El viajero errante

Blog de Javier Martin

Sobre el blog

Este blog se va de vacaciones por España, sin rumbo fijo, al albur de la carretera, siguiendo las corazonados o el humor de su autor, pero también escuchando las ideas de los lectores. No sólo será un blog de lugares, sino de costumbres, de gastronomía, de postales; también un lugar de debate para discrepar o enriquecer los comentarios de su autor, con la intención de que, al final, quede un buen álbum de postales de España.

Categorías

Autores

El periodista navarro Javier Martín por culpa de su pasado deportivo y de su presente en Ciberpaís es un impenitente viajero, cubriendo acontecimeintos deportivos, como la reciente Copa del América de vela, o tecnológicos, especialmente en el Silicon Valley californiano y en Asia.

agosto 2007

L M X J V S D
    1 2 3 4 5
6 7 8 9 10 11 12
13 14 15 16 17 18 19
20 21 22 23 24 25 26
27 28 29 30 31    

Suscríbase a este sitio

¿Qué es RSS?

Es una tecnología que envía automáticamente los titulares de un medio a un programa lector o agregador. Para utilizar las fuentes RSS existen múltiples opciones. La más común consiste en instalar un programa llamado 'agregador' o lector de noticias.

12 agosto, 2007 - 22:30 - ELPAIS.com

Final de viaje

Se acaba la travesía del viajero errante junto a la central nuclear de Vandellós. Su playa nukista es lo más parecido al paraíso. Ni Maldivas ni Rivera Maya. En la playa de la nuclear de Vandellós se puede esperar el juicio final. Su tranquilidad, en medio de todo lo que le rodea, da miedo. No hay músicas ni hamacas, ni motos de agua ni bolsas de plástico. Inquietante. Algo está a punto de ocurrir, algo va a pasar; permanezcan atentos a la columna. Como decía el gran T. Carotone, "e un mondo difficile; futuro incerto". Encantado de haberles conocido.

12 agosto, 2007 - 04:16 - ELPAIS.com

Juicio final en playa 'nukista'

Doce días y trece noches, 4.982 kilómetros, de Benidorm a Burela; de Zamora a Teruel. Paisajes maravillosos, fiestas en abundancia, buen comer, buen beber y gente amable. Fuera de la costa, las colas y los apretones humanos son fenómenos desconocidos. El juicio final pilla al viajero errante en una cala solitaria bajo la central nuclear de Vandellòs.

Hijos de Alás pasan a cientos pifiando por aquí con sus coches tan cargados como siempre. La autopista sólo invita a acelerar y mirar al frente; a los lados, los pinos han mutado en marrón gracias al penúltimo incendio, y el asfalto discurre entre una gigantesca pérgola de torres de acero y cables de alta tensión. Si se oye un chicharreo no son las chicharras, es la electricidad que camina por los cables que, amenazantes, pasan por encima de nuestras cabezas. Ante mis ojos se levanta inconmensurable la central nuclear de Vandellòs. Un hongo de hormigón, rodeado de vallas y aislado entre los incendios. Sólo las adelfas de la carretera conservan su color rosa, allí donde nos las han chamuscado las llamas. Con razón, los hijos de Alá huyen hacia Alicante o hacia Francia. Aquí hay que ser valiente para darse un respiro, pero lo osados que se paran tienen su recompensa. Entre este paisaje apocalíptico, escondido, a mano derecha, se llega a L'Hospitalet de l'Infant.

En las esquinas de este pueblo cuelgan altavoces. Es por si hay que evacuar a todo trapo. De vez en cuando, mientras unos simulan un ataque vikingo, otros juegan a la fuga nuclear. En L'Hospitalet de l'Infant si se les va la luz es que en el mundo no hay dios. En este pueblo tienen la central nuclear de Vandellòs, que unas veces va y otras no. La bóveda de cemento y las torres de alta tensión forman parte del inquietante paisaje del lugar. A cambio tienen factura eléctrica reducida y unos ingresos seguros que dejan el pueblo hecho un primor, de limpio y repintao que está. Y unas playas kilométricas.

