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Hernán Casciari nació en Buenos Aires, en 1971. Es escritor y periodista. [Más]

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Sección 'The Addams Family'

Los tiempos en que
el espanto nos daba risa

Autodenominados una familia muy normal, los Addams nos hicieron reír a puro humor negro y golpe de asquerosidad, desde 1964.
ESPOILER - 06 de septiembre, 2007
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La memoria me trae un recuerdo nítido. Era yo muy pequeño, y lo horroroso me provocaba miedo: la oscuridad, el dolor físico, las arañas, los leones y los féretros. Y entonces llegaron ellos, que decían ser una familia muy normal. Me costó adaptarme a sus rostros macabros, a sus costumbres, a sus mascotas, pero a los pocos días el miedo ya me daba risa.

The Addams Family se emitió, en original, durante dos años (1964 y 65) y contó con sesenta y cuatro episodios de media hora. En España se llamó La Familia Addams, pero en América latina su nombre fue Los Locos Addams. Y los nombres de cada personaje difieren de un lado y otro del Atlántico.

Los nombraré uno a uno: Homero (Gómez en España) y su esposa Morticia. Él era un padre ejemplar que adoraba meterse en su sala de torturas para relajarse. Ella cuidaba a su planta carnívora y vestía de negro riguroso. Él tenía como afición hacer explotar sus trenes eléctricos. Cuando ella hablaba en francés, él se excitaba tanto que no podía evitar besarle el brazo, desde los dedos y hasta el sobaco.

Tenían dos monstruosas criaturitas: Pugsley y Wednesday (Pericles y Merlina en América, Pugsley y Miércoles, en España). El chico era gordo y amaba con locura a su tío calvo; ella era muy poco social pero de una inteligencia mortífera. El tío resultó ser el personaje preferido de mi infancia. Se llamaba Uncle Fester (en España Tío Fétido, pero para mí siempre Tío Lucas), era muy pálido y tenía la cabeza como una bola de billar. Lo que más le gustaba en todo el mundo era meterse una bombilla en la boca y encender la luz en los momentos más inoportunos o absurdos.

Grandmama, por suerte, también se llamó La Abuela en todo el mundo hispano. Ella era una bruja, pero en el mejor sentido de la palabra. Su hijo, el más extraño de la serie, respondía al nombre de Cousin Itt (que en España se tradujo como Tío Eso, y en América fue el extravagante Tío Cosa) y tenía un idioma propio que sólo entendía su familia y, a veces nosotros, los niños y aterrados espectadores.

Y para acabar, dos personajes de lo más tétricos: el mayordomo Lurch (en América, Largo) que medía más de dos metros y siempre aparecía, presto, ante el llamado de la familia, con una voz de ultratumba y dispuesto a ayudar. Y por fin Thing (Dedos en América, Cosa en España) que era una mano —viva y dinámica— dentro de una caja. La extremidad autónoma más rara de mi infancia, y la más divertida.

No sé cuántas veces habré visto esta serie —yo creo que durante muchos años, sin importarme los episodios repetidos—; lo que más me gustaba era cuando aparecía por la casa un vendedor de alfombras, o un cartero, o cualquier vecino normal. ¡Ah, qué placer verles las caras de terror! ¡Qué alegría descubrir sus estampidas calle abajo, sus escapatorias humillantes! Y los Addams sólo querían agasajarlo con un esqueleto, o darle a probar el riquísimo dulce de ojos que conservaba la Abuela en el sótano.

Como dije, antes de la aparición de esta familia en mi televisor yo era un gordito asustadizo. Pero lo negro, lo monstruoso, lo deforme y lo tortuoso dejaron de formar parte de mis noches en vela, y comenzaron a habitar mis tardes de Nesquick. Y gracias a ellos supe, por primera vez y para siempre, que la carcajada es el antídoto natural contra todos los horrores.

¿Y cómo hago para ver esta serie?

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