Sobre el blog

Ni enciclopedia ni consultorio sexual al uso. He aquí un rincón erótico festivo dedicado a las relaciones y la atracción entre seres humanos, esa faceta que nos hace la vida más placentera, tierna, amorosa, plena… Un blog coral, con cinco autoras de todo origen y condición, que apuesta por el juego, la provocación, lo sensual y el sexo como acto libre, adulto, compartido, real o ficticio, siempre divertido... Eso sí, si tu mirada no es amplia y tolerante, mejor no te detengas aquí. Coordina Analía Iglesias. No sólo se admiten firmas invitadas, sino que son deseadas.

Sobre las autoras

Anne Cé. Nació en el sur austral (Argentina), en un tiempo beatle y en un país con altísima densidad de psicoanalistas y jugadores de fútbol. Periodista, quizá incluso a su pesar, narra lo que se le ponga delante. Y narra, y narra. Un día descubrió que el simple roce de una clavícula le erizaba la piel y entonces comprendió por qué le gusta tanto abrazar a un hombre.

Esther Porta. Segoviana, fue becaria en el mítico Tentaciones y allí hizo de todo hasta que sus conocimientos de sexo la convirtieron en Beatriz Sanz. Y gracias a ella, publicó artículos semanales de sexo, dos libros y fue reclutada como sexperta guionista del programa de Canal +: 'Sex Pópuli'. Cuando casi se le había olvidado (lo de escribir de sexo...) se mete a bloguera. Y aquí está, con tantas ganas de sexo (del uno y del otro) como siempre...

Venus O'Hara, de Reino Unido, con raíces irlandesas. Modelo fetish, actriz y escritora. Licenciada en Ciencias Políticas y Francés, reside en Barcelona, ha sido columnista sexual en varias revistas, tiene su propio blog de fetichismo y es creadora de 'No sabes con quien duermes', un confesionario para personas que llevan una doble vida. Publicó su primer libro junto a Erika Lust, 'Deséame como si me odiaras', en 2010.

Tatiana Escobar, de Venezuela (1976), ha escrito ensayos y poesía en español. Traductora y editora, en 2004 abrió en Madrid junto a sus socios la primera boutique erótica de España, La Juguetería Erotic Toys, para no tener que vivir de la literatura. Desde entonces vive del sexo. Y escribe, a veces, para sus amigos.

. Madrileña. Soñó con escribir y pronto descubrió una vía: el periodismo. Pero como tampoco valía narrar sobre cualquier cosa, eligió suerte y remató la faena con un posgrado en Sexología. Ha trabajado en suplementos de salud y medios especializados. Con la práctica ha acabado por darle un toque más sensual a sus letras. Y con ellas sueña en escribir, ahora, un libro.

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Venus O'Hara, Anne Cé y Silvia C. Carpallo, según 'Mi Petit Madrid'.

Nuevo libro

El orgasmo de mi vida. Si ya no sueñas con príncipes azules, locos por pedirte en matrimonio, ni esperas que aparezca un millonario atormentado pero diestro en amores, con una Visa en una mano y un látigo en la otra, este libro es para ti. Porque El orgasmo de mi vida habla de eso, de mujeres realistas, lúcidas, independientes y eróticamente vivas, capaces de combinar esa cotidianidad que todas conocemos, con sus pasiones más salvajes. Ellas son las protagonistas de los relatos, sin guionistas que les digan lo que tienen que hacer, pero sobre todo, son las compositoras, directoras e intérpretes de los orgasmos más armoniosos de sus vidas.

Lux eróticaLux erótica. "Escribir sobre sexo era la propuesta y me sentí estimulada. Después de tantos años como periodista cultural y con mucha vida hecha en torno a la información y a la actualidad, tenía ganas de ponerle carne a la crónica. Porque nuestra más genuina actualidad como personas pasa por el relato del erotismo. Porque de atracción y de relaciones hablamos todo el tiempo en este tiempo occidental con ciertas libertades individuales garantizadas y rebosante de espíritu lúdico pero también algo desafectado y con nuevos descompromisos adquiridos...". Anne Cé.

Inglés para pervertidosInglés para pervertidos."Se dice que la mejor manera de aprender un idioma es a través del sexo con un extranjero. Pero ¿qué haces si estás en la cama y no sabes qué decirle? Con Inglés para pervertidos puedes aprender todas las palabras y expresiones que siempre has deseado saber, desde lo más elemental al sexo más salvaje. El libro cuenta con ocho capítulos centrados en las partes del cuerpo, la cama, el LGBT, las compras sexis, el lado oscuro, el porno, el chat y la salud sexual. Cada capítulo contiene vocabulario, gramática y unos ejercicios muy originales que no encontrarás en ningún otro libro. Aprende todo lo que tu "English teacher" no se atrevería a enseñarte nunca. Y... si te cansas de estudiar, el libro incluye un montón de fotos mias para distraerte". Venus O'Hara.

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Eros

Adorables charlatanes: ¡si hasta ellos se lo creen!

Por: | 24 de abril de 2014

¿Qué es lo más ambicioso que te han propuesto antes de hacer el amor contigo?  Es una pregunta que entenderán bien las chicas hetero, porque creo que el mundo gay no se rige por la misma (aparente) necesidad del argumentario previo (¿o también hay speech falaz y fugaz?).  Podríamos hacer un ránking de los mejores ‘versos’ (como le decimos en Argentina) de seducción.

Seguro que en este mismo momento te acuerdas de alguna charleta masculina muy currada para ligar con buenas artes y allanar el camino hacia la cama. ¿A que hay alguna promesa ingeniosa que te sigue haciendo sonreír, por lo trabajada, cada vez que la evocas?

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       Dibujo a domicilio.

Hay algo que agudiza el ingenio de los hombres en ese momento (una treta evolutiva para resultar elegidos, quizá) y que a nosotras nos invita a jugar a que les creemos por ese ratito, siempre que compartamos las ganas de que su misión sea exitosa, claro. Y es posible que, mientras dura su cortejo, ellos también se estén creyendo un poco lo que dicen…

"Como lo sabe la mayoría de las mujeres, una vez que el varón eyacula, deja de trabajar por el sexo, lo que explica el rápido vuelco desde  ‘te voy a llevar a París por tu cumpleaños’, en plena estimulación erótica previa hasta ‘no podemos permitírnoslo, de ninguna manera’, después de la eyaculación.  Lo que incita a ponerse la ropa de Armani, a embadurnarse de fijador, a tirar de cartera, es el deseo sexual. Se trata de una conducta apetitiva y obtenemos una recompensa cerebral cuando la llevamos a cabo", escriben los investigadores Larry Young y Brian Alexander en Química entre nosotros. Amor, sexo y la ciencia de la atracción.

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Dibujo a domicilio.

En este juego no solo entra al terreno nuestra experiencia social y de relaciones, sino un proceso hormonal inconsciente, que tiene lugar en el cerebro, según estos divulgadores. En realidad, hay quien le llama amor a la oxitocina, aunque esta no es la única hormona que desencadena la dilatación del cuello del útero para el parto, la dedicación de una madre con su bebé o las ganas de acariciar al otro, cuando sentimos amor romántico*. La dopamina también es necesaria, tanto como los opioides, que activan el sistema de recompensa. "El sexo nos administra una inyección de opioides en el cerebro, ese pico es lo que provoca que el sexo sea tan placentero", leemos.

Tan placentero y tan buscado, al punto de hacer a los chicos trabajar costosas sintaxis para piropearnos y proponer conceptos marcianos como bajarnos la luna, mientras coquetean con sus crestas bien peinadas y firmes de gomina hacia el cielo y te pagan la cerveza (esto último, en plan adaptativo de cortejo terrenal).

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Erotismo para el Día del Libro

Por: | 22 de abril de 2014

No hay nada como un libro erótico para despertar la imaginación y alimentar las fantasías. Además, es el acompañante perfecto para las vacaciones o en un viaje de avión o de tren. Hace años solía leer en el metro cuando iba al trabajo, en lugar de perder el tiempo mirando al espacio o al móvil, y leía un libro cada quincena.

Confieso que hubo algunos libros que, según el título o la imagen de portada, me daba cosa leerlos delante de todo el mundo, por su alto contenido erótico. Entonces tuve que esperar hasta volver a casa para leerlos en la cama antes de dormir, que es otro gran momento para leer erotismo; es decir, acabar el día con dos placeres grandes: la lectura y el sexo (con sexo real opcional), y así olvidarse de los compromisos del día siguiente.

Venus O'Hara por Yuky Lutz

Venus O'Hara por Yuky Lutz

Para celebrar el Día del libro, aquí os presento diez libros eróticos que he leído este último año.

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S de subliminal

Por: | 19 de abril de 2014

Una de las preguntas que más me suelen hacer como sexóloga es si creo que hoy la sociedad está más abierta en lo referente a su sexualidad. La pregunta más bien sería: ¿cómo no estarlo? El sexo está cada día más presente en todo lo que hacemos, en todo lo que vemos. Pero la clave no está en el fondo, sino en las formas.

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Uno de los anuncios sexualmente más impactantes de Tom Ford

Mi madre siempre dice eso de 'somos lo que comemos', pero creo que actualmente la frase podría transformarse en 'somos lo que consumimos'. Y no es poco. Según expertos, si desde el principio de la humanidad hasta 2003 se habían acumulado 5 exabytes de información, actualmente se produce un exabyte casi cada día. Una bomba informativa en toda regla, que a veces no sabemos digerir.

Si analizamos los ingredientes de esta dieta, no es difícil observar que el sexo se lleva un gran porcentaje de la misma. Ya hemos comentado en otros posts su actual incidencia en la literatura o en el cine, pero desde luego, el producto con más altas dosis de sexo hoy en día es la publicidad.

Explícita o implícitamente, los mensajes sexuales nos llegan por doquier, hasta tal punto que a veces ni somos capaces de darnos cuenta. Todos hemos asumido que para vender no está de más unir el producto con el concepto de placer, y es por eso que para promocionar un coche se suele utilizar a una chica sexy, o que para animar a las mujeres a pasarse a las bebidas light, aparece en escena algún muchacho descamisado. El sexo ha vendido, vende y venderá siempre.

 

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Sexo en el sofá

Por: | 16 de abril de 2014

"Adiós sofá", le dije antes de verlo salir por la puerta, empujado por tres estudiantes italianos. Para muchos, se trata de un mueble que sirve para ver la televisión o para echarse la siesta. Pero yo no hice ni una sola siesta en él (a pesar del tiempo que llevo en España, no domino tal arte). Tampoco veía la televisión, porque no lo tengo. Para mí, mi sofá era lugar para estirarme después de un día largo, o para leer. Pero más importante: era mi lugar favorito para tener sexo.

Venus O'Hara por Lars Koudal
Venus O'Hara por Lars Koudal.

Hay muchos motivos para hacerlo en el sofá: el principal es que ofrece comodidad y mucho más variedad que una cama. Por ejemplo, al ser más bajo y más estrecho que un lecho estándar, en la posición del misionero, la mujer puede situar un pie en suelo y tener mucho más control... Además, la espalda del sofá da mucha estabilidad a la hora de hacerlo a cuatro patas, a pie, o con la mujer encima (si tenéis sugerencias de más posturas en el sofá, serán bienvenidas en los comentarios).

Sexo en el sofá no solo es una alternativa a la cama; muchas veces es preferible. En los años que mi querido sofá y yo llevábamos juntos, vio bastante más vida que mi cama. Además, diría que he vivido unos de los momentos más emocionantes de los últimos años en él. Uno que destaca: la primera vez que estuve con una mujer: una experiencia inolvidable que acabó luego en la habitación.

Pero esto no es lo habitual, considero que la cama es un espacio mucho más íntimo, y para mí, es un lugar para dormir, y sola. Querer tener sexo con alguien no es sinónimo de querer pasar la noche juntos. Además, en mi caso, suelo dormir fatal (no aguanto los ronquidos) y no soy nada productiva el día siguiente. En cambio, en el sofá, se mantiene una distancia emocional y por lo general, después de sexo, uno no se apalanca tanto como en una cama; entonces, resulta mucho más fácil echar a alguien después.

Por ejemplo, un bostezo o simplemente decir "tengo sueño" desde un sofá significa "ya es el momento de irse", mientras que desde una cama se puede interpretar como "apagamos la luz y dormimos". Es más, así no ensucio mis sábanas. Y para proteger el sofá de sudor, manchas, o ADN en general, pongo una tela, que es mucho más fácil de limpiar que tener que cambiar las sábanas cada dos por tres.

Después de una velada de sexo en el sofá, vuelvo a mi cama limpia para dormir sola y siempre me despierto relajada y feliz el día siguiente, acordándome de los acontecimientos de la noche anterior. lo cual me deja con ganas de más, en lugar de agobiarme.

Venus O'Hara

Venus O'Hara

Después de tantos momentos bonitos en mi sofá, sabía que era momento de un cambio. La noche antes de regalarlo a los estudiantes italianos decidí que necesitaba el último sofargasmo para despedirme de él, como se debe. Cuando lo sentí, me cogió por sorpresa total ya que parecía interminable: era como si estuviera consumida por la energía de todos los recuerdos... como si hubiera un espasmo por cada orgasmo que había experimentado ahí. Me pregunto si sus nuevos dueños sentirán esa energía...

Ahora me toca bendecir uno nuevo, y me emociono al imaginar cómo, cuándo y con quién será.

Y a ti, ¿te gusta hacerlo en el sofá?

En celo

Por: | 13 de abril de 2014

Por un efecto de la debilidad de mis jóvenes órganos, me entregué, sobre el tapiz encerado, a la más imperiosa necesidad que afecta a las jóvenes gatas. Honoré de Balzac (Penas de amor de una gata inglesa)

 

¿Alguna vez te has comprado unos zapatos incomodísimos pero muy sexies o unas bragas de encaje de las que pican y no vas a usar jamás? Yo, sí. Como hito de consumo estúpido tengo en mi haber unos zapatos que me debo de haber puesto tres veces en cinco años y que nunca entendí por qué compré: eran caros, tienen tacones altísimos de esos que hacen que el pie esté en una pronunciada pendiente realmente dolorosa, punta que ajusta todos los deditos y, eso sí, hacen unas piernas de apariencia sexy.

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          Fotografía de Irene Díaz.

Ahora empiezo a entenderlo, mientras leo el libro Química entre nosotros. Amor, sexo y la ciencia de la atracción de Larry Young y Brian Alexander. Sabemos que, "a menudo, el sexo es un móvil oculto de la forma en que gastamos dinero y de la ropa que nos ponemos –por no mencionar su relación con el tipo de conductas que exhibimos", como nos dicen Young, experto en neurociencia del comportamiento social y profesor de psiquiatría, y Alexander, periodista científico.

