La verdad imposible de Montalbano

Por: | 02 de abril de 2014

Camilleri

Las novelas del comisario Montalbano tienen un nucleo duro de personajes: el propio comisario, los policías Mimí Augello, Fazio, Gallo y Galluzo, el maravilloso Catarella, la asistenta Adelina, el forense Pasquano –máquina de improperios e insultos que sonrojaría al capitán Haddock–, la lejana novia Livia; pero luego ofrecen, por encima de todos, un personaje enorme: Sicilia. Cuando le queda poco para cumplir los 90 años, Andrea Camilleri sigue escribiendo novelas a un ritmo vertiginoso, como si fuese un Simenon del Mediterráneo, pero no se ha producido ningún bajón en la calidad, más bien todo lo contrario: cada vez son mejores, aunque también más cínicas y, en cierta medida, tristes. La última, Juego de espejos, que la editorial Salamandra distribuye a partir del 10 de abril, es otra prueba de ello, de su magisterio, pero también de su cinismo creciente, sobre todo porque, por primera vez, la Mafia ocupa un papel importante en su relato, un gran personaje siciliano que hasta ahora había estado ausente.

"A la Mafia la he tenido siempre en un segundo plano, aunque siempre presente, porque negarla hubiese sido negar la existencia del aire", aseguraba en una reciente (y magnífica) entrevista en este diario. "Influye en todas las relaciones, condiciona la existencia, y el Estado aún no sabe cómo luchar contra ella. Hoy además la Mafia es de cuello blanco y, por tanto, más difícil de combatir. Al principio eran analfabetos y hoy tienen carreras, pero sigue siendo la mafia. Está en la política, en la industria". Es verdad que la Cosa Nostra aparecía muchas veces en sus novelas, pero nunca había estado en el centro de un caso y, rara vez, Montalbano se topaba con ella en sus investigaciones.

Siempre ha formado parte del retrato de Sicilia que el escritor de Porto Empédocle traza de su tierra natal, en la que el pasado y el presente se mezclan sin llegar a alcanzar el futuro que parece que a Sicilia se le escapa desde hace demasiado siglos. "No he tenido nunca problemas con la Mafia", asegura en la misma entrevista que le hizo Pablo Ordaz. "Y eso que ya han aprendido a leer. En el momento en que empezaron a matar periodistas entendí que ya habían pasado a la alfabetización".

Camilleri siempre ha tratado con cariño a la Sicilia malhumorada y desconfiada que retrata magníficamente a través de personajes y diálogos como el siguiente:

"¿Qué quieren?" "Soy el comisario Montalbano, y él es el inspector Fazio." "No les he preguntado quiénes son, sino qué quieren." "Queremos hablar con usted." "¿Y se creen que yo puedo perder el tiempo hablando con usías?"

Pero la otra Sicilia, la del silencio, la Mafia, la especulación inmobiliaria salvaje, la Sicilia injusta y rota por su pobreza milenaria, la de los inmigrantes que viven en condiciones deplorables, también forma parte esencial de sus libros y especialmente este último, muy bien traducido por Teresa Clavel Lledó (llevar el siciliano de Camilleri al español sin perder sus matices no es tarea fácil). Y, aunque Montalbano es un investigador extraordinariamente hábil, hay una verdad profunda que siempre se le escapa. "Los detectives de las novelas de Leonardo Sciascia al final siempre salen derrotados y la verdad se les escapa. Quizás la averiguan, pero no se abre paso. La verdad en Italia, nos dice Sciascia, siciliano, es imposible", escribe el periodista Iñigo Domínguez en su reciente ensayo Crónicas de la Mafia (Libros del KO) en una frase que también se puede aplicar a este otro maestro de la literatura italiana.

El propio Camilleri lo describe así en un párrafo de Juego de espejos: "La justicia se había puesto en marcha. Sin embargo, Montalbano no estaba convencido de que la justicia acabara impartiendo justificia. En su recorrido encontraría obstáculos innumerables, abogados pagados a precio de oro, honorables diputados que debían su elección a la Mafia y tenían que saldar su deuda, algunos jueces menos valientes que otros, un centenar de testimonios falsos a favor"... Y, me temo mucho, que es una frase que puede saltar con facilidad a otros lugares del Mediterráneo donde las lecciones de Camilleri y Sciascia también pueden aplicarse.

Andrea Camilleri, Juego de espejos. Traducción de Teresa Clavel Lledó. Barcelona, Salamandra, 2014

Imagen: Andrea Camilleri en BCNegra. / GIANLUCA BATTISTA

Hay 5 Comentarios

Una entrada muy interesante, Guillermo. Lo que hace más real a Montalbano es que envejece al ritmo de sus lectores http://despuesdelhipopotamo.com/2012/03/31/montalbano%C2%B2/ y que lee las historias de otros personajes http://despuesdelhipopotamo.com/2013/07/24/montalbano-lee/ La publicación de una nueva aventura es una estupenda noticia. Un saludo cordial

Camilleri escribe en una especie de dialecto o pastiche siciliano-italiano que en castellano nadie ha sido capaz de traducir, con lo que perdemos la mitad de Camilleri. Si alguien ha sido capaz de traducir al "imposible" Rabelais al castellano con todo su sabor, entonces ¿cómo es que ningún editor ha sido capaz de contratar a personas que sepan y puedan traducir al verdadero Camilleri? Claro, hay que sacar un título cada tres meses. ¿Lo pescáis? Si creéis haber leído a Camilleri os equivocáis, amigos.

Adoro a Camilleri en versión original (nada que ver con sus pobres traducciones al castellano) y pienso que no tiene nada que ver con Vázquez Montalbán. Es una opinión.

De lo mejorcito. La vida misma, naciendo y envejeciendo. Nada que ver con la angustia de los nordicos. Divertido, la vida. Larga vida a Camilleri

Casi sin querer descubrí al comisario Montalbano, y me quedé fascinado. Buscando información de su autor descubrí a Manolo Vazquez Montabán, y a su obra: Pepe Carvallo.
Para mi están unidos Camineri y Vazquez Montalbán, y de paso están unidos sus personajes, de la misma forma que sus paisajes, su slow food. El vino que bebe Carvallo, y los arancinis de Montalbano, Fuster, los personajes de Montalbano ...
Gracias al destino por haberme permitido conocerlos y vivirlos, y gracias a la mente de Camineri y de Manolo Vazquez por escribirlo.

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