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Sobre el autor
Hernán Casciari nació en Buenos Aires, en 1971. Es escritor y periodista. [Más]

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Sección 'Series de los '70'

Heroínas
de ayer y de hoy

Un recorrido onanista por las heroínas de la tele, desde la mujer maravilla de los 70 hasta la muy actual agente Olivia Dunham, de Fringe.
ESPOILER - 30 de octubre, 2009
Enlace permanente » | Comentarios - 44

Una tarde de 1978 mi padre llegó temprano de la oficina, descompuesto del estómago, y me vio frente al televisor mirando La Mujer Maravilla. Se quedó paralizado atrás del sofá: en ese momento Linda Carter se sacaba los anteojos, se soltaba el pelo, daba tres volteretas sobre sí misma y se quedaba medio desnuda en mitad del comedor, con una especie de bikini azul, roja y blanca estrellada, una sonrisa de yegua recién domada y dos tetas muy poco probables a las seis de la tarde de una dictadura militar.

—¿Y esto lo pasan por la televisión? ¿A esta hora? —preguntó Roberto, que jamás había estado en casa antes de la cena.

Mi madre asintió, mientras le tomaba la temperatura con una mano en la frente y lo mandaba a acostarse. Pero mi padre no se movía del sitio. Los ojos fijos en la mujer de la pantalla, que ahora pilotaba un avión invisible con las piernas al aire y la melena al viento.

—Con razón el pelotudo está todo el día ahí sentado —dijo.

El pelotudo era yo.

—No mira porque haya mujeres —me quitó méritos mi madre—. No se toca, no hace nada. Le da lo mismo esto, que El Increíble Hulk o que B.J y el mono.

—Un poco se tendrá que calentar —terció mi padre.

—El televisor se calienta. Él no.

Era verdad. En ese entonces yo le daba una importancia muy relativa a la belleza física de la mujer. Estaba enamorado de Laura Ingalls, una tabla de madera con dos trenzas, y los domingos la engañaba con Buddy Lawrence, la hija menor de Family, que a veces ni siquiera parecía mujer. Me gustaban las varoneras, las que se iban solas a pescar al río, y no tenía mayor predilección por las tetas o los culos de las heroínas mayores.

La testosterona me empezó a hervir un par de años después, con la llegada de La Mujer Biónica. Lindsay Wagner no andaba nunca en bikini, pero tenía un airecito angelical, una reminiscencia de maestra jardinera adorable, que me hacía latir el corazón bastante más fuerte que cuando miraba, por ejemplo, El Hombre Nuclear; esta certeza a mi padre le alivió muchas pesadillas.

Sin embargo mis primeras encerronas en el baño no fueron fruto del amor por la del oído biónico, sino por uno de los tres ángeles de Charlie. Yo era conocedor de que la mayoría de mis amigos se masturbaba con Farrah Fawcett en la cabeza, y que la minoría lo hacía con Jaclyn Smith. Por eso sospecho que elegí a Sabrina, a Kate Jackson, la menos exuberante de las tres. Me encerraba con ella en el baño, los sábados a la tarde, o la rememoraba debajo de la manta, antes de quedarme dormido, con la convicción de que no estaba compartiendo mi fantasía sexual con nadie más, por lo menos con ninguno de mi clase.

Cuando llegaron Los Dukes de Hazzard se me acabaron los elitismos onanistas. A mí y a todos los chicos de trece años del oeste de la provincia. La prima Daisy fue el mayor banco de esperma de los años ochenta y la razón final de que todavía, a algunos, nos guste un poco el folk. La bikini antigua de la mujer maravilla me parecía ahora un bombachudo norteño, en comparación con los pantaloncitos de jean de la prima Daisy, y las camisas desabrochadas con los faldones atados sobre el ombligo, una lujuria nueva de la moda, un descubrimiento religioso que nos hacía rezar cada noche, antes o después del homenaje manual, una oración a la Virgen Desatanudos.

Después de la prima Daisy hay un vacío profundo. Quizá fue entonces cuando llegaron las mujeres reales y la televisión dejó de ser una fábrica de fantasías, o quizá fue que llegaron las drogas y no me acuerdo de nada. Una de dos. Pero los finales de los ochenta y los noventa completos no fueron pródigos en heroínas de televisión. Al menos no para mí; habría que preguntar a los muchachitos que en esos tiempos tenían trece o quince años. Preguntarles si se desangelaban con la agente Dana Scully, o si homenajeaban con ahínco a Buffy Summers, o si entraban en trance con alguna de las anoréxicas de Friends.

Para mí hubo un pozo de cien años, veinte malas vidas desperdiciadas, un cambio de continente, muchas amnesias temporales..., y una noche del año pasado, cuando ya no tenía esperanzas de que ocurriera de nuevo, llegó a mis ojos Anna Torv en el papel de la agente especial del FBI Olivia Dunham. Y entonces volvieron todas. Yo no sé si ustedes han visto Fringe alguna vez: la serie está muy bien, tiene misterio y suspenso y todo lo que quieras, pero lo que más tiene se llama Anna Torv, una australiana que me devolvió la fe en las heroínas de mi primera juventud.

En los ojos de la agente Olivia Dunham está Laura Ingalls, el primer amor, porque te la imaginás pescando a los trece años en un río de Melburne. Y cuando se va a casa a dormir sola, cuando se quita la pistola y se saca los zapatos, es también Buddy Lawrence y su ambigüedad sexual. Es la mujer biónica cuando Walter Bishop la llena de electrodos, y es la santísima trinidad de Charlie (Farrah, Jaclyn y el espíritu de Kate) cuando navega en universos paralelos y sale despedida de los parabrisas. La agente especial Olivia Dunham es la versión mejorada de Dana Scully y de Buffy Summers, y cuando se quita la ropa de fajina y se sumerge desnuda en la piscina del laboratorio para recodar el pasado, allí, es también la prima Daisy y la mujer maravilla que vio mi padre en 1978, cuando las tetas y los culos no eran algo de este mundo.

