Córdoba mata: cuando las palabras son armas de conciencia

Por: | 19 de septiembre de 2014

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NOTA DEL COORDINADOR: El escritor canario Alexis Ravelo, ganador del Getafe Negro en 2013 y del Premio Hammett de novela negra de Gijón en 2014, es el invitado de lujo de Elemental esta semana.

El autor de La estrategia del pequinés (Alrevés) nos regala esta crónica desde Córdoba, Argentina. Un pormenorizado relato de un evento que acaba de nacer pero que ya muestra de qué va esto del género negro: muchos autores, camaradería, literatura por todas partes y conciencia social, que eso es el género en español. Y si no, lean. 

ALEXIS RAVELO

Al calendario de eventos relacionados con la novela negra, hay que sumar desde este año Córdoba Mata, que ha nacido en el marco de la Feria del Libro de Córdoba y se ha celebrado entre el miércoles 10 y el domingo 14 de septiembre. Si el lector vive a orillas del Guadalquivir y no le cuadran las fechas, no habrá de preocuparse: no hablamos de la Córdoba española, sino de la Córdoba de Argentina, también capital de su provincia y segunda ciudad del país en número de habitantes.

Allí, en la Docta, ha tenido lugar este primer encuentro internacional sobre literatura negra y policial, que ha combinado esfuerzos institucionales y privados para condensar en esos días a más de cuarenta autores y críticos procedentes de Uruguay, Chile, Colombia, Irlanda o España, y otras ciudades argentinas como Buenos Aires, Resistencia o Mar del Plata. Todos bajo la coordinación del verdadero padre de la criatura, el escritor Fernando López, autor de notables novelas como Odisea del cangrejo o Áspero cielo.  

Alexis
Alexis Ravelo en una de las conferencias (FOTO: Ferial del Libro de Córdoba)

Con un formato de cuatro actos diarios (tres mesas de debate más una conferencia final), todos a sala llena, el encuentro ha ido desgranando narrativas, temas y problemas sin dejarse atrás ninguno de los realmente caros al género, desde su origen histórico y su evolución futura (en una conferencia de Mempo Giardinelli), hasta las complicadas relaciones entre el periodismo, la literatura y la escurridiza y oculta realidad (analizada en una mesa coordinada por Raúl Argemí). Entre ambas cosas, en el edificio del Cabildo Histórico se sucedieron debates sobre el auge de autoras (en una amena mesa con Mercedes Rosende, Alicia Plante y Mercedes Giuffré), sobre el humor en el género y sobre la literatura como posibilidad de redención (con exconvictos de la cooperativa Esperanza sin muros), recorridos por la saga Perramus con Juan Sasturain, ojeadas a las nuevas generaciones de autores en Latinoamérica (por allí andaban Kike Ferrari, Javier Chiabrando, Ezequiel Dellutri, Martín Doria, Alejandro Soifer, Pedro Peña, Rodolfo Santullo, Horacio Convertini), o reflexión sobre la presencia del noir hispano en los estudios académicos, realizada por Kate Quinn, de la Universidad de Galway.

Por supuesto, también hubo cafés, vinos, prolongaciones del debate hasta la madrugada ante vasos de la bebida local (Fernet con Cola), bajo la abrumadora hospitalidad cordobesa, que se dejó sentir con fuerza en las últimas jornadas, celebradas en Mina Clavero, donde Lucio Yudicello ejerció de anfitrión. Pero esas cosas se cuentan en sitios más íntimos.

Verdugos, humanismo y crítica social

Sin embargo, entre tantos momentos memorables, hubo uno realmente mágico. Acaso pasó inadvertido, pero define, creo, el signo de este encuentro y, por extensión, de la orientación del género en Iberoamérica. Ocurrió en la mañana del jueves, en el Centro Cultural de España, que cedió sus instalaciones para una vídeo–conferencia con Gustavo Forero, de la Universidad de Antioquía, acerca de las desapariciones forzadas. Este autor, en su charla, citó a Raúl Argemí, preso político en los años de la Junta Cívico–Militar. Y resultó que Argemí estaba entre el público (acababa de llegar de Buenos Aires) y fue invitado a subir al estrado y participar en el debate. Lo hizo reflexionando acerca de los torturadores, preguntándose hasta qué punto no habían sido los verdugos también víctimas del terrorismo de estado que los convirtió en tales.

Ese afán humanista, ese interés por ver al ser humano detrás del sistema (capaz de buscar la empatía aun con quien ha sido instrumento de la represión), es algo que recorrió todas las mesas de las que fui testigo. Así como la insistencia en que lo que diferencia al género en Hispanoamérica es su clara incardinación en lo sociopolítico. Más acá del panfleto, pero más allá del texto de evasión, el género negro es género de reflexión, crítica y denuncia. Al menos cuando se escribe en castellano. O en español, que también sobre la denominación hubo debates que implican concepciones allende la convención. Porque las palabras, hoy más que nunca, son armas.

Hay 3 Comentarios

Siempre me llamo la atención la novela negra. Al principio pense que el lugar estaba ubicado en España y no en Argentina je,je,je

más las reminiscencias de ese CÓRDOBA MATA.

Excelencia desde el afiche publicitario.

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