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Recetas para padres VII. Cuándo y cómo castigar y premiar a los hijos

Por: | 13 de septiembre de 2013

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La clave del castigo y del premio es hacerlo siempre en relación con el esfuerzo del niño. Cuando un hijo empieza a flaquear, los expertos aconsejan que los padres se planteen un castigo siempre y cuando ese mal resultado se deba a una falta de esfuerzo. Y es que el castigo solo sirve cuando se quiere que el niño se dé cuenta que debe eliminar determinada conducta. Es decir, debe ser una forma de corregir que ayude al hijo a aprender lo que debe y lo que no debe hacer.

Las formas más habituales de castigo son el negar algo deseado por el hijo, el retirarle un privilegio que se le haya dado o el obligarle a hacer algo que no le apetece. Pero de nada sirven estas medidas si no se consigue que el niño entienda por qué se le reprende y que le quede claro cuál es la manera de que él pueda evitar que se le vuelva a castigar. De ahí que sea fundamental que haya una buena comunicación entre los padres y el niño.

En cuanto al polémico castigo físico, todos los organismos internacionales de defensa de los derechos de los menores coinciden en que de ninguna manera es aceptable. Una bofetada lo único que provoca en el niño es miedo y solo sirve para que se olvide del verdadero motivo por el que se le ha regañado. La violencia física acalla a los niños y hace que se refugien en sí mismos. Aparte de no ser razonable, en sí misma no corrige la mala conducta respecto al estudio.

Un error común entre algunos padres es el de no relacionar los privilegios que se le dan al hijo con el resultado obtenido en sus estudios. Es decir, un chico que suspende de forma permanente no puede estar recibiendo los mismos juguetes que si su rendimiento fuera bueno. Aunque sea a veces difícil, los padres deben mantenerse firmes y explicar a su hijo las medidas que van a tomar por sus malas calificaciones  y por qué. Hace unos años una madre me comentaba que su hijo había terminado 3º de ESO con cinco suspensos y que, claro, como se iban de vacaciones toda la familia a Nueva York le iba a resultar difícil aprobar todo en septiembre. La pregunta es, ¿un chico que ha suspendido cinco materias se merece un viaje como ese? Claramente, no. Debería quedarse en casa con algún familiar a estudiar. Porque el mensaje que se le está dando en ese caso es contradictorio. Se le reprende por suspender pero luego se le lleva con 15 años a un viaje estupendo en verano durante el tiempo que debe estar estudiando. 

También se recomienda que los padres tengan una política propia sobre el castigo, que decidan qué van a hacer y se mantengan firmes, para que los hijos aprendan cuál es la consecuencia en su casa de que saque malas notas por no esforzarse lo suficiente. A nadie le gusta castigar, pero si no se toman medidas desde la primera vez que percibimos que el niño flojea, irá a más. Además, no es que haya que estar todo el rato castigando. De hecho, los castigos son más útiles cuanto menos se usan. Su valor está en su efecto disuasorio. El castigo por sistema, acaba resultando inútil.

En cuanto al premio, por lo general, tiene un mayor efecto corrector que el castigo, excepto en situaciones graves. Premiar tiene la ventaja de que promueve que el niño cumpla sus objetivos, que se esfuerce por sacar buenas notas. Si un niño suspende un par de asignaturas por primera vez, podemos intentar, antes de castigarle, prometerle un premio si se vuelve a esforzar como antes, para así intentar que reaccione. Si el premio le interesa y es algo que no hace habitualmente, en muchos casos es un sistema que funciona.

En todas estas reflexiones lo que se ve es que el premio y el castigo forman parte del proceso educativo y son positivos si se enfocan bien sus objetivos, su utilidad y si se explica bien al niño o adolescente la razón de cada uno. Algo que no hay que olvidar es que un hijo siempre debe tener claro que se le regaña, castiga o promete un premio porque ha hecho mal un examen, por ejemplo, pero nunca debe pensar que es porque es malo. Un castigo nunca debe suponer una descalificación del niño. Eso minaría su autoestima y tendría consecuencias muy negativas para su motivación por aprender y para su desarrollo como persona. 

 FOTO: Getty Images/National Geographic Creative

Hay 34 Comentarios

Resulta desalentador, pero la mayoría de nuestros comportamientos buscan conseguir un premio o evitar un castigo; es decir, están movidos por el interés o por el miedo. Y en esto se basan todos los sistemas de entrenamiento y adoctrinamiento, incluida la enseñanza: en producir placer o dolor manejando la fuerza o manipulando las emociones. Es una forma de condicionamiento que alterna entre el golpe y la caricia, la alabanza y el desprecio, la promesa y la amenaza. Así es como se acostumbra a las personas a obedecer y a buscar la aprobación.

