Dos novelas conspiranoicas sobre el lado oscuro del imperio

Por: | 27 de febrero de 2015

 

Decía hace poco el maestro Julio Llamazares en El ojo crítico de RNE que escribir no es hacer literatura y que la mayoría de lo que se publicaba hoy en día no era literatura. Alexis Ravelo aseguraba hace unos días en este mismo blog que a veces se nos olvida que el trabajo de un novelista no es hacerse famoso, o vender miles de ejemplares o que su obra se lea de manera ágil.

Dios me libre de estar en contra de dos sabios, grandes escritores y excelsos lectores. Sin embargo, aquí siempre he defendido también el aspecto más lúdico de la ficción criminal, su espectacularidad, su capacidad para acompañar al lector y hacerle disfrutar en momentos en los que la vida, sencillamente, no da para más.

El estadounidense Matthew Quirk es uno de estos autores. Durante 10 días infernales de trabajo y complicaciones de toda índole me he empapado de sus dos primeros libros Los 500 y Seis días (en España lo publica Roca Editorial, traducción de Santiago del Rey) y he estado cómodo en ese mundo de conspiraciones, ladrones, profesionales del crimen y basura millonaria y política carente de escrúpulos. Pasen y vean.

¿Cómo es posible volverse honrado en una ciudad gobernada por ladrones? se pregunta Mike Ford al final de Los 500, novela conspiranoica que supuso el debut del periodista Matthew Quirk. Ford es un ladrón hijo y hermano de ladrones que ha sabido reciclarse y llegar a la facultad de Derecho de Harvard, donde es reclutado por un importante grupo de presión. Lo que parece el empujón definitivo a su carrera y su vida honrada no es sino la puerta a un mundo de chantajes y maniobras sucias para conseguir influir en los 500, ese grupo variopinto de hombres que dirigen la vida económica y política de Washington. DICE es el lema de su actividad. Es decir, la idea de Henry, el jefe de Mike, hombre oscuro que se dio cuenta de que el verdadero poder se conseguía en los márgenes del Congreso, es que todo el mundo se mueve por Dinero, Ideología, Coacción y Ego, que son las cuatro claves para conseguir que alguien haga algo.

En la capital del imperio todo vale y la novela es una carrera sin freno por el lado oscuro de las esferas del poder. Hay algo irregular en ella, pero tiene la fuerza de las narraciones conspiranoicas y la fascinación de una descripción de un submundo criminal que no está poblado por narcos o asesinos sino por ex miembros de las fuerzas de seguridad, jefes de empresas poderosas y congresistas aparentemente ejemplares.

Seis días es la segunda novela de Quirk y en ella entra de lleno en un subgénero que me fascina: el del atraco perfecto. Lo que ocurre es que el pobre Mike Ford, de nuevo intentando reciclarse para la vida ejemplar, tiene que robar a la mismísima Reserva Federal si quiere seguir con vida. Le chantajea una oscura empresa que tiene a su hermano cogido por donde ustedes ya saben. El trato es simple: o roban la directiva de la Fed sobre los mercados para que sus empleadores se forren antes de de que se anuncie la bajada o subida de tipos o morirán los dos. Una locura bien llevada siempre que sepamos dónde nos metemos. Hay momentos en los que habla de procedimientos de robo, de cerraduras y ganzúas que son deliciosos; hay una empresa de detectives que ejerce de contrapoder en la capital del imperio que le hace a uno plantearse dos o tres preguntas sobre la realidad; hay dos señoras por las que cualquiera podría matar; hay muchos malos y acción; hay espectáculo. Quirk es joven pero ya ha pasado un intenso periplo periodístico en el que ha escrito para The Atlantic sobre contratistas de seguridad, terrorismo y política internacional y ese bagaje se nota y se disfruta.

Ya me pasó con todo David Baldacci, con Ghostman de Roger Hobbs, con Lee Child y su Jack Reacher o con el mundo de espías de Charles Cumming. Son divertidos, directos, a veces complejos y siempre sin pretensiones. Son para freaks. Vale, no son literatura, pero me da igual: los necesito. Vive le noir.

