Eros

Sexo en el sofá

Por: | 16 de abril de 2014

"Adiós sofá", le dije a mi sofá antes de verlo salir por la puerta, empujado por tres estudiantes italianos. Para muchos, se trata de un mueble que sirve para ver la televisión o para echar la siesta. Pero yo no hice ni una sola siesta en ese sofá (a pesar del tiempo que llevo en España, no domino el arte de la siesta). Tampoco veía la TV en el sofá, porque no tengo televisor. Para mí, mi sofá era un mueble para estirarme después de un día largo, o para leer. Pero más importante, era mi lugar favorito para tener sexo.

Venus O'Hara por Lars Koudal
Venus O'Hara por Lars Koudal.

Hay muchos motivos para hacerlo en el sofá: el principal es que ofrece comodidad y mucho más variedad que una cama. Por ejemplo, al ser más bajo y más estrecho que una cama estándar, en la posición del misionero, la mujer puede situar un pie en suelo y tener mucho más control... Además, la espalda del sofá da mucha estabilidad a la hora de hacerlo a cuatro patas, a pie, o con la mujer encima (si tenéis sugerencias de más posturas en el sofá, serán bienvenidas en los comentarios).

Sexo en el sofá no solo es una alternativa a la cama; muchas veces es preferible. En los años que mi querido sofá y yo llevábamos juntos, vio bastante más vida que mi cama. Además, diría que he vivido unos de los momentos más emocionantes de los últimos años, en ese sofá. Uno que destaca es la primera vez que estuve con una mujer, que fue una experiencia inolvidable, que acabamos luego en la habitación.

Pero esto no es lo habitual, porque considero que la cama es un lugar mucho más íntimo, y para mí, es un lugar para dormir, y sola. Querer tener sexo con alguien no es sinónimo de querer pasar la noche juntos. Además, en mi caso suelo dormir fatal (no aguanto los ronquidos) y no soy nada productiva el día siguiente.

En cambio, en el sofá, se mantiene una distancia emocional y por lo general, después de sexo, uno no se apalanca tanto como en una cama; entonces, es mucho más fácil echar a alguien después. Por ejemplo, un bostezo o simplemente decir "tengo sueño" desde un sofá significa "ya es el momento de irse", mientras que desde una cama se puede interpretar como "apagamos la luz y dormimos". Es más, así no ensucio mis sábanas. Y para proteger el sofá de sudor, manchas, o ADN en general, pongo una tela, que es mucho más fácil de limpiar que tener que cambiar las sábanas cada dos por tres.

Después de una velada de sexo en el sofá, vuelvo a mi cama limpia para dormir sola y siempre me despierto relajada y feliz el día siguiente, acordándome de los acontecimientos de la noche anterior y esto me deja con ganas de más, en lugar de agobiarme.

Venus O'Hara

Venus O'Hara

Después de tantos momentos bonitos en mi sofá, sabía que era momento para un cambio. La noche antes de regalarlo a los estudiantes italianos, decidí que necesitaba el último sofargasmo para despedirme de él, como se debe. Cuando sentí el orgasmo, me cogió por sorpresa total ya que parecía interminable: era como si estuviera consumida por la energía de los recuerdos del sofá... como si hubiera un espasmo por cada orgasmo que había experimentado ahí. Me pregunto si sus nuevos dueños van a sentir esa energía...

Ahora me toca bendecir mi nuevo sofá, y me emociono al imaginar cómo, cuándo y con quién será.

Y a ti, ¿te gusta hacerlo en el sofá?

En celo

Por: | 13 de abril de 2014

Por un efecto de la debilidad de mis jóvenes órganos, me entregué, sobre el tapiz encerado, a la más imperiosa necesidad que afecta a las jóvenes gatas. Honoré de Balzac (Penas de amor de una gata inglesa)

 

¿Alguna vez te has comprado unos zapatos incomodísimos pero muy sexies o unas bragas de encaje de las que pican y no vas a usar jamás? Yo, sí. Como hito de consumo estúpido tengo en mi haber unos zapatos que me debo de haber puesto tres veces en cinco años y que nunca entendí por qué compré: eran caros, tienen tacones altísimos de esos que hacen que el pie esté en una pronunciada pendiente realmente dolorosa, punta que ajusta todos los deditos y, eso sí, hacen unas piernas de apariencia sexy.

