40 Aniversario

Eros

¿Si duele no es amor?

Por: | 24 de noviembre de 2016

Gran parte de mi labor como sexóloga consiste en que las personas puedan tener relaciones sentimentales más saludables. Porque muchas veces confundimos la palabra amor con cosas como la dependencia, la obsesión e incluso con algo parecido a un arma de destrucción masiva. Por supuesto, el empeño de cualquier profesional de la sexología pasa por conseguir que haya una mejor educación sexual, para que los sexos se entiendan mejor el uno al otro y puedan así compartir y compartirse, dejando de lado ciertos comportamientos autodestructivos. Vamos, que el amor, en definitiva, sea más sano. Pero eso no quiere decir que el amor no duela.

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Detalle de 'Kiss V' de Roy Lichtenstein.

La crisis ha tenido muchas consecuencias e incluso, ha traído algunas modas. Una de ellas es la que yo denomino toda la estética ‘happy flower’ que puede verse en las estanterías de los centros comerciales, con todo tipo de productos llenos de frases cortas pero bonitas y muñequitos sonrientes. Tiene toda su lógica. El aumento de depresiones y situaciones complicadas que ha conllevado la caída de nuestra economía, incluso en nuestra vida sexual, necesitaba una vía de escape para no sumirnos en la miseria, que se ha traducido en el aumento de productos y mensajes llenos de positividad, que intentan hacernos ver que la vida puede ser maravillosa. Y claro que puede serlo, claro que hay momentos de felicidad absoluta, pero los hay porque también existen momentos tristes. Momentos duros y difíciles, porque la vida es dulce en ocasiones, pero otras es amarga. Pues en el amor pasa exactamente lo mismo.

El primer error es confundir enamoramiento con amor. El enamoramiento es una etapa del amor, es cierto, pero el problema es que las películas, los relatos y casi hasta los anuncios de televisión nos muestran este periodo de enajenación como si fuera el amor verdadero. El amor en mayúsculas. Pero eso no es más que una reacción bioquímica de nuestro cerebro, no un concepto romántico. Según los expertos, el enamoramiento es una reacción química, provocada por una sustancia de nuestro cerebro llamada feniletilamina. Esta sustancia obliga a segregar dopamina, cuyos efectos son parecidos a las ‘anfetaminas’ que producen el estado de euforia natural cuando estamos con nuestra pareja. Todo ello supone que tengamos pensamientos frecuentes sobre la otra persona sin venir a cuento, que nos cueste concentrarnos, que nos apetezca todo el rato el contacto físico, que nuestro cuerpo reaccione ante la presencia del otro e incluso que tendamos a idealizar a la otra persona. Es decir, que no somos nosotros mismos durante un tiempo.

Pero esto, por suerte, acaba. Básicamente, porque si no sería algo así como un nuevo concepto del apocalipsis zombie. Así que es obvio que cuando la gente dice que está enamorada de su pareja, no está en este proceso, sino que ha pasado al siguiente nivel, a construir una relación de amor con otra persona. Es decir, una relación de pareja que, como cualquier otra relación, de amistad, de familia o de trabajo, implica tener buenos y malos momentos.

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¿El tamaño de la vagina importa?

Por: | 21 de noviembre de 2016

Por Mireia Manjón*

He aquí la gran obsesión de hombres y (muchas, demasiadas) mujeres: ¡el pene y su tamaño! Ni que fuera proporcional al placer que puede provocar o a la habilidad del propietario al usarlo… Pondría la mano en el fuego, y seguro no me quemaría ni un poquito, a que todos sois conocedores de lo que mide de media el pene en España. ¿Cuántos sabríais decir la medida media de la vagina?

Me lo temía.

¿Es que todas las mujeres tenemos de serie la misma vagina? ¡No! ¿Es que no es importante para el placer sexual? Pues… ¡claro que sí! Y lo es tanto para vosotros como para nosotras, así que vamos a otorgarle el valor que merece, que es algo más que un simple receptáculo preparado para ser penetrado.

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Foto de Emilio Schargorodsky.

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Ser sexy es una actitud

Por: | 15 de noviembre de 2016

Hacía mucho que no salíais a cenar, pero esta cita está yendo a las mil maravillas. Un buen vino, una conversación interesante, toqueteos debajo de la mesa, estáis como locos por llegar a casa. Pero cuando llegáis a la habitación, la magia se esfuma. Mejor la luz apagada, que no vaya a ver cómo me desnudo. Mejor en esa postura en la que no se me marcan demasiado las lorzas, no vaya a ser que se fije más de lo que ya me estoy fijando yo. ¿Sexo oral? Mejor no, seguro que no le va a gustar el sabor de mis genitales. No será nuestro cuerpo tal y como es lo que corte el rollo a la otra persona, será nuestra falta de seguridad en ese momento.

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Adam Driver y Lena Dunham nos han mostrado en Girls que sentirse sexy es cuestión de actitud.

Sin embargo, seguimos pensando que la atracción tiene que ver solo con lo físico, cuando uno de los factores principales no es sino la actitud. Porque para ser sexy, hay que sentirse sexy. Tan sencillo como eso.

Muchas veces nos planteamos cómo alguien que, a simple vista, nos parece poco atractivo, puede tener tanto éxito sexualmente. La respuesta es sencilla: porque cree en su éxito, porque se muestra seguro y la seguridad en uno mismo es el mejor sex appeal del mundo.

Pese a ello, seguimos obsesionándonos con dar una 'buena imagen' en la cama. Dejamos de disfrutar para centrarnos en los defectos de nuestro cuerpo, como si algún cuerpo no los tuviera. Como si solo se fueran a la cama las imágenes, irreales y retocadas, de las portadas de las revistas.

Porque seguimos pensando que el sexo se parece a la ficción que nos han vendido. Cuando dos personas deciden echar un polvo no ven acompasados su movimientos con una luz tenue ni escuchan música de fondo como en las películas, sino que se ven sorprendidos por las risas que provocan unos pedos vaginales. Y no pasa nada, está bien. Es el sexo de la vida real.

