'Crimen en la colina', un cuento trágico de miedos y venganzas

Por: | 21 de enero de 2013

Flamigni
Una novela negra sin detective, en un pueblo perdido en la Romaña. Un pequeño cuento de fondo trágico. Pederastia, venganzas, tradiciones, silencios y vidas rotas por los errores y los abusos de otros. Estos son los ingredientes con los que Carlo Flamigni (Forli, 1933) nos sorprende en Crimen en la colina, primera entrega de la serie protagonizada por los Casadei, una familia peculiar liderada por Primo, un lúcido detective amateur de pasado algo turbio.

Adelantamos el primer capítulo de una novela muy bien escrita, de lectura adictiva y que ahora publica Siruela.



Primo Casadei no ha sido siempre el escritor de éxito que es ahora. De hecho, durante un tiempo eligió el mal camino, la vida criminal. Pagadas sus deudas, empieza a publicar novelas con éxito y forma una familia extraña y feliz. Su mujer, Maria, una inmigrante china que aprende italiano escuchando una radio católica y que termina convirtiéndose; sus dos gemelas, Berenice y Beatrice, cuya enfermedad va a llevar a la familia a una pequeña localidad de la Romaña; Proverbio, un anciano lleno de sabiduría que siempre encuentra un refrán para cada situación y Pavolone, un gigante inocente y leal, personaje de cuento que ayudará a Primo en sus pesquisas.

El peculiar equipo detectivesco se instala en la casa familiar de Primo para que Beatrice respire aire puro de la montaña y se cure de su rara enfermedad. Pero en el pueblo, que hasta entonces sólo había conocido la violencia de siempre, la familiar, la del odio enquistado por generaciones, la de la venganza cainita, empiezan a pasar cosas terribles.

Tres personajes (un cura, un farmacéutico y un pintor) que habían llegado al pueblo hace poco, acaparan la atención y las sospechas cuando varios niños se convierten en víctimas de crímenes atroces, de una violencia desconocida para un pueblo que vive un poco alejado del siglo XXI. Hasta ahora la vida había sido así:

“En los pequeños pueblos de la Romaña, los hechos delictivos, o incluso solo los supuestos hechos delictivos, no son raros, pero generalmente resultan comprensibles, tienen su lógica, en cierto modo resultan incluso previsibles o esperados. Dos familias que se odian antes o después se harán daño; antiguas deudas de dolor o de sufrimiento pueden ser cobradas en cualquier momento, nadie se sorprende”

Después, todo cambia.

La novela tiene un pequeño inconveniente: tarda en arrancar casi tanto como tarda Primo, que vive de sus novelas y no necesita trabajar, en ponerse a investigar por puro placer. Ahora, cuando lo hace es imparable. El ritmo y la prosa de Flamigni, alabado por la crítica italiana, y la mezcla de hechos terribles con el costumbrismo de un pueblo italiano de las montañas de Romaña dan a la novela un ambiente perfecto, un aire de cuento terrible con originalidad y fuerza (ayuda, por cierto, la traducción de Carlos Gumpert).

En la novela hay más ingredientes interesantes. Hay un policía, claro. Amigo de Primo, el subcomisario Macbetto, en un papel secundario, no pasa de ser un funcionario que busca la manera de subir en el escalafón y que ve en la investigación primero una oportunidad y luego, a medida que pasa el tiempo y no se entiende nada, un enorme problema.

Libro de miedos y silencios, Flamigni, prestigioso médico, profesor universitario y miembro del Comité Nacional de Bioética (un hombre, como su protagonista, que destaca por algo a lo que en realidad no iba orientada su vida) consigue en Crimen en la colina cerrar una novela original y entrañable, entrañable a pesar de la brutalidad que, como casi siempre, termina aflorando cuando el odio guía la acción del hombre.

Hay 9 Comentarios

Hola, Galindo (suena a nombre de detective o investigador). Gracias mil por esta entrada. En realidad, andaba buscando otra cosa (como muchas otras veces que he llegado a este sitio), justo ahora que acaban de destapar en Alemania que el Mundial del 2006 fue comprado. Y también justo este año ha aparecido con fuerza un nuevo verbo en este país: volkswaguenear. Cuando no resulta algo o piensas que no te va a resultar, en vez de adaptarte a la realidad, ¡adaptas la realidad a tus deseos y la volkswagueneas! Saludos desde Colonia.
https://hjorgev.wordpress.com/

Gracias, Sr. Galindo. Creo que todos ganamos teniendo en cuenta al traductor. De entrada para, gota a gota, ir horadando la losa de indiferencia y desconocimiento que suele ocultarlo. Si, además, la traducción recibe algún elogio o crítica, bienvidos sean, ambos (sí, también la crítica, siempre que se acompañe de argumentos y ejemplos, que den al traductor la oportunidad de defenderse o de aprender de sus errores).

A los lectores nos gustaría saber el nombre de la persona gracias a la cual podemos leer estos libros, es decir, el nombre del traductor. ¿Sería posible que se convirtiera en práctica habitual incluirlo, igual que se mencional la editorial? Lectores y traductores lo agradeceríamos.

A los defensores a ultranza del traductor sin fronteras. Error subsanado. Observarán que menos cuando la traducción es excelente, la crítica no suele nombrar a su autor. Pero yo a partir de hoy no pienso hacer otra cosa. Me paso a su club. En este blog, al menos en mis artículos, será costumbre. Gracias, de verdad.

A muchos lectores nos gustaría saber el nombre de la persona gracias a la cual podemos leer estas interesantes novelas, es decir, el traductor. ¿Sería mucho pedir que se convirtiera en práctica habitual citarlo, igual que se cita la editorial? Lectores y traductores lo agradeceríamos.

Venga, Sr. Galindo, que el traductor de esta novela también merece que lo citen, como la traductora de "Los terroristas", no nos decepcione ni deje que la sabia rectificación de la otra reseña se convierta en una mera anécdota. Gracias por adelantado.

Agradeciéndole que nos descubra autores nuevos, lamento tener que insistir en que no cita usted el nombre del traductor, y debería ser un costumbre, como bien reconoce usted mismo en su entrada de hoy. Un saludo cordial

Gracias por descubrimelo, parece verdaderamente interesante.
Saludos y felicidades por el blog!

Desde luego, la novela negra mantiene una salud de hierro. Hoy en día se utiliza tanto, en el ámbito novelesco, el término «adictivo», que ya no sé muy bien a qué se refiere, porque desde siempre ha habido buenas novelas que te impulsan a seguir leyéndolas.

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