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          Fotografía de Irene Díaz.

Ahora empiezo a entenderlo, mientras leo el libro Química entre nosotros. Amor, sexo y la ciencia de la atracción de Larry Young y Brian Alexander. Sabemos que, "a menudo, el sexo es un móvil oculto de la forma en que gastamos dinero y de la ropa que nos ponemos –por no mencionar su relación con el tipo de conductas que exhibimos", como nos dicen Young, experto en neurociencia del comportamiento social y profesor de psiquiatría, y Alexander, periodista científico.

Pero, y esto sí que arroja luz nueva sobre nuestro consumo inútil: "durante la ovulación, las mujeres aprecian más la pornografía que en otros momentos del mes. Adquieren un sesgo favorable hacia los hombres de una belleza tosca, en vez de hacia los 'buenos tipos' de aspecto agradable. Tienden a evitar a sus padres, consumen menos calorías, y gastan menos dinero en comida que en ropa y en zapatos sexys. Además, las mujeres fantasean más a menudo con hacer el amor con un hombre que no sea su pareja actual", según los divulgadores.

Alguna vez comentábamos aquí que, en esos días húmedos, si uno sabe escuchar a su cuerpo, se dará cuenta de que tiene ganas de sexo con el 70 por ciento de los hombres que se cruza por la calle. Hoy nos enteramos que, impulsadas por los salvajes estrógenos, también nos compramos zapatos incómodos.

Y aunque dudemos de la conveniencia de aplicar a los seres humanos expresión tan basta como "estar en celo" (polémica y políticamente incorrecta por todo lo que hemos asumido sobre la conducta cultural aprendida), no podemos negar que buena parte de lo que pasa en nuestros cuerpos, almas y comportamientos sigue regida por nuestros instintos sin domesticar o, lo que es lo mismo, el modo en que nuestras hormonas trazan el mapa de la química cerebral.

 

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Triángulo roto

Por: | 12 de abril de 2014

Por Eladio Valdenebro(*)

 

Nada hay tan deshonesto que no pueda contarse con palabras honestas. Bocaccio.

Cuando leí esta frase del ingenuo pornógrafo italiano del siglo 14 - la tomé como un reto. Recordé una experiencia que al fin no concluyó como yo pretendía, la enriquecí con alguna ficción, y escribí esto que sigue, con palabras decentes.

Nochevieja. Concluye el baile a-tres, los tres se separan. El vaho de cannabis se mezcla con olor de whisky regado. Exhausta, desnuda, Odile se deja caer en el centro de la alfombra roja, entre ropas de hombres, entre sus propias ropas. Al borde de la cama matrimonial y en paños menores, Paco se echa para atrás, las piernas dobladas al suelo. No entiende, está su mente turbada, está desconcertado. Pepe, a su vez, sonríe, ahora con un colmado brandy en la mano. Hundido en su sillón se complace con la turbación de su amigo del alma. No le importa lo que piense su amada, casi siempre tan dócil a sus fantasías, aunque siempre reacia a cierta alternativa que a él con frecuencia lo obsesiona.

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Getty.

 

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El orgasmo de mi vida

Por: | 10 de abril de 2014

Antes de sentarme a escribir este tema, cierro los ojos y pienso en cuál ha sido 'el orgasmo de mi vida', aquel en el que exploté como nunca, en el que sentí cómo salía de mi cuerpo, ese momento en el que mi mente explosionó y se llenó de color. Ese instante en el que mi pareja era lo único que me ataba a este mundo, porque era más libre que nunca. 

Si pienso en los mejores orgasmos que he tenido nunca (y es difícil elegir…), lo que me viene a la mente, quizá, más que el éxtasis en cuestión es el motivo por el que ese momento fue tan especial. Quizá por una circunstancia en concreto, o por la persona con quien lo compartí, fuera lo que fuera, todo encajó de manera que los problemas y los agobios de mi mente desaparecieron. Todo fluyó como nunca.

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Silvia C. Carpallo por J. Retana

Preguntando a mis amigas cuál fue 'el orgasmo de sus vidas', ocurre un poco lo mismo. Cada una lo identifica con una cuestión subyacente en concreto, más que con el arte de la amatoria en sí. Más que nombrar un juego, o una postura, recuerdan una reconciliación, una ruptura, una primera vez… Aunque no solemos coincidir. Todas tenemos cosas en común, pero somos muy diferentes, también en la manera en la que vivimos el sexo.

