Blogs Comunidad Valenciana Ir a Comunidad Valenciana

En la ciudad escondida

Sobre el blog

A orillas del Mediterráneo y encabronada con la crisis, Claudia Pignataro levanta la alfombra de su ciudad, Valencia, para escarbar en la realidad y el deseo. Un meeting point con la cultura y la creación underground patrocinado por el arte de la insolvencia.

Sobre las autoras

Marta BorchaMarta Borcha es filóloga, periodista y experta en la gestión de la comunicación cultural. Autora del libro de relatos Las orillas del tiempo, su labor periodística se ha desarrollado en la prensa nacional durante más de 10 años. Colabora en revistas culturales y en festivales de cine y teatro.

Mònica TorresMònica Torres es fotógrafa. Desde hace 17 años trabaja con El País y colabora además con diferentes publicaciones de ámbito local y nacional. Apenas conoció a Claudia Pignataro quedó fascinada con su visión del every day life en la urbe."Ahora la ciudad también soy yo".

TWITTER

Marta Borcha Mateo

Archivo

mayo 2013

Lun. Mar. Mie. Jue. Vie. Sáb. Dom.
    1 2 3 4 5
6 7 8 9 10 11 12
13 14 15 16 17 18 19
20 21 22 23 24 25 26
27 28 29 30 31    

Sonido, cámara, re-acción.

Por: | 20 de junio de 2012

CINEMA JOVE, MAR MEDITERRANEO, VALENCIA, CRISIS, FOTO,MONICA TORRES.

Exterior -Valencia/ Mundo/ Planeta Rojo/ Noche

El helicóptero de RESCATE arroja luz sobre las arenas movedizas.

Plano general de la indecencia: Estafas, desahucios, delincuencia financiera, paro, intervenciones policiales. Chorizos y sinvergüenzas celebran su impunidad. El Tribunal Supremo trabaja los fines de semana en Marbella financiando sus excesos con el erario público. Sube la prima de riesgo, la deuda se dispara y el déficit público prende como la mecha de una traca. Senyor pirotècnic pot començar la mascletà!

Plano general de la existencia: Impotencia, desaliento, indignación. ¿Resignación o resistencia?

Interior-Ciudad escondida/ día

La claqueta tijereta da el pistoletazo de salida. La ficción se despliega y el celuloide atrapa el espacio y el tiempo en sucesivas secuencias. Y ahí estoy yo, una Claudia Pignataro con las manos en los bolsillos, plano americano, tratando de dar un sentido a este post después de un día de cráneo buscando trabajo en esta ciudad podrida. Jodida, pero contenta.

Como ser de ficción, aspiro a que algún escrit@r me contrate para encarnar a alguno de los personajes de su libro o guión. Pero está la cosa fatal, por más que recorro el asfalto dejando mi currículum allá donde voy, no consigo trabajo. Y me dan ganas de mandarlo todo al carajo. ¡À la merde!, una gran merde en la que me incluyo. De cabo a rabo.

En este safari laboral, entre parada y parada, para refrescar mi sed, me uno a las manifestaciones que se suceden diariamente en el corazón de esta ciudad vendida. Y entonces me reconforta saber que no estoy sola, que somos muchos los que querríamos mandarlo todo al carajo pero que nos damos cuenta que no tenemos nada que mandar. 

En una de esas manifestaciones, movida por mi indomable inclinación a la pérdida y búsqueda constante, me desvié por una callejuela de esas que invitan a ser vividas. Y sin saber cómo, me encontré caminando por la alfombra mediterránea del séptimo arte del Festival Internacional de Cine Cinema Jove. Un velero energético guiado por la brújula sabia del capitán Maluenda, y su entregado  equipo de tripulación, que ha desplegado este año sus velas con más esplendor que nunca.

La travesía transoceánica, gratuita e inabarcable, desde la que escribo este post, avanza por los mares cinéfilos viento en popa a toda vela. Para no marearme con tanto ajetreo visual y corporal, tomo una buena dosis de biodraminas que acompaño con varios martinis azules. Y entonces me entrego plena a ese excitante séptimo vicio, como con gran acierto lo bautizó el critico Javier Tolentino para su programa en RNE·3.

A estribor, la Sección Oficial de Largometrajes y Cortometrajes bucea por las tinieblas de nuestro tiempo con diez películas que escarban en las verdades ocultas del presente. A babor, las Secciones Paralelas, proyecciones que se alejan de los corsés establecidos. La popa y la proa se llenan de público, actores, cineastas y guionistas.  

