El arte de la improvisación se mueve a 30 metros bajo tierra. Eso fue lo que descubrí en una salida subterránea por esta Ciudad Escondida. Con una linterna coronando mi cabeza, un pico y un martillo en cada mano, descendí al interior de la Tierra en busca de un yacimiento vivencial con el mitigar mi sed cansada y mi llanto verde.
Los tornos de la entrada me frenaron el paso. Me dirigí entonces a las taquillas para explicarle a quien me atendiese que mi no-nómina me impide hacer frente a la subida del transporte público y que se trataba de una simple ruta exploradora por el subsuelo. Las máquinas expendedoras escupen billetes pero no responden a mis preguntas. Mis piernas, ofendidas ante el desaire, ejecutan entonces un salto limpio, impecable, que me sitúa al otro lado de los tornos. Ya estoy dentro.
Las escaleras metálicas me sumergen en la profundidad de la tierra. Con el pico y el martillo golpeo los muros para cerciorarme de que el eco habita aquí abajo y que se encuentra en perfectas condiciones de salud. Receptivo, responde a mis señales y contesta repitiendo mis golpes desde una lejanía cercana, la misma que apostilla luego: Las cosas, por aquíiii, mucho mejor que por ahí arribaaaaaa!
Una vez en el andén, las vibraciones de la tierra son continuas y estimulantes para el cuerpo y el alma. El foco de mi linterna detecta oro, plata y falsos diamantes en dientes, orejas, cuellos y muñecas de los viajeros. También detecta abatimiento, consternación, amargura e impotencia por todo lo que está sucediendo arriba. Un pelotón de gotas negras se filtra desde la superficie y mancha mi frente. Prosigo con mi exploración. Excavo en mis emociones y me dejo llevar. Pero no pasa nada, más que un tren, otro tren y otro tren. Entradas y salidas varias.
Desmotivada, saco la brújula para orientar mi decepción. La aguja magnética gira loca por su cilindro como si corriera en una carrera de galgos. En la duodécima vuelta derrapa y sale disparada por el aire. El vagón del metro se abre y la engulle como un lobo feroz. Fiel a las andanzas de Caperucita roja, me dejo engullir también.
En el interior del vagón creación en estado puro. Coreografía de la improvisación. Un torbellino de estilos mueve el cuerpo de la bailarina Pepa Cases quien, con su compañía A tempo Dansa y maestros de la expresión corporal, convierten el metro de Valencia un jueves de cada mes en un espacio escénico abierto a la danza contemporánea. Música en vivo para la Dansa subterrània.
Las temáticas corporales cambian cada mes. Profesionales y alumnos del conservatorio empatizan con los cuerpos e interactúan con el espacio. Una celebración altruista de necesidad de expresión. Creatividad para resarcir la cohesión social. Llevar la danza a una mayor cantidad de público. Danza comprometida. La suciedad de la superficie hace de nuevo diana en mi cara y un río negro se extiende por mi rostro.
La aguja magnética regresa a la brújula y el punto de lectura me marca la salida al exterior. Con la cara ennegrecida y la energía recargada inicio la danza negra moviendo mis caderas al son de la reivindicación del Ser y no simplemente estar. Con este sentimiento me pierdo por los raíles del metro penetrando la oscuridad del túnel. De vuelta a la superficie terrenal, miles de lucecitas avanzan por las calles alumbrando los derechos de los trabajadores de la minería. Es la danza negra de los fugitivos del sol.
La danza en estos días es más necesaria que nunca. Danza contra el malestar, la inopia, la insensatez. Danza contra la mezquindad, contra la invisibilidad social, contra la desidia, el agravio y la desfachatez. El cuerpo como motor de las emociones subterráneas, de la revolución interior. "El corazón late y el pulmón se llena, allí está el aire y con él la vida". Palabras de la bailarina Martha Graham.
Marta Borcha es filóloga,
Mònica Torres es
Hay 7 Comentarios
Me encantáis, sabéis escribir y fotografiar, pero sobre todo, sabéis llegar a la sensibilidad de todos.
luis
Publicado por: luis | 16/08/2012 21:23:30
La sensibilidad y la rica imaginación se abrazan en este texto. Nunca te quedas en la belleza formal, siempre vas más allá de las palabras.Nos trasladas al mundo de las ideas.Grcias
Publicado por: TARANTO | 14/08/2012 13:57:16
Carla, te introduces en las entrañas más profundas y oscuras para aflorar llena de lirismo y denuncia social.No te detengas.
Publicado por: Messalina | 14/08/2012 13:50:32
Una entrada genial.
Publicado por: rhps | 04/08/2012 13:00:02
Venga, todos a bailar. Y a gritar y a cantar. Y a latir y a respirar. Y a ser, no sólo a estar. Todos los dias. En A. Guimerá y en Alameda. "No les ayudes a enterrar la luz". (Pink Floyd)
http://elbuhopardo.blogspot.com.es/
Publicado por: ELBUHOPARDO | 28/07/2012 20:01:11
.....También detecta abatimiento, consternación, amargura e impotencia por todo lo que está sucediendo arriba. Un pelotón de gotas negras se filtra desde la superficie y mancha mi frente..... De vuelta a la superficie terrenal, miles de lucecitas.....El cuerpo como motor de las emociones subterráneas, de la revolución interior......
Me encanta! parece una secuencia de David Lynch en Terciopelo Azul
Publicado por: Fran | 25/07/2012 12:37:02
Hola chicas
Seguis siendo UNICAS.
Como combinas el mundo de la mineria, en el ojo del huracan estos dias, con la danza y el metro, me parece fantastico.
Publicado por: M Eugenia | 24/07/2012 12:18:46