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En la ciudad escondida

Sobre el blog

A orillas del Mediterráneo y encabronada con la crisis, Claudia Pignataro levanta la alfombra de su ciudad, Valencia, para escarbar en la realidad y el deseo. Un meeting point con la cultura y la creación underground patrocinado por el arte de la insolvencia.

Sobre las autoras

Marta BorchaMarta Borcha es filóloga, periodista y experta en la gestión de la comunicación cultural. Autora del libro de relatos Las orillas del tiempo, su labor periodística se ha desarrollado en la prensa nacional durante más de 10 años. Colabora en revistas culturales y en festivales de cine y teatro.

Mònica TorresMònica Torres es fotógrafa. Desde hace 17 años trabaja con El País y colabora además con diferentes publicaciones de ámbito local y nacional. Apenas conoció a Claudia Pignataro quedó fascinada con su visión del every day life en la urbe."Ahora la ciudad también soy yo".

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Marta Borcha Mateo

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La ola del escrache

Por: | 16 de mayo de 2013

   VALENCIA, CABANYAL, PORTES OBERTES, ESCACHE, FOTO MONICA TORRES, 2

Un golpe de mar me arrancó del paseo marítimo por el que caminaba estos días para desterrar mi desidia. Sus garras me atraparon en las redes de un Mediterráneo enrarecido. Sin tabla, sin biquini y sin flotador, me vi embarcada en una generosa ola por los mares de este presente discontinuo. Pero no era una ola cualquiera: era la ola del escrache.

Desnuda como llegué al mundo, tratando de mantener el equilibrio y envuelta como una croqueta en una nube de sal, me dispuse a escrachear y ejercer mi derecho a protestar. Neptuno, dios de los mares y los terremotos, agitaba con su tridente esta ola de espumas justicieras.

La política actual perjudica gravemente a la salud, la cultura, la educación y el trabajo, leo en la cajetilla de tabaco líquido que Neptuno me acerca para ofrecerme un cigarrillo. Acepto con mucho gusto su ofrecimiento. Fumar en la cresta de esta ola un pitillo con sabor a algas marinas me pone a tono.


Algunos dicen que el escarche es un acto ilegal, violento, vandálico e incluso terrorista. Tal es el rechazo a esta acción de protesta que hay quien se ha atrevido a compararlo con el nazismo puro.  ¿Pero no es violencia lo que la política de nuestros días ejerce contra la ciudadanía?  La violencia económica fractura la vida de las personas, desangra a nuestros mayores y amputa el horizonte de los jóvenes. Además, ¿No son actos violentos los desahucios basados en una ley abusiva?

     VALENCIA, CABANYAL, PORTES OBERTES, ESCRACHE, PIGNATARO, FOTO  MONICA TORRES 1

Unas casas que se cierran a golpe de porras y sentencias judiciales, y otras que se abren y te invitan a entrar. De estas últimas, buen ejemplo son las del barrio del Cabanyal, que este mayo celebra su XV edición de Portes Obertes Este proyecto de intervenciones artísticas dentro de las casas, que este año se dedica al maestro José Luis Sanpedro, trata de hacer frente a la grave amenaza que suponen los planes urbanísticos del Ayuntamiento de Valencia. Planes que buscan partir el corazón de este barrio marinero mediante el abuso de poder y la especulación inmobiliaria.

Rehabilitación sin destrucción, ¿es tan difícil de entender? Los proyectos de arquitectura con propuestas para el barrio están sobre la mesa, como el premiado proyecto "Passar sense Trencar" (Pasar sin romper), que propone una alternativas al plan de demoliciones. Junto a éstos, la  defensa del patrimonio cultural del barrio Cabanyal está hoy más activa que nunca con acciones como la del Festival Cabanyal Íntim , el Archivo vivo o el proyecto audiovisual Abril al Cabanyal, que en la actualidad busca micromecenas para su financiación.

Subida en la ola del escrache escribo sobre la espuma: ¡Si se puede! Pero soy consciente de que las palabras a veces no sirven de nada, son palabras… Accionemos pues las palabras y el pensamiento y pasemos a la lucha ArMADA. Armada de coraje, principios, resistencia y dignidad.

Habemus Cuina Furtiva

Por: | 25 de marzo de 2013

VALENCIA, CUINA,CIUDAD,FOTO MONICA TORRES

En una época de cuentas apócrifas, de Bar y Cenas putrefactas, de sobres en manos que mecen la codicia y en pleno desfile tétrico, fétido, monárquico y cínico de los Alí Robarás y los ricos mamones, en Valencia habemus Cuina furtiva.

Frente a las náuseas y flatulencias que provocan las políticas tóxicas y la jauría de impresentables que se agencian del dinero público y que ocultan la verdad en los zulos de la vergüenza, La Cuina furtiva, aunque se hace a escondidas, es saludable, te recrea y da gusto al paladar.

Las organizadoras de este proyecto culinario para escudriñar el mundo en compañía te citan a una hora determinada en un lugar de esta ciudad escondida. Allí te reúnes con los que serán tus comensales, desconocidos y desconocidas con los que compartes una experiencia única y el misterio del qué va a pasar. Una travesía íntima y gastronómica que trascurre en la guarida de la Cuina Furtiva.  Y hasta aquí puedo contar.

El boca a boca es el método por el que está funcionando esta iniciativa y dándose a conocer en Valencia. Las cenas se convocan dos o tres días al mes vía mail y las plazas y reservas son limitadas. Si te pica el gusanillo o la gusanilla sólo tienes que comentarlo con tus allegados. Pronto aparecerá una conexión y te llegará la próxima convocatoria, palabra de Claudia Pignataro. 

Al regresar a casa aquella noche después de esta experiencia sensorial y tratando de digerir un Menú con platos tan sugerentes como Retornar la mirada o la Nostàlgia del paisatge somiat, una furtiva lágrima descendió por mi mejilla. Lo hizo sin mi consentimiento y sin razón alguna aparente. Antes de que cayera al suelo y se disolviera para siempre en la suciedad del asfalto, la tomé en la mano y la acaricié. Era diminuta, limpia, reluciente. Cristalina como la inocente mirada que acuna la infancia. 

Traté de buscar una explicación a su llegada y deduje que su presencia era el resultado de la  digestión emocional de la cena. No debía entonces estar triste sino todo lo contrario. De un lametazo la lágrima furtiva regresó a mi cuerpo. Mis dientes mordieron la lengua para exprimir el sabor de aquel líquido existencial. Mis labios se acurrucaron entonces y mi voz soltó un aullido largo y sentido que calentó el frió de la madrugada. Del resto de la noche, ya no recuerdo nada. Sólo una sensación y una certeza: El corazón alegre es una buena medicina.

Sopa de letras con el Número 13

Por: | 16 de enero de 2013

Valencia, 2013, Talia, Mònica Torres

2013 se inicia con buenos propósitos: Preservar la alegría, alejar la desidia, mantener la dignidad,  aferrarse al presente, conservar la salud, la calma y si es posible el trabajo y la esperanza.

Todo cabe en la sopa de letras con la que caliento el invierno de este inicio de año, un año que, para muchos, termina en un número fatídico. Pobre Número 13, marginado y silenciado en algunas calles y portales, borrado de las habitaciones de los hoteles para evitar incomodar a sus huéspedes. Estos días lo siento en mi mesa como un comensal más. Acabo de conocerlo pero ya le tengo cariño. Por eso trato de animarlo, de quitarle ese pánico escénico que se apoderó de él tras las doce campanadas y que lo puso en el punto de mira y en boca de las malas lenguas. 

Son tantas las palabras que encierra esta sopa que pasaría todo el año ingiriendo estas letritas de maíz. En ellas practico la gramática emocional de los buenos propósitos. Número 13 me acompaña en este pasatiempo. Por debajo del mantel, su mano se acomoda en mi entrepierna. ¿Pero qué hacemos con los despropósitos que arramblan a sus anchas?, le pregunto a mi comensal erótico numérico. ¿Un cocido madrileño o una paella valenciana?
 
Número 13 me regala una de sus sonrisas. Luego se pone serio y habla: Poder absoluto, la obra que ha inaugurado la nueva etapa del Teatre Talia, hasta hace poco de gestión pública, parece contener todos los ingredientes que explican los despropósitos de nuestro tiempo. El ejercicio del poder es la semilla de estas tierras de secano. Su abono, la deshonestidad, el  engaño, la corrupción, la avaricia, la hipocresía... Como dice Gutiérrez Caba en su brillante interpretación, todo se contempla en los presupuestos del Estado.