Pero, y esto sí que arroja luz nueva sobre nuestro consumo inútil: "durante la ovulación, las mujeres aprecian más la pornografía que en otros momentos del mes. Adquieren un sesgo favorable hacia los hombres de una belleza tosca, en vez de hacia los 'buenos tipos' de aspecto agradable. Tienden a evitar a sus padres, consumen menos calorías, y gastan menos dinero en comida que en ropa y en zapatos sexys. Además, las mujeres fantasean más a menudo con hacer el amor con un hombre que no sea su pareja actual", según los divulgadores.

Alguna vez comentábamos aquí que, en esos días húmedos, si uno sabe escuchar a su cuerpo, se dará cuenta de que tiene ganas de sexo con el 70 por ciento de los hombres que se cruza por la calle. Hoy nos enteramos que, impulsadas por los salvajes estrógenos, también nos compramos zapatos incómodos.

Y aunque dudemos de la conveniencia de aplicar a los seres humanos expresión tan basta como "estar en celo" (polémica y políticamente incorrecta por todo lo que hemos asumido sobre la conducta cultural aprendida), no podemos negar que buena parte de lo que pasa en nuestros cuerpos, almas y comportamientos sigue regida por nuestros instintos sin domesticar o, lo que es lo mismo, el modo en que nuestras hormonas trazan el mapa de la química cerebral.

 

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Triángulo roto

Por: | 12 de abril de 2014

Por Eladio Valdenebro(*)

 

Nada hay tan deshonesto que no pueda contarse con palabras honestas. Bocaccio.

Cuando leí esta frase del ingenuo pornógrafo italiano del siglo 14 - la tomé como un reto. Recordé una experiencia que al fin no concluyó como yo pretendía, la enriquecí con alguna ficción, y escribí esto que sigue, con palabras decentes.

Nochevieja. Concluye el baile a-tres, los tres se separan. El vaho de cannabis se mezcla con olor de whisky regado. Exhausta, desnuda, Odile se deja caer en el centro de la alfombra roja, entre ropas de hombres, entre sus propias ropas. Al borde de la cama matrimonial y en paños menores, Paco se echa para atrás, las piernas dobladas al suelo. No entiende, está su mente turbada, está desconcertado. Pepe, a su vez, sonríe, ahora con un colmado brandy en la mano. Hundido en su sillón se complace con la turbación de su amigo del alma. No le importa lo que piense su amada, casi siempre tan dócil a sus fantasías, aunque siempre reacia a cierta alternativa que a él con frecuencia lo obsesiona.

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Getty.

 

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El orgasmo de mi vida

Por: | 10 de abril de 2014

Antes de sentarme a escribir este tema, cierro los ojos y pienso en cuál ha sido 'el orgasmo de mi vida', aquel en el que exploté como nunca, en el que sentí cómo salía de mi cuerpo, ese momento en el que mi mente explosionó y se llenó de color. Ese instante en el que mi pareja era lo único que me ataba a este mundo, porque era más libre que nunca. 

Si pienso en los mejores orgasmos que he tenido nunca (y es difícil elegir…), lo que me viene a la mente, quizá, más que el éxtasis en cuestión es el motivo por el que ese momento fue tan especial. Quizá por una circunstancia en concreto, o por la persona con quien lo compartí, fuera lo que fuera, todo encajó de manera que los problemas y los agobios de mi mente desaparecieron. Todo fluyó como nunca.

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Silvia C. Carpallo por J. Retana

Preguntando a mis amigas cuál fue 'el orgasmo de sus vidas', ocurre un poco lo mismo. Cada una lo identifica con una cuestión subyacente en concreto, más que con el arte de la amatoria en sí. Más que nombrar un juego, o una postura, recuerdan una reconciliación, una ruptura, una primera vez… Aunque no solemos coincidir. Todas tenemos cosas en común, pero somos muy diferentes, también en la manera en la que vivimos el sexo.

Sin embargo, cuando leo muchos de los libros más vendidos en ficción erótica me encuentro una y otra vez con los mismos personajes. Con la misma forma de practicar y de sentir el sexo. Chicas perdidas, y sexualmente no del todo expertas, que buscan seguridad y un amor de película en hombres fuertes, poderosos, y dominantes en todos los sentidos. De hecho, suelen ser ellos los que les enseñan cómo disfrutar de su sexualidad.

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Pedacitos de amor que son amor (y nuevas tecnologías)

Por: | 07 de abril de 2014

"No me compensa". Escuché la frase referida a un vínculo de amistad cuando llegué a España, y me sorprendió muchísimo. No había imaginado que un verbo para mí tan mercantil pudiera aplicarse a las relaciones humanas, mucho menos al amor. Pero así era: aquí y ahora se conjugan en estos términos el compañerismo o la pareja. Tienen que "compensar" o, lo que es lo mismo, hacer un buen balance entre la columna del 'debe' y el 'haber'

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Fotografía de Irene Díaz

De la relación coste-beneficio llevada al territorio afectivo en estos tiempos "líquidos", sin certezas ni compromisos sólidos, habla el filósofo Zigmunt Bauman en 'Amor líquido. Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos' .

El hombre que acuñó la idea de 'lo líquido' para adjetivar esta época sin brújula escribe: "la moderna razón líquida ve opresión en los compromisos duraderos; los vínculos durables despiertan su sospecha de una dependencia paralizante".