Rodeada de entusiasmo, endorfinas y centenares de personas y estrellas que habitan en la constelación de este extraño vicio que calma la sed y enciende el apetito de la vida, me encuentro amarrada ahora. Son tantas las historias en las que me baño, que mi cuerpo ha empezado a adquirir forma de sirena. Entre chapuzón y chapuzón de cine, ¡Splash!, trato de seducir algún marinero errante. Pero mi voz no me acompaña en el canto, que no en la intención, y además, ¿dónde coño tienen el sexo las sirenas? Por más que busco entre las escamas plateadas de mi nuevo cuerpo, no encuentro la entrada de la gruta del deseo. 

Cinefileando y buceando por estas aguas infinitas que captura un objetivo, me regalé una merecida siesta festivalera.  Al despertar, me encontré varada en la orilla de una playa. Mis piernas habían recuperado su forma, y en el momento que fui a abrirlas para corroborar que todo seguía en orden, el zarpazo de una claqueta anunció: Sonido, cámara, re-acción. Me levanté de un sopetón y fui dejando mis huellas por la arena. Fundido a negro.

Exterior - Valencia/ Mundo/ Planeta Rojo/ Noche

Vértigo. Ser o no ser.  Atrapa a un ladrón.  El ojo del diablo. Testigo de cargo. La gran evasión. Matar a un ruiseñor. El gran dictador. Lo que el viento se llevó. No habrá paz para los malvados. Con la muerte en los talones. Las dos caras del Doctor Jekyll. Inside Job. Apocalipsis Now. 

Ex-presente

Por: | 08 de junio de 2012

2-TEATRO,-VALENCIA,-ESCALANTE,-EXPRESENTE,-FOTO,-MONICA-TORRES


Es increíble la cantidad de palabras que empiezan por  e y que nos hablan del momento que nos ha tocado vivir, que nos han impuesto, o que hemos construido entre todos.

Egoísmo, economía, endeudamiento, encerrona, estupor.

Eso fue lo que pensé cuando quedé abducida por una grandiosa letra e en un callejón perdido  de esta ciudad escondida. Acababa de salir del cuartelillo en el que la policía me tuvo retenida e incomunicada por haber tratado, sin éxito, de encender la llama de la libertad con un mechero en Alboraia. Vacíos los bolsillos, las muñecas arañadas y con más sed que nunca, la sugerente letra roja paralizó mis pasos mostrándose ante mí como una encrucijada.

La magnética e resultó ser el estandarte del Escalante Centre Teatral, un teatro con un cuarto de siglo a sus espaldas que resiste el paso del tiempo y las modas gracias a su apuesta por los espectadores y actores del futuro: los niños. Así me lo hizo saber el espíritu del mismísimo Eduardo Escalante, dramaturgo decimonónico de generosos bigotes a cuya memoria honra el nombre de este teatro.

Maestro del sainete valenciano, tras soltarme cuatro "espardenyàs" de aúpa y camuflado en una falsa estrella celestial que iluminaba la primera letra de su nombre y apellido, gritó: “Als lladres, als lladres" "Un grapaet i prou!". Lladres, los ladrones, comenté a Don Escalante, siempre han existido, de ahí que la picareseca naciera en España como un himno de la patria.

El sainete es una respuesta creativa e histórica a una demanda de costumbrismo y comicidad, dijo en un valenciano indescifrable el autor teatral y, aunque sé que está pasado de moda, matizó levantando su dedo índice, veo que hoy se practica más que nunca. ¡Cualquiera diría que es el deporte nacional, recollons!, ¡Ché!, ¿Será per diners?

Del sainete pasamos al teatro del absurdo. Don Escalante transmutado en una estrella saineteándome en mitad de la noche y yo clavada en el suelo como una X nocturna. Las piernas abiertas y los brazos extendidos. Nada parecía tener sentido.

Sentido y mucho valor tienen las salas teatrales de esta Valencia robada. Las que resisten a la apisonadora del derribo urbanístico o lingüístico, como el Teatro la Estrella, la Carme TeatreEl Micalet; las que se mantienen en pie como el Teatro OlympiaEl Musical, la sala Zircó, Espacio Inestable o el Teatro  Círculo; o las que nacen apartando las piedras del camino como La Protectora, la Sala l´Alambre, el Espacio Oxímoron o la Sala Russafa.

Inmersa en esta reflexión, tres gatos negros pasaron por el arco de triunfo de mi cuerpo. Cuando dejé de ver sus colas, supe que habían girado la esquina. Alcé la vista de nuevo. Y la hipnótica e seguía sobre mi cabeza instigándome a nombrarla.

Euribor, encadenado, eclipse, errático, explosión, espanto.

Avancé unos pasos para dejar atrás a la pelotera letra, pero me di la vuelta para lanzarle un beso de despedida al buen Don Escalante y mirarla a ella de nuevo en un estado de ex-presente. Las palabras que empiezan con e emergían ahora bien distintas.

9nergía, 9ntusiasmo, 9ncuentro, 9mpatía, 9ntendimiento, 9nsaimada, 9lefante, 9speranza.

Mi sed de S9d, había sido saciada. 

 

 

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal