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En la ciudad escondida

Sobre el blog

A orillas del Mediterráneo y encabronada con la crisis, Claudia Pignataro levanta la alfombra de su ciudad, Valencia, para escarbar en la realidad y el deseo. Un meeting point con la cultura y la creación underground patrocinado por el arte de la insolvencia.

Sobre las autoras

Marta BorchaMarta Borcha es filóloga, periodista y experta en la gestión de la comunicación cultural. Autora del libro de relatos Las orillas del tiempo, su labor periodística se ha desarrollado en la prensa nacional durante más de 10 años. Colabora en revistas culturales y en festivales de cine y teatro.

Mònica TorresMònica Torres es fotógrafa. Desde hace 17 años trabaja con El País y colabora además con diferentes publicaciones de ámbito local y nacional. Apenas conoció a Claudia Pignataro quedó fascinada con su visión del every day life en la urbe."Ahora la ciudad también soy yo".

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Marta Borcha Mateo

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Danza subterránea

Por: | 23 de julio de 2012

DANZA METRO BRUTA-4 copia
El arte de la improvisación se mueve a 30 metros bajo tierra. Eso fue lo que descubrí en una salida subterránea por esta Ciudad Escondida. Con una linterna coronando mi cabeza, un pico y un martillo en cada mano, descendí al interior de la Tierra en busca de un yacimiento vivencial con el mitigar mi sed cansada y mi llanto verde. 

Los tornos de la entrada me frenaron el paso. Me dirigí entonces a las taquillas para explicarle a quien me atendiese que mi no-nómina me impide hacer frente a la subida del transporte público y que se trataba de una simple ruta exploradora por el subsuelo. Las máquinas expendedoras escupen billetes pero no responden a mis preguntas. Mis piernas, ofendidas ante el desaire, ejecutan entonces un salto limpio, impecable, que me sitúa al otro lado de los tornos. Ya estoy dentro. 

Las escaleras metálicas me sumergen en la profundidad de la tierra. Con el pico y el martillo golpeo los muros para cerciorarme de que el eco habita aquí abajo y que se encuentra en perfectas condiciones de salud. Receptivo, responde a mis señales y contesta repitiendo mis golpes desde una lejanía cercana, la misma que apostilla luego: Las cosas, por aquíiii, mucho mejor que por ahí arribaaaaaa!    

Una vez en el andén, las vibraciones de la tierra son continuas y estimulantes para el cuerpo y el alma. El foco de mi linterna detecta oro, plata y falsos diamantes en dientes, orejas, cuellos y muñecas de los viajeros. También detecta abatimiento, consternación, amargura e impotencia por todo lo que está sucediendo arriba. Un pelotón de gotas negras se filtra desde la superficie y mancha mi frente. Prosigo con mi exploración. Excavo en mis emociones y me dejo llevar. Pero no pasa nada, más que un tren, otro tren y otro tren. Entradas y salidas varias.

Desmotivada, saco la brújula para orientar mi decepción. La aguja magnética gira loca por su cilindro como si corriera en una carrera de galgos. En la duodécima vuelta derrapa y sale disparada por el aire. El vagón del metro se abre y la engulle como un lobo feroz. Fiel a las andanzas de Caperucita roja, me dejo engullir también.

     DANZA METRO BRUTA2 copia

En el interior del vagón creación en estado puro. Coreografía de la improvisación. Un torbellino de estilos mueve el cuerpo de la bailarina Pepa Cases quien, con su compañía A tempo Dansa y maestros de la expresión corporal, convierten el metro de Valencia un jueves de cada mes en un espacio escénico abierto a la danza contemporánea. Música en vivo para la Dansa subterrània. 

Las temáticas corporales cambian cada mes. Profesionales y alumnos del conservatorio empatizan con los cuerpos e interactúan con el espacio. Una celebración altruista de necesidad de expresión. Creatividad para resarcir la cohesión social. Llevar la danza a una mayor cantidad de público. Danza comprometida. La suciedad de la superficie hace de nuevo diana en mi cara y un río negro se extiende por mi rostro. 

