El salto a la oscuridad

Por: | 06 de noviembre de 2013

En el verano de 1925 las ancianas campesinas llevaban en Alemania la esvástica en sus batas de trabajo. Lo cuenta el historiador Ian Kershaw en su biografía de Hitler (Península; Barcelona, 2010). Enseguida explica que era fácil deducir que no tenían ni la más remota idea de los objetivos de los nazis. “Pero estaban seguras de que el gobierno era incompetente y de que las autoridades estaban despilfarrando el dinero de los contribuyentes. Estaban convencidas de que ‘sólo los nacionalistas podrían salvar a la gente de esta presunta miseria”. Todavía no se había producido el crack de 1929, que complicaría las cosas todavía más, pero desde principios de los años veinte las cifras no eran buenas. “El país estaba en bancarrota, la moneda carecía de valor y la inflación se había disparado vertiginosamente”, cuenta Kershaw. Se estaban dando, pues, las circunstancias idóneas para que prendiera en una parte significativa de la población un mensaje de redención nacional que prometiera un futuro radiante. Adolf Hitler iba a ser el encargado de agitarlo a los cuatro vientos. Había publicado ese mismo año de 1925 Mein Kampf (Mi lucha). La filosofía contenida en aquel escrito, resume Kershaw en dos trazos, “se reducía a una visión maniquea y simplista de la historia como una lucha racial en la que la entidad racial superior, los arios, estaba siendo debilitada y destruida por la entidad inferior, los parásitos judíos”. El enemigo estaba identificado. Como Alemania había quedado, además, seriamente tocada tras el Tratado de Versalles, que consagró su derrota en la Gran Guerra, la población se sentía íntimamente herida, maltratada por los vencedores, humillada. Tocaba pues juntar ambos extremos y producir el cortocircuito: la furia y el odio, alimentados por el victimismo, y la identificación de un culpable. En febrero de 1921 se redactaron los 25 puntos del nacionalsocialismo, con lo que el movimiento se puso en marcha. Avanzó a lo largo de la década de manera imparable. El 30 de enero de 1933, Hitler juró como canciller del Reich. Un periódico católico definió lo que estaba pasando como un “salto a la oscuridad”.

Adolf hitler 1
Hitler había llegado al poder. Goebbels, uno de sus más estrechos colaboradores, improvisó entonces un desfile de antorchas. Kershaw apunta que el espectáculo fue “inolvidable, emocionante, embriagador”. Resulta significativo que, tras una de las primeras victorias de los nacionalsocialistas en unas elecciones, en el Estado de Turingia en diciembre de 1929, Hitler exigiera los ministerios de Interior y de Educación. “Quien controle esos ministerios y explote de forma implacable y constante su poder en ellos, puede conseguir cosas extraordinarias”, observó entonces, lo que dice mucho de su manera de entender la política. El siguiente paso que dio el partido fue introducir a sus militantes en los clubes y las asociaciones de las distintas comunidades provinciales. Conseguían asegurar así que la simplicidad de su mensaje fuera calando en los reductos más pequeños y desde ahí se extendiera por todas partes. El esquema se ajustaba a las ideas de Hitler, para quien “la política era la propaganda y, en lo esencial, lo seguiría siendo siempre: una movilización incesante de la masas a favor de una causa que seguir ciegamente, no ‘el arte de lo posible”, escribe Kershaw. Unas cuantas frases del propio Hitler resumen a la perfección su estrategia. “La gran masa es femenina. Su actitud es parcial y sólo conoce el duro ‘todo o nada”, dijo. Y también: “Lo que es estable es la emoción: el odio”. Y otra más: “El talento de todos los grandes líderes populares ha consistido en todas las épocas en concentrar la atención de las masas en un único enemigo”.

Tenía ese talento. Y supo enardecer a las masas explotando sus instintos más bajos. Poco tiempo después de llegar al poder, quiso concentrarlo por completo en sus manos. Para entonces ya había destruido a los demás partidos y a las elecciones del 12 de noviembre de 1933 solo se presentaron los nazis. Obtuvieron el 91,2% de apoyo. Los alemanes se habían rendido a su líder, abandonando toda razón, enceguecidos por su imponente despliegue de fuerza y poder. Lo peor todavía no había empezado. 