Buena explicación de la falla, Número 13, ¿pero qué hacemos con tanto despropósito?, insisto. El silencio me llega como respuesta.

Las letras han desaparecido del plato junto a la sopa. Terminada la comida y la sobremesa, invito a Número 13 a una siesta conjunta de buenos propósitos. Me reclino entre el 1 y el 3. La fiesta de los abrazos se enciende. Besos cardinales y ordinales desfilan por mi piel. Ecuaciones y raíces cuadradas, del derecho y del revés, en busca del Número Pi.

Soy consciente de que, por un lado, el número con el que me acuesto siempre fue mal visto por la cultura judeo cristiana - 13 son los espíritus malignos para la Cábala y 13 es el número del capítulo de la Apocalipsis en el que aparece el anticristo y a la bestia- y de que, por otro lado, Judas fue el decimotercero en ocupar la mesa en la Última Cena.

Sin embargo, para una atea como yo, el Número 13, por un lado y por otro, por delante y por detrás, es un número que no encierra malicia alguna y que me transmite buena energía. La misma que le pido que reparta en el calendario de este nuevo año. Un nuevo año en el que nunca falten las sopas de letras de buenos propósitos. Que lo mejor, como las jornadas sobre cine que acoge estos días la ciudad, -acción, palabra e imagen- está por venir. 

 

Desayuno con viandantes

Por: | 30 de noviembre de 2012

VALENCIA, DESAYUNOS CON VIANDANTES, MONICA TORRES

No por mucho madrugar amanece más temprano. Y el desayuno siempre nos espera en cualquier esquina del día con la taza de café o té dispuesta a ser ingerida y, si es posible, degustada con un buen libro o una compañía amiga con la que compartiste almohada e intimidad. Todo depende de cuando un@ quiera romper el ayuno y darle alegría al buche: It ´s up to you, baby.

Despertar la sonrisa tras abandonar la cama, el sofá o la encimera de la cocina en el que por algún extraño motivo decidiste pasar la noche y dormir la borrachera, debe ser tarea a abordar para afrontar con humor el nuevo día. Un abordaje que podría plasmarse comentando, como quien no quiere la cosa, que no es lo mismo dos tazas de té que dos tetazas. Si se naufraga en el intento de estimular la sonrisa ajena, no problem, my friend, lo importante es participar:-)

Algunos desayunan con diamantes en Tiffany, pero yo perfiero desayunar con viandantes en las calles y plazas. Estar en contacto con la realidad paisajística y social de la ciudad. Sentir cómo el ambiente callejero impregna mi piel y el aire limpia el encabronamiento y las preocupaciones que, como buena ciudadana, soporto en estos tiempos de delincuencia política y financiera. De deshaucio moral y de estreñimiento democrático.  

Sí, se trata de una manera muy distinta de romper el ayuno y compartir alimentos con dos, tres, cuatro, diez, veinte o treinta personas más. Conocidas o extrañas, cercanas o anónimas. Es ésta la iniciativa surgida en 2008 y bautizada con el nombre de Desayuno con viandantes. Una celebración y reivindicación del espacio público que reúne a urbanitas de todas las edades un sábado de cada mes por la mañana en lugares tan dispares como un puente peatonal, un antiguo refugio antiaéreo, una rotonda, un cementerio o una ermita.

Frente al pijama y las pantunflas, se aconseja acudir a estos desyunos con ropa de calle para evitar que te tomen por majareta. Aspecto importante a tener en cuenta para no ir de gorrilla es llevar tu taza y tu desayuno. Y una vez allí, en el lugar de encuentro, entregarse al bello arte de compartir es vivir.

La organización de esta iniciativa colectiva suele disponer una mesa en la que los viandantes depositan las viandas y los termos. Y es entonces cuando el ritual escénico del desayuno en el espacio público se deja mimar por los paladares, las golosas papilas gustativas y la ciudad es vivida.

