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28 septiembre, 2008 - 13:57

Alto standing

Se habla de “servicio social”, del “oficio más viejo del mundo”, de “mal necesario” pero, ojo, que también hay delito, y mafia, y vejaciones, y también chicas, chicos y trans que lo hacen porque les da la real gana, aunque no todos lo podamos comprender ni les alabemos el gusto… Dentro de este maremagnum hay distintas posiciones puesto que la falta de una legislación adecuada propicia las "lagunas", eufemismo que soterra: secuestro, violación, fraude fiscal, y un rico y variadísimo buffet de delitos.

“Mira, yo he estado en miles de casas de putas que te venden que son de alto standing y luego… Te venden la moto en el periódico, con unas fotos que te cagas y unas mansiones… Da igual que sea un chalet que un piso de lujo, todas te venden lo mismo y luego, llegas a la casa y es horrible. Lo primero, máximo silencio, un coñazo. Luego, cuando pasas al cuarto la impresión que te da es “Dios mío, aquí habrán entrado mil antes que yo”, da asco. En mi agencia cada habitación es de diseño, son suites temáticas. No entras y ves la cama y nada más… Cuando estás aquí lo que quieres es quedarte. Empiezas a saborear la pasta que te has gastado en el servicio. ¡Desde el primer momento estás ya satisfecho de tus quinientos pavos o lo que sea! En las otras piensas “¿Yo aquí una hora?, se me va a hacer eterno”, en la mía dices: “¿Sólo una hora? Yo aquí tengo para mucho”. Yo si pongo que vendo lujo, es que es lujo”.

Así de rotundo sonaba Mr. D., quien, como se deduce, gestiona PasarelaVip, una agencia de señoritas de compañía (bueno, y “señoritos” y transexuales también) de alto standing en un piso ubicado en una zona cara de Madrid. La página ofrece servicio de limusina, salas temáticas... Como el teléfono aparece bien clarito en la web, contacté con este señor, Mr.D., aceptó mantener una entrevista conmigo.

Conste que me indigna lo mal que se aborda el tema de la prostitución desde los foros de poder donde no dudan promocionar a bombo y platillo que van a realizar un debate sobre el tema para subir la audiencia pero lo cierto es que vistos, dichos programas resultan patéticos, amén de infructuosos y desnaturalizados. No saben investigar ni tampoco quieren ser honestos. Este tema sí que saca a relucir la doble moral. El otro día el telediario, la Secretaria de Igualdad ponía un claro ejemplo: ¿qué harían los periódicos sin los ingresos que les proporcionan las páginas de contactos? Y es que a río revuelto...

Estos días he entrevistado con varios profesionales del sector. Iré poniéndolas probablemente aquí, o mi blog personal.

Toco el timbre del portero automático. Me identifico. Un sonido me indica que empuje. Se abre una enorme verja metálica. Cruzo una zona ajardinada, la distancia que media hasta el portal de esta urbanización privada. Por encima del choque de mis tacones contra el suelo, a cada paso, escucho cómo me late el corazón. El miedo hace que la sangre me martillee las sienes. Ganas me dan de echarme atrás, de salir de ahí. “Puede ser que me esté metiendo en la boca del lobo” se me ocurre. Salgo del ascensor y pulso el timbre. Noto que me observan a través de a mirilla. Oigo girar hasta tres cerraduras. “Esto es como un bunker –pienso-. Y ya no puedes irte”. Abre la puerta un chico joven, con tatuajes que se asoman debajo de las mangas de su camiseta de marca. Me hace pasar y sentarme. Antes de irse, me ofrece una bebida. “Vaya –pienso con alivio-, no está mal”. Miro alrededor; hay una terraza que da al parque pero que se oculta tras los cortinajes, varios sillones de cuero rodeando la estancia y, presidiéndolo todo, una columna de acero, una barra americana, donde –supongo desde ya- las chicas ofrecen sus insinuantes bailes y stripteases. Escucho pasos. Inconscientemente, mis músculos se vuelven a tensar.

Estúpida de mí, llenita de prejuicios y de clichés cinematográficos, me imaginaba que mi cita sería con alguien como Torrente, una especie de sapo con pústulas y maloliente, cargado de ostentosas cadenas de oro, con pelos que asomarían por el cuello de la camisa, una ostensible culata marcándose en el bolsillo, aquejado de una halitosis de pronóstico grave y peluquín mugriento que escondería con torpeza una alopecia galopante. Nada que ver. Muerta me quedé cuando se abre la puerta y aparece un chulazo de esos que me producen flojera en las rodillas, un croissant que con gusto sumergiría en chocolate y engulliría sin remordimientos ni acordarme de la dieta… De un vistazo, mientras me levanto y alargo la mano, le hago un scanner: alto, cabeza rapada, bronceado… Con una camiseta de tirantes y un pantalón holgado, con goma a la cintura, de color azul celeste, ambos a punto de estallar por la presión que ejerce esa impecable masa de músculos digna de un campeón de halterofilia. Va depilado. Me regala una sonrisa de anuncio... Trato de reaccionar. ¿Ésta es la cara de la maldad? No segrego bastante "hormona de la compostura" como para que la testosterona se nivele. En realidad, lo último que me planteo ahora es entrevistarle, preferiría que me llevase a cenar