En esta postal, la racionalidad consumista es el marco perfecto o la consecuencia natural (el huevo y la gallina) de la tecnología como centro de la escena. El ligoteo digital que no pasa a la vida real o como preámbulo a una cita única y breve en el mundo de carne y hueso se han popularizado.

El sexo ya no está atado a un modelo de vida productivo (y por lo tanto, tampoco regido por una estricta moral) y se ha vuelto más inseguro (aunque uses tres preservativos superpuestos), porque no hablamos de ninguna enfermedad... Es inseguro emocionalmente por "el espectro de la incertidumbre que todo episodio sexual entraña". En efecto, el sexo puede traer consecuencias afectivas y vitales que no estamos dispuestos a asumir. En síntesis, el sexo puede amenazar la liquidez reinante.

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Fotografía de Irene Díaz.

La tecnología y la vida digital que se hace en (y por) internet conllevan la fragmentariedad y la aceleración de los vínculos. ¿Para qué quedarse en un solo lugar o con una sola persona si las opciones son infinitas? 

"Estar conectado es más económico que estar relacionado", escribe Zygmunt Bauman. "Pero también bastante menos provechoso en la construcción de vínculos y su conservación", matiza.

La red sustituye al parentesco. Nos "conectamos" sin parar con los demás, pero con lazos lo suficientemente sueltos como para desatarlos en cuanto tengamos ganas de salirnos. Abandonamos la red, o nos desconectamos, o pulsamos el botón 'suprimir' sin puniciones y para volver a tener la libertad de continuar relacionándonos o, mejor dicho, conectándonos con otros.

No estamos demonizando las redes: ya estamos en ellas y forman parte de nuestras prácticas cotidianas. Sin embargo, va siendo hora de ir entendiendo el recorrido que trazamos.
Somos nodos y seguimos queriendo querer. Fragmentarios y románticos.

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El miedo a bajarse los pantalones

Por: | 04 de abril de 2014

Odio la percepción de que tener vagina requiere un cuidado especial desde la idea de los productos de higiene íntima para mujeres hasta las revisiones ginecológicas anuales. Estoy a favor de las revisiones, ya que, como bien dicen, la prevención es la mejor cura pero, me pregunto: ¿no estaría bien que los hombres se hicieran una revisión anual también?

La situación de bajarse los pantalones para un médico no es tan común entre los hombres. En mi entorno, conozco a más de uno con este miedo, tanto que han pasado toda la vida padeciendo una fimosis grave con masturbaciones dolorosas, y un complejo que ha resultado en una vida sexual y emocional inexistente. Me da una pena enorme, sobre todo cuando la solución es tan sencilla.

Venus O'Hara
Venus O'Hara

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El dónde también importa, y mucho

Por: | 02 de abril de 2014

Tener casa y hacer el amor tranquilamente en la cama los sábados, porque toca, puede acabar siendo rutinario, lo aburrido. Sin embargo, cuando aún vives con tus padres (o con tus hijos), tener una casa a tu disposición es un lujo, el buscar un cuándo, y sobre todo un dónde, es todo un reto.

Si nos ponemos a recordar, puede que el primer beso apasionado fuera en los asientos más escondidos del cine, que los primeros trucos manuales surgieran en el banco de un parque cercano a casa, y que para los orales, buscaseis incluso un arbusto bien frondoso que sirviera como escondite, pero desde luego, el lugar por excelencia para ‘aprender a amar’ siempre ha sido y será era el coche, incluso antes de tener el carné de conducir.

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Escena en el autocine de la película Grease

Esto de hacerlo en el coche nunca ha sido fácil. La primera complicación que yo recuerdo eran de nuevo los ‘dónde’, empezando por dónde aparcar el coche para que no nos viera nadie. Ya lejos de aquellos tiempos de los autocines, los parkings, los descampados y los polígonos industriales se convirtieron en los nuevos rincones del amor. Una difícil conjunción entre poder estar a solas y sin mirones a la vista pero sentirse suficientemente a salvo por cuestiones de seguridad. Vivimos tiempos difíciles (¡qué les voy a contar!).

Que la batería aguantara para poder poner la calefacción y no morirse de frío en esas oscuras noches de invierno era otra complicación, además de que tirara para dejar la radio puesta, con esas canciones que se convertirían en un elemento más de la relación. Que un coche no sea el lugar más cómodo del mundo no es inconveniente para que el asunto pueda ser increíblemente romántico.

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Tamaño XXL

Por: | 31 de marzo de 2014

Sí, de penes grandes, de eso hablamos. El título es lo que parece, porque el tamaño a veces nos importa. Y aunque para nosotras el tema siempre tiene un "depende", dicen que donde más importa el tamaño es entre hombres.

 Dibujo hombres

           Dibujo a domicilio.

