Agosto se evapora estos días entre los fuegos de un tiempo vencido, exprimido por un verano que agoniza. Busco refugio en la lectura, esa araña de sueños que teje sus historias entre los entresijos del tiempo. Y allí dentro, en el útero amable de la lectura, ya no siento el dolor de la existencia, la misma que cabalga con las alforjas repletas de paro y desaliento, humillación y estupidez, por el sinsentido de esta ciudad vendida.
Sí, estoy cansada de que la política carroñera abuse de nuestra atención con tanto retorcimiento de la verdad y que nos distraiga de aquello que realmente requiere ser atendido, vivido y leído.
Viajando por una geografía de tinta y sueño, sin aduanas, ni primas de riesgo, sin controles de alcoholemia, ni de exceso de velocidad, acompaño a este agosto gatoso, lamiendo las páginas de los libros como una felina en celo. Para los sin blanca, como es mi caso, la lectura se convierte en las vacaciones de verano. Viajes cero-cost sin moverme de este Jardín Botánico que apadrina mis rutas literarias.
Viajeros inmóviles, así somos los lectores. Trepadores de historias, enredadores de ideas y conocimientos. Voladores de la quietud. Submarinistas de la condición humana. Y por si fuera poco, tenemos el don de la bilocación, la facultad de estar en dos lugares al mismo tiempo: en el territorio terrenal y en ese otro, aquel en el que te pierdes voluntariamente para confundirte y dejarte seducir, abducir, por tu imaginación.
Integrada en este jardín de silencios, de voces calladas de enigmas, leo. Y a cada párrafo se sucede un gesto en mi cara, una expresión en los labios, una actitud corporal. Son los efectos secundarios y visibles de la lectura. Viajeros inmóviles, los mismos que el francés Philippe Genty presentará en la 23ª Mostra Internacional de Mim (MIM), la gran fiesta del teatro gestual, programada del 12 al 16 de septiembre que, como el arroz y la cazalla, se ha arraigado con fuerza y humor en Sueca.
En el Santísimo MIM, convertido ya en patrón de Sueca gracias a la encomiable labor del entrañable Abel Guarinos, director del festival, sobran las palabras. Éstas ronronean por el interior de los intérpretes, y como en los libros, sólo se hacen visibles al exterior a través de los gestos y la expresión corporal.
En Viajeros Inmóviles, Genty pone en escena a ocho actores y dos técnicos que dan vida a un montaje en el que se funden los efectos especiales, el malabarismo, las marionetas, el mimo y la danza para crear un mundo mágico de sensaciones. Una inmersión fantasiosa al interior de la mente, donde resuenan fenómenos como la sociedad de consumo, la superpoblación del planeta o la avaricia, a través de puzzles oníricos. Poesía visual en estado puro para gestionar la incertidumbre de estos momentos de caos.
La fuerza del gesto brillará este septiembre en el MIM con catorce propuestas de arte en vivo para todos los públicos. Reivindico el lenguaje del silencio en un tiempo con tanto ruido. Y regreso a mi lectura, en la que ahora leo: Debajo del algarrobo, el caballo dio de beber a la mujer sedienta.
Marta Borcha es filóloga,
Mònica Torres es