Como en todo buen desayuno, nunca falta la magdalena de Proust. Esa misma que nos sumerge en el mar del pasado y nos agita los recuerdos de la infancia en busca del tiempo perdido. ¿Del tiempo perdido? Caminante no hay camino, se hace camino al andar. Desayuno con viandantes, una experiencia a probar. Todas las tazas alzadas en este presente continuo: !Salud y libertad!

 

ResisTENcia: Un seguro de vida

Por: | 22 de octubre de 2012

  Angel, Valencia, banco, credito, foto, Monica Torres


Un seguro de vida. Ese es el producto con el que ayer, una vez más, el banco trató de chuparme la sangre de manera persistente y amenazadora a través de la dulce voz de una telefonista hábilmente  entrenada. Le pedí que, por favor, no me echara mal de ojo descargando sobre mí esa batería explosiva de posibles riesgos y accidentes que pueden afectar a mi existencia diaria y borrarme del mapa de un zarpazo. Por si acaso y para alejar la mala suerte, toqué madera.

Son muchos los beneficios que puede proporcionarle un seguro de vida, trató de convencerme la  mensajera del diablo. ¿Qué ventajas puede ofrecer el banco a un futuro cadáver como el que se empeña que podría ser el mío?, le pregunté muy seria y afectada. Se produjo un silencio abismal al otro lado del auricular. Y entonces pensé que quizás, gracias a las prestaciones de esta póliza, los mariachis me recibirían en las puertas del cielo con una serenata de tequila y mezcal, y que una alfombra de pétalos de rosa acunaría mis pasos hacia la eternidad.

El paraíso estaría entonces plagado de ángeles sementales pata negra dispuestos a satisfacer mis fantasías de mujer deshabitada. ¡Todos a una, Fuenteovejuna! Y yo, convertida en un ángel femenina, las alas desplegadas al viento, suaves como una caricia, dispuesta a ser complacida y disfrutada.  

De repente me entraron unas ganas tremendas de entregarme a la muerte, de morirme, de matarme, de arrancarme el aliento, de convertirme en una de esas mujeres transfronterizas, como el lema que articula el II Festival Internacional Dona i Cinema. Desaparecer y dejar atrás el martirio en el que la economía y sus garrapatas financieras han convertido esta vida. Despertarme a las puertas del cielo convertida en una ángel vampiresa con sed de orgasmos divinos, de ingravidez, serenidad y plenitud perpetua. 

Pese a esta posibilidad, rechacé la atractiva oferta del banco sin querer escuchar sus argumentos. El único seguro de vida válido, le dije a la comercial, es el de la resisTENncia. Y para ilustrar mis palabras, le regalé unos versos de mi poeta preferido:

"Me hirieron, me golpearon

y hasta me dieron la muerte...

¡pero jamás me doblaron!

Acto seguido de mi improvisado recital, le di los buenos días a la siniestra interlocutora, colgué el teléfono y me celebré, de pies a cabeza, con el íntimo y siempre placentero arte de la masturbación. Al despertar, la vida me seguía acompañando. 

UniVerso

Por: | 24 de septiembre de 2012

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Subí a la azotea de esta ciudad escondida para liberar mis deseos encerrados, cautivos en una jaula como prisioneros del miedo. Todos los días les ponía agua, les daba de comer y los resguardaba del sol para que no se deshidrataran. Por la noche, si refrescaba, los calentaba con la lumbre de una vela. Y a veces, les daba caramelos.

Pero había llegado el momento de liberarlos, de dejarlos ir, de pedir al Universo. De iniciar este ritual escénico emocional -como el que en breve iniciará Russafa Escènica- que al mismo tiempo, por qué no, era una especie de intervención urbana y pagana con la que podía despedirme de septiembre hasta el próximo año.

Con la liberación de mis deseos, antiguos rehenes de las sombras de mi existencia, le pedía al Universo todo aquello que éstos comprendían en su esencia y parecer. 

El paisaje de la ciudad ofrecía su cara más amable, la bondad de los edificos antiguos, los tejados buenos con sus tejas ordenadas de lluvia y sol; sus campanarios apuntando a un cielo que pese a sus nubes acarbonadas transmitía serenidad y paz. Una atmósfera tejida de espiritualidad, algo que una atea convencida como yo, conoce muy bien.