Se establece una escala de valores acerca de lo que está bien y de lo que está mal, de lo que es correcto o incorrecto, de lo bueno y de lo malo. Y para que no haya confusión se recurre a las normas, que nos indican cuál es la forma adecuada de hacer las cosas. Y de las normas se pasa al juicio. A continuación se establece un juego de correspondencias entre cada acción y su consecuencia, entre cada comportamiento y la recompensa o la sanción que llevan asociados.

Lamentablemente, cuando se intenta prescindir de estas prácticas, confiando en la responsabilidad y el buen criterio de las personas, los resultados no son los esperados, sino que tienden a dar la razón a aquellos que justifican su necesidad. Sin instrucciones, sin la tensión que provocan el palo y la zanahoria parece que nuestros comportamientos tienden a relajarse, parece que el cuidado, la atención y el esfuerzo que se ponen en una tarea son inferiores a los empleados cuando hay una amenaza o una recompensa. Lo cual es lógico, porque para prescindir de los premios y los castigos se necesitaría otro tipo de educación.

https://www.otraspoliticas.com/educacion/la-carita-triste-y-la-carita-alegre

Como sugerencia (20 alternativas al castigo):
https://www.awareparenting.com/veinte.htm

A mí me chirría un poco el título "Cuándo y cómo castigar y premiar a los hijos". Seguramente a nadie se le ocurriría sustituir en el título "hijos" por "a tu mujer", "a tu padre", "a tu cuñado" o "a tu vecino de enfrente".

A los niños hay que educarlos para que poco a poco aprendan con el ejemplo como nos comportamos los mayores. Entre las personas que queremos y con las que nos relacionamos no nos vamos "premiando" o "castigando", entre nosotros existe el hablar las cosas, la asertividad para decir cuando algo no nos ha gustado, el diálogo, la negociación... y como fruto de nuestras elecciones a lo largo de la vida tenemos nuestras consecuencias, que vienen solas sin necesidad de que alguien nos imponga "los premios" o "los castigos".

No sabía que a toda esa manada de teorías y manuales sobre manipulación y vejación se les llamaba conductismo. Me gustaría saber cuántos de los que defienden el conductismo siendo padres, deseaban ser padres. Al fin y al cabo, no son más que un "Consigue lo que tú quieres con el mínimo esfuerzo* se advierten posibles efectos adversos emocionales, sociales y conductuales". Yo quiero ser padre para disfrutar siéndolo, siendo guía y amigo de mi hijo, no alguien que lleva una vida a parte y no tiene más contacto con sus hijos (o su mujer) que para pegarles dos gritos y una cachetada. Con la libertades que hay hoy en día, el que tiene hijos, hoy ya lo hace por que quiere, ¿no?

La palabra "castigo" para que hay que moler a palos a los hijos y no se trata de eso (el articulo lo explica mucho mejor de lo que podría hacer yo). Se trata de recompensar buenas actitudes y "castigar" las malas.
Un par de cosas. Con 13-14 años el mal ya está hecho, muy dificil corregir el rumbo.
Los "castigos" deben ser muy ponderados y no dejarse llevar por los nervios del momento. Pocos pero firmes, nada de perdones porque entonces no sirve para nada.
En caso de que un niño tenga malas notas puede ser por que no se esfuerza o porque hay algo que se está haciendo mal. en AMBOS casos es una responsabilidad de los padres y en ese caso tambien tienen su penitencia. Un ejemplo, el que comentaba el articulo, mi hijo suspende 5 para septiembre (me parece inconcebible) y yo no me voy a New York. Mi castigo es quedarme con mi hijo estudiando todo el verano.

No se plantea qué puede sucederle a un niño para no ir bien en la escuela. Me parece muy simple resumirlo todo a premio o castigo; desde luego yo no quiero ser una madre que premia o castiga, sino una madre que escucha, que comprende, que ayuda y que acompaña en la vida.

No me gusta nada la manera en que en el artículo enfoca la educación de los niños. No comparto estas teorías, que tampoco sé en qué se sustentan.

me ha gustado leer el artículo, los comentarios y ampliar contenido en los enlaces que algunos habéis facilitado. Creo que en lo relacionado con la educación, en España llevamos al menos dos lastres, el histórico y el que ya sabemos los "beneficios" espirituales que aporta a nuestra sociedad.
Por desgracia no todo el mundo puede permitirse una mente abierta al cambio, a la verdad. Pero creo que la evolución es imparable y lloro lágrimas de alegría al ver temblar a todos esos dogmas virulentos que tanto dolor ha traído a todos los que disfrutan pastando en el campo.

