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Hernán Casciari nació en Buenos Aires, en 1971. Es escritor y periodista. [Más]

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Sección 'Rodrigo García'

Rodrigo García:
el viaje a la semilla

Un recorrido por la vida de uno de los grandes directores de la actualidad y de un narrador con voz propia.
ESPOILER - 20 de julio, 2009
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“Tengas el nombre que tengas, si no presentas un proyecto redituable es imposible que puedas filmar, y mucho menos aún que lo hagas si no tienes un final como de cuento”. (Rodrigo García Barcha)

En casi todas las entrevistas o notas que hemos leído sobre él, incluso en ésta, siempre se menciona que Rodrigo García Barcha es hijo del escritor colombiano Gabriel García Márquez. Está claro que ser hijo de semejante padre no es un dato que pueda pasarse por alto en ninguna biografía. Seguro que no se llega a adulto del mismo modo cuando el que nos cuenta los cuentos de la infancia, al borde de la cama, es uno de los inventores del realismo mágico latinoamericano.

Pero a esta altura de las cosas, con este muchacho que nació en Bogotá pero que pasó la niñez en México y parte de la adolescencia en Barcelona, el uso de la referencia constante -ese recurso de la prensa acostumbrada a trazar filiaciones para que nadie se quede afuera- dejó de ser necesario.

Trabajando. "Nada indica que yo vaya a ser el García Márquez del cine”, se defiende Rodrigo. Y acepta influencias de Bergman y de Truffaut antes que de su padre, al que sin embargo le reserva lo mejor. “La única influencia de Gabo fue la de crear el ambiente en el que crecimos, donde lo que más importaba era servir a la comunidad o crear una obra de arte".

Para el joven Rodrigo García Barcha la herencia paterna no debe haber sido fácil. Emprendió una larga búsqueda personal. Fue fotógrafo y estudió para cheff en París, pero estaba claro que no quería ser ni lo uno ni lo otro. Se especializó después en historia medieval, nada menos que en la prestigiosa universidad de Harvard, donde se graduó. Luego regresó a México, y en la patria de su infancia dio finalmente con la punta del ovillo: fue trabajando como asistente de cámara de comerciales para televisión.

Esta experiencia lo animó a cursar una maestría en el American Film Institute de Los Angeles. Allí profundizó en los primeros secretos del oficio, y regresó a México para trabajar como camarógrafo y director de fotografía en diferentes películas que se rodaron en ese país.

De vuelta en Hollywood escribió el guión de su primera película, Things You Can Tell Just by Looking at Her, que fue aceptado y pulido en el Sundance Institute. Cuando Glenn Close lo leyó se quedó muda, y por ninguna razón quiso quedarse afuera del proyecto.

Ya era un hecho que lo suyo pasaba por el cine. Y si quedaba alguna duda se disipó cuando, junto a unos pocos aspirantes más, lo seleccionaron para participar del taller de directores del Sundance Institute.

Cine para la tele

Como si el destino ya le estuviera indicando el rumbo, el estreno de Things You Can Tell Just by Looking at Her –que reunió a un elenco espectacular- no fue en cine sino en la televisión por cable; para más datos en Showtime, donde la Metro Goldwyn Mayer creyó apropiado venderla.

Esto no era con lo que Rodrigo García Barcha había soñado, pero no se amedrentó y siguió adelante con nuevos proyectos. Finalmente la película, mucho más emparentada con el espíritu europeo que con el americano, se quedó con el premio Un Certain Regard del festival de Cannes.

Después hizo otras obras para la pantalla grande: Ten Tiny Love Stories, Nine Lives y Passengers, acaso su trabajo más flojo; en todas ellas Rodrigo despuntó su interés por describir universos femeninos, y demostró tener en la materia una sensibilidad especial.

“Cuando empecé a escribir me salían mejor los personajes femeninos. Son expresiones modificadas de mi mismo. No siento que haga películas sobre la problemática de la mujer sino sobre temas que me interesan”.

Pero donde más y mejor ha volcado sus dotes de enorme narrador es en sus trabajos para la televisión. Además de haber dirigido grandes capítulos de Six Feet Under, deslumbró detrás de cámara en otras series de HBO, como la histórica The Sopranos y Carnivàle. Los pilotos de Big Love y Six Degrees también llevan su sello maestro.

Su obra cumbre, su trabajo más personal, acaso sea In Treatment, que rescató de un formato israelí (BeTipul) y cuya segunda temporada finalizó en mayo de este año. Se trata de un manifiesto minimalista de veintitrés minutos por capítulo, y que es, como ya dijimos, una revolución televisiva por donde se la mire, un derroche de calidad y de talento.

In Treatment. Paul (Gabriel Byrne) es un terapeuta de cincuenta años que recibe a un paciente por día. Pero todos los viernes acude a contarle sus problemas, personales y profesionales, a su propia terapeuta, Gina, interpretada por Dianne Wiest.

In Treatment condensa el espíritu que sobrevuela la obra de Rodrigo García Barcha: una reacción hacia aquellos productos artificiales -generalmente caros- en los cuales la experiencia humana se reduce a la caricatura. Aquí la magia está en los detalles. El lo define muy claro cuando dice que no necesita bombardear un puente para que una obra conmueva. “Todo el drama puede suceder en un elevador”, observa.

A un mes de cumplir cincuenta años, Rodrigo García Barcha puede decir con tranquilidad que construyó una obra personal con voz propia y que, en el camino, como un viaje a la propia semilla, terminó haciendo realidad el viejo sueño que su padre no pudo cumplir: filmar, trabajar en cine y jugar, como decía Orson Welles, con “el tren de juguete más grande que jamás haya tenido un niño”.

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