Autor invitado: Iñaki Lajud (*)
Tal vez por (de)formación profesional, me cuesta pensar en una actividad mental que nos distraiga de nuestra rutina diaria tan bien como las fantasías. Buenas, bonitas, baratas, podríamos decir. Nos amenizan situaciones aburridas, compensan nuestras inseguridades, potencian la excitación sexual -especialmente recomendable antes de un orgasmo-, y además, son privadas e indetectables.
'Dos marineros besándose', autor anónimo, entre 1941-45. Formó parte de la exposición Love and War, de la Art Gallery del Instituto Kinsey.
Ya se ha hablado en este blog acerca de las fantasías sexuales, pero siendo de los pocos hombres con la valentía suficiente de escribir en él, hago acopio de ella para enfrentarme no sólo al mundo de la sexualidad masculina, y no sólo al mundo de las fantasías masculinas, sino a un tema tan tabú que es prácticamente desconocido: hombres que fantasean con hombres.
Muchos de nosotros nos guardamos de hablar de nuestra vida sexual a no ser que vaya acorde a lo estipulado socialmente: hombre conquista mujer, la penetra, aguanta sin eyacular, aguanta sin eyacular, aguanta sin eyacular, ella llega a un orgasmo, y si somos buenos en lo que hacemos conseguiremos que llegue a dos o más. Es la imagen que nos gusta dar a nuestros congéneres, aunque en general preferimos ahorrarnos los detalles.