La aguja magnética regresa a la brújula y el punto de lectura me marca la salida al exterior. Con la cara ennegrecida y la energía recargada inicio la danza negra moviendo mis caderas al son de la reivindicación del Ser y no simplemente estar. Con este sentimiento me pierdo por los raíles del metro penetrando la oscuridad del túnel. De vuelta a la superficie terrenal, miles de lucecitas avanzan por las calles alumbrando los derechos de los trabajadores de la minería. Es la danza negra de los fugitivos del sol.

La danza en estos días es más necesaria que nunca. Danza contra el malestar, la inopia, la insensatez. Danza contra la mezquindad, contra la invisibilidad social, contra la desidia, el agravio y la desfachatez. El cuerpo como motor de las emociones subterráneas, de la revolución interior. "El corazón late y el pulmón se llena, allí está el aire y con él la vida". Palabras de la bailarina Martha Graham.

En llanto verde todavía, en llanto

Por: | 03 de julio de 2012

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Si mi compañero de ficciones Gregorio Samsa se levantó un día convertido en un monstruoso insecto, yo he amanecido hoy  transformada en una mujer-árbol. En apariencia física sigo siendo la misma, pero la savia corre estos días por mis venas y mi piel ha adquirido un tacto leñoso.

El llanto  verde de los árboles quemados planea su tristeza por el cielo de esta Ciudad Escondida. Lluvia de cenizas. Huele a muerte forestal. El monte se queda huérfano de vida. La imprudencia e insensatez humana extermina la Naturaleza. Todo arde.

El Jardín Botánico de Valencia se convierte en mi guarida estival. Y allí,  junto a otros  árboles, plantas, flores, helechos y arbustos, comparto el luto por nuestra flora atrapada en los incendios cercanos. En silencio nos tragamos la impotencia, la rabia y desesperación. Abanico calina y calma como el viento acariciaba las copas y las ramas de los árboles poco antes de los incendios.

Deslizo la mano entre los nenúfares del estanque para sofocar el calor. Agua. Y a la mano le sigue mi pie. Agua. También refresco mi tronco de mujer-árbol. Agua.

                                                              Agua                                    

                                                          agua, agua

                                                     agua, agua, agua

                                              agua, agua, agua, agua, agua                                       

                                    agua, agua, agua, agua, agua, agua, agua,

                                                               agua

                                                               agua

                                                               agua

                                                               agua

La vergüenza se adueña de nuestra realidad inmediata y son muchos los que nos negamos a aceptar lo inaceptable. Las llamas devoran montes y bosques. Cincuenta mil hectáreas arrasadas. La versión oficial llena los titulares de preguntas sin respuestas. Descontrol. Incertidumbre. Bochorno. ¿Pirómanos especuladores?

La acción ciudadana inicia su peregrinaje.  Un voluntario, un árbol, movimiento social que germina  para la recuperación forestal tras los incendios ocurridos. Ingenieros agrónomos, titulados forestales, grupos ecologistas y gente anónima trazan un plan de actuación para repoblar y limpiar los montes quemados.  

El verano, como el fuego, se abre paso por las orillas del tiempo. El culto a los árboles se ha ido perdiendo en las sociedades modernas, pero sus símbolos persisten en el lenguaje, el folclore y la cultura recordándonos la estrecha relación entre el pensamiento humano y el mundo forestal.

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Hace calor y esta mujer-árbol se dispone a buscar la fresca este julio sofocante por los barrios de la ciudad. Cultura gratis para refrescar cuerpo y alma. Todos los martes Cinema a la fresca en Velluters. Los jueves matutinos Cuentos a la fresca en la Biblioteca Pública de Valencia para todos los niños y niñas que llevamos dentro. Talleres y conciertos en Benimaclet entra, y paseos verde que te quiero verde por los Jardines de Monforte. El Comboi a la fresca entra en el Instituto Francés, y la música, el teatro y la poesía prosiguen en la Universitat de València.

Transformada en una mujer-árbol, con la resina que segrega mi cuerpo y con una osada adaptación de los versos de un Alberti siempre presente, escribo el siguiente epitafio arbóreo en este remanso de sombras y armonías del Jardín Botánico.
 
"Cándidos y erguidos,
con una clara vocación de cielo
y con un alto porvenir de estrellas,
quemadas las dulces piernas, las cabezas hundidas,
desparramados por la tierra y tristes,
todos deshechos en hojas,
en llanto verde todavía, en llanto". 

El País

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