La tentación puede ser algo verdaderamente emocionante que consiga abstraernos de lo cotidiano, haciéndonos sentir vivos e invencibles. Rendirnos a nuestros deseos más prohibidos es cuestión de instantes, pero sólo después de haber "caído", las consecuencias se dan a conocer. Puede afectarnos a nosotros y a todo aquel que nos rodea. Las repercusiones adoptan formas impredecibles que pueden escapar totalmente a nuestro control.
Venus O'Hara por Yuky
Juan, 37, se casó hace diez años. Conoció a su mujer en la universidad y tienen un hijo de tres. Hace tres meses, ella le pidió el divorcio porque se había enamorado de un compañero de trabajo. Han puesto su casa en venta en el peor momento, dada la actual situación económica. No podía haber sido más inoportuno, dice. Mientras esperan vender su piso, continúan viviendo juntos pero en habitaciones separadas. En mi serie de Confesiones (ya publicamos las de un infiel y una voyeur) traigo hoy aquí la suya. Esto es lo que me contó.
Pregunta. ¿Por qué fracasó tu matrimonio?
Supongo que como muchas parejas, perdimos la chispa y caímos en la rutina: supermercado los sábados y comidas familiares los domingos... Nos hicimos mayores antes de tiempo. En cuanto al sexo, yo tenía más pajas que polvos. También los dos terminábamos los días agotados después del trabajo, además de los compromisos familiares, claro. Nuestra cama era solo para dormir. Al final mi ex-mujer sólo se emocionaba cuando hablaba del trabajo. Primero me alegré mucho por ella porque disfrutaba tanto de su profesión, pero luego me enteré que no solo le gustaba, sino que se había enamorado de un colega.

