Sección '24'
Veinticuatro maneras de
ser inmortal e indestructible
Absoluta suspensión de la realidad, señores, porque voy a hablar de 24, que es una historia absurda que, sin embargo, está en el pedestal de mis obras maestras de este siglo. Digo "mis" como si hiciera falta: en esta sección pongo lo que me divierte, y muchas veces "obra maestra" le queda grande a los productos que recomiendo, pero no es el caso de hoy. La saga de Jack Bauer es, con objetividad y desamor, una obra de arte de la televisión.
Ya oigo despotricar a los expertísimos: que la sexta temporada es una mierda, que es imposible viajar en helicóptero de Los Ángeles a la Conchinchina en once minutos, que en la historia nunca hay atascos, que los celulares jamás agotan la batería, que dónde está la hija cuando no aparece, bla bla bla.
No escribo esta recomendación para quienes han visto las seis temporadas. Claro que no. Lo hago (y por eso es una recomendación) para los que nunca han visto 24, o para quienes la han tenido que tragar por Antena 3, de a tres capítulos seguidos y con publicidades soporíferas en medio. A estos últimos les digo: señores, ustedes tampoco han visto 24. No sean pavotes y dejen ya mismo de ver las series que emiten las cadenas.
Aunque ahora todo el mundo esté acostumbrado al recurso, debemos empezar diciendo que la idea de contar una historia en tiempo real ha sido un hallazgo revolucionario para el drama televisivo. Ya con eso —sólo con eso— 24 quedará en la historia grande de la televisión. Dato para los despistados: cada episodio dura sesenta minutos reales, y cada temporada tiene veinticuatro episodios; ergo, cada temporada ocurre en un día, sólo en uno. De 7am. a 7am., por ejemplo.
Su protagonista es Jack (Kiefer Sutherland) un señor valiente e invencible como cualquier otro héroe épico de aventuras. No hay muchas diferencias entre Jack Bauer, McGyver, Superman o Rambo. De todos ellos sólo sabemos que nunca morirán, y que por más que el problemón sea muy grande, tarde o temprano encontrarán la forma de salvarán al mundo. La trama estructural de 24, entonces, es una cagada o, por lo menos, es más de lo mismo. No está allí su mérito.
Tampoco está en esta moderna sagacidad norteamericana de torturar a cualquiera que ostente rasgos de regiones peligrosas. (Si el lector tiene algún problema con la tortura sistemática de inocentes, que se abstenga de ver este entretenimiento de masas.)
¿Dónde está la gracia entonces? Como casi siempre, en unos guiones tremendos que descansan en una idea inédita: el tiempo real y su problemática, el contrarreloj. La falta de sueño y de opciones que tenemos los mortales ante las urgencias.
También hay personajes satélites memorables que hacen que las cosas sean muy entretenidas. Podría hablar de media docena de secundarios brillantes, pero quiero representarlos a todos en la figura de uno: la ambigua Chloe O'Brian (la excelente, irrepetible actriz Mary Lynn Rajskub), una caracterización tierna, sádica, eficaz y desternillante que, no por nada, es la única que no ha muerto ni ha desaparecido, además del inmortal e indestructible Bauer.
Sí, es verdad. La sexta temporada ha sido espantosa. Pero no quiero recomendar aquí ésa, sino la quinta, que es posiblemente la mejor. De todos modos, lo deseable es que el espectador neófito empiece por la primera edición y vaya consumiendo los seis días de a poco, degustando el arte de narrar las mismas aventuras de siempre, pero con un toque finísimo de genialidad.
La séptima temporada (o el séptimo día de veinticuatro larguísimas horas) comenzará en enero de 2008. La veré otra vez, porque me resisto a quedarme con el sabor agridulce de la última. Ojalá 24 vuelva a ser lo que fue. Y que acabe por fin, que ya ha habido bastante.

Hernán Casciari nació en Mercedes, Buenos Aires, en 1971. Es escritor y periodista. Ha recibido el 1º Premio de Novela en la Bienal de Buenos Aires en 1991, y el premio Juan Rulfo en París, en 1998. Actualmente reside en Barcelona.