Internet social solo será 3.0 cuando sea un negocio. Los años de productos disruptivos sin ingresos tocan a su fin. Internet no necesita más grandes promesas 2.0 que aumentan la alarma de un nuevo crash de las puntocom. Sobre todo cuando hay ejemplos de tecnológicas que ganan más que nadie en un contexto de crisis. Google, Apple y Amazon son las más conocidas, pero hay otras, como Yandex, Alibaba, o la plataforma social LinkedIn que sí abrazan un modelo de negocio creíble y sostenible.
En el saco del dospuntocerismo se enmarcan un sinfín de promesas con mucha innovación pero poco cash, y eso acaba siendo un problema. La evolución natural de cualquier negocio debe sustentarse sobre la firme promesa de obtener unos ingresos extraordinarios. La segunda palabra implica que los costes serán inferiores, a pesar de moverse en un terreno en el que el gasto es más difícil de controlar que en otros mercados convencionales.
La promesa 2.0 y la burbuja de siempre
Vivimos un hundimiento del valor bursátil de las tecnológicas. Se salva LinkedIn y los buscadores, Google y Yandex, su clon ruso. Las alertas de los inversores están en nivel naranja, los analistas claman al rojo y los gerentes de las redes sociales permanecen mudos ante los brotes verdes que Mark Zuckerberg impone. Para él, la bolsa solo era un necesario peaje de financiación para continuar con su obra. El problema ahora es que el Opus Facebook no podrá vivir ajeno a esto, o se le acabó seguir con su misión de cambiar el mundo.