Hay 3 Comentarios

Pedí "Seis días" nada más terminar de leer esta nota. Me acaba de llegar y he empezado a leerla. Buen inicio, como un buen mago que va 'calentando' al público con pequeños números, preparándolos para su número fuerte. Creo que fue el gran Raymond (Ch.) quien insistió en aquello de «acciones verosímiles de gente verosímil en circunstancias verosímiles, sin dejar de tener presente que verosimilitud es en gran medida una cuestión de estilo». Capote lo expresó de forma más simple, pero contundente: «La diferencia entre realidad y ficción, es que la ficción debe ser coherente.» Bueno, pues. Ya en las primeras páginas de “Seis días” me he encontrado con una serie de baches (de inverosimilitud) que han empezado a aguarme un poco el pastel. Es curioso, porque acabo de leer "Mala suerte" de Lee Child y hasta su personaje, quien, en realidad, tiene mucho de autista y domina los cálculos matemáticos, comete varios errores. Pondré tres ejemplos de "Seis días". 1) Unos trileros salen corriendo cuando nuestro personaje (Mike) está a punto de ganarles varios cientos de dólares, pero Mike consigue lo imposible: birlarle todo el dinero cuando este pasa junto a él después de haberlo derribado. ¿Magia? No, da una explicación. La transcribo: "Si tu objetivo lleva unos pantalones tan holgados, meterle la mano en el bolsillo resulta fácil.” Ah, me olvidaba. También consigue hacerse de una linda navaja de quince centímetros (nada menos) en ese sutil lance. 2) Después de muchos años a Mike se le ocurre una noche visitar a su hermano. En un determinado momento, este lo sorprende parapetándose detrás de las ventanas con una pistola en la mano. Lo acaban de llamar y lo han amenazado, dice. El hermano, que es un 'duro', cocido con todo tipo de caldos y mejunjes, está temblando a pesar del metal en su mano. Pero hay más. Mike abre la puerta porque no se cree lo de la amenaza y encuentra a tres tipos, uno de ellos arrodillado con una ganzúa. Detrás de ellos, su automóvil. Después de las amenazas correspondientes, se van. ¿No temió el arrodillado, sabiendo que el hermano va armado que este le soltara un tiro por estar tratando de asaltar su propiedad? ¿Para qué sacó la pistola el hermano si al final ni siquiera la usa para asustar a nadie y se deja golpear, incluso? ¿Por qué los facinerosos hicieron sin preocuparse en absoluto por los vecinos? Finalmente: 3) Mike se pone a revisar los posibles escondites en el dormitorio de su hermano. Detrás de una cómoda encuentra “una puerta de acero gris de un metro veinte de ancho por medio metro de alto”. “Era grande, además; le habría cabido allí una ametralladora ligera”, agrega. ¿Un metro veinte por medio metro? ¿Solo una ametralladora? Con treinta o cuarenta centímetros de fondo, ¡allí podría entrar un cadáver! En fin, que no hay nadie perfecto. Espero que estos detalles no consigan desanimarme. Por lo demás: sólida voz narrativa, detalles inteligentes y buenos diálogos. Veremos cómo sigue. Saludos desde Köln.

Hay otro escritor de ese estilo que está empezando a ser traducido al español, George G. Roberts. Por ahora hay una novela suya, "El rescate", que está a la venta en Amazon y habla de una trama entre España y Guinea Ecuatorial, con el petróleo de Obiang de fondo. Supongo que por eso lo han traducido. A mí me ha gustado.

Me encantan las novelas de este autor. Creo que los thrillers entretenidos se merecen, por supuesto, un hueco en todas las buenas bibliotecas. Sobre todo si además tienen calidad.
Recomiendo como thriller emocionante y de calidad EL CASO GALENUS (www.elcasogalenus.com)

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