En una sociedad como la nuestra donde el sentido del pudor está en franca vía de extinción, es curioso que muchas personas lo pasen mal en el momento de desnudarse y, minutos más tarde, puedan estar practicando cómodamente cualquier práctica sexual más o menos pintoresca.
Todas las fotografías de Lucca Donnini, un maestro en narrar historias de 'carne' y cuerpos.
La inseguridad sobre nuestro propio cuerpo y una sensación de pudor o vergüenza explican a menudo este comportamiento, alimentado constantemente por el machacón canon de belleza que la publicidad, la moda, el culto al deporte o las costumbres estéticas de nuestro tiempo nos meten a diario entre las cejas.
Y sin embargo, una observación atenta de la realidad y de los bares de copas nos indica que nadie triunfa más que las gorditas ricas –la versión urbana de las Venus de Boticelli- o que el chico un-poco-feo-pero-muy-salado, mientras los hembrones 90-60-90 y los modelos metrosexuales son adorados desde la sana distancia que les imponen todos los sensatos con miedo al rechazo.