Type: leyéndote parece lógico formar una comunidad armada con palos y piedras, tomar unas cuevas cerca de un lago con pesca y sacarnos los piojos unos a otros. Funcionó estupendamente 3000 siglos (y creo que te quedas corto).

¿quiénes son "los expertos"?

porque en algunos párrafos da la impresión que con ese calificativo basta para encumbrar sus opiniones a categoría de dogma.

En fin...
Lo que hay que leer...

Vaya cagada de artículo. El castigo siempre es un error. No da buenos frutos. No estamos creando adultos responsables. El castigo es siempre el fracaso de los padres. Aquí un buen artículo con el que estoy más de acuerdo.
https://www.bebesymas.com/educacion-infantil/el-castigo-es-un-metodo-poco-educativo

Me sorprende que el artículo centre exclusivamente el enfoque del castigo-premio-refuerzo positivo en el aspecto "notas-rendimiento escolar". Esta muy bien aportar pistas para errar lo menos posible en la educación de los hijos, algo tan difícil. Pero me parece que el enfoque está contaminado por la ideología dominante del "credencialismo" escolar cara al desarrollo profesional en la edad adulta, principio perverso del sistema capitalista que tantos disgustos nos está dando últimamente. Aunque, desde luego es una corriente que todos hemos interiorizado y de la que no es fácil zafarse.
No todo son las "notas" en la educación de los hijos. No todo es el colegio. Pensemos en los principios de convivencia, de solidaridad, de responsabilidad social, de respeto... El humano tiene aspectos fundamentales que a menudo se olvidan. La educación va mucho más allá de los contenidos curriculares reglados por el Ministerio. Más allá de los conocimientos, del curriculum académico. Los padres deberíamos tener con nuestros hijos objetivos mucho más amplios y socialmente responsables. Y los premios o los castigos también tienen aquí su función.

A Type:
Ya te han contestado por aqui , creo que no has educado a nadie.
En la prehistoria como tu dices , los niños seguro que jugaban con las hachas echas de piedra , pero seguro que sus padres les educaron para q no lloraran cuando se acercaba un depredador , y me imagino que no con buenas palabras. Si lo trasladamos a nuestros dias , los crios juegan a lo que quieran , pero cuando llegan las horas de estudio los padres intentamos que se apliquen , y muchas veces para el beneficio de todo nuestro grupo ( familia ) debe de acatar unas contuctas , ya que sino el grupo esta en peligro.
Estoy en contra del castigo fisico por norma , pero creo que una torta a tiempo viene bien, son conductas antiguas , lo reconozco , pero yo a mis padres les aprendi a respetar , creo que no tengo que aprender a que mi hijo me respete , algo falla.
La psicologia es una ciencia muy positiva para crios con problemas de cualquier tipo , pero ahora la hemos generalizado , porque es una muy buena coartada para nuestros niveles de exigencia no cumplidos.

A mediodía le diría que fascistas son las personas que quieren que los demás hagan lo que ellos quieren, los que pisotean los derechos de los demás, por raza, color de la piel, o ideologías políticas, y así se harán nuestros hijos si no les enseñamos limites adecuados.El articulo no habla de castigo como maltrato, sino de intentar que el niño se de cuenta de su mala conducta y de que todo lo que hacemos tiene sus consecuencias.

Todos absolutamente somos educados y moldeados por el ambiente en que vivimos desde el mismo momento en que nacemos, por lo tanto no se debe hablar de no educar, sino de saber educar, y sobre todo dar ejemplo.Estoy totalmente de acuerdo con este articulo.¿Si no premiamos las buenas y castigamos las malas acciones a que se pueden atener los futuros hombres y mujeres de este mundo? A todos nos sancionan cuando hacemos las cosas sin tener encuenta las normas, y sobre todo al projimo, y esto es muy fácil de comprobarlo.Llega tarde al trabajo tres dias seguidos, no respetes las señales de trafico, deja tu trabajo sin hacer, etc etc.

Gracias por el articulo Susana. Muy didactico.

Siento mucho si decepciona a muchos, pero desgraciadamente los castigos NO educan. Puede que te enseñen a huir del castigo. Pero creo que estamos intentando enseñar a que un niño estudie, o a que apruebe. Y al final con tanto castigo y tanto premio lo que estamos enseñando es a hacerse expertos en buscar esos premios o huir de esos castigos... Y ya no van a saber nunca los motivos por los que tienen que comportarse de una manera respetuosa, o por los que estudian... Cuesta un poco más pero hay mil maneras con las que podemos motivar a nuestros hijos sin seguir recurriendo a la edad media. Pero claro requiere un esfuerzo extra por parte de los padres... ¿no será este el problema?