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Beneficios de la vibración: adiós a las contracturas

Por: | 11 de noviembre de 2016

Por Imma Sust*

Trabajando en una tienda erótica como amantis, te encuentras cada día con cosas que te sorprenden. A mí, hay una que me escandaliza mucho y quiero compartir con vosotros. Muchas mujeres y algunas muy jóvenes, siguen llamando consolador al vibrador. Se me ponen los pelos de punta cada vez que lo oigo. Les explico siempre que la palabra consolador se utilizaba de forma despectiva, cuando se inventó el vibrador para tratar la histeria femenina.

 

Vibrador siglo XIXImagen de la película 'Hysteria': ¿así habrá sido el primer vibrador, el del siglo XIX?

 

 

 

 

Sí, era una enfermedad diagnosticada en la medicina occidental hasta mediados del siglo XIX. No tenían que tener demasiados problemas las mujeres de esa época para que las diagnosticaran de histéricas. Insomnio, pérdida de apetito, dolores de cabeza… Las pacientes que sufrían esa falsa dolencia debían recibir un tratamiento que consistía en la estimulación manual de sus genitales por parte del médico. Vamos, lo que viene a ser una masturbación de toda la vida. El tratamiento finalizaba cuando la mujer llegaba al orgasmo, que entonces se llamaba "paroxismo histérico". Suponemos que los médicos se cansaban mucho y por eso se inventó el vibrador. Fue en 1870. El nuevo artilugio, conseguía que, en menos de diez minutos, las pacientes llegaran al clímax.

Ya tenemos el primer beneficio de la vibración: acelera la llegada del orgasmo.

Si no es un consolador, ¿cómo lo llamamos? A mi me gusta llamarlo juguete sexual. Pero es cierto que hay algo que hace que un juguete sea muy distinto a otro y eso es: ¡la vibración! El caso es que no todos vibran (de forma fálica), entonces, se decidió un día
que utilizaríamos el termino 'dildo' para los que no vibran y vibradores para los que efectivamente sí lo hacen.

Trailer de 'Hysteria', de cómo el doctor Joseph Mortimer Granville inventó el primer vibrador.

La vibración la podemos encontrar en juguetes pequeños, pensados para estimular el clítoris o en más grandes, pensados para la penetración. Más allá del gustito que nos puede dar esa sensación, que es mucha, nos beneficia de otras formas. Sobre todo, si sufrimos de alguna disfunción sexual.

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Manualidades eróticas: otras formas de masturbar

Por: | 07 de noviembre de 2016

Una de las quejas que suelen ponerse sobre la mesa de los sexólogos es aquella de "es que ya nunca le apetece", y es una frase que ya dicen tanto hombres como mujeres.

Claro, cuando empezábamos a salir, el sexo formaba parte de la cita, de ese momento de ocio de mimo mutuo. Pero ahora que vivimos juntos y que nuestro tiempo en pareja ya no se asocia tanto a la diversión, sino más a las responsabilidades, no es solo que no tengamos ganas, es que a veces no sabemos cómo encontrarlas.

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Aunque, claro, la pregunta es, ¿de qué no tenemos ganas? Porque si indagamos algo más, seguro que pocos dirían que no les apetece un momento de contacto físico con su pareja. A lo mejor, en vez de ir al grano, podemos pensar que hay muchas formas de proponer una sesión de placer para el cuerpo. Entre ellas, por ejemplo, un masaje erótico.  

No es una tontería. Tras un día de estrés, de agobios, de agotamiento tanto físico como mental, lo que necesitamos es volver a conectar, con el otro y con nosotros mismos, para variar. Desnudarnos poco a poco, poner una luz tenue y sentir las caricias de nuestro amante lentas, cosquilleantes, como si nos fueran recargando, poco a poco, la energía perdida durante el día. Una forma de querer y dejar que nos quieran.

Además, un masaje también puede ser otra forma de motivar nuestra creatividad erótica. Por ejemplo, si utilizamos algún aceite de masaje con un tacto y un olor especial, o si nos ayudamos de algún vibrador, de esos que nos hacen recordar que tenemos terminaciones nerviosas más allá de los genitales.E incluso, podemos hacer algo diferente con la forma de estimular los genitales, una vez que lleguemos a esa parte. Sobre todo, si echamos mano de un buen lubricante.

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El orgasmo es el mejor ejercicio para el suelo pélvico

Por: | 04 de noviembre de 2016

Por Marta Molas*

Más de una entra en una farmacia o tienda erótica dedicida a, por fin, entrenar esos músculos invisibles llamados (en su global) suelo pélvico. El término "bolas chinas" está en el imaginario de muchxs y es el primer instrumento en el que pensamos. ¿Pero es lo que nos conviene? En este post, sumamos las opiniones de varios expertos para que os decidáis por el recurso más adecuado.

Sí a las bolas chinas... para suelos pélvicos en forma.

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Fotografía de Irene Díaz.

Oscar Ferrani, divulgador sexual, defiende las bolas chinas "como aparato de gimnasia pasiva en un suelo pélvico donde no se detecta un prolapso (caída) o lesión importante. Son un aliado, no un salvador en casos extremos, y hay que tener en cuenta que también existen otras herramientas para realizar gimnasias activas y un abanico amplísimo de estrategias para beneficiarnos de un suelo pélvico en forma".

En la misma línea habla María Dolores Teruel, fisioterapeuta: "es controvertido su uso con fines terapéuticos ya que no existe evidencia científica que respalde su uso con este fin. Mi recomendación sería usarlas si tenemos un tono muscular normalizado".

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El poder del arnés

Por: | 02 de noviembre de 2016

Por Imma Sust*

En el siglo XV a.C. reinó en Egipto uno de los faraones más importantes de la historia. Se llamaba Hatshepsut y era una mujer. Una reina faraona, que vivió disfrazada de hombre toda su vida para poder reinar. Se dice de ella que fue el primer transexual de la historia. Llevaba una barba postiza, vestía como un hombre y estoy segura que hoy en día llevaría puesto un arnés para ostentar todavía más poder.

¿Por qué un arnés?

Podríamos decir, hablando en términos sexuales (no es para ir de escalada, aunque la forma puede ser bastante parecida), que se trata de un conjunto de telas, estratégicamente unidas, que sujetan un dildo en nuestro pubis, dando así la sensación real de que tenemos pene. Anahí Canela (sexóloga y conocida por educar sobre squirting, placer anal y sexualidad, en general) utiliza el arnés como arma de trabajo al impartir muchos de sus talleres. Por ejemplo, en el taller de Squirting y Punto G., se coloca un arnés con un buen dildo de forma fálica para explicar cual es la mejor postura para llegar al orgasmo cuando hablamos de penetración.