—¿Y esto lo pasan por la televisión, a esta hora? —preguntaría mi padre si pudiera ver a la agente especial Olivia Dunham—. Con razón el pelotudo está todo el día ahí sentado.

Y ese sería yo, otra vez.

Los setenta del Nesquik
y la tele en blanco y negro

Los televisores de nuestra infancia eran enormes, pesados y antiguos, pero nosotros los mirábamos con la fascinación de la modernidad.
ESPOILER - 10 de agosto, 2007
Enlace permanente » | Comentarios - 36

Lo supimos mucho más tarde, con rabia y vergüenza: las series que veíamos en blanco y negro, todas, eran a colores. Pero los daltónicos no éramos nosotros sino nuestros pobrecitos países, más atentos a mutilar películas y a censurar ideas que a aportarle tecnología al ocio de nuestra infancia.

La tele en color llegó a España muy tarde (también a Argentina, y un poco menos a México) como también llegaban tarde las producciones norteamericanas de la época. Todas las series que vimos desde la segunda parte de los setenta fueron emitidas en origen desde finales de la década anterior. Y algunas, como por ejemplo El Zorro, datan de los años cincuenta (ésta sí es blanco y negro de origen).

Pero nunca nos importó mucho. Éramos criaturas y el televisor un tótem rectangular que nos hipnotizaba sin importar su pobre tecnología ni la escasez de canales (cuatro en Argentina, dos en España).

Tengo la impresión de que las series de los setenta eran un poco mejores que las de los ochenta (que reseñé hace unos días). Es una impresión subjetiva y sesgada, pero teníamos al Superagente 86, por ejemplo, una comedia que tardaría mucho en tener secuelas de semejante calidad.

La infancia es nuestra verdadera patria, dijo alguna vez un poeta nostálgico, o demasiado viejo como para recordar dónde había nacido realmente. Y yo le creo. Si es así, las músicas de estas diez series que adjunto a continuación son los himnos nacionales de esa patria lejana. Y el Nesquik, por supuesto, el alimento básico de nuestro país en miniatura.

Top ten: los intros de los '70s

The six million
dollar man

[El hombre nuclear]
1974-1978

El hombre corría más rápido que el viento, y eso deseábamos hacer los niños de diez años. Y también veía a lo lejos, hasta, por ejemplo, el vestuario de las chicas. Pero él sólo usaba sus poderes para el bien. Qué idiota.

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The Bionic Woman
[La mujer biónica]
1976-1978

La versión femenina de El Hombre Nuclear no veía bien, pero tenía un oído poderoso. Quizás a las mujeres les sirva más esto, por el tema del cotilleo. Ahora se ha hecho una remake, pero es malísima. Nada hay como lo visto en la tierna infancia.

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Little House
on the Prairie

[La casa de la pradera /
La familia Ingalls]
1974-1983

Quien no haya visto esta serie es porque no tuvo niñez o, peor, porque no tuvo televisor. Todos los niños buenos estábamos enamorados de Laura y de sus largas trenzas. Cuando empezó a tener tetas, ya no le vimos más el peinado.

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Kung Fu
[Kung Fu]
1972-1975

Paz, besos y mucho amor para el enemigo. David Carradine nos enseñó, desde pequeños, a ser chinos en la forma zen de la palabra. A pelearnos a patadas voladoras y a llevar siempre un bolso raído en la espalda. Más tarde nos serviría para guardar el porro.

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Batman
[Batman]
1966-1968

Con esta serie aprendimos, antes que en la escuela, el valor universal de las onomatopeyas. ¡Zap! ¡Crunch! Cada golpe mortal a los malos venía con sobreimpreso sonoro. Esta ha sido la primera serie que, todos, hemos visto con subtítulos.

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Zorro
[Las aventuras de El Zorro]
1957-1959

"En su corcel / cuando sale la luna / aparece el bravo Zorro". Así comenzaba la versión castellana de la canción inicial. Han habido muchas remakes de esta obra cumbre de la llanura, y algunas mejores. Pero yo siempre me quedaré con la de Guy Williams.

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Kojak
[Kojak]
1973-1978

El calvo del chupachup, dirán ustedes. Nosotros decíamos el pelado de la chupaleta. Nunca me interesó mucho el argumento, no muy diferente a otros. Pero la bola de billar en la cabeza del eficaz detective era inconfundible y marcó una época.

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Get Smart
[El Superagente 86]
1965-1970

¡Qué pocas comedias en nuestra infancia! Ésta es una, y con la mejor intro de la época. El Superagente era lo mejor que nos podía pasar en los almuerzos, después de la escuela. Veíamos mil veces cada episodio y no nos importaba. I love 99.

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Gilligan's Island
[La isla de Gilligan]
1964-1967

Ésta es otra comedia simple con una buena canción introductoria, que también tenía su versión (malísima) en castellano. Hace años que quiero recordar la letra y no me viene a la cabeza. Quizá alguno de los lectores me ayude en los comentarios.

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The Brady Bunch
[La familia Brady / La tribu Brady]
1969-1974

Dejé ésta para lo último porque es la primera serie que vi en mi vida. La primera de un largo camino que no sé cuándo acabará. Los Brady, dos viudos con tres hijos cada uno, que se casan y viven aburridas aventuras. Sí, como Los Serrano, igual.

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