En efecto, el asunto del tamaño del pene tiene mucha relevancia entre los hombres, y precisamente para establecer jerarquías y liderazgos en los vestuarios que comparten los equipos deportivos, según un estudio hecho con jugadores de fútbol, rugby, tenis y cultores del fitness y el fisicoculturismo, algunos heterosexuales y otros gays, en Gran Bretaña, y que recogía un artículo publicado unos días atrás por The Independent

Pero empecemos por nuestros "depende". Lo primero que tengo que decir es que nuestra mirada al respecto es tan subjetiva que un mismo partenaire estará, para nosotras, más o menos dotado, según el grado de idealización al que lo hayamos sometido, su generosidad para el disfrute mutuo, su ternura o su cuidado en el trato (o las características que para cada una sean relevantes). Yendo al grano: el mismo sujeto puede tenerla "normal" o "pequeña", según nos hayamos sentido en cada sesión de sexo.

Cosas de la perspectiva que cambia con las emociones

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Eros africano

Por: | 28 de marzo de 2014

Por Ángeles Jurado Quintana

Oumar Ndao (Dakar, 1966) es un escritor, crítico literario y periodista senegalés radicado en Costa de Marfil. Presente y muy activo en Facebook, bajo el seudónimo Blanko Gbich, allí comenta las lecturas y las noticias que le interesan, lanza preguntas al ciberviento y publica extractos de sus escrituras del momento. Ha firmado títulos como C’est idiot d’aimer y Corps et âme y ahora trabaja en la paternidad y en un nuevo título, OverDose. Sus novelas tienen mucho que ver con el amor, el sexo, las relaciones.

Leandro lamas

Leandro Lamas.

Hablamos, a caballo entre Facebook y Skype, sobre costumbres sexuales, comportamientos y estereotipos en los contextos africanos que conoce: sobre todo lo que pueda englobarse dentro de la famosa drague, como se la conoce en francés: o lo que es lo mismo, el flirteo o la seducción, que en algunos casos deriva, aquí y allá, en caza mayor o en guerra. Sin perder de vista jamás, eso sí, que nos manejamos con generalidades y estereotipos frente a 55 países o más y millones de maneras de entender el amor y el sexo.

Oumar Ndao recomienda, por ejemplo, para comprender cómo funcionan muchas relaciones, en el contexto urbano de Costa de Marfil, la lectura de un cómic muy popular en el país, que ha llegado hasta las pantallas de la televisión en forma de serie: Les sorcières ("Las brujas"). "Todas las jóvenes marfileñas no se comportan igual, ciertamente, pero algunas se han especializado en la 'estafa sentimental': hacer creer a alguien que le amamos con el único propósito de sacarle dinero u otra cosa", precisa, cauteloso.

Es una queja común entre algunos jóvenes del país. Si eres estudiante y no tienes dinero, no hay posibilidad de salir con una chica. Si tienes trabajo, puede ser peor: el sueldo se consume en regalos, invitaciones y salidas que ejercen de tributo forzoso, en muchos casos, a la pareja. Alguno se queja amargamente de que las relaciones se convierten en una forma de prostitución encubierta y de que algunas mujeres africanas llegar a ser demasiado materialistas.

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A solas, la 'petite mort'

Por: | 26 de marzo de 2014

Por Alicia Acosta (*)

Recuerdo perfectamente la primera vez que me masturbé, ni siquiera sabía que 'eso' era masturbarse. Fue en unas vacaciones en la costa valenciana. A la hora de cenar, la piscina de la urbanización estaba desierta y yo, jugando en el agua inocentemente hasta que al pasar por uno de los chorros de la depuradora sentí 'algo' ahí abajo. Como niña curiosa que siempre he sido, pasé otra vez por delante, y otra, y otra, hasta que decidí pararme frente al chorro.

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Dibujo a domicilio.

Desde ese momento, la masturbación ha sido una práctica que no he dejado de ejercer.

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El sexo de 'El príncipe'

Por: | 24 de marzo de 2014

Llega el séptimo capítulo y el interés no decae. El príncipe, la serie de Telecinco, está resultando un éxito de audiencia que no sé si alguien se esperaba. Hay morbito por el descubrimiento de unos márgenes desconocidos para la mayoría peninsular (aun con algún estereotipo non sancto) y morbito también por las relaciones cristiano-musulmanas que van subiendo de tono: en Ceuta, un grupo de agentes del CNI se infiltran en la policía para descubrir al 'topo' aliado con una célula terrorista. Resulta ciertamente oportuna una trama de amor y balas en la frontera africana de España, en días en que las horribles vallas, la represión y el tema del regreso de combatientes de la guerra en Siria abren casi todos los informativos y webs de periódicos.

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Faruq y Leila son marido y mujer en 'El Príncipe'. 

Cuando me contaron de qué iría la serie, yo pensé que sería una especie de Homeland a la española: en la serie norteamericana, un marine retornado de Irak (y convertido al islam) le da 'dolores de cabeza' a la CIA, especialmente a una eficiente agente (Carrie/magnífica Claire Danes), que está convencida de que él está integrado a Al Qaeda y ha vuelto a su país a cometer atentados. Entre tanto, como no podía ser de otra manera, la tensión sexual entre Carrie y Brodie (Damian Lewis) nos contagia una cierta agradable inquietud de este lado de la pantalla. Nada más sexy que aquella escena primera de amor en una cabaña, lejos de las cámaras de la CIA. ¿Se acuerdan? Fue cuando, en plena mutua complacencia post-cama, ella mete la pata y él se da cuenta de que ella lo está investigando: "¿Cómo sabes cuál es el té que bebo?".