La fe es ciega por naturaleza, por lo que todas las creencias, incluso las más surrealistas, literarias y fantasiosas, son bien digeridas, aceptadas, cuidadas, mimadas y acunadas en la estela mágica de las religiones. ¿Qué hay entonces de malo o raro en pedir al Universo?

En esta reflexión y mirando los campanarios me di cuenta de que éstos son muy parecidos a los minaretes. Ambos son como dos faros, uno de Oriente y otro de Occidente, que guían a los navegantes de las distintas religiones. El Universo también tiene sus faros, son tantos como los habitantes del Planeta.

Abrí la puertecilla de mis deseos enjaulados, y como un concierto de emociones reprimidas, salieron bailando, haciendo acrobacias aéras, ya libres de ataduras y miedos, para volar, para seguir volando, por el UniVerso, el mismo que dice, que grita, que dibuja en el aire: ¡Ahora es el momento! Y mucho más cuando los deseos aún están exentos de IVA y fuera del control y los recortes del gobierno.

 

 

Viajeros inmóviles

Por: | 31 de agosto de 2012

CIUDAD,VALENCIA,LECTURA,VACACIONES,FOTOS,MONICA TORRES,TEXTO MARTA BORCHA


Agosto se evapora estos días entre los fuegos de un tiempo vencido, exprimido por un verano que agoniza. Busco refugio en la lectura, esa araña de sueños que teje sus historias entre los entresijos del tiempo. Y allí dentro, en el útero amable de la lectura, ya no siento el dolor de la existencia, la misma que cabalga con las alforjas repletas de paro y desaliento, humillación y estupidez, por el sinsentido de esta ciudad vendida.

Sí, estoy cansada de que la política carroñera abuse de nuestra atención con tanto retorcimiento de la verdad y que nos distraiga de aquello que realmente requiere ser atendido, vivido y leído.

Viajando por una geografía de tinta y sueño, sin aduanas, ni primas de riesgo, sin controles de alcoholemia, ni de exceso de velocidad, acompaño a  este agosto gatoso, lamiendo las páginas de los libros como una felina en celo. Para los sin blanca, como es mi caso, la lectura se convierte en las vacaciones de verano. Viajes cero-cost sin moverme de este Jardín Botánico que apadrina mis rutas literarias.

Viajeros inmóviles, así somos los lectores. Trepadores de historias, enredadores de ideas y conocimientos. Voladores de la quietud. Submarinistas de la condición humana. Y por si fuera poco, tenemos el don de la bilocación, la facultad de estar en dos lugares al mismo tiempo: en el territorio terrenal y en ese otro, aquel en el que te pierdes voluntariamente para confundirte y dejarte seducir, abducir, por tu imaginación.

Integrada en este jardín de silencios, de voces calladas de enigmas, leo. Y a cada párrafo se sucede un gesto en mi cara, una expresión en los labios, una actitud corporal. Son los efectos secundarios y visibles de la lectura. Viajeros inmóviles, los mismos que el francés Philippe Genty presentará en la 23ª Mostra Internacional de Mim (MIM), la gran fiesta del teatro gestual, programada del 12 al 16 de septiembre que, como el arroz y la cazalla, se ha arraigado con fuerza y humor en Sueca.

En el Santísimo MIM, convertido ya en patrón de Sueca gracias a la encomiable labor del entrañable Abel Guarinos, director del festival, sobran las palabras. Éstas ronronean por el interior de los intérpretes,  y como en los libros, sólo se hacen visibles al exterior a través de los gestos y la expresión corporal. 

En Viajeros Inmóviles, Genty pone en escena a ocho actores y dos técnicos que dan vida a un montaje en el que se funden los efectos especiales, el malabarismo, las marionetas, el mimo y la danza para crear un mundo mágico de sensaciones. Una inmersión fantasiosa al interior de la mente, donde resuenan fenómenos como la sociedad de consumo, la superpoblación del planeta o la avaricia, a través de puzzles oníricos. Poesía visual en estado puro para gestionar la incertidumbre de estos momentos de caos.

La fuerza del gesto brillará este septiembre en el MIM con catorce propuestas de arte en vivo para todos los públicos. Reivindico el lenguaje del silencio en un tiempo con tanto ruido. Y regreso a mi lectura, en la que ahora leo: Debajo del algarrobo, el caballo dio de beber a la mujer sedienta. 

                                                                                                                                                                                  Texto: Marta Borcha

Danza subterránea

Por: | 23 de julio de 2012

DANZA METRO BRUTA-4 copia
El arte de la improvisación se mueve a 30 metros bajo tierra. Eso fue lo que descubrí en una salida subterránea por esta Ciudad Escondida. Con una linterna coronando mi cabeza, un pico y un martillo en cada mano, descendí al interior de la Tierra en busca de un yacimiento vivencial con el mitigar mi sed cansada y mi llanto verde. 

Los tornos de la entrada me frenaron el paso. Me dirigí entonces a las taquillas para explicarle a quien me atendiese que mi no-nómina me impide hacer frente a la subida del transporte público y que se trataba de una simple ruta exploradora por el subsuelo. Las máquinas expendedoras escupen billetes pero no responden a mis preguntas. Mis piernas, ofendidas ante el desaire, ejecutan entonces un salto limpio, impecable, que me sitúa al otro lado de los tornos. Ya estoy dentro. 

Las escaleras metálicas me sumergen en la profundidad de la tierra. Con el pico y el martillo golpeo los muros para cerciorarme de que el eco habita aquí abajo y que se encuentra en perfectas condiciones de salud. Receptivo, responde a mis señales y contesta repitiendo mis golpes desde una lejanía cercana, la misma que apostilla luego: Las cosas, por aquíiii, mucho mejor que por ahí arribaaaaaa!    

Una vez en el andén, las vibraciones de la tierra son continuas y estimulantes para el cuerpo y el alma. El foco de mi linterna detecta oro, plata y falsos diamantes en dientes, orejas, cuellos y muñecas de los viajeros. También detecta abatimiento, consternación, amargura e impotencia por todo lo que está sucediendo arriba. Un pelotón de gotas negras se filtra desde la superficie y mancha mi frente. Prosigo con mi exploración. Excavo en mis emociones y me dejo llevar. Pero no pasa nada, más que un tren, otro tren y otro tren. Entradas y salidas varias.

Desmotivada, saco la brújula para orientar mi decepción. La aguja magnética gira loca por su cilindro como si corriera en una carrera de galgos. En la duodécima vuelta derrapa y sale disparada por el aire. El vagón del metro se abre y la engulle como un lobo feroz. Fiel a las andanzas de Caperucita roja, me dejo engullir también.

     DANZA METRO BRUTA2 copia

En el interior del vagón creación en estado puro. Coreografía de la improvisación. Un torbellino de estilos mueve el cuerpo de la bailarina Pepa Cases quien, con su compañía A tempo Dansa y maestros de la expresión corporal, convierten el metro de Valencia un jueves de cada mes en un espacio escénico abierto a la danza contemporánea. Música en vivo para la Dansa subterrània. 

Las temáticas corporales cambian cada mes. Profesionales y alumnos del conservatorio empatizan con los cuerpos e interactúan con el espacio. Una celebración altruista de necesidad de expresión. Creatividad para resarcir la cohesión social. Llevar la danza a una mayor cantidad de público. Danza comprometida. La suciedad de la superficie hace de nuevo diana en mi cara y un río negro se extiende por mi rostro. 

La aguja magnética regresa a la brújula y el punto de lectura me marca la salida al exterior. Con la cara ennegrecida y la energía recargada inicio la danza negra moviendo mis caderas al son de la reivindicación del Ser y no simplemente estar. Con este sentimiento me pierdo por los raíles del metro penetrando la oscuridad del túnel. De vuelta a la superficie terrenal, miles de lucecitas avanzan por las calles alumbrando los derechos de los trabajadores de la minería. Es la danza negra de los fugitivos del sol.

La danza en estos días es más necesaria que nunca. Danza contra el malestar, la inopia, la insensatez. Danza contra la mezquindad, contra la invisibilidad social, contra la desidia, el agravio y la desfachatez. El cuerpo como motor de las emociones subterráneas, de la revolución interior. "El corazón late y el pulmón se llena, allí está el aire y con él la vida". Palabras de la bailarina Martha Graham.

