Subí a la azotea de esta
ciudad escondida para liberar mis deseos encerrados, cautivos en una jaula como
prisioneros del miedo. Todos los días les ponía agua, les daba de comer y los
resguardaba del sol para que no se deshidrataran. Por la noche, si refrescaba,
los calentaba con la lumbre de una vela. Y a veces, les daba caramelos.
Pero había llegado el momento de liberarlos, de dejarlos ir, de pedir al Universo. De iniciar este ritual escénico emocional -como el que en breve iniciará Russafa Escènica- que al mismo tiempo, por qué no, era una especie de intervención urbana y pagana con la que podía despedirme de septiembre hasta el próximo año.
Con la liberación de mis deseos, antiguos rehenes de las sombras de mi existencia, le pedía al Universo todo aquello que éstos comprendían en su esencia y parecer.
El paisaje de la ciudad ofrecía su cara más amable, la bondad de los edificos antiguos, los tejados buenos con sus tejas ordenadas de lluvia y sol; sus campanarios apuntando a un cielo que pese a sus nubes acarbonadas transmitía serenidad y paz. Una atmósfera tejida de espiritualidad, algo que una atea convencida como yo, conoce muy bien.
La fe es ciega por naturaleza, por lo que todas las creencias, incluso las más surrealistas, literarias y fantasiosas, son bien digeridas, aceptadas, cuidadas, mimadas y acunadas en la estela mágica de las religiones. ¿Qué hay entonces de malo o raro en pedir al Universo?
En esta reflexión y mirando los campanarios me di cuenta de que éstos son muy parecidos a los minaretes. Ambos son como dos faros, uno de Oriente y otro de Occidente, que guían a los navegantes de las distintas religiones. El Universo también tiene sus faros, son tantos como los habitantes del Planeta.
Abrí la puertecilla de mis deseos enjaulados, y como un concierto de emociones reprimidas, salieron bailando, haciendo acrobacias aéras, ya libres de ataduras y miedos, para volar, para seguir volando, por el UniVerso, el mismo que dice, que grita, que dibuja en el aire: ¡Ahora es el momento! Y mucho más cuando los deseos aún están exentos de IVA y fuera del control y los recortes del gobierno.
Marta Borcha es filóloga,
Mònica Torres es
Hay 9 Comentarios
Que fotos tan preciosas y que creatividad emocional. Felicidades a las dos.
Publicado por: karuna | 17/10/2012 19:11:32
Te sigo porque escribes con la sangre, mostrando hasta las entrañas, con entrega, con desgarro y con ternura, como muy pocos lo hacen hoy.
Publicado por: violeta | 12/10/2012 12:46:27
Magnífica puesta en escena!! Mi deseo es volver a disfrutar de la magia de vuestras aventuras!
Publicado por: Sugar Cane | 05/10/2012 15:00:28
Espectacular Claudia!
Publicado por: Cerrajeria chicon abrimos puertas | 27/09/2012 14:04:36
Preciosa imagen.
Publicado por: Cristina | 26/09/2012 18:19:48
Preciosa imagen.
Publicado por: Cristina | 26/09/2012 18:19:18
A veces, hay caramelos !
Publicado por: Dario de este lado del río | 26/09/2012 18:17:13
Imaginación desbordada, creatividad muy personal. Eres inconfudible, Claudia.
Publicado por: LEANDRO | 24/09/2012 20:39:55
UN PLACER LEER VUESTRO ARTICULO Y DISFRUTAR DE LA IMAGEN, QUE ESPERO SEGUIR APRECECIANDO MUCHO TIEMPO
Publicado por: M Eugenia | 24/09/2012 11:55:36