
Esta de hoy es la historia de una foto. No una foto cualquiera. Un fotón, por lo grande y por lo significativa. Es la fotografía de una nueva generación del PSOE. La que buscará, fraguará y decidirá el discurso y la imagen que ese partido quiere ofrecer para la próxima década. Seguramente el próximo líder del PSOE no está entre los miembros de esta selección. Puede ser. O sí. Lo que no admite muchas dudas es que estos nueve dirigentes socialistas son más que representativos de una etapa distinta, un ciclo que debe cerrar lo conseguido hasta ahora sin desprenderse dramáticamente del pasado pero con un cambio tan profundo en sus filas y sus ideas como para encarar el reto de conectar de nuevo con el futuro. Una labor ingente.
El pasado viernes organizamos desde EL PAÍS una sesión gráfica con una nueva generación de dirigentes del PSOE, la que más que probablemente va a tener un papel determinante en el próximo Congreso del partido que se celebrará la primera semana de febrero en el hotel Reconquista de Sevilla. Todo estaba previsto y organizado hasta que apareció la lluvia. Habíamos consultado también las predicciones meteorológicas pero, al final, se mojó Madrid y empezaron los problemas, las llamadas, los nervios, los chubasqueros y los paraguas.
El plan A consistía en juntarnos todos en los jardines del Templo de Debod, en Madrid. A las 9.30 de la mañana, porque el redactor jefe de Fotografía, Ricardo Gutiérrez, determinó que era la hora apropiada para la mejor luz. A las 8.00 sonó la primera alarma sobre la inoportuna lluvia. Los fotógrafos, Bernardo Pérez y Claudio Álvarez, y el cámara, Luis Almodovar, que realizó luego el making of, empezaron a buscar una alternativa. Los redactores que produjeron la cita, Anabel Díez y Vera Gutiérrez, también. A las 8.45 encontramos una salida en el salón de un restaurante cercano. Avisamos a todo el mundo. Se desmontó la sala principal y se montó el espectáculo: pantallas, trípodes, equipos. Algún café. Faltaban algunos, porque una dirigente acababa de aterrizar en Barajas desde Sevilla. La espera se demoraba y la ministra se inquietaba con razón: la aguardaban en La Moncloa para el Consejo de Ministros.

El casting de los elegidos lo decidimos en EL PAÍS, sin consultarlo con ellos ni con la dirección actual del PSOE. Podían ser estos nueve u otros. Tenían que estar en la generación de entre 35 a 45 años. Y ostentar o haber ostentado poder, pero no ser exactamente un número uno. Había de todo. O eso creíamos.
Quisimos contar con un miembro del actual Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero por un factor de conexión y experiencia con el poder actual y escogimos a Leire Pajín: diputada número uno por Alicante, exsecretaria de Organización del PSOE, ministra de Sanidad y con 35 años. También pensamos en un integrante del actual Grupo Parlamentario y miramos a Eduardo Madina, 35 años, diputado número uno por Bizkaia, secretario general del grupo parlamentario. Para representar el poder local nos fuimos a por el alcalde de Toledo, Emiliano García Page, de 43 años, y uno de los pocos regidores que aún conserva el PSOE en capitales de provincia. Para la representación autonómica tiramos de Óscar López, presidente y candidato en Castilla y León y hombre clave del aparato en Ferraz. Andalucía tiene un poder especial y el nombre de Susana Díaz, su responsable de organización, cayó como una evidencia.
El PSOE es un partido bastante federal en el sentido orgánico. Es decir, sus federaciones son muy poderosas y autónomas. Algunas demasiado, a sentir de algunos. Pensamos y recapitulamos: Pilar Alegría, valor en alza en Aragón y en Ferraz; Laura Seara, igual en Galicia; Juan Moscoso, en Navarra y el Congreso; y Cesar Luena, por las históricas juventudes socialistas. Solo nos falló un político madrileño que exigía posar en solitario. Pasamos. Al final, tras más de una hora, tuvimos que renunciar a la foto en la calle o en el parque. No había tiempo para más. Bastante nos habíamos pasado.
En los corrillos se hablaba de cualquier cosa para matar el tiempo. Que si tú muévete más a la izquierda porque se te ve el plumero. Tú un paso adelante y con las piernas más abiertas o más cerradas, o entornadas. Ya se sabe, los caprichos de los fotógrafos, que son ahí los que mandan. Todos se portaron y les estamos agradecidos. "¿Por qué no sonríes más Eduardo?", "Porque soy sobrio". Dos de las mujeres quisieron quitarse la chaqueta. No las dejaron, ni de broma, en todo caso desbrochadas. Otros se ajustaron el cinturón y la camisa. Ellos con gafas de pasta. La ministra miraba agobiada hacia el reloj de su jefa de prensa. Pilar Alegría no se inmutaba por nada. No se permite una concesión, no hace honor a su apellido y no le molesta, le agrada. Todos querían estar en la foto, por si acaso. ¿Por qué no?
Ya a la salida, sin los demás delante, le preguntamos a uno de los "Nueve retratos para el futuro del PSOE" sobre cuál de todos ellos era el mejor, el que más posibilidades tenía de acceder en febrero al gran cargo. Y contestó sin dudar con el nombre de pila del candidato tapado. No es ni Alfredo Pérez Rubalcaba ni Carme Chacón. Es una persona joven, preparada, con buena imagen y gran capacidad de comunicación, "que ha leído dos libros y algo se le ha quedado", que sabe que puede, que está recibiendo una enorme presión, y que no se atreve. No quiere. Ahora, por lealtad, no quiere.