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El amor prohibido de 'Homeland' entre la agente de la CIA y el sospechoso marine retornado de Irak y convertido al islam.

Todo esto para decir que nos 'ponen' las historias de suspense donde el erotismo se cuela en territorio del deber. Pero, no, El Príncipe no es Homeland, porque es un policial, sí, pero mucho más virado a la telenovela que hacia el thriller político, aunque no faltan la sangre a borbotones, las corridas y los estruendos.

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Tecnología para amantes a distancia

Por: | 22 de marzo de 2014

Julia y Luis llevan dos años juntos. Pese a tener carrera y un máster, Julia no encuentra trabajo, así es que, como muchos otros españoles, ha decidido irse a Londres a probar suerte y, de paso, aprender algo de inglés, para tener más oportunidades. Pero Luis se queda en Madrid: él sí tiene empleo, y no está la cosa como para dejarlo. Se dice que el amor es más fuerte que la distancia, pero ¿y el sexo? Skype ha abierto muchas perspectivas, es cierto, pero a Julia y a Luis, en ocasiones, les gustaría poder cerrar los ojos y llegar a sentirse el uno al otro por un instante. Quizás no sea un deseo tan difícil de realizar.

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Klic- Klic, para él  y para ella.

Se supone que la tecnología existe con el objetivo de hacernos la vida más fácil. Pero también más placentera. Es por ello que la Industria de la juguetería erótica ha sabido adaptarse a nuevas circunstancias, y también a nuevas necesidades. Entre ellas, la de conseguir que el sexo virtual sea un placer un poco más físico.

Lo más revolucionario, sin duda, son los juguetes sexuales interactivos para jugar en pareja. Entre ellos destaca Klic-Klic, el primer gadget sexual 3. 0, diseñado en España, para todo tipo de parejas, indistintamente de su orientación sexual. Se trata de dos artefactos: un juguete para hombres y otro para mujeres, a fin de que ambos se puedan conectar con el suyo a internet, y ser 'tocados' por la pareja a distancia (aunque los aparatitos tienen múltiples funciones). Lo más importante es que la vibración permite una conectividad bidireccional simultánea y en tiempo real. Así, uno siente diferente según dónde y cómo esté tocando el otro.

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Rosa, barro y azahar: un relato erótico

Por: | 22 de marzo de 2014

Presentamos, a continuación, el relato que ha resultado ganador del II Concurso de Relatos Eróticos 'ayquegusto'. 

Por Rafael Blasco López (*)

Con el abatimiento y el cansancio diario, el hombre tiró de la puerta del ascensor y entró en él. A los problemas habituales de su excesiva carga laboral se le sumaron las facturas que acababa de sacar de su buzón; pero ese día, nada le importaba.

El cielo gris y excesivamente nuboso no le beneficiaba, aunque hubiera salido antes del trabajo. La inminente amenaza de lluvia le impedía dar un simple paseo por la calle, pero sus planes eran otros.

La tardanza del ascensor le dio tiempo a compararlo con la lentitud con que transcurría su aburrida vida de los últimos años: la rutina había abierto una brecha entre él y su mujer, provocando un distanciamiento letal para el amor.

Con la mano izquierda entreabrió la bolsa de papel que sujetaba con la derecha, comprobando que las dos cosas que había en su interior seguían allí, con ellas todo terminaría.

Imaginó la entrada a su vivienda: como todos los días, abriría la puerta, depositaría las llaves en el cenicero del recibidor, se miraría la cara, un poco más vieja, y vería la de su mujer, afectada también por la dureza de su trabajo. No comprendía de dónde sacaba ella las fuerzas para recibirlo con una sonrisa (él solo tenía fuerzas para una mueca forzada).

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Getty.

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Protocolo para infieles

Por: | 20 de marzo de 2014

Para muchos, el simple hecho de ser infieles es inaceptable; para otros, es algo inevitable en una relación de larga duración. Sin embargo, yo creo que hay cosas aún peores que el simple hecho de ser infiel, porque lo que más duele es la mentira y la humillación.

A menudo, no es necesariamente una señal de que alguien quiera dejar su relación oficial: puede ocurrir simplemente porque alguien desea tener lo mejor de ambos mundos; es decir, la estabilidad de una relación y la emoción de vivir una aventura ilícita. Sea cual fuere el motivo, una vez que se ha tomado la decisión –o que se ha presentado la oportunidad– para ser infiel, yo creo que hay cosas que los infieles no deberían hacer nunca.

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Venus O'Hara por Yuky Lutz Imagen del libro 'Inglés para pervertidos'

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El día en que fui mujer

Por: | 18 de marzo de 2014

Por Rubén García Sánchez (*)

El día 8 de marzo yo me sentía mujer. Me desperté como todos los días, lo único que hice diferente fue salir a la calle con mis compañeras para reivindicar la igualdad de oportunidades y de derechos. Como me sentía mujer, pude cantar con propiedad aquello de Mi coño, mi decisión o Fuera los rosarios de nuestros ovarios.

