“Para Paul (Bowles) el sexo supone un esfuerzo que el hombre realiza vanamente. Tolstoi opinaba lo mismo. Deberíamos practicarlo tan solo para procrear”. Esto revela Mohamed Chukri en un libro de reciente aparición en español: Paul Bowles, el recluso de Tánger (Cabaret Voltaire).
“Pero Bowles llega al punto –continúa Chukri– de negar incluso el instinto de reproducción. Le basta al hombre con masturbarse para liberarse –por lo aberrante– de su existencia absurda”. Chukri fue uno de los discípulos literarios que el escritor norteamericano Paul Bowles tuvo durante su larga estancia en Tánger, Marruecos, donde vivió desde los años cuarenta hasta su muerte, en 1999.
Paul y Jane Bowles, vía revista de Mapas Imaginarios.
“Las veces que le preguntaron a Paul Bowles por los motivos de su matrimonio con Jane, él contestaba: ‘Para librarnos, yo de las mujeres y ella de los hombres’. Sin embargo, él niega haber dicho una cosa parecida y se lo atribuye a las malas lenguas”, arranca Chukri.
El mundo de las relaciones según Adam Martinakis: 'The nature of the golden age'.
El asunto de la asexualidad, hiposexualidad o baja intensidad del deseo está presente en buena parte de las páginas del libro del que hoy hablamos, dejándonos a los lectores de Bowles con cientos de interrogantes abiertos sobre la inmensa distancia que puede existir entre un erotismo de ficción como para derretir piedras y la vida real del que lo narra. Y, entonces, nos preguntamos, además: ¿es cierto que existen seres asexuados? Porque no es lo mismo el celibato o la abstinencia autoimpuesta que la ausencia de deseo.