Perezoso, resentido, rebelde, huraño, obstinado y sin objetivos. Tenía frenéticos ataques de entusiasmo y una total falta de realismo. Autodidactismo dogmático, extravagancia, egocentrismo. Arrebatos repentinos de ira y cólera. Fue un fanático de la guerra y un soldado entregado. Carecía de sentido del humor. Adoraba a Wagner, sus historias de lucha titánica y redención, de victoria y muerte. Kershaw se pregunta al principio de su libro: “¿Cómo podemos explicar que alguien con tan pocos dotes intelectuales y tan escasos atributos sociales, alguien que estaba totalmente vacío fuera de su vida política, inaccesible e impenetrable incluso para quienes formaban parte de su entorno más íntimo, al parecer incapaz de mantener una amistad verdadera, sin la formación que proporcionan los altos cargos, sin tan siquiera la menor experiencia de gobierno antes de convertirse en canciller del Reich pudiera, pese a todo, tener una repercusión histórica tan inmensa y hacer que el mundo entero contuviera la respiración?”. La respuesta no es fácil y el historiador británico intenta darle forma en las dos entregas de su biografía (más de 1.300 páginas en la versión sintética reunida en un único volumen). Acaso la observación de Hannah Arendt tenga en este punto alguna relevancia: Hitler consiguió convencer a una gran mayoría de alemanes de que con él entraban “al cauce por el que discurría la Historia”. Quedaron seducidos, saltaron a la oscuridad.  

Hay 14 Comentarios

Buen artículo pero tampoco es algo demasiado nuevo lo que se cuenta. Es curioso como los biógrafos de Hitler siempre se centran en la persona y desde el punto de vista criminal y no analizan muchos de los hechos que le llevaron al poder, entre otras cosas porque hay demasiada suciedad que ocultar en las cloacas. Hitler no era ningún monstruo o engendro humano. Al contrario, Hitler era una persona como hay muchas a día de hoy. La diferencia es que él no se escondía y llegó a poseer un poder total, aparte de estar por el mayor genio de la propaganda que jamás ha existido. Si muchos de los políticos, ya lo hemos visto con Bush, Aznar, Blair, llegasen a tener las manos tan libres como él no creo que le hubiesen andado a la zaga. La diferencia es que la información es mucho más accesible que en aquella época y, por tanto, más difícil ocultar als atrocidades. Por cierto, hace unos años se publicó un estudió en el RU acerca de los gerentes de empresa. Más del 13% eran gente con problemas psicológicos, pero lo escalofriante, es que en torno al 8% eran gente con problemas psíquicos que debían ser tratados por especialistas. Bien, muchos de esos gerentes, son considerados como ganadores por la opinión pública. Lo mismo que Hitler en su época.

Que haya gente que se pregunte el porqué de un artículo sobre el surgimiento del nacionalsocialismo en la época que vivimos, que no vea la actualidad de esta propuesta de lectura, es señal de algo...

tiene una parte de misterio de porqué Hitler, pero había un caldo de cultivo generalizado, italia, españa, rusia, cayeron también en dictaduras brutales, alemania evolucionó a "1984" por ser una sociedad más industrializada... EEUU y Gran Bretaña tuvieron también el crack pero mantuvieron la democracia porque sus circunstancias eran otras, el Siglo XX es el más complejo de la Historia y seguramente siempre será el más estudiado.

Alberto, pensé lo mismo. Es un buen pero no veo la novedad en lo que cuenta este articulo. Si me gustaria comentar, y tampoco es novedad, que todo populismo tiene el misml desarrollo explicado aqui, y el fascismo que despliegan estos lideres estan basados en una personalidad muy alterada. Hay muchos ejemplos de vogentes gobiernos,por ejemplo, los populismos latinoamericanos. Es todo ciclico.

La mayoría es Idiota, solo hay que manipularla.

Si la gente supiera realmente lo que vota, el PP jamás habría gobernado en España. Se vota siempre con el estómago, nunca con la cabeza.

pero vamos a ver... este libro de Kershaw salió en 1998. muy bueno por cierto. pero dónde está la noticia?

Creo que hay personajes, como Aznar por ejemplo, que hubiesen hecho buenas migas con Hitler en su tiempo, y lo digo convencido no por ofender. Por cierto, una cosa que me llama la atención del articulo es esa descripción de Hitler como "perezoso y sin objetivos"...¿en serio?, ojalá hubiese sido de verdad ambas cosas

Al final todos los políticos actúan de la misma forma, mucha publicidad, mucho dinero en campañas, mucho enemigo común....no hay ninguno que se salve, de ahí que vivamos en este permanente estado de excepción, a nivel mundial.

No hemos aprendido nada.

Como me recuerda esto a lo que no está pasando ahora mismo en Cataluña… tenemos hasta nuestra propia gestapo, los Mossos d'Esquadra...

El negacionismo del holocausto surge ya a finales de la 2ª Guerra Mundial. Se trata, obviamente, no de la constante revisión de métodos y formas con los que se investiga y concibe todo hecho pasado -tarea ineludible y propia de la historiografía profesional académica-, sino de una corriente seudocientífica interesada en presentar los hechos a conveniencia y sin rigurosidad alguna. Una de sus obsesiones es cuestionar la realidad del brutal exterminio judío por los nazis en los campos de concentración. Esta corriente se considera un crimen en varios países, como Alemania, Austria, Israel, Francia y Canadá. Pero en España, no ocurre lo mismo, lo que permite que visionarios como interesados en que los crímenes del Golpe de Estado fascista de 1936 y los de la Dictadura genocida que le siguió -crímenes que jamás fueron castigados, sino mantenidos ocultos y silenciados, como sus víctimas fueron desamparadas de toda justicia- sigan divulgando teorías en las que, obviamente, ni ellos mismos creen y que se condensan en negar lo ocurrido. En Alemania como en España.

La campaña para mantener vivo el mito nazi no para. Peor gracias a internet tenemos el vídeo hecho por un historiador judío honrado en su visita en 1992 al campo de Auschwitz en el que tira por tierra la leyenda de la llamada cámara de gas. http://www.youtube.com/watch?v=exwR95nIpVA

Si la gente supiera realmente lo que vota, el PSOE jamás habría gobernado en España. Se vota siempre con el estómago, nunca con la cabeza.

La primera guerra mundial (1914-18) fue ganada por la coalición anglo-francesa con el apoyo de Estados Unidos, que veían en el imperio alemán un fuerte rival a escala internacional. Fue una guerra, como todas las guerras, llena de estupideces por ambas partes. Del lado anglo-francés se impuso la humillación de Alemania que fue obligada a indemnizar a sus enemigos con una enorme deuda, y a su vez, la debilidad interna del imperio ruso, con un zarismo despótico, desembocó en una revolución socio-política de consecuencias impredecibles para los imperios vencedores. Pues bien, esos imperios vencedores (Reino Unido, Francia y Estados Unidos) apoyaron indirectamente a Hitler para que destruyera a la recién creada Unión Soviética (la versión moderna del imperio ruso). De ese apoyo solapado se benefició tanto Mussolini (de Italia) como Franco (de España). Y en Oriente surgía un nuevo Imperio (Japón) que se enfrentó al Imperio de Estados Unidos y por ello no atacó a la antigua URSS, precisamente para no tener que combatir en dos frentes de batalla a la vez. La Historia enseña que el Ser Humano es peor que las bestias del reino animal. Está enfermo por la sed insaciable de sexo, riqueza y poder. No me extraña la cantidad de locos que han regido y rigen el Mundo.

Los comentarios de esta entrada están cerrados.

TrackBack

URL del Trackback para esta entrada:
http://www.typepad.com/services/trackback/6a00d8341bfb1653ef019b00b8d547970c

Listed below are links to weblogs that reference El salto a la oscuridad:

El rincón del distraído

Sobre el blog

El rincón del distraído es un blog cultural que quiere contar lo que pasa un poco más allá o un poco antes de lo que es estrictamente noticiable. Quiere acercarse a lo que ocurre en la cultura con el espíritu y la pasión del viajero que descubre nuevos mundos y que, sorprendido e inquieto, intenta dar cuenta de ellos.

Sobre el autor

José Andrés Rojo

(La Paz, Bolivia, 1958) entró en El PAÍS en 1992 en Babelia. Entre 1997 y 2001 fue coordinador de sus páginas de libros y entre 2001 y 2006 ha sido jefe de la sección de Cultura del diario. Licenciado en Sociología, su último libro publicado es Vicente Rojo. Retrato de un general republicano (Tusquets, 2006), XVIII Premio Comillas. Correo: @elpais.es.

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal