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La ola del escrache

Por: | 16 de mayo de 2013

   VALENCIA, CABANYAL, PORTES OBERTES, ESCACHE, FOTO MONICA TORRES, 2

Un golpe de mar me arrancó del paseo marítimo por el que caminaba estos días para desterrar mi desidia. Sus garras me atraparon en las redes de un Mediterráneo enrarecido. Sin tabla, sin biquini y sin flotador, me vi embarcada en una generosa ola por los mares de este presente discontinuo. Pero no era una ola cualquiera: era la ola del escrache.

Desnuda como llegué al mundo, tratando de mantener el equilibrio y envuelta como una croqueta en una nube de sal, me dispuse a escrachear y ejercer mi derecho a protestar. Neptuno, dios de los mares y los terremotos, agitaba con su tridente esta ola de espumas justicieras.

La política actual perjudica gravemente a la salud, la cultura, la educación y el trabajo, leo en la cajetilla de tabaco líquido que Neptuno me acerca para ofrecerme un cigarrillo. Acepto con mucho gusto su ofrecimiento. Fumar en la cresta de esta ola un pitillo con sabor a algas marinas me pone a tono.


Algunos dicen que el escarche es un acto ilegal, violento, vandálico e incluso terrorista. Tal es el rechazo a esta acción de protesta que hay quien se ha atrevido a compararlo con el nazismo puro.  ¿Pero no es violencia lo que la política de nuestros días ejerce contra la ciudadanía?  La violencia económica fractura la vida de las personas, desangra a nuestros mayores y amputa el horizonte de los jóvenes. Además, ¿No son actos violentos los desahucios basados en una ley abusiva?

     VALENCIA, CABANYAL, PORTES OBERTES, ESCRACHE, PIGNATARO, FOTO  MONICA TORRES 1

Unas casas que se cierran a golpe de porras y sentencias judiciales, y otras que se abren y te invitan a entrar. De estas últimas, buen ejemplo son las del barrio del Cabanyal, que este mayo celebra su XV edición de Portes Obertes Este proyecto de intervenciones artísticas dentro de las casas, que este año se dedica al maestro José Luis Sanpedro, trata de hacer frente a la grave amenaza que suponen los planes urbanísticos del Ayuntamiento de Valencia. Planes que buscan partir el corazón de este barrio marinero mediante el abuso de poder y la especulación inmobiliaria.

Rehabilitación sin destrucción, ¿es tan difícil de entender? Los proyectos de arquitectura con propuestas para el barrio están sobre la mesa, como el premiado proyecto "Passar sense Trencar" (Pasar sin romper), que propone una alternativas al plan de demoliciones. Junto a éstos, la  defensa del patrimonio cultural del barrio Cabanyal está hoy más activa que nunca con acciones como la del Festival Cabanyal Íntim , el Archivo vivo o el proyecto audiovisual Abril al Cabanyal, que en la actualidad busca micromecenas para su financiación.

Subida en la ola del escrache escribo sobre la espuma: ¡Si se puede! Pero soy consciente de que las palabras a veces no sirven de nada, son palabras… Accionemos pues las palabras y el pensamiento y pasemos a la lucha ArMADA. Armada de coraje, principios, resistencia y dignidad.

Habemus Cuina Furtiva

Por: | 25 de marzo de 2013

VALENCIA, CUINA,CIUDAD,FOTO MONICA TORRES

En una época de cuentas apócrifas, de Bar y Cenas putrefactas, de sobres en manos que mecen la codicia y en pleno desfile tétrico, fétido, monárquico y cínico de los Alí Robarás y los ricos mamones, en Valencia habemus Cuina furtiva.

Frente a las náuseas y flatulencias que provocan las políticas tóxicas y la jauría de impresentables que se agencian del dinero público y que ocultan la verdad en los zulos de la vergüenza, La Cuina furtiva, aunque se hace a escondidas, es saludable, te recrea y da gusto al paladar.

Las organizadoras de este proyecto culinario para escudriñar el mundo en compañía te citan a una hora determinada en un lugar de esta ciudad escondida. Allí te reúnes con los que serán tus comensales, desconocidos y desconocidas con los que compartes una experiencia única y el misterio del qué va a pasar. Una travesía íntima y gastronómica que trascurre en la guarida de la Cuina Furtiva.  Y hasta aquí puedo contar.

El boca a boca es el método por el que está funcionando esta iniciativa y dándose a conocer en Valencia. Las cenas se convocan dos o tres días al mes vía mail y las plazas y reservas son limitadas. Si te pica el gusanillo o la gusanilla sólo tienes que comentarlo con tus allegados. Pronto aparecerá una conexión y te llegará la próxima convocatoria, palabra de Claudia Pignataro. 

Al regresar a casa aquella noche después de esta experiencia sensorial y tratando de digerir un Menú con platos tan sugerentes como Retornar la mirada o la Nostàlgia del paisatge somiat, una furtiva lágrima descendió por mi mejilla. Lo hizo sin mi consentimiento y sin razón alguna aparente. Antes de que cayera al suelo y se disolviera para siempre en la suciedad del asfalto, la tomé en la mano y la acaricié. Era diminuta, limpia, reluciente. Cristalina como la inocente mirada que acuna la infancia. 

Traté de buscar una explicación a su llegada y deduje que su presencia era el resultado de la  digestión emocional de la cena. No debía entonces estar triste sino todo lo contrario. De un lametazo la lágrima furtiva regresó a mi cuerpo. Mis dientes mordieron la lengua para exprimir el sabor de aquel líquido existencial. Mis labios se acurrucaron entonces y mi voz soltó un aullido largo y sentido que calentó el frió de la madrugada. Del resto de la noche, ya no recuerdo nada. Sólo una sensación y una certeza: El corazón alegre es una buena medicina.

Sopa de letras con el Número 13

Por: | 16 de enero de 2013

Valencia, 2013, Talia, Mònica Torres

2013 se inicia con buenos propósitos: Preservar la alegría, alejar la desidia, mantener la dignidad,  aferrarse al presente, conservar la salud, la calma y si es posible el trabajo y la esperanza.

Todo cabe en la sopa de letras con la que caliento el invierno de este inicio de año, un año que, para muchos, termina en un número fatídico. Pobre Número 13, marginado y silenciado en algunas calles y portales, borrado de las habitaciones de los hoteles para evitar incomodar a sus huéspedes. Estos días lo siento en mi mesa como un comensal más. Acabo de conocerlo pero ya le tengo cariño. Por eso trato de animarlo, de quitarle ese pánico escénico que se apoderó de él tras las doce campanadas y que lo puso en el punto de mira y en boca de las malas lenguas. 

Son tantas las palabras que encierra esta sopa que pasaría todo el año ingiriendo estas letritas de maíz. En ellas practico la gramática emocional de los buenos propósitos. Número 13 me acompaña en este pasatiempo. Por debajo del mantel, su mano se acomoda en mi entrepierna. ¿Pero qué hacemos con los despropósitos que arramblan a sus anchas?, le pregunto a mi comensal erótico numérico. ¿Un cocido madrileño o una paella valenciana?
 
Número 13 me regala una de sus sonrisas. Luego se pone serio y habla: Poder absoluto, la obra que ha inaugurado la nueva etapa del Teatre Talia, hasta hace poco de gestión pública, parece contener todos los ingredientes que explican los despropósitos de nuestro tiempo. El ejercicio del poder es la semilla de estas tierras de secano. Su abono, la deshonestidad, el  engaño, la corrupción, la avaricia, la hipocresía... Como dice Gutiérrez Caba en su brillante interpretación, todo se contempla en los presupuestos del Estado.

Buena explicación de la falla, Número 13, ¿pero qué hacemos con tanto despropósito?, insisto. El silencio me llega como respuesta.

Las letras han desaparecido del plato junto a la sopa. Terminada la comida y la sobremesa, invito a Número 13 a una siesta conjunta de buenos propósitos. Me reclino entre el 1 y el 3. La fiesta de los abrazos se enciende. Besos cardinales y ordinales desfilan por mi piel. Ecuaciones y raíces cuadradas, del derecho y del revés, en busca del Número Pi.

Soy consciente de que, por un lado, el número con el que me acuesto siempre fue mal visto por la cultura judeo cristiana - 13 son los espíritus malignos para la Cábala y 13 es el número del capítulo de la Apocalipsis en el que aparece el anticristo y a la bestia- y de que, por otro lado, Judas fue el decimotercero en ocupar la mesa en la Última Cena.

Sin embargo, para una atea como yo, el Número 13, por un lado y por otro, por delante y por detrás, es un número que no encierra malicia alguna y que me transmite buena energía. La misma que le pido que reparta en el calendario de este nuevo año. Un nuevo año en el que nunca falten las sopas de letras de buenos propósitos. Que lo mejor, como las jornadas sobre cine que acoge estos días la ciudad, -acción, palabra e imagen- está por venir. 

 

Desayuno con viandantes

Por: | 30 de noviembre de 2012

VALENCIA, DESAYUNOS CON VIANDANTES, MONICA TORRES

No por mucho madrugar amanece más temprano. Y el desayuno siempre nos espera en cualquier esquina del día con la taza de café o té dispuesta a ser ingerida y, si es posible, degustada con un buen libro o una compañía amiga con la que compartiste almohada e intimidad. Todo depende de cuando un@ quiera romper el ayuno y darle alegría al buche: It ´s up to you, baby.

Despertar la sonrisa tras abandonar la cama, el sofá o la encimera de la cocina en el que por algún extraño motivo decidiste pasar la noche y dormir la borrachera, debe ser tarea a abordar para afrontar con humor el nuevo día. Un abordaje que podría plasmarse comentando, como quien no quiere la cosa, que no es lo mismo dos tazas de té que dos tetazas. Si se naufraga en el intento de estimular la sonrisa ajena, no problem, my friend, lo importante es participar:-)

Algunos desayunan con diamantes en Tiffany, pero yo perfiero desayunar con viandantes en las calles y plazas. Estar en contacto con la realidad paisajística y social de la ciudad. Sentir cómo el ambiente callejero impregna mi piel y el aire limpia el encabronamiento y las preocupaciones que, como buena ciudadana, soporto en estos tiempos de delincuencia política y financiera. De deshaucio moral y de estreñimiento democrático.  

Sí, se trata de una manera muy distinta de romper el ayuno y compartir alimentos con dos, tres, cuatro, diez, veinte o treinta personas más. Conocidas o extrañas, cercanas o anónimas. Es ésta la iniciativa surgida en 2008 y bautizada con el nombre de Desayuno con viandantes. Una celebración y reivindicación del espacio público que reúne a urbanitas de todas las edades un sábado de cada mes por la mañana en lugares tan dispares como un puente peatonal, un antiguo refugio antiaéreo, una rotonda, un cementerio o una ermita.

Frente al pijama y las pantunflas, se aconseja acudir a estos desyunos con ropa de calle para evitar que te tomen por majareta. Aspecto importante a tener en cuenta para no ir de gorrilla es llevar tu taza y tu desayuno. Y una vez allí, en el lugar de encuentro, entregarse al bello arte de compartir es vivir.

La organización de esta iniciativa colectiva suele disponer una mesa en la que los viandantes depositan las viandas y los termos. Y es entonces cuando el ritual escénico del desayuno en el espacio público se deja mimar por los paladares, las golosas papilas gustativas y la ciudad es vivida.

Como en todo buen desayuno, nunca falta la magdalena de Proust. Esa misma que nos sumerge en el mar del pasado y nos agita los recuerdos de la infancia en busca del tiempo perdido. ¿Del tiempo perdido? Caminante no hay camino, se hace camino al andar. Desayuno con viandantes, una experiencia a probar. Todas las tazas alzadas en este presente continuo: !Salud y libertad!

 

ResisTENcia: Un seguro de vida

Por: | 22 de octubre de 2012

  Angel, Valencia, banco, credito, foto, Monica Torres


Un seguro de vida. Ese es el producto con el que ayer, una vez más, el banco trató de chuparme la sangre de manera persistente y amenazadora a través de la dulce voz de una telefonista hábilmente  entrenada. Le pedí que, por favor, no me echara mal de ojo descargando sobre mí esa batería explosiva de posibles riesgos y accidentes que pueden afectar a mi existencia diaria y borrarme del mapa de un zarpazo. Por si acaso y para alejar la mala suerte, toqué madera.

Son muchos los beneficios que puede proporcionarle un seguro de vida, trató de convencerme la  mensajera del diablo. ¿Qué ventajas puede ofrecer el banco a un futuro cadáver como el que se empeña que podría ser el mío?, le pregunté muy seria y afectada. Se produjo un silencio abismal al otro lado del auricular. Y entonces pensé que quizás, gracias a las prestaciones de esta póliza, los mariachis me recibirían en las puertas del cielo con una serenata de tequila y mezcal, y que una alfombra de pétalos de rosa acunaría mis pasos hacia la eternidad.

El paraíso estaría entonces plagado de ángeles sementales pata negra dispuestos a satisfacer mis fantasías de mujer deshabitada. ¡Todos a una, Fuenteovejuna! Y yo, convertida en un ángel femenina, las alas desplegadas al viento, suaves como una caricia, dispuesta a ser complacida y disfrutada.  

De repente me entraron unas ganas tremendas de entregarme a la muerte, de morirme, de matarme, de arrancarme el aliento, de convertirme en una de esas mujeres transfronterizas, como el lema que articula el II Festival Internacional Dona i Cinema. Desaparecer y dejar atrás el martirio en el que la economía y sus garrapatas financieras han convertido esta vida. Despertarme a las puertas del cielo convertida en una ángel vampiresa con sed de orgasmos divinos, de ingravidez, serenidad y plenitud perpetua. 

Pese a esta posibilidad, rechacé la atractiva oferta del banco sin querer escuchar sus argumentos. El único seguro de vida válido, le dije a la comercial, es el de la resisTENncia. Y para ilustrar mis palabras, le regalé unos versos de mi poeta preferido:

"Me hirieron, me golpearon

y hasta me dieron la muerte...

¡pero jamás me doblaron!

Acto seguido de mi improvisado recital, le di los buenos días a la siniestra interlocutora, colgué el teléfono y me celebré, de pies a cabeza, con el íntimo y siempre placentero arte de la masturbación. Al despertar, la vida me seguía acompañando. 

En la ciudad escondida

Sobre el blog

A orillas del Mediterráneo y encabronada con la crisis, Claudia Pignataro levanta la alfombra de su ciudad, Valencia, para escarbar en la realidad y el deseo. Un meeting point con la cultura y la creación underground patrocinado por el arte de la insolvencia.

Sobre las autoras

Marta BorchaMarta Borcha es filóloga, periodista y experta en la gestión de la comunicación cultural. Autora del libro de relatos Las orillas del tiempo, su labor periodística se ha desarrollado en la prensa nacional durante más de 10 años. Colabora en revistas culturales y en festivales de cine y teatro.

Mònica TorresMònica Torres es fotógrafa. Desde hace 17 años trabaja con El País y colabora además con diferentes publicaciones de ámbito local y nacional. Apenas conoció a Claudia Pignataro quedó fascinada con su visión del every day life en la urbe."Ahora la ciudad también soy yo".

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Marta Borcha Mateo

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