Tras 12 días, el viajero regresa a donde comenzó, el Mediterráneo.

Junto al templo nuclear se levanta el Templo del Sol, cámping y playa nudista maravillosa de más de un kilómetro. La clientela, principalmente extranjera, lo hace todo en cueros. Pero este templo de los porretas ya figura en todas las guías alemanas de pro. La intimidad se encuentra una cala más allá, en la playa nukista. No pregunten a Google por tal nombre, que me lo acabo de inventar. Es una calita a la que se llega a pie desde la playa textil de l'Almadrava.

De Lloret al cabo de Gata es imposible encontrar lugar más limpio y solitario, con agua tan cristalina y mar tan salada como la playa nukista de L'Hospitalet. Su pequeño arenal se esconde debajo del hongo, y por no haber no hay ni colillas. No se oye nada ni se ve un alma excepto un trío a lo lejos; quizás, la asamblea general del partido Ciudadanos por el Cambio, aunque salgo de mis cábalas cuando se reparten los bocatas en perfecta armonía. Es simplemente una familia, en porretas pero familia, con su sombrilla y su fiambrera que pasa el día en intimidad. La única pega es el gran hongo, aunque ya no se sabe si lo es. Crecidos bajo el eslogan progre de "No nukes" y el carca de "No desnudos", ahora es casi imposible manifestarse si no se va en bolas; y lo nuclear parece remedio de apagones y agujeros en Alaska.

La playa nukista es lo más parecido al paraíso. En la playa de la nuclear de Vandellòs se puede esperar el juicio final. Su tranquilidad en medio de todo lo que le rodea, da miedo. No hay músicas ni hamacas, ni motos de agua ni bolsas de plástico. Inquietante. Algo está a punto de ocurrir, algo va a pasar.

11 agosto, 2007 - 03:05 - ELPAIS.com

Compadreo por la ruta del Cid

El destierro de Castilla del guerrero Rodrigo Díaz de Vivar fue loado detalladamente en 'El Cantar del Mío Cid'. Su camino es hoy una ruta para senderistas y para los que siguen rastros del medievo, una afición en auge, quizás por culpa de las películas de 'El señor de los Anillos'. El destino que siguió El Cid desde Vivar a Valencia pasa por la provincia de Zaragoza. Allí nos encontramos.

En Zaragoza me encuentro con El Cid, caray qué sorpresa. Enseguida intimamos. El Cid viene de Vivar. Cuenta que, a pesar de tantas batallas ganadas, un día le llegó el motorista con la orden del destierro y, con lo puesto, empezó a buscarse la vida. "Miró las puertas abiertas, los postigos sin candados; las alcántaras vacías, sin pellizones ni mantos, sin los halcones de caza ni los azores mudados", llora El Cantar del Mío Cid. A estas alturas del folletín quién no ve un paralelismo con sus circunstancias y las mías: miles de kilómetros recorridos, las ropas que bailan solas y la visa tan mellada como la Tizona del guerrero.

El Cantar del Mío Cid va citando los lugares por los que pasó el caballero, y aquello hoy se ha convertido en una interesante ruta de caminos y pueblos con rastros medievales. Me detengo en Alhama de Aragón, donde se anuncian baños termales, terapéuticos y un porrón más de beneficios para el cuerpo. No lo dudo.

El balneario Termas Pallarés, levantado en 1863, y hace poco restaurado, es casi una ciudad-jardín con un lago natural de aguas beatíficas y peces de colores. Las aguas, que brotan a 32 grados y se mantienen a 27, se prescriben contra el estrés gracias a sus componentes ligeramente radioactivos. Era lo que necesitaba.

El Cid sigue por Bubierca, Ateca, Alcocer, Calatayud, siempre buscando carreteras secundarias. El rastro continúa por los pueblos de la ribera del Jalón y del Jiloca. En cada pueblo citado por el Cantar, al viajero le sellan su cartilla. En su destierro, El Cid iba pillando. Si un pueblo no le daba dinero a cambio de seguridad, lo hacía inseguro, o sea, lo atacaba; si pagaba, se convertía en el Prosegur local. Daba igual que fueran moros o cristianos. La pela ya era la pela.