En llanto verde todavía, en llanto

Por: | 03 de julio de 2012

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Si mi compañero de ficciones Gregorio Samsa se levantó un día convertido en un monstruoso insecto, yo he amanecido hoy  transformada en una mujer-árbol. En apariencia física sigo siendo la misma, pero la savia corre estos días por mis venas y mi piel ha adquirido un tacto leñoso.

El llanto  verde de los árboles quemados planea su tristeza por el cielo de esta Ciudad Escondida. Lluvia de cenizas. Huele a muerte forestal. El monte se queda huérfano de vida. La imprudencia e insensatez humana extermina la Naturaleza. Todo arde.

El Jardín Botánico de Valencia se convierte en mi guarida estival. Y allí,  junto a otros  árboles, plantas, flores, helechos y arbustos, comparto el luto por nuestra flora atrapada en los incendios cercanos. En silencio nos tragamos la impotencia, la rabia y desesperación. Abanico calina y calma como el viento acariciaba las copas y las ramas de los árboles poco antes de los incendios.

Deslizo la mano entre los nenúfares del estanque para sofocar el calor. Agua. Y a la mano le sigue mi pie. Agua. También refresco mi tronco de mujer-árbol. Agua.

                                                              Agua                                    

                                                          agua, agua

                                                     agua, agua, agua

                                              agua, agua, agua, agua, agua                                       

                                    agua, agua, agua, agua, agua, agua, agua,

                                                               agua

                                                               agua

                                                               agua

                                                               agua

La vergüenza se adueña de nuestra realidad inmediata y son muchos los que nos negamos a aceptar lo inaceptable. Las llamas devoran montes y bosques. Cincuenta mil hectáreas arrasadas. La versión oficial llena los titulares de preguntas sin respuestas. Descontrol. Incertidumbre. Bochorno. ¿Pirómanos especuladores?

La acción ciudadana inicia su peregrinaje.  Un voluntario, un árbol, movimiento social que germina  para la recuperación forestal tras los incendios ocurridos. Ingenieros agrónomos, titulados forestales, grupos ecologistas y gente anónima trazan un plan de actuación para repoblar y limpiar los montes quemados.  

El verano, como el fuego, se abre paso por las orillas del tiempo. El culto a los árboles se ha ido perdiendo en las sociedades modernas, pero sus símbolos persisten en el lenguaje, el folclore y la cultura recordándonos la estrecha relación entre el pensamiento humano y el mundo forestal.

VALENCIA, JARDIN BOTANICO, FRESCO,CLAUDIA, INCENDIO, FOTO, MONICA TORRES-2

Hace calor y esta mujer-árbol se dispone a buscar la fresca este julio sofocante por los barrios de la ciudad. Cultura gratis para refrescar cuerpo y alma. Todos los martes Cinema a la fresca en Velluters. Los jueves matutinos Cuentos a la fresca en la Biblioteca Pública de Valencia para todos los niños y niñas que llevamos dentro. Talleres y conciertos en Benimaclet entra, y paseos verde que te quiero verde por los Jardines de Monforte. El Comboi a la fresca entra en el Instituto Francés, y la música, el teatro y la poesía prosiguen en la Universitat de València.

Transformada en una mujer-árbol, con la resina que segrega mi cuerpo y con una osada adaptación de los versos de un Alberti siempre presente, escribo el siguiente epitafio arbóreo en este remanso de sombras y armonías del Jardín Botánico.
 
"Cándidos y erguidos,
con una clara vocación de cielo
y con un alto porvenir de estrellas,
quemadas las dulces piernas, las cabezas hundidas,
desparramados por la tierra y tristes,
todos deshechos en hojas,
en llanto verde todavía, en llanto". 

Sonido, cámara, re-acción.

Por: | 20 de junio de 2012

CINEMA JOVE, MAR MEDITERRANEO, VALENCIA, CRISIS, FOTO,MONICA TORRES.

Exterior -Valencia/ Mundo/ Planeta Rojo/ Noche

El helicóptero de RESCATE arroja luz sobre las arenas movedizas.

Plano general de la indecencia: Estafas, desahucios, delincuencia financiera, paro, intervenciones policiales. Chorizos y sinvergüenzas celebran su impunidad. El Tribunal Supremo trabaja los fines de semana en Marbella financiando sus excesos con el erario público. Sube la prima de riesgo, la deuda se dispara y el déficit público prende como la mecha de una traca. Senyor pirotècnic pot començar la mascletà!

Plano general de la existencia: Impotencia, desaliento, indignación. ¿Resignación o resistencia?

Interior-Ciudad escondida/ día

La claqueta tijereta da el pistoletazo de salida. La ficción se despliega y el celuloide atrapa el espacio y el tiempo en sucesivas secuencias. Y ahí estoy yo, una Claudia Pignataro con las manos en los bolsillos, plano americano, tratando de dar un sentido a este post después de un día de cráneo buscando trabajo en esta ciudad podrida. Jodida, pero contenta.

Como ser de ficción, aspiro a que algún escrit@r me contrate para encarnar a alguno de los personajes de su libro o guión. Pero está la cosa fatal, por más que recorro el asfalto dejando mi currículum allá donde voy, no consigo trabajo. Y me dan ganas de mandarlo todo al carajo. ¡À la merde!, una gran merde en la que me incluyo. De cabo a rabo.

En este safari laboral, entre parada y parada, para refrescar mi sed, me uno a las manifestaciones que se suceden diariamente en el corazón de esta ciudad vendida. Y entonces me reconforta saber que no estoy sola, que somos muchos los que querríamos mandarlo todo al carajo pero que nos damos cuenta que no tenemos nada que mandar. 

En una de esas manifestaciones, movida por mi indomable inclinación a la pérdida y búsqueda constante, me desvié por una callejuela de esas que invitan a ser vividas. Y sin saber cómo, me encontré caminando por la alfombra mediterránea del séptimo arte del Festival Internacional de Cine Cinema Jove. Un velero energético guiado por la brújula sabia del capitán Maluenda, y su entregado  equipo de tripulación, que ha desplegado este año sus velas con más esplendor que nunca.

La travesía transoceánica, gratuita e inabarcable, desde la que escribo este post, avanza por los mares cinéfilos viento en popa a toda vela. Para no marearme con tanto ajetreo visual y corporal, tomo una buena dosis de biodraminas que acompaño con varios martinis azules. Y entonces me entrego plena a ese excitante séptimo vicio, como con gran acierto lo bautizó el critico Javier Tolentino para su programa en RNE·3.

A estribor, la Sección Oficial de Largometrajes y Cortometrajes bucea por las tinieblas de nuestro tiempo con diez películas que escarban en las verdades ocultas del presente. A babor, las Secciones Paralelas, proyecciones que se alejan de los corsés establecidos. La popa y la proa se llenan de público, actores, cineastas y guionistas.  

Rodeada de entusiasmo, endorfinas y centenares de personas y estrellas que habitan en la constelación de este extraño vicio que calma la sed y enciende el apetito de la vida, me encuentro amarrada ahora. Son tantas las historias en las que me baño, que mi cuerpo ha empezado a adquirir forma de sirena. Entre chapuzón y chapuzón de cine, ¡Splash!, trato de seducir algún marinero errante. Pero mi voz no me acompaña en el canto, que no en la intención, y además, ¿dónde coño tienen el sexo las sirenas? Por más que busco entre las escamas plateadas de mi nuevo cuerpo, no encuentro la entrada de la gruta del deseo. 

Cinefileando y buceando por estas aguas infinitas que captura un objetivo, me regalé una merecida siesta festivalera.  Al despertar, me encontré varada en la orilla de una playa. Mis piernas habían recuperado su forma, y en el momento que fui a abrirlas para corroborar que todo seguía en orden, el zarpazo de una claqueta anunció: Sonido, cámara, re-acción. Me levanté de un sopetón y fui dejando mis huellas por la arena. Fundido a negro.

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Vértigo. Ser o no ser.  Atrapa a un ladrón.  El ojo del diablo. Testigo de cargo. La gran evasión. Matar a un ruiseñor. El gran dictador. Lo que el viento se llevó. No habrá paz para los malvados. Con la muerte en los talones. Las dos caras del Doctor Jekyll. Inside Job. Apocalipsis Now. 

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