El exceso de castigo en los niños puede causar secuencias nefastas o empujarlos a actuar en forma irrazonable. Para ver hasta dónde puede llegar esa actitud, recomiendo leer el contenido titulado EL COMIENZO DE UNA HISTORIA DE ESPANTO Y MISTERIO del blog. https:// eduardodavidlopezespinosa.blogspot.com/

" Una bofetada lo único que provoca en el niño es miedo y solo sirve para que se olvide del verdadero motivo por el que se le ha regañado. "...Si?,pues a mi cuando mi padre me daba dos hostias por traer tres suspensos o por hacer una gamberrada bien clarito que me quedaba por que eran.....los niños de hoy en son unos sinvergüenzas que hacen lo que les da la gana y con el cuento del daño psicológico y que una buena hostia es tortura se han subido a las barbas de los padres....por cierto,terminé la carrera con buenas notas....

" Una bofetada lo único que provoca en el niño es miedo y solo sirve para que se olvide del verdadero motivo por el que se le ha regañado. "...Si?,pues a mi cuando mi padre me daba dos hostias por traer tres suspensos o por hacer una gamberrada bien clarito que me quedaba por que eran.....los niños de hoy en son unos sinvergüenzas que hacen lo que les da la gana y con el cuento del daño psicológico y que una buena hostia es tortura se han subido a las barbas de los padres....por cierto,terminé la carrera con buenas notas....

¿Castigo? Yo creo que, en general, si un progenitor tiene que recurrir a castigar a su hijo es prueba de que aquel merece ser castigado, no el hijo. ¿Premios y castigos? ¿No suena esto a fascismo?.

"En todas estas reflexiones lo que se ve es que el premio y el castigo forman parte del proceso educativo..." de los adiestradores de perros.
Por favor, un poco mas de sentido y sensibilidad y un poco menos de conductismo.

El "Type" este no sabe lo que dice, un niño de 7 años lo que quiere es comer chocolate y porquerías, no ir a la escuela y tener lo que quiere en todo momento.. no va a entender que ir al colegio es bueno porque es bueno para su futuro, ni va a encontrar el placer en estudiar si no se le educa en eso.

De hecho muchos universitarios con sus 18, 19, 20 añitos, siguen sin comprenderlo y ser responsables y en vez de ir al botellón, fiesta erasmus, o lo que toque, matarse a estudiar para salir limpios en los examenes...osea que no vengáis con cuentos de dejar al niño al libre albedrío o llevártelo a NY después de suspender 5... no sé cuántos críos habéis criado o cuantos libros de pedagogía habéis leído pero parece que ninguno..

No se hace a la persona autónomamente responsable, si se valora lo que hace en base a logros previos obtenidos. La ética es una responsabilidad que todos tienen, contribuir colectivamente es el principio, no en función de premiar con algo material lo que es deber colectivo. No me gusta el pragmatismo e individualismo, es una teoría de base egoísta y meritocrática, no fomenta la ética con bases de responsabilidad colectiva.

Vitorino:
Los niños nacen con un programa de desarrollo propio de nuestra especie. No necesitan ser educados. Lo que tú llamas educar no es más que someter, adiestrar, cambiar el programa con el que nacen los miembros de nuestra especie, un programa diseñado por la Naturaleza durante millones de años, y que ha funcionado perfectamente durante 300:000 años (y curiosamente es ahora mismo cuando parece que podemos desaparecer…).


El niño de 3 años no es un enfermo mental (aunque a esa edad, en nuestra cultura, su mente ya ha recibido múltiples agresiones). Su conducta depende de dos cosas: del programa biológico con el que nacemos todos (que es un programa correcto, aunque nos moleste a los adultos), y de conductas patológicas, que aparecen porque sus necesidades no están cubiertas. Cuando respetas las necesidades reales del niño desde que nace (o desde antes), su conducta posterior es racional, y si se le sigue respetando, se hace un adulto sano.


Si un niño desea ver la tele tanto que no puede estudiar lo suficiente, es evidente que algo se ha hecho mal anteriormente. El ser humano nace con deseo de saber, explorar, investigar y aprender. Pero nuestra forma de enfocar la infancia, acaba con eso.

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Sobre la autora

Sue Pérez de Pablos

Susana Pérez de Pablos. Periodista apasionada por la información educativa, por contar las historias y miradas de alumnos, profesores, padres…, las buenas y malas iniciativas de los gobiernos y el inmenso cambio que vive ese mundo, incluidos los temas relacionados con la tecnología, la ciencia y el desarrollo. Viajera inquieta, por los países y por la red, tras dirigir la sección de Educación de EL PAÍS durante más de una década, se propone difundir las ricas experiencias educativas de la emergente y heterogénea Latinoamérica.

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