Sin embargo, cuando leo muchos de los libros más vendidos en ficción erótica me encuentro una y otra vez con los mismos personajes. Con la misma forma de practicar y de sentir el sexo. Chicas perdidas, y sexualmente no del todo expertas, que buscan seguridad y un amor de película en hombres fuertes, poderosos, y dominantes en todos los sentidos. De hecho, suelen ser ellos los que les enseñan cómo disfrutar de su sexualidad.

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Pedacitos de amor que son amor (y nuevas tecnologías)

Por: | 07 de abril de 2014

"No me compensa". Escuché la frase referida a un vínculo de amistad cuando llegué a España, y me sorprendió muchísimo. No había imaginado que un verbo para mí tan mercantil pudiera aplicarse a las relaciones humanas, mucho menos al amor. Pero así era: aquí y ahora se conjugan en estos términos el compañerismo o la pareja. Tienen que "compensar" o, lo que es lo mismo, hacer un buen balance entre la columna del 'debe' y el 'haber'

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Fotografía de Irene Díaz

De la relación coste-beneficio llevada al territorio afectivo en estos tiempos "líquidos", sin certezas ni compromisos sólidos, habla el filósofo Zigmunt Bauman en 'Amor líquido. Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos' .

El hombre que acuñó la idea de 'lo líquido' para adjetivar esta época sin brújula escribe: "la moderna razón líquida ve opresión en los compromisos duraderos; los vínculos durables despiertan su sospecha de una dependencia paralizante".

En esta postal, la racionalidad consumista es el marco perfecto o la consecuencia natural (el huevo y la gallina) de la tecnología como centro de la escena. El ligoteo digital que no pasa a la vida real o como preámbulo a una cita única y breve en el mundo de carne y hueso se han popularizado.

El sexo ya no está atado a un modelo de vida productivo (y por lo tanto, tampoco regido por una estricta moral) y se ha vuelto más inseguro (aunque uses tres preservativos superpuestos), porque no hablamos de ninguna enfermedad... Es inseguro emocionalmente por "el espectro de la incertidumbre que todo episodio sexual entraña". En efecto, el sexo puede traer consecuencias afectivas y vitales que no estamos dispuestos a asumir. En síntesis, el sexo puede amenazar la liquidez reinante.

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Fotografía de Irene Díaz.

La tecnología y la vida digital que se hace en (y por) internet conllevan la fragmentariedad y la aceleración de los vínculos. ¿Para qué quedarse en un solo lugar o con una sola persona si las opciones son infinitas? 

"Estar conectado es más económico que estar relacionado", escribe Zygmunt Bauman. "Pero también bastante menos provechoso en la construcción de vínculos y su conservación", matiza.

La red sustituye al parentesco. Nos "conectamos" sin parar con los demás, pero con lazos lo suficientemente sueltos como para desatarlos en cuanto tengamos ganas de salirnos. Abandonamos la red, o nos desconectamos, o pulsamos el botón 'suprimir' sin puniciones y para volver a tener la libertad de continuar relacionándonos o, mejor dicho, conectándonos con otros.

No estamos demonizando las redes: ya estamos en ellas y forman parte de nuestras prácticas cotidianas. Sin embargo, va siendo hora de ir entendiendo el recorrido que trazamos.
Somos nodos y seguimos queriendo querer. Fragmentarios y románticos.

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Sobre el blog

Ni enciclopedia ni consultorio sexual al uso. He aquí un rincón erótico festivo dedicado a las relaciones y la atracción entre seres humanos, esa faceta que nos hace la vida más placentera, tierna, amorosa, plena… Un blog coral, con cinco autoras de todo origen y condición, que apuesta por el juego, la provocación, lo sensual y el sexo como acto libre, adulto, compartido, real o ficticio, siempre divertido... Eso sí, si tu mirada no es amplia y tolerante, mejor no te detengas aquí. Coordina Analía Iglesias. No sólo se admiten firmas invitadas, sino que son deseadas.