Es ponerse el arnés y las caras de las personas que asisten al taller cambian de forma radical. Envidia, admiración o sorpresa. Cada uno lo vive de diferente manera, pero ella se siente poderosa al mostrarse con su pene. La verdad es que le queda de maravilla. Es curioso ver cómo muchas mujeres que asisten al taller, la mayoría heterosexuales, que jamás habían pensado en utilizar este artilugio en sus
relaciones, se animan a probárselo y se sienten cómodas, felices, plenas y por qué no... poderosas con ese artefacto, que no necesita ser cogido con las manos.

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Fotografía de Irene Díaz.

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Círculo como sinónimo de mujer

Por: | 31 de octubre de 2016

Por María Paz Ruiz*

La dimensión de lo que significa ser mujer está sufriendo una evolución integral.

Celebrar a la mujer que asume esta evolución es una responsabilidad de las que deseamos que este cambio sea real y lo veamos juntas con nuestras hermanas, socias, jefas, empleadas, creadoras, madres e hijas.

¿Nuevas mujeres? Sí, y nuevos retos que llegan para asumirlos en comunidad

¿Cómo somos estas mujeres?

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Leandro Lamas.

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Esto acaba de empezar: ahí están los correos de Hillary y la casilla del (ahora ex) marido de la principal asesora de Clinton (el señor que no pudo evitar seguir mandándose fotos hot con una amante, a pesar de su sitio en semejante momento histórico). Como si fuera poco, tenemos ahí, intoxicándolo todo, los aullidos de Trump, pidiendo a Putin que meta más mano en los servidores demócratas, y así, y así, de la Casa Blanca para abajo, todo demuestra que estamos con los pies en el barro. Todo a la vista, y todos con lodo cibernético hasta las rodillas, rehenes de nuestros secretos, de nuestros mensajes viejos, de las fotos recibidas, de las noches de aburrimiento y las frasecitas pícaras, todo mezclado con las pruebas de contubernios o cotilleos políticos, familiares o profesionales. Y no diga que no con la cabeza, que no le creo.

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Fotografía de Irene Díaz, sus redes.

En algún momento creíamos tener algún control ("en el Facebook no hay novios", por ejemplo, o "me conecto al Skype en modo 'ausente'", o "borro a los ex de las redes", o "el Hangout lo tengo como 'desconectado'", o "no hago caso a los DM de Twitter", "ni hablar: el Tinder casi no lo uso"), pero es difícil mantener una conducta coherente en tantos sitios, simultáneamente. Ni hablar de querer mostrarnos y ocultarnos al mismo tiempo, o para algunos sí estamos ''disponibles' (WhatsApp dixit) y para otros, no. Y la cosa empieza a irse de las manos y rogamos al cielo para que San Bill o el discípulo Zuckerberg nos sean leves.

Mezclados los ex con los rollos nuevos en el Facebook, las amigas haciendo comentarios de travesuras cómplices, queriendo parecer interesantes pero no arrogantes, accesibles y cariñosos pero no con todos (no exageremos), empezamos a perder tiempo en el código deontológico de nuestra imagen de marca, o perdemos el control, y que sea lo que dios quiera.

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Fotografía de Emilio Schargorodsky, sus redes.

Y nos pasan estas cosas de las redes que son apenas síntomas de nuestra vida social actual, entre los que se cuentan estos nuevos formatos para las mismas neurosis de siempre en las relaciones:

Bloqueo/desbloqueo. Tenía un amigovio que cuando se enojaba, me bloqueaba, y luego me desbloqueaba pero me tenía que volver a pedir "amistad". Todo me parecía infantil y gracioso, así que lo aceptaba; entonces, arrancaba de nuevo el juego de los mensajes privados, con el invariable "gracias por aceptarme"

Mejor salir con un ciberfóbico. Ya que nosotros/as estamos tan 'pillados', mejor que encontremos a alguien que no se pase nunca por Facebook ni por Twitter ni por Instagram, y por supuesto, mejor fuera de Tinder. El otro día, una conocida del gremio periodístico-literario decía en Facebook: "¡Tengo pareja y no está en Facebook". Y contagiaba esa algarabía y todos los demás comprendíamos de qué se trata ese confort de no ser observados/as, pero, sobre todo, la libertad de no tener que espiar nada de nadie.

 

Tráiler de 'Perfetti sconosciuti' ("perfectos desconocidos") de Paolo Genovese.

Ya me fijo lo que pones en Twitter. Escuché, en 'Todo por la radio' de la SER, un chiste acorde al espíritu de los tiempos: "¿Qué te pasa, mi amor? ¿Ah, no me quieres contar? Bueno, ya miraré en Twitter".

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Terapia de besos

Por: | 27 de octubre de 2016

La RAE define la acción de besar  como "tocar u oprimir con un movimiento de labios a alguien o algo como expresión de amor, deseo o reverencia, o como saludo". Sin embargo, la definición de la palabra beso queda más difusa. Y es que no todos los besos pueden describirse de una misma manera, porque cada beso es diferente, según quién lo da y según quién lo recibe.

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Algunos besos de película que nos pueden inspirar.

Asistí recientemente al 18º Congreso Latinoamericano de Sexología y Educación Sexual, en el que me encontré con el sexólogo argentino Ezequiel López. López hablaba de su libro y el monólogo Confesiones de un besólogo, en el que explica, entre otras cosas, que los besos pueden ser la mejor herramienta para hacer terapia de pareja. "El beso es un recurso erótico más que interesante para recuperar la pasión, o enriquecer la relación sexual de la pareja", cuenta el experto en besos, que insiste en que "besándote, te conectas de una manera íntima, profunda y sensorial, y la boca te permite poner en marcha varios recursos para que los besos sean creativos: lamer, acariciar, chupar, succionar, morder, soplar... Solo se trata de ser imaginativos y, por supuesto, de aplicar esas fantasías".