Así llega El Cid a Daroca, con sus murallas árabes, demolidas y restauradas una y otra vez. Sus cuatro kilómetros de muros encierran el barrio árabe, el cristiano y el judío. Con estos antecedentes, no es extraño que su fiesta medieval sea una de las más celebradas de España. Los vecinos se visten de época a la vez que sacan a pasear al caniche.

Una catapulta lanza caramelos a los niños, los guerreros disparan flechas a jabalíes de cartón y otros pelean con el acero. Son del grupo Arco Medievo de recreación medieval; también están los de Ferruzza, que enseñan esgrima con espadas de época, y las gaitas y los tambores de Fidelis. En el mercado, los artesanos trabajan la forja o la madera:

-¿Qué hace usted buen señor?

-Pongo enea en las sillas. ¿Y usted, de dónde viene así vestido?

-De Cataluña.

-Muchos vienen de por allí; por algo se dice "lo bueno abunda".

-Gracias judiíco, que Alá te guarde y los cristianos te cuelguen de tus pulgares.

En el mercado de Daroca es imposible cambiar billetes de 100 euros. Hay que ir al cajero automático. Si la sucursal es de tu red, sólo te cobrará una comisión de 2,65 euros, si es de otra, el sablazo llega casi a los seis euros. El atraco no entiende de civilizaciones.

10 agosto, 2007 - 00:20 - ELPAIS.com

Marisqueando en el mar de Teruel

A las ocho de la mañana hay vida en Calamocha. Los aldeanos pasean a los buenos días. Y los ciclistas se hacen sus kilómetros y se arriman en esta inmensa llanura fértil hasta Gallocanta, la mayor laguna salada de Europa, según cuenta en el centro de información. A diferencia de las Tablas de Daimiel, el agua no le viene de abajo, sino de arriba. "Ha sido año de lluvias y en marzo tuvimos hasta 38.000 grullas. Jamás había criado el pato colorado, y esta vez crió".

Pero es verano, y donde llegó el agua ahora queda un suelo nevado, el salitre, y las grullas se han ido y las avutardas no pasan de un par de docenas. Es un terreno lunar para animales y senderistas madrugadores.

El madrugón vale la pena por el cambio de ecosistema que se ve. El coche se abre paso entre lagartijas somnolientas y desconfiados vencejos y, de repente un zorro, con su cola de plato, atraviesa el camino; de algún after hours, seguro. La visión de la raposa se saborea como la de un leopardo en el Sherengeti.

Sigo rastreando el subsuelo de Teruel, esta vez a unas decenas de kilómetros: las minas de hierro de Ojos Negros, en la sierra Manera, cerradas hace ya veinte años. De su pasada actividad se mantienen en buen estado una barriada fantasmal, con su casino, su biblioteca y su panadería, entre un paisaje de rojo y verde. Lo único que se mueve son los molinos de viento en las crestas de las montañas. "¡Va!, están en Guadalajara y además eso no da empleo!".

Ramón trabajó 28 años en las minas de Ojos Negros. Ahora le da al tute en el hogar de Los Mayores -a lo que se ve ni jubilado ni tercera edad son expresiones correctas-. "Llegamos a trabajar 600 personas y otras 1.000 para el ferrocarril de Sagunto". Ahora, nada de nada. En el poblado viven 30 personas en invierno, "pero en verano están ocupadas las 100 casas; unos vienen de Valencia, otros de Zaragoza. Paz, tranquilidad y aire puro. Nada hay más sano que esto". Aprovechando que ha bajado la marea en Teruel nos vamos a marisquear.

-Que te he dicho que cuidado con la espátula, que le vas a hacer daño a la niña. Y tú métete pa dentro que aún te va a llevar un coche.

