Autor invitado: JoanG (Barcelona)
Vean con atención este vídeo. "Ganando la batalla a la masturbación", se titula. Los Testigos de Jehová hablan aquí, en lenguaje de signos, de sus muchos peligros. Los internautas le han puesto música.
Aquellos que creíamos que los caminos de Internet eran inescrutables estábamos equivocados. Igual que yo, seguramente lo creía hasta ahora la Congregación Cristiana de los Testigos de Jehová que se dedica a estudiar la Biblia y a expandir sus enseñanzas; tienen página completa, sería y cumplidita con su religión (pues la difusión y evangelización es su razón de ser, para eso nacieron allá por el siglo XIX; Wikipedia los define como una confesión de casi ocho millones de miembros y su página oficial cuenta bien sus orígenes como Sociedad Watchtower). Yo simpatizo con ellos pues son antiviolencia y muy trabajadores (han pasado por cada casa de este mundo ¿o no?) y creen en algo que yo dudo pero deseo: que la Tierra existirá y será poblada eternamente. Ya ven. En su web (JW.org de Jehovah's Witnesses), decía, se puede encontrar todo lo necesario para hacer más llevadera nuestra dura vida cotidiana y terrenal, hasta tienen una sección titulada "Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras...". Vean su sección española también muy útil.
¿Por qué están aquí? Porque los Testigos de Jehová han puesto en marcha una iniciativa admirable: explicar a deficientes auditivos en lenguaje de signos los contenidos de la Biblia mediante dramatizaciones y vídeos (ellos lo traducen como "lenguaje de señas"). Muy positivo. Pero se les ha ido la mano, nunca mejor dicho. No contaban con que, claro, algunos internautas son expertos detectores de metales, han seguido el camino y han descubierto un filón llamativo entre esa gran variedad de grabaciones que usan para explicarse y explicar su visión de la existencia fervorosa (respetable como todas, incluídas las nada religiosas como la mía).
Ahí está (hasta ahora) en la sección Manténganse en el amor de Dios una de las dramatizaciones, la número 22, que se detiene a explicar a seis manos los muchos peligros de tal acto corporal autocomplaciente, prohibido a todos los jóvenes por definición, el mayor de ellos: que nos aleja, parece, definitivamente de Dios. Y tal cosa es mortal de necesidad.