Sobre las autoras

Anne Cé. Nació en el sur austral (Argentina), en un tiempo beatle y en un país con altísima densidad de psicoanalistas y jugadores de fútbol. Periodista, quizá incluso a su pesar, narra lo que se le ponga delante. Y narra, y narra. Un día descubrió que el simple roce de una clavícula le erizaba la piel y entonces comprendió por qué le gusta tanto abrazar a un hombre.

Esther Porta. Segoviana, fue becaria en el mítico Tentaciones y allí hizo de todo hasta que sus conocimientos de sexo la convirtieron en Beatriz Sanz. Y gracias a ella, publicó artículos semanales de sexo, dos libros y fue reclutada como sexperta guionista del programa de Canal +: 'Sex Pópuli'. Cuando casi se le había olvidado (lo de escribir de sexo...) se mete a bloguera. Y aquí está, con tantas ganas de sexo (del uno y del otro) como siempre...

Venus O'Hara, de Reino Unido, con raíces irlandesas. Modelo fetish, actriz y escritora. Licenciada en Ciencias Políticas y Francés, reside en Barcelona, ha sido columnista sexual en varias revistas, tiene su propio blog de fetichismo y es creadora de 'No sabes con quien duermes', un confesionario para personas que llevan una doble vida. Publicó su primer libro junto a Erika Lust, 'Deséame como si me odiaras', en 2010.

Tatiana Escobar, de Venezuela (1976), ha escrito ensayos y poesía en español. Traductora y editora, en 2004 abrió en Madrid junto a sus socios la primera boutique erótica de España, La Juguetería Erotic Toys, para no tener que vivir de la literatura. Desde entonces vive del sexo. Y escribe, a veces, para sus amigos.

. Madrileña. Soñó con escribir y pronto descubrió una vía: el periodismo. Pero como tampoco valía narrar sobre cualquier cosa, eligió suerte y remató la faena con un posgrado en Sexología. Ha trabajado en suplementos de salud y medios especializados. Con la práctica ha acabado por darle un toque más sensual a sus letras. Y con ellas sueña en escribir, ahora, un libro.

Ilustracion
Venus O'Hara, Anne Cé y Silvia C. Carpallo, según 'Mi Petit Madrid'.

Nuevo libro

El orgasmo de mi vida. Si ya no sueñas con príncipes azules, locos por pedirte en matrimonio, ni esperas que aparezca un millonario atormentado pero diestro en amores, con una Visa en una mano y un látigo en la otra, este libro es para ti. Porque El orgasmo de mi vida habla de eso, de mujeres realistas, lúcidas, independientes y eróticamente vivas, capaces de combinar esa cotidianidad que todas conocemos, con sus pasiones más salvajes. Ellas son las protagonistas de los relatos, sin guionistas que les digan lo que tienen que hacer, pero sobre todo, son las compositoras, directoras e intérpretes de los orgasmos más armoniosos de sus vidas.

Lux eróticaLux erótica. "Escribir sobre sexo era la propuesta y me sentí estimulada. Después de tantos años como periodista cultural y con mucha vida hecha en torno a la información y a la actualidad, tenía ganas de ponerle carne a la crónica. Porque nuestra más genuina actualidad como personas pasa por el relato del erotismo. Porque de atracción y de relaciones hablamos todo el tiempo en este tiempo occidental con ciertas libertades individuales garantizadas y rebosante de espíritu lúdico pero también algo desafectado y con nuevos descompromisos adquiridos...". Anne Cé.

Inglés para pervertidosInglés para pervertidos."Se dice que la mejor manera de aprender un idioma es a través del sexo con un extranjero. Pero ¿qué haces si estás en la cama y no sabes qué decirle? Con Inglés para pervertidos puedes aprender todas las palabras y expresiones que siempre has deseado saber, desde lo más elemental al sexo más salvaje. El libro cuenta con ocho capítulos centrados en las partes del cuerpo, la cama, el LGBT, las compras sexis, el lado oscuro, el porno, el chat y la salud sexual. Cada capítulo contiene vocabulario, gramática y unos ejercicios muy originales que no encontrarás en ningún otro libro. Aprende todo lo que tu "English teacher" no se atrevería a enseñarte nunca. Y... si te cansas de estudiar, el libro incluye un montón de fotos mias para distraerte". Venus O'Hara.

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