento.

Me gusta mucho esta frase "se hace muy difícil aceptar la verdad sin más, pues una vez aceptada hay que someterse a ella" http://dineroyyo.blogspot.com/2012/05/gana-dinero-con-tus-conocimientos.html

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El rincón del distraído es un blog cultural que quiere contar lo que pasa un poco más allá o un poco antes de lo que es estrictamente noticiable. Quiere acercarse a lo que ocurre en la cultura con el espíritu y la pasión del viajero que descubre nuevos mundos y que, sorprendido e inquieto, intenta dar cuenta de ellos.

Sobre el autor

José Andrés Rojo

(La Paz, Bolivia, 1958) entró en El PAÍS en 1992 en Babelia. Entre 1997 y 2001 fue coordinador de sus páginas de libros y entre 2001 y 2006 ha sido jefe de la sección de Cultura del diario. Licenciado en Sociología, su último libro publicado es Vicente Rojo. Retrato de un general republicano (Tusquets, 2006), XVIII Premio Comillas. Correo: @elpais.es.

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