No hay que olvidar que la boca está hecha para todo tipo de placeres, como comer, o fumar, para los que lo consideran un placer Sin embargo, pocas acciones pueden despertar tantas sensaciones como los besos. "Con la boca podemos despertar sensaciones en todos los sentidos: oler, saborear, mirar, escuchar, sentir desde el tacto. Besar es una verdadera sinfonía de los sentidos. Por eso me parece importante aprovechar cada uno de ellos, por ejemplo, dando besos con sabor a chocolate o champagne, o vendándote los ojos y conectándote con el resto de los sentidos", aporta Ezequiel López.

La idea de base es que no hay un beso igual que otro. Podemos probar con nuestra pareja a darnos un beso suave en los labios, un beso en la frente, un beso apasionado o un beso de despedida y comprobar cómo un mismo roce puede hacernos sentir sensaciones muy diferentes. Incluso podemos disfrutar de varios juegos, como besar partes diferentes de nuestro cuerpo o intentar innovar en la forma de darnos besos, añadiendo recursos como lametones, pequeños mordiscos, o por qué no, hasta una pedorreta que no nos suponga un arranque de pasión, pero sí de risas. Esa es la idea de la terapia de besos: aprender que si solo con una parte tan pequeña de nuestro cuerpo podemos hacer cosas tan diferentes, qué no podremos descubrir y disfrutar si jugamos y experimentamos con todo nuestro cuerpo.

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Hay algo irresoluble en las relaciones humanas que las hace atractivas, impredecibles, turbulentas, apasionantes e imposibles de ordenar sistemática y jerárquicamente. La dinámica humana, nuestras contradicciones, nuestra animalidad, el contexto cultural (religioso, económico, político o de tradición familiar), la intimidad compartida con o sin otras afinidades, como las intelectuales o las metas prácticas comunes, nos llevan a fracasar cada vez que intentamos definir las relaciones que tenemos o las que deseamos.

Dice Adonis que "el amor nunca se encuentra en una situación de inmovilidad que permita determinarlo o definirlo; al contrario, se halla siempre en un permanente estado de movimiento y transmutación, pareciendo incluso que no está, o que no existe".

 

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Leandro Lamas.

Cuando Eros entra en juego, la tensión sexual es la corriente alterna que impulsa el movimiento y, entonces, queremos que la cabecita se ponga en sincro para intentar definir lo que sentimos. Siguiendo con la analogía físico-eléctrica, eso que sentimos es una corriente variable en la que las cargas cambian el sentido del movimiento de manera periódica. De ahí el poco éxito de nuestras intentonas racionales. Nos faltan palabras o texturas para describirnos y, así, nos acercamos torpemente con las herramientas de las que disponemos y, de bruces contra el límite, tomamos consciencia de que el discurso es un ente diferente al del cuerpo indefinible, o los cuerpos, o el espacio compartido.

Hay pocos síes o noes redondos y el 'no' nunca es del todo 'no', pero tampoco el 'sí' está exento de vagas ráfagas de otras nubes. Por ejemplo, cuando estamos con alguien que nos gusta mucho (o estamos dando el 'sí' en el Registro Civil o el altar) y, de repente, pasa un algo que le vemos, o una duda nuestra en el estómago, o un vértigo, y ni siquiera podemos verbalizar el viento o el miedo, y menos relatárselo a alguien, ni a nuestra mejor amiga, porque no queremos nublar una definición que nos ha quedado bien, que nos calza en ese momento de nuestra vida, y porque tampoco sabríamos decir (¿qué?) en las palabras de las que disponemos.

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Una 'key party' con los vecinos

Por: | 20 de octubre de 2016

Nos creemos muy modernos. Ahora todo el mundo habla de orgías y de bares swingers, como si hubiera descubierto la panacea. Como si el Marqués de Sade no hubiera estado tan puesto en tendencias sexuales como nosotros. Como si nuestros padres no supieran más que nosotros de los intercambios de pareja.

De hecho, puede que antes todo surgiera de una forma más natural. Porque si ahora recurrimos al anonimato de la red o de las fiestas de máscaras con desconocidos, la liberación sexual era, antes, algo que compartir con los amigos. Incluso con los vecinos. Viendo la última temporada de Masters of Sex, más allá de los fetichistas de pies y de las orgías de la casa Playboy, recordábamos las míticas fiestas de llaves. Las llamadas key party se volvieron una práctica bastante conocida durante los años 70. Sin embargo, quienes no disfrutamos de esa época de liberación sexual, hemos podido guardarlas en nuestra memoria gracias al cine, a películas como The Ice Storm, que narra cómo la liberación sexual tan de moda llegaba a los barrios residenciales y 'salpicaba' a las acomodadas y tradicionales familias americanas que, de pronto, se aficionaban al intercambio de parejas.

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Escena de la Key Party en 'The Ice Storm'.

La idea es la siguiente: "Me ponen los desconocidos pero, la verdad, es que la persona que más ganas tengo de tirarme, es al vecino o vecina de enfrente". Tiene toda la lógica, nuestro objeto de deseo, fuera de la pareja, suele ser alguien a quien observamos todos los días y con quien nos imaginamos todo tipo de posturas sexuales. ¿Y si pudiéramos tener carta blanca por una noche y cumplir nuestras fantasías? Algo así como un carnaval en el que todo vale, pero todo se olvida, o un "lo que pasa en Las Vegas, se queda en Las Vegas", que se convierta en un pacto tácito entre las parejas.

Así, las noches de key party parecían ser una fiesta como otra cualquiera. Una reunión de matrimonios jóvenes y de mediana edad, en general, con cierto nivel intelectual, que pasaban la velada hablando de actualidad, política, chismes del vecindario y las últimas novedades en el teatro y cine del momento, mientras se tomaban un cóctel de moda. Todo muy habitual, en principio. La cuestión es que, al llegar a la casa del matrimonio anfitrión, los hombres dejaban las llaves de su coche en un cuenco y, a determinada hora, las mujeres sacaban una de esas llaves al azar, para pasar una noche de desenfreno sexual con el dueño de las mismas, le tocase el que le tocase. Y es que por cierto, muy modernos todos, pero aquí las relaciones eran siempre hombre-mujer, no fuera a ser... Que eso también tenía lo suyo, claro.