En medio de la curva, dos niños y dos mujeres recogen algo de la cuneta.

-Qué ¿A rolex o a setas?

-A fósiles, señor, a fósiles. Así pasan la tarde los chicos, que una no sabe dónde meterles.

Son las seis de la tarde y de los 30 no bajamos. Y en la cuneta peor, aunque los niños se cubren con gorras. Cada chaval lleva su cubito y su herramienta para cavar en el terraplén.

-Si no hace falta ni cavar, si están a la vista. Mira ahí, eso es una almeja, y eso otro un trozo de caracola.

La abuela es una experta. "Eso que tiene usted en la mano es un trozo de brazo de pulpo, y eso otro un mejillón. Todo esto era mar, pero hace mucho ya". La madre no recolecta, "a mí las piedras no me atraen".

Un nuevo trayecto en la carretera ha cortado por la mitad el monte de Bueña y ha dejado al descubierto la gran mariscada. Los fósiles llegan hasta el asfalto; a poco que se acostumbre la vista, cada piedra tiene huellas de viejos moluscos o incrustados caracoles y caracolas, y almejas perfectas hasta con la rajita de las dos conchas. Es un vicio el rastreo, hasta que entre piedra y piedra aparece una culebra. ¡Coooño con los seres vivos!

Teruel es la nada en el buen sentido de la palabra; en el de espacios inmensos, vacíos de gente, pero con enormes bosques de pinos. Veraneo en Teruel, pues sí; aire puro y tranquilidad, y muchos tesoros ocultos. En esta etapa nos dedicamos a su subsuelo: el agua salada de Gallocanta, las extintas minas de hierro de Ojos Negros y un yacimiento de fósiles cerca de Bueña. En Teruel todo es diferente.

09 agosto, 2007 - 11:16 - ELPAIS.com

Los rastreadores de palabras

Tres abuelos se sientan en la entrada de Pedrosa del Rey a ver pasar coches, cuando pasan. El pueblecito vallisoletano tiene en activo un palomar y un cementerio. Además, Miguel Delibes lo sacó en su novela El hereje, porque aquí la Inquisición decidía quién era bueno y quién malo.

-¿Han visto ustedes a Miguel Delibes, el escritor?

-Ya sabemos quien, ya; pero por aquí no ha pasado. Si vino no le vimos, aunque hubiera sido raro. Él va a cazar más allá, por Torrelobatón y Zaratán.

Continuar leyendo

08 agosto, 2007 - 02:42 - ELPAIS.com

Sor Lola y sus hermanas

El símbolo de España, el toro bravo, apenas tiene pueblos con su nombre. Las dos excepciones entre más de 8.000 municipios están en Zamora y Castellón. El Toro es un pueblo de la sierra castellonense, con su ultramarinos y poco más. El zamorano Toro es de mayor enjundia: grandes monumentos, grandes vinos y cinco conventos de clausura; el del Sancti Spiritus, con nueve monjas, me da hospedaje.

Las cigüeñas de Toro miran a las grúas por encima del hombro. Nada hay más alto que sus campanarios. En Toro, las calles sólo tienen sitio para que pase un coche, y no se aparcan, porque el coche se mete en la cochera. En las calles de Toro, cuando pasa un automóvil, se grita a los niños: ¡qué viene un coche!, y dejan de jugar al balón.

Toro tuvo su esplendor en el siglo XV gracias, en parte, a su vino, recio como ninguno. "Tenía mucho alcohol y, por tanto, no se avinagraba", explica Manuel Fariñas, dueño de las bodegas del mismo nombre y primer presidente de la Denominación de Origen. "El vino de Toro era ideal para embarcarlo en Galicia y llevarlo hasta América".

Luego el mundo evolucionó y Toro, no. Hasta hace poco. "La materia prima, buen suelo, mucha lluvia y mucho sol, estaba, sólo hacía falta actualizarla". La renovación consistió en adelantar la cosecha, cubas de acero inoxidable, climatización del proceso y barricas nuevas. La denominación de origen, que comenzó en 1987 con seis bodegas, tiene hoy 46. A la bodega Fariñas le ha salido competencia con sor Lola y sus hermanas. Nueve dominicas recluidas en el convento de clausura del Sancti Spiritus. Este convento de 1307, oculto en el extrarradio de la noble ciudad, es una de las maravillas del viaje.

-Sor Lola, voy a tirar estos trastos al contenedor-, le avisa un señor.

-Que no se puede, que hay que llevarlos a un punto limpio.

La priora sor Lola dirige a las ocho monjas encerradas en un monasterio de 20.000 metros cuajados de obras de arte allá donde se mire, se toque o se pise. Cada vez que se arrasca aparece algo. Lo último, unas pinturas judías del XIV.

La entrada al museo lo preside el sepulcro de Teresa Gil, la portuguesa que fundó el convento en 1307. "Cuando se restauró recientemente, apareció el cuerpo incorrupto, incluso sus trajes, que se expondrán el próximo año".

Hay cientos de pinturas, esculturas, orfebrería, sillerías, un refectorio para 150 monjas, que habla del antiguo esplendor de convento, con suelo y azulejería original; todos con unos cuantos siglos encima. En la sala capitular se exponen inmensas sargas de 9 metros por 7. Todo lo mantienen las nueve mujeres. "Dando la vara igual te subvencionan restaurar algo, pero para mantenimiento, nada", se queja sor Lola.

Sor Lola, que lleva 27 de sus 53 años en el convento, es una bomba de relojería. Tiene su propio blog y página web y seis ordenadores para las monjas, a las que sólo falta ponerlas a hacer aerobic. "Todo se andará", amenaza la priora. Por las mañanas elaboran dulces, cuidan el museo y la hospedería, y trabajan para las bases de datos de un banco. "Por la tarde es obligatorio el estudio. Primero 'la palabra', y luego cursos de Teología a distancia. Algunas se han apuntado a los de Cristología y otras al de Espiritualidad y Sexología".

Desde la web, conectada a la de los dominicos, difunden la palabra de Dios, y venden para todo el mundo amarguillos y otros dulces. "Tenemos que ir donde está la gente. Si queremos comunicarnos con las nuevas generaciones habrá que estar en Internet. A algunas les da miedo ver besos, a mí los muertos de los telediarios. Yo les digo, besarse no es pecado, matar sí".

El próximo proyecto de sor Lola es abrir una bodega mirando al barranco donde catar sus vinos Thiago Matilla y Monasterio Sancti Spiritus. "Y también un spa con sesiones de vinoterapia. Y ya que estamos, eso de colgar vídeos en YouTube, ¿es fácil?".

07 agosto, 2007 - 05:43 - ELPAIS.com

España, ¡qué guarra eres!

Entro en Castilla. A petición de uno de los lectores, que recomendaba visitar el lago de Sanabria. Pernocto en este parque natural de la provincia de Zamora. Una extensión enorme de árboles y laguitos y pueblos construidos en su justa medida. La gente va a pasar calor por el día y fresco por la noche. Es un turismo tranquilo y bastante naturalista, pero después de un domingo, se nota el paso del hombre.

Me levanto quisquilloso, advierto. Ha refrescado en el lago de Sanabria. Lo primero que llama la atención son las extensiones sin gente ni casas. Sus montes, unas veces verdes, y muchas otras negros, no conocen la cultura del adosado.

El parque natural del lago de Sanabria, entre los seis niveles de protección existentes, está hacia el medio. No es patrimonio nacional, pero el Gobierno autónomo controla que los municipios hagan lo que les plazca. Diecisiete guardas forestales vigilan que no se enciendan fogatas y que no se acampe en las zonas acotadas. A veces han puesto alguna multa por eso; por tirar basura, nunca.

Sin más dilación me lanzo a una de las cuatro playitas naturales del lago, la de Custa Llago, con parking, tienda de recuerdos y bar, y unos pedalós en forma de cisne para el agua.

-Me podría poner medio bocadillo de salchichón.

-Medios no hacemos.

-Pues hasta luego.

Ya advertí que me había levantado rezongón. Además, esto será un pueblo, pero los precios son de Madrid.

En el monasterio de San Martín de Castañeda, Verónica atiende la casa de interpretación del parque. Toma nota de dónde vienes y quién te lo ha recomendado.

-Hay días que vienen al lago hasta 6.000 personas. Demasiada gente.

Verónica -pienso-, en algunas playas a ésos los meten en un patinete; pero no quiero asustarla. Sigo sus recomendaciones y subo a la laguna de los Peces. Hasta ahí llegan los coches. Foto y vuelta; casi nadie osa caminar hasta la laguna de la Yegua. Allí se ve saltar a las ranas.

A primeras horas de la tarde, Custa Llago coge ambientillo. La playita apenas tiene 50 metros de largo por cinco de fondo, limitada por rocas, encinas y el agua, fresca y clara. En medio de la arena, como una reinona, Mariángeles fuma con auténtico placer, totalmente absorta de marido y niños. En una mano sostiene el cigarrillo y en la otra un cucurucho de plástico donde va echando la ceniza.

"No me gusta verlo todo lleno de colillas", dice. Y lo demuestra: el cucurucho lleva fecha de 2004, Sagunto. Mariángeles es valenciana. Hace siete años conoció el lago de Sanabria y repite.

Después de un domingo, el parque no está más sucio que otros lugares de veraneo; realmente está muy limpio allí donde no rumia la plebe. Los guarros no son los sitios sino la gente. Y en este viajar por España, recuerdo los ejemplares servicios de limpieza de Pamplona, entrando a saco en la plaza del Ayuntamiento media hora después del cohete, o los de Benidorm, limpiando las playas antes de que se vaya el último bañista.

Como la playita no tiene conchas recojo colillas. Noto las miradas alucinadas de la gente. Poco a poco formo una buena colección y saco mis conclusiones: la gente fuma rubio en un 99%, en grupo y, preferentemente, al borde del agua.

A los cinco minutos me duele la espalda, pero obtengo mis primeros resultados, así que no puedo dejarlo ahora. Un joven que está con la pandilla, la deja, recoge un par de colillas y me las da. Un chavalín me da más y me pregunta que para qué es. Le digo que soy del CSI, pero se queda con mi cara, así que le explico que tengo la onegé Salva el Mundo Tú. Se va a correr la voz, mientras continúo con tan inútil labor.

Un matrimonio, que ha rebasado la madurez, da apoyo moral:

-Es que la gente es muy guarra.

Minutos antes habían aplastado, tan ricamente, sus colillas en un árbol. España, ¡qué guarra eres!

06 agosto, 2007 - 02:14 - ELPAIS.com

Desembarco en Catoira

¡Vikingos!

-¡Uj, uj, uj!

En el palo mayor de la nave Úrsula, el jefe Moncho se dirige a las hordas.

-¡Guerreros, escuchad! Sólo dos órdenes: primera, nadie desembarcará antes que Ambrosio, y segunda, y más importante: pillad todo lo que podáis.

-¡Uj, uj, uj, uj!

Una tercera ley no escrita es que el último en desembarcar es el Faldri, que duerme todo lo largo y ancho que es en la proa del barco, así ha sido siempre y así seguirá.

La flota vikinga avanza lentamente hacia las torres de Catoira, defensa contra sarracenos y, en este momento, vikingos que quieren conquistar Santiago. Los gallegos, a miles, se arremolinan ante las torres y ante los puentes, ignorantes de lo que se les avecina.

El río Ulla había amanecido entre una densa niebla, lo que favorecía la incursión vikinga, un drakkar con una veintena de guerreros y el gran Úrsula, con casi un centenar. Detrás, como gran novedad, otro drakkar traído desde Noruega por fornidas mujeres, las únicas que reman. Dicen que vienen en son de paz.

Las naves vikingas esperan a la marea baja para atacar. La soldadesca se impacienta, unos duermen y otros intentan ligar con la socorrista de la Zodiac. La bodega del Úrsula va cargada de vino y los guerreros tienen borda libre. Alguno intenta practicar las órdenes de su general.

-A meter mano, al cura, le suelta la vikinga al vikingo.

El vino empieza a hacer estragos en el ejército invasor, pero las torres ya están a la vista. La excitación del inminente ataque a punto está de provocar un motín.

Vinho, vinho, vinho!

El General Miguel, el del casco con cabeza de zorro, ataja la insurrección.

-Ni más vino ni más cigarrillos ni nada. Apagadlos. Botellas, vasos de plásticos y cualquier otro desperdicio, a la bodega.

La tripulación se coloca sus cascos y blande espadas, hachas y mazos. Los cámaras apuntan, los gacetilleros recogen los últimos testimonios. Tonono explica la historia de la auténtica batalla de Catoira.

"¿No tenemos nada mejor?", grita un vikingo en sus cabales. "Pero si Tonono no acabó la EGB".

La marea dificulta la aproximación del Úrsula. Habrá bajas antes de pisar la playa, pero confían en Odín, y allá van, jóvenes guerreros, viejos barrigones, mozas muy perjudicadas, mozalbetes con espadas de madera; saltan todos detrás de Ambrosio, como les han ordenado. Algunos se hunden en el fango, pero reflotan. La población contempla cómo los vikingos se reúnen a pie de playa y no oponen resistencia. Huelen fatal. El ejército invasor va en busca de barriles de vino, que escancian a chorro sobre los cascos o sobre las bocas, luego destrozan el poblado improvisado y se comen todo lo que encuentran, mejillones sobre todo. Saciados y satisfechos, van en busca de mujeres, principalmente las suyas. El Faldri, misión cumplida, se lleva a hombros a una vecina. La población autóctona se congracia con los invasores, se fotografía con ellos cuando no se ponen en medio para que les rieguen. En las explanadas de la ribera, las noruegas de la asociación Embla no pierden el tiempo. Serán pacifistas, pero también negociantas. Quince euros por un delantal normando. Las bandas de gaiteros recorren la romería vikinga, genial invento de un grupo de intelectuales del pueblo en un día de parranda, hace ya 47 años. Hoy es una de las tres fiestas internacionales con que cuenta Galicia. Gracias a la anual invasión vikinga, una vez al año el pueblecito de Catoira está en el mapa.

De las rías altas a las bajas. Tras casi una semana de espectador o de comensal, he decidido involucrarme en esta fiesta absoluta que es España. Me transformo en fiero vikingo, con cuernos y todo, para invadir Catoira, un pueblo pontevedrés que rememora la defensa de la ría para no dejar pasar al ejército normando camino de Santiago. Entonces parece que ganaron. Ayer también; pero ir dando sustos todo el día es sacrificado.

05 agosto, 2007 - 03:01 - ELPAIS.com

¡Qué noche la del coche!

Tengo una duda, o dos. En España o se reza, o se come o se baila. Las tres actividades son imposibles a un tiempo. Procesiones y romerías no se acaban en una hora, como las de san Ignacio; no hay comida que no dure un día (jornada del percebe en Rinlo y del bonito en Burela), y de las verbenas mejor ni les cuento, bueno, sí se las voy a contar. He llegado a Galicia y dan ganas de no salir de aquí, aun sin dormir.

¡Cambioooooo! Y una multitud de niños de aquí para allá. María controla un ejército de infantes. Unos juegan a los bolos, otros buscan las joyas de la princesa secuestrada y otros hacen carrera de sacos.

Fin de semana en la Mariña, la costa de Lugo, holganza en la arena y jolgorio en las verbenas. De Rinlo a Burela, lo que no es playa es marisco. El arenal de Os Castros... la impresionante Catedrales... Arealonga, donde María dirige un campamento de 75 niños.

-Los pecurexos se portan: ninguno ha llorado y eso que es la primera vez que salen de casa y que duermen en tiendas.

Siguen las playas por un paseo marítimo ejemplar, de rocas y vegetación salvaje: Reinante, As Pasadas, Lóngara, Fontela, Coto. Ahí gozan las familias González-Cuesta y Luelmo-Rodríguez. Se escapan de su Asturias porque aquí hay espacio para sus autocaravanas.

-Lo tienen bien montado, con prados en los que se aparca junto a la playa. Y gratis.

Forman parte del club de autocaravanas, que celebra su equiparación legal a un turismo.

-Podemos circular a 120 y aparcar en cualquier lugar, aunque muchos guardias aún no se han enterado.

Remior, San Bartolo, Altar, Rapadoira, Llas, Peizás, Pampillosa, Arealonga, Areoura, ya en Foz. Fiesta grande en Foz, con Milladoiro, los auténticos, los incombustibles. Gaitas, arpas, flautas y panderos. Su actuación es perfecta, pero la juventud huye. El Chu Chu Tren y el Canguro Saltarín aún tienen menos atractivo que la almendra garrapiñada y el algodón dulce. El éxito es para los peruanos, con sus flechas indias y sus bolsos de Fondi, Carol Herrera y Luis Vitón. También triunfa un autóctono con extensa gama de enanitos, ocas y caracoles de piedra. Por fin sé que lo gnomos no nacen de los jardines de los chalés.

Milladoiro sigue en sus trece, rescatando folclore gallego. Treinta años de trabajo de calidad, aunque quizás no sea suficiente. La jarana de los jóvenes se concentra en Disco Iris. Merendero de día, botellón de noche. Un grupo posa para el fotero. Ellos, trabajadores del mar; ellas, de incógnito. Me ofrecen vodka, whisky, ginebra y algo de Kas de limón.

Entre ribeiros y gaitas el mareo es total. Es imposible apuntar el coche entre dos rayas. La solución es el vecino cámping de La Rapadoira. Toca noche en el coche; suerte. Ruido atronador del vecino de enfrente, está inflando el colchón, cinco minutitos, dice. Cuando van para quince, me meto tapones para los oídos.

Ahora huele a humo, y mi ordenador no va ni a pilas. No es el pecé, es el holandés de mi derecha, nuevo con la parrilla, empeñado en dejar los chorizos del color de la morcilla. Algodones en la nariz. Un sentido menos. Me quedan tres para toda la noche. Yo sí voy a llorar. La toalla me tapa los pies o me tapa el cuello. Elijo el alterne. Dan las tres. Empieza a llover. Cada gota en el techo es un agujero en la cabeza. Las cuatro. Ahora el ruido procede de mi interior. Serán los percebes de Rinlo, quizás el pulpo de Barreiros, o, ahora que lo pienso, los berberechos de Foz; no descartemos las zamburiñas de Cervo ni el bonito de Burela. Me acuerdo de la Padilla, póntelo, pónselo. De la pesadilla me sacan las primeras luces. Las 6.50. De perdidos a la ría: veré un amanecer inolvidable en Catedrales.

04 agosto, 2007 - 12:32 - ELPAIS.com

La guisanderas

Las guisanderas son mujeres que han acabado cocinando profesionalmente en restaurantes sin haber tenido estudios de hostelería. Algo bastante normal antiguamente. En Asturias estas mujeres han formado una asociación con este nombre. Rescatan recetas de sus madres o abuelas y se cuentan sus secretos o inventos. Maite, en casa Lula, en El Crucero, es una de las promotoras. Aqui esta con su hija, ya guisandera aunque de escuela, y su nieta, que promete. Hoy celebran el dia del Chosco.

Su labor es algo similar a las Abuelas de Guils en Girona. Tambien en Galicia hay una asociacion de pulpeiras, y seguro que mas por otros puntos de la geografia; pero no las conozco y me gustarGuisanderas ia.

Prisacom S.A. - Ribera del Sena S/N - Edificio APOT - Madrid [España]