Autor invitado: Ernesto Toro-Lira Stahl (*)
¿Qué impresión se llevaría un marciano de nosotros, los humanos, si viniera a observarnos? Es verdad que algo ya nos ha adelantado Eduardo Mendoza en su famoso best seller Sin Noticias de Gurb. Pero la pregunta me surgió hace unos días al caer en mis manos un informe muy peculiar escrito por un visitante del espacio exterior, que me arriesgaré a compartir aquí con vosotros (no puedo revelar mis fuentes por razones de seguridad nacional). Su misión, al parecer y por lo que refleja este documento, era hacer una comparativa entre las especies que habitan el planeta. Qué tienen en común y en qué se diferencian; por ejemplo, para ser más claro, estudiar atentamente las llamadas necesidades “homeostáticas” (aquellas que mantienen el equilibro y la supervivencia).
En un primer párrafo el enviado observa que todas las formas de vida están obligadas a ingerir alimentos (comer), saciar la sed (beber), reposar o recuperar energía (dormir) y reproducirse para sobrevivir (SEXO). Sin embargo, al toparse con la especie más evolucionada (nosotros), a los que nos describe como seres que caminan sobre dos de sus cuatro extremidades y que no puede confirmar que constituyan una misma especie (porque entre sí tiene más diferencias que similitudes), dice encontrarse con un fenómeno digno de analizar aparte: tres de dichas necesidades se satisfacen de forma parecida al resto de las especies (copas más, copas menos) pero la función denominada sexo supone un abismo con el resto de las especies que pueblan el planeta, se diría que allí reside la gran diferencia y no en otro órgano denominado cerebro.
Aparecen muchas anotaciones al margen, transcribo lo más llamativo:
“¡Cuantas ideas asociadas a la función sexual tiene esta especie! ¡Qué diversidad de conceptos asociados y muchos de ellos contradictorios entre sí!”.