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Hacer el amor por los codos

Por: | 18 de octubre de 2016

Tocarse, rozarse, invadirse, frotarse, queriendo o sin querer queriendo. A veces nos recreamos al infinito con esas sensaciones de la carne primera del encuentro. El estremecimiento que podremos evocar un año o diez lo desató una piel ligera, que no llega a apoyarse en el cuerpo del otro que todavía es un desconocido, o un poco conocido. Se apoya apenas. Testar. Un dedo que casi no toca pero entibia y magnetiza. Erizados ambos, sorprendidos o espantados. La sensualidad: ¿Qué hago? ¿Doy señales? ¿Sostengo el contacto o tomo distancia para reflexionar?

¿Contar hasta diez manteniendo el calorcito cerca, y luego ir viendo?

¿O que se note el movimiento esquivo, la cobra?

Codos, antebrazos, muslos, superficies de contacto iridiscentes. Sexualizar el aire que respiramos, con un leve gesto que casi nunca es premeditado.

 

  Irene_toca_pierrnaDe la serie 'Ágatas' de Irene Díaz.

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Pagar por sexo

Por: | 14 de octubre de 2016

La prostitución es la institución de las excusas. Porque siempre hay alguien que le encuentra un motivo a su existencia. El hecho de que haya ciertas prácticas que da miedo proponer a la pareja, la soledad, la timidez, la falta de cariño, la iniciación, el entorno rural. Todo el mundo encuentra un motivo para pagar por sexo.

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La imagen de la prostitución suele ser una parte del cuerpo como los pies o las piernas. Ryan Mc Guire.

Porque el mundo ha cambiado. Es verdad, en algunas cosas, lo ha hecho. Por ejemplo, en lo que al sexo se refiere. Hoy el sexo es fácil. Quizás siempre lo ha sido, pero nadie se atrevía a decirlo, yo lo digo. Hoy en día mucha gente se conecta el móvil, en cualquier ciudad, en cualquier pueblo y, más pronto que tarde, consigue una cita para practicar sexo. ¿De verdad creemos que Tinder solo existe para encontrar pareja? Tinder también existe para citarse en un hotel por horas, saludarse, desahogarse y quedar ambos tan amigos.

Porque todos tenemos momentos en la vida en los que solo buscamos eso: sexo. No es algo malo. No hay que seguir excusándose en el ideal romántico, en la conquista, en el que la sigue la consigue. Ya hemos superado eso. Hemos aceptado que somos animales de instintos y que a veces no nos interesa qué tal te ha ido el día, sino poder tener juntos un orgasmo. Para hablar ya están los amigos.

¿Y entonces? Entonces tenemos que dejar de engañarnos. Tenemos que dejar de poner excusas a lo que no las tiene. Porque no, no estamos pagando por sexo, no se trata de eso.

El pagar exime de responsabilidad. Quien paga se cree en el derecho de olvidar. De olvidar que al otro lado hay una persona. Que no hace falta mirarle a los ojos, preguntarle qué tal está. Que no es necesario que ella goce, ni pensar si le duele (porque está seca), porque no tiene nada que ver con ella. Porque ella no es nada. Porque el que paga, busca eso: objetualizar. Reducir a la otra persona a lo mínimo; es decir, desprenderla de su humanidad. Solo es un agujero. Un vagina en lata, de esas que, por cierto, sí que se pueden comprar.

El que paga no busca sexo, busca liberarse de culpabilidad. Porque, como ha pagado, se cree con derecho a exigir, a reclamar. Porque, como pone dinero sobre la mesa, es superior al que lo recibe. Porque eso le permite pedir de la otra persona todo lo que quiera, incluso su dignidad.

El 20 por ciento de los hombres españoles reconoce haber consumido prostitución (una cifra relativa, puesto que no es algo que todo el mundo se atreva a contar). Un 10 por ciento, eso sí, reconoció que entre las mujeres había menores, niñas quizás de la edad de sus hijas, de sus sobrinas, de sus hermanas. Pero no hizo nada al respecto. No era su problema. Dos de cada 10 hombres que conocerás ha pensado que una mujer podía ser solo un agujero. Ni más, ni menos.

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Condonismo ilustrado. Primer paso: medirse el pene

Por: | 12 de octubre de 2016

Por Pol García*

"Quiero los condones más finos que tengas", es una petición con la que me encuentro a menudo en mi trabajo. Llevo un par de años como dependiente en una tienda erótica del barrio de Gràcia de Barcelona, y si algo he aprendido es que el mundo profiláctico es mucho más amplio de lo que parece. Y es que las marcas clásicas llevan años intentando vendernos preservativos "más finos que los anteriores" y, mientras tanto, muchos hombres seguimos quejándonos de que nos molestan los condones. Pues aplicando la vieja lógica de "si quieres resultados diferentes, haz algo diferente", os voy a proponer algo: medíos el pene.

CarpinteroAsumo que la mayoría de los chicos lo hemos hecho alguna vez. Ese momento en que lees por ahí que la medida estándar del pene es X, y necesitas comprobar si estás dentro o fuera de la 'normalidad' (maldito concepto). Resulta irónico que, con la importancia que se le da al tamaño del pene en nuestra absurda sociedad falocéntrica, a la hora de la verdad no sepamos cómo medirlo.


Sépase que existen condones por tallas. Y no estoy hablando de las versiones XL que venden las grandes marcas, que de XL tienen lo que yo de cura. Lo que hay que tener en cuenta a la hora de elegir un condón no es tanto el largo del pene como el grosor. La longitud no debería preocupar más que en casos puntuales (ya llegaremos a ellos), ya que la mayoría de los condones pueden desenrollarse 'un poquito más'. Lo que importa realmente, lo que te devolverá un poco de esa sensibilidad que por norma te quitan los preservativos, es fijarte en la anchura nominal. Y esto no es otra cosa que la circunferencia del pene dividida entre 2.

¿Y qué hacemos con ese dato métrico? Pues como es habitual en nuestra época: entrar en internet. Existe una marca alemana llamada MySize que fabrica condones con 7 anchos diferentes. Y está también TheyFit, que presumen de ofrecer hasta 66 tallas de preservativo distintas. Tanto MySize, como TheyFit tienen guías en su página web para encontrar tu talla ideal de preservativo a partir de tu anchura nominal. Introduces tus medidas y ¡zas! ahí va tu condón ideal. En el caso de TheyFit no solo se tiene en cuenta el ancho del pene, sino también el largo (para los casos puntuales que comentábamos antes) y la forma (hay penes más anchos por la punta, otros por la base, o con más curva).

En la tienda, cada día entran hombres que no entienden por qué los preservativos que usan no les van bien. "¿Qué condones me recomiendas? Los XL me aprietan, y tampoco tengo un pene descomunal, ¿Cuales son los más finos?" Mi respuesta es casi siempre la misma: "olvídate si son finos o no, lo importante es que te ajusten bien. ¿Sabes los zapatos, que cuando llevas los de tu talla dejan de molestar? Pues con los condones, igual".

Regla

He aquí unos datos:

- los normales de Durex tienen 56 de anchura nominal (los de sabores tienen menos)
- los normales de Control: 54
- los XL (tanto de Durex como de Control) tienen 57.

Conclusión: ¡nos están engañando! Tanto Durex, como Control, como las marcas populares de muchos otros países (sí, soy el friki que cuando sale de España se pierde por los supermercados leyendo la letra pequeña de las cajas de condones) fabrican sus modelos XL dándoles más lubricación para que parezca que entran con más facilidad. Y sí, también algún milímetro más de anchura, pero la diferencia con los 'estándar' no pasa de insignificante. Mi opinión es que los XL solo sirven para que muchos chicos se sientan campeones por comprar condones 'grandes' (otra vez, el falocentrismo). Pero solo es una opinión. Sigo sin entender por qué las grandes marcas desinforman de esta manera.

Todo esto me lleva a pensar que la represión y el silenciamiento que aún hoy sufre la sexualidad nos impide llegar a razonamientos lógicos. Como por ejemplo: si los hombres utilizamos todos una larguísima variedad de tallas de camiseta, pantalón, zapatos; las mujeres, mil variedades de sostén... ¿cómo podemos pensar que cuando se trata del pene solo DOS medidas son suficientes?

¿Os parece muy obvio? A mí, ahora, también. Pero he necesitado trabajar en una tienda erótica para pensarlo.

Mi recomendación es:

Chicos: Tened una erección y tomad medidas. Pero quedaos sobretodo con el GROSOR. Cuando encontréis vuestra anchura nominal es probable que descubráis un mundo de sensaciones que no creíais posible con un condón puesto.

Chicas:
A)  Si no sabéis con qué os vais a encontrar, buscad una marca que se llama Toro. El nombre es un poco horrible, pero son condones súper elásticos y se adaptan muy bien a la mayoría de penes (muchísimo mejor que las marcas clásicas).
B)  Si ya sabéis con qué pene vais a jugar, preguntadle antes por su anchura nominal (es una pregunta que no suele perturbar el orgullo de macho tanto como la longitud).

Os emplazo entusiastamente a hacerlo, a invertir dos minutos de vuestro tiempo a localizar una cinta métrica, a empalmaros y enrollar la cinta alrededor de la base del pene. El dato que obtendréis puede ser un billete de ida a un sexo mucho más pleno y confortable.

 

*Periodista y colaborador de amantis.net

Test de rivalidad compartida

Por: | 09 de octubre de 2016

Hay cosas que pasan en las parejas, no importa de qué condición, edad ni religión (no importa si han firmado o no ante el Registro Civil). Son esos comportamientos en automático que se han ido fosilizando desde que dos personas se sintieron seguras la una con la otra y la una de la otra. A medio camino entre el sarcasmo, la hostilidad y la... hmmmm ¿complicidad con retintín?

Son esas cosas de las que jamás debería responsabilizarse a uno solo de los dos, porque siempre son neurosis de ida y vuelta. aceptadas y ejercidas por ambos (incluso cuando parece que hay una víctima y un victimario). Son esas cosas que constituyen un juego compartido (a veces algo sádico, perversito, fóbico o maníaco, pero compartido). Son esas cosas que, de afuera, y sobre todo cuando estamos desparejados, nos hacen pensar: "menos mal que no estoy encerrado ahí dentro".

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Foto de Irene Díaz. Ella, aplastante.

Sin querer, consciente o inconscientemente, en pareja, vamos negociando placeres, intercambiando frustraciones y, a veces, adoptando rutinas de mutuo flagelo. Se trata de mecanismos bien engrasados, que se repiten casi sin variaciones. Mecanismos que pasan inadvertidos para los miembros de la pareja y que, sin embargo, no dejan de horadar el bienestar psicológico individual y el compartido (si alguna vez lo hubo).

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Salón del 'porno' de Barcelona, ¿hay alguien sincero?

Por: | 06 de octubre de 2016

Por María Paz Ruiz*

No me gusta el porno del Salón Erótico de Barcelona, pero defenderé a Amarna Miller a que se exprese como quiera, hasta la muerte.

Te plantas delante de las redes sociales y llamas hipócrita a todo el que no es capaz de confesar lo que hace, al de la moral de día y el robo de noche, te metes con los taurinos, con Barberá, con el clero, con las vírgenes, con el trato basura hacia los inmigrantes (sic), con el aumento de la prostitución (denuncias que es ilegal), y luego, en un crescendo musical que recuerda al de la Champions, sueltas que algunos, incluyéndote, no se rinden.

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'Venus y Cupido', de Alessandro Allori. Museo Fabre, Montpellier.

Y bien, ¿qué hacer con un spot así? Pues, obviando los farragosos debates con abucheos y aplausos de las redes sociales sobre si esto se digiere con Almax o no, lo que apetece decir es que no es más que una invitación a un escaparate de la industria, una invitación en una carta bomba, si lo quieres, pero currada desde su guión y su factura. Lo que pasa es que el porno que se puede ver en el SEB es el que es, y para eso no hace falta que pongamos tutoriales.

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¿Qué es y qué no es infidelidad?

Por: | 05 de octubre de 2016

Tener una pareja abierta tiene sus ventajas. Por ejemplo, en lo que supone en cuanto a comunicación. Es decir que para establecer una relación abierta han de marcarse unos límites de lo que está permitido y de lo que no, hablar de lo que podemos debatir o dejar para más adelante e incluso comentar abiertamente cómo nos hacen sentir estos acuerdos. Algo que las parejas tradicionales no suelen hacer, y deberían. Porque luego vienen los líos.

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Mel Gibson y Sigourney Weaver en 'El año que vivimos peligrosamente'.

Para empezar, porque no todo el mundo entiende, de la misma manera, el concepto de infidelidad. Parece que todo el mundo tiene bastante claro que lo que conlleva un coito, por así decirlo, cuenta como falta. Aunque, claro, no cuenta igual si ha sido una vez, así casi por despiste, o si se es reincidente. Pero, ¿y todo lo demás?

Por ejemplo, en la era de Internet, ¿cuenta lo mismo una conversación subida de tono con alguien en persona, que si se hace a través del móvil o la pantalla? ¿O cuenta solo si ha habido intercambio de fotos o de imágenes por la webcam? Teniendo en cuenta de que en las redes sociales de citas, muchas de las personas que cuelgan su perfil son personas que tienen pareja, ¿cuenta ya solo la intención de ser infiel aunque no haya pasado nada?

Volviendo al terreno físico, tampoco todo el mundo está de acuerdo en cuál es el límite. Si se tiene claro que el hecho de que si hay penetración se ha sido infiel, parece que el sexo oral también podría entrar en esa categoría. Pero puede haber muchos más roces, incluso con la ropa puesta, mucho más intensos que los que se hacen sin ella. Y qué hay de la cuestión de los besos. ¿Cuentan los con lengua y no los sin lengua? Quizá cabría pensar que si solo ha sido un beso, pero hemos parado la situación antes de que se nos fuera de las manos, es que realmente hemos conseguido que no pasase nada. Todo depende de cómo se mire.

Porque no importa solo el hecho sino también cuándo ha ocurrido. Quién no recuerda ese momento entre Ross y Rachel en Friends cuando, tras una pelea, él acaba con la chica de las fotocopias, pero se agarra, además durante varias temporadas, al argumento de "nos estábamos tomando un descanso". Incluso siendo así, durante un break para repensarse las cosas, ¿todo vale o sigue habiendo normas?

 

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Culo veo

Por: | 03 de octubre de 2016

Por Martha Zein*

Mirar culos es nacer dos veces. Si, he escrito "mirar culos" y no tetas o paquetes o sonrisas o torsos o chocolatinas musculadas o lo que nos plazca a cada quién. Afirmo que mirar culos nos renace y puedo argumentarlo.

Para empezar, fijarse en el trasero ajeno implica que su dueño/a está en movimiento; es difícil contemplar unas nalgas sentadas y las recostadas pocas veces se nos ofrecen a la vista. Esto hace que el asunto tenga algo de aparición, de encuentro, un regalo fugaz para nuestras retinas, porque el trasero nos pasa por delante de los ojos al margen de nuestra voluntad. Además, implica que su portador/a se mueve (camina, baila...), es decir, despliega la energía de los seres vivos cuando se relacionan con el entorno, aunque sea de manera inconsciente (al movernos no controlamos todo lo que sucede), y eso transforma de alguna manera nuestro espacio en el momento preciso en el que lo compartimos con ese trasero fugaz. El paseo marítimo, la calle, el pasillo del hotel... cambia de ritmo por un instante.

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Dibujo a domicilio.

Esto puede suceder con la observación de cualquier otra parte placentera, lo sé, pero si destaco la capacidad regeneradora de mirar "esto" (culo) y no "aquello" (todo lo que no es culo) se debe a un valor añadido: todas las espaldas terminan en el mismo lugar, incluida la del gato de mi vecina. Hombres, hembras y viceversos son portadores/as de dos nalgas. No importa el género o intergénero al que se pertenezca, todo el mundo puede encontrarse con un culo al que hacerle la ola. Todo el mundo está, pues, en ambos lados de este juego.

Una vez aclarada la razón por la que elijo nalga y no pezón, paso a subrayar el componente sensual del mirar: este acto no tiene otro fin que el de disfrutar contemplando. No se trata del primer paso de un cazador, no hay voluntad de posesión, no se necesita saber más de su dueño.

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Consentimiento

Por: | 29 de septiembre de 2016

Doy mi consentimiento. No, no quiero, me arrepentí.

¿Ella quería o fue 'contra su voluntad?

Consentimiento: esa palabra que últimamente se vapulea en Tribunales, en boca de acusados de violación, entrenados por sus abogados para asegurar (con la boca chica): "ella dio su consentimiento". Pero, de un modo menos evidente, sin esa carga de violencia callejera entre desconocidos, muchas mujeres y algunos hombres sabemos bien lo difícil que suele resultar, en nuestra vida cotidiana, hacer oír nuestra respuesta.

A veces, en territorios de pareja, dejamos pasar esos momentos de no-voluntad para terminar dando un consentimiento a medias, o por cansancio, una rendición, quizá en medio de la noche, sin ganas.

"El consentimiento en el sexo se ignora todo el tiempo", es la frase con la que la gente de la plataforma everydayfeminism.com presenta una serie de viñetas metafóricas que nos hacen ver cuán absurdo es negar el valor del consentimiento en terreno erótico, a través de un paralelo con situaciones de intercambios y diálogos cotidianos.

Everydays feminism

Son esas "cosas que os parecen absurdas" en situaciones de la vida cotidiana, pero que en el sexo se consideran "banales", y hasta aceptables, diríamos. Aquí, las frases de desenlace de las viñetas:

"Ah, no, tú me dijiste que querías ver la película, ahora la tienes que ver hasta el final".

"Me dijiste que me prestabas tu coche una vez. Yo entendí que era todas las veces que yo quisiera".

"Dijiste que te gustaba esa canción, yo te la pongo hasta mientras duermes".

"Ah, tú me contaste que querías hacerte un tatuaje y yo te lo hice mientras dormías".

"Tú eres mi mujer y tienes la obligación de cocinar para mí, así que hazme esa tortilla o te irás al infierno".

"Yo he traído las cartas y vamos a jugar a las cartas. No puede ser que me invites a tu casa para jugar a las cartas y luego te arrepientas".

"Tienes un cuerpo musculado. Se ve que te gusta el deporte. No me digas que no me estás incitando a que te dé cosas pesadas a cargar. No me acuses a mí si tú eres el que muestra los músculos".

Como veis, hay para todos los gustos y seguro que nos reiremos ante el ridículo de estos desplantes en cualquier otra situación de vida cotidiana que no sea la cama. En todas queda más que claro que el cambio de opinión es una opción a respetar y que el estado de inconsciencia (o cuando estamos dormidos/as) es un momento de desprotección del que jamás habría que aprovecharse.

Vale la pena repasar, al respecto, aquella amable campaña de la taza de té, que se viralizó en las redes. Allí se explicaba cómo invitar un té y cómo evitar obligar a alguien a tomar un té contra su voluntad:

"¿Quieres una taza de té?". Si te dice que sí, pero cuando llega el té, cambia de opinión, respeta su "no". Y, entre otras cosas, no la hagas tomar té si está inconsciente, porque lo que necesita es sentirse segura y no 'obligada' a algo para lo que no está en condiciones de dar su consentimiento.

No hace falta de hablar de acoso callejero para comprender el verdadero significado de la palabra 'consentimiento'. Veamos:

-Tengo sueño, necesito dormir.

-Yo no quiero dormir.

¿Os suena la situación? Sucede que a muchos/as estos diálogos les resultarán conocidos de algunas noches en pareja y lo relativizarán: "que acabe pronto" (he escuchado alguna vez). Sin embargo, estas 'cesiones' van dejando huella en ambos, porque el que embiste  también ha de sentirse miserable. Y esto cuesta desamor y asquito, huidas y hostilidades que luego no sabemos de dónde vienen, cuando amanece.

Hagamos el amor y nunca la guerra.

 

Sobre el blog

Ni enciclopedia ni consultorio sexual al uso. He aquí un rincón erótico festivo dedicado a las relaciones y la atracción entre seres humanos, esa faceta que nos hace la vida más placentera, tierna, amorosa, plena… Un blog coral, con cinco autoras de todo origen y condición, que apuesta por el juego, la provocación, lo sensual y el sexo como acto libre, adulto, compartido, real o ficticio, siempre divertido... Eso sí, si tu mirada no es amplia y tolerante, mejor no te detengas aquí. Coordina Analía Iglesias. No sólo se admiten firmas invitadas, sino que son deseadas.

Sobre las autoras

Anne Cé. Nació en el sur austral (Argentina), en un tiempo beatle y en un país con altísima densidad de psicoanalistas y jugadores de fútbol. Periodista, quizá incluso a su pesar, narra lo que se le ponga delante. Y narra, y narra. Un día descubrió que el simple roce de una clavícula le erizaba la piel y entonces comprendió por qué le gusta tanto abrazar a un hombre.

Esther Porta. Segoviana, fue becaria en el mítico Tentaciones y allí hizo de todo hasta que sus conocimientos de sexo la convirtieron en Beatriz Sanz. Y gracias a ella, publicó artículos semanales de sexo, dos libros y fue reclutada como sexperta guionista del programa de Canal +: 'Sex Pópuli'. Cuando casi se le había olvidado (lo de escribir de sexo...) se mete a bloguera. Y aquí está, con tantas ganas de sexo (del uno y del otro) como siempre...

Venus O'Hara, de Reino Unido, con raíces irlandesas. Modelo fetish, actriz y escritora. Licenciada en Ciencias Políticas y Francés, reside en Barcelona, ha sido columnista sexual en varias revistas, tiene su propio blog de fetichismo y es creadora de 'No sabes con quien duermes', un confesionario para personas que llevan una doble vida. Publicó su primer libro junto a Erika Lust, 'Deséame como si me odiaras', en 2010.

Tatiana Escobar, de Venezuela (1976), ha escrito ensayos y poesía en español. Traductora y editora, en 2004 abrió en Madrid junto a sus socios la primera boutique erótica de España, La Juguetería Erotic Toys, para no tener que vivir de la literatura. Desde entonces vive del sexo. Y escribe, a veces, para sus amigos.

. Madrileña. Soñó con escribir y pronto descubrió una vía: el periodismo. Pero como tampoco valía narrar sobre cualquier cosa, eligió suerte y remató la faena con un posgrado en Sexología. Ha trabajado en suplementos de salud y medios especializados. Con la práctica ha acabado por darle un toque más sensual a sus letras. Y con ellas sueña en escribir, ahora, un libro.

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Venus O'Hara, Anne Cé y Silvia C. Carpallo, según 'Mi Petit Madrid'.

Nuevo libro

El orgasmo de mi vida. Si ya no sueñas con príncipes azules, locos por pedirte en matrimonio, ni esperas que aparezca un millonario atormentado pero diestro en amores, con una Visa en una mano y un látigo en la otra, este libro es para ti. Porque El orgasmo de mi vida habla de eso, de mujeres realistas, lúcidas, independientes y eróticamente vivas, capaces de combinar esa cotidianidad que todas conocemos, con sus pasiones más salvajes. Ellas son las protagonistas de los relatos, sin guionistas que les digan lo que tienen que hacer, pero sobre todo, son las compositoras, directoras e intérpretes de los orgasmos más armoniosos de sus vidas.

Lux eróticaLux erótica. "Escribir sobre sexo era la propuesta y me sentí estimulada. Después de tantos años como periodista cultural y con mucha vida hecha en torno a la información y a la actualidad, tenía ganas de ponerle carne a la crónica. Porque nuestra más genuina actualidad como personas pasa por el relato del erotismo. Porque de atracción y de relaciones hablamos todo el tiempo en este tiempo occidental con ciertas libertades individuales garantizadas y rebosante de espíritu lúdico pero también algo desafectado y con nuevos descompromisos adquiridos...". Anne Cé.

Inglés para pervertidosInglés para pervertidos."Se dice que la mejor manera de aprender un idioma es a través del sexo con un extranjero. Pero ¿qué haces si estás en la cama y no sabes qué decirle? Con Inglés para pervertidos puedes aprender todas las palabras y expresiones que siempre has deseado saber, desde lo más elemental al sexo más salvaje. El libro cuenta con ocho capítulos centrados en las partes del cuerpo, la cama, el LGBT, las compras sexis, el lado oscuro, el porno, el chat y la salud sexual. Cada capítulo contiene vocabulario, gramática y unos ejercicios muy originales que no encontrarás en ningún otro libro. Aprende todo lo que tu "English teacher" no se atrevería a enseñarte nunca. Y... si te cansas de estudiar, el libro incluye un montón de fotos mias para distraerte". Venus O'Hara.

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