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No le quedaba más remedio que emparentar los dos mundos. Las redes sociales nunca han sido el terreno en el que Google mejor se ha manejado y, por lo tanto, recurren a las búsquedas para tomar una posición de relevancia frente a Facebook, ante la inactividad de su proyecto social: Google+. De reojo pueden mirar a Twitter, sabiendo que la plataforma tiene un precio alcanzable, no solo en una hipotética adquisición, sino en acuerdos sobre el rastreo, que le repercutan ingresos a las necesitadas arcas de Twitter. Google no tienen prisa y busca una posición dominante en la negociación que, poco a poco, van consiguiendo, contrario a los primeros acuerdos, ya rotos, entre ambas compañías.
De alguna manera, Google pretende crear el mismo ecosistema que consiguió con las búsquedas. Aunque esta vez sabe que no podrá hacerlo de manera natural: que el usuario abrace masiva e inequívocamente sus productos arrastrando a los creadores de sitios a posicionar sus productos online. El buscador lo es todo. Y como tal, seguirá siendo el eje en la estrategia social, pero esta vez de manera artificial.