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Dibujo a domicilio.

Habrá quien niegue que yo el 8 de marzo fui una mujer más en la calle. Quizá mi apariencia les llevaba a etiquetarme como hombre pero, en realidad, nadie me preguntó. Decidme, por ejemplo, ¿todas las mujeres tienen vagina? ¿todos los hombres llevan barba? ¿todas las mujeres se pueden quedar embarazadas? ¿todas se sienten atraídas por los hombres? ¿solo las mujeres se pueden maquillar o llevar el pelo largo? Considero que nada de esto tiene algo que ver con la identidad de género; esto es, sentirse hombre o mujer.

Mi identidad es un traje a medida en el que caben infinitas posibilidades. Salvo el 8 de marzo, el resto del año soy un hombre porque me siento así, forma parte de mi identidad. No soy un hombre porque piense o actúe como hacen los demás (rol de género), o porque me parezca al resto (estereotipo), ni siquiera me considero hombre por tener genitales masculinos. Mi identidad de género es fruto de mi experiencia y mi elección. Lo que significa ser hombre para mí es una cuestión personal, una definición propia construida a mi medida y que evoluciona conmigo.

¿Qué hay dentro de mi identidad? La manera en que soy hombre, los modelos de conducta que tengo (da igual de qué sexo sean), la actitud que tengo hacia la igualdad o incluso mi erótica. En este sentido, no hay nada más intransferible y hecho a mi medida que mi erótica, esto es, mi manera de amar y de relacionarme sexualmente. En mis fantasías sexuales, no hay detalle que me excite más que el cariño y el respeto que me muestra mi acompañante. Se aceptan todo tipo de juguetes, luces, ropas, aromas y música, pero no notaré erección alguna si no hay sinceridad en la mirada y una actitud percibida, aunque sea escondida y de soslayo, de cuidado y atención hacia mi cuerpo. A partir de ahí podemos sumar.

 

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Buscar, por puro instinto, otros lugares para besar

Por: | 16 de marzo de 2014

Lamer. Besar también, pero por ahora acariciar con la punta de los dedos, apenas rozar, erizar o refugiarse en su axila, lamerla. Otras artes, otras partes. Un encuentro.

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Dibujo a domicilio.

Reivindicar la ternura y la sensualidad para poder ampliar nuestros registros de placer y de conexión en cada encuentro sexual, propone la psicóloga Mireia Darder citando al biólogo Humberto Maturana.

"Abandonarse a las sensaciones del cuerpo (...) y en un auténtico compartir con el otro, en un encuentro de cuerpos, pero también de almas. Si nos damos permiso para explorar, todos poseemos una enorme capacidad sensorial que va más allá cuando se han disuelto los bloqueos del cuerpo mediante el trabajo corporal y tras un proceso de crecimiento personal", afirma Darder.

Amo lamer sus axilas

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Pros y contras de ser 'la otra'

Por: | 14 de marzo de 2014

Antonio Alcántara le ha sido infiel a su 'milano' y, desde entonces, España está conmocionada. Claro, todos entienden que Ariadna Gil era una gran tentación pero, sin desmerecer a Inmanol Arias, pocos se han planteado qué es lo que lleva a una mujer a enredarse con un hombre casado. 'Ser la otra' no es ni mucho menos algo que solo pase en la ficción, y es que ya se sabe "prohibir es despertar el deseo".

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Una escena de la serie española 'Cuéntame como pasó'

Quizás cuando lo conociste no sabías que tenía pareja. O ya te gustaba tanto que pensaste que te daba lo mismo. Incluso puede que eso nunca fuera un inconveniente para ti. Aunque lo ideal sería que pensasemos en aquello de "no hagas lo que no quieras que te hagan a ti", hay que admitir que vivimos en un mundo muy individualista, en el que solemos pensar más en nosotros mismos, que en cómo afectan nuestras decisiones a los demás.  Por eso, el "yo no estoy engañando a nadie, es él quien tiene pareja" es una afirmación que puede tener su lógica si no pensamos en que, a veces, nos estamos engañando a nosotras mismas.

Reconozcámoslo: ser la amante, inicialmente, puede tener sus ventajas. Todo es juego, sexo y seducción. Contigo pasa los ratos divertidos, y el hecho de que 'esté mal' lo hace excitante. El verse a escondidas tiene su morbo, para qué lo vamos a negar. Ser la otra puede, incluso, llegar a suponer una especie de reto personal. Saber que pese a tener una mujer en su vida, arriesga cosas por estar contigo, sin duda, sube la autoestima a cualquiera, y no es una cuestión tan baladí como parece.

Aunque, desde luego, lo que resulta llamativo es que es una relación 'fácil'. Nadie exige nada a nadie, no hay compromiso, ambos sabéis las reglas del juego, y simplemente os dedicáis a jugar al mismo. Lo dicho, al principio.

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El País

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