Autora invitada: M. Pepita Lanuit

Las fantasías son cosa de ricos, pobres, reyes, mendigos, hombres y mujeres, ateos y creyentes. Son manifestaciones imaginarias de lo que podríamos ser, hacer y sentir. Las fantasías nos dan una visión más cierta de lo que deseamos. Son una versión más osada, auténtica y sin complejos de nosotros mismos. Nuestro clon, pero menos obsoleto, liberado de miedos, remilgo y lastres. Nos permiten dejar a un al lado ese absurdo "qué dirán" y con él las directrices que nos imponen la sociedad, el sistema y quién sabe qué más, pero también las encorsetadas normas que nos imponemos nosotros mismos, quizás excusas baratas que condonan nuestra cobardía más frágil.
Habría que hacer oídos sordos a educaciones estrictas, convencionalismos desaforados, protocolos absurdos y mandamientos religiosos que en la práctica sólo revelan un doble moralismo sinsentido. Pensaba en todo esto e imaginaba... a bote pronto... un relato con mis fantasías, fantaseaba con la realidad como hacemos con gusto en este blog. Quizá quieras compartir también las tuyas.
Excitante trabajo...
Secretaria. Eso soy. A pesar de ser
una chica formada, viajada y con cierta -ni mucha ni poca- experiencia
profesional, trabajo de secretaria. Y No, el sexo oral no entra dentro
de mis funciones, aunque soy de las que piensa que si una tiene que arrodillarse,
pues se arrodilla, eso sí, tacones fuera que es
incomodísimo... Mi día a día consiste en la sistemática introducción de números, nombres, cifras en un complejo sistema informático que vuelca toda esta información en un aún más complejo sistema de gestión integral empresarial. En cristiano, para los que les confunde tanta terminología, meto datos en el ordenador. ¡Excitante labor!

'El gran masturbador',
Salvador Dalí, la fantasía mayor.
De vez en cuando me visto con el Equipo de Protección Individual y bajo al
taller, desciendo al campo de batalla y me doy una garbeo. Me dejo ver
contoneando mis caderas entre maquinas industriales, operarios sudorosos que
irremediablemente paralizan su trabajo para verme pasar. Puede sonar
pretencioso, pero es la verdad. Cerca de cien hombres entre soldadores,
fresadores, pintores, etc… Literalmente noto sus miradas clavadas en mi
espalda, bueno más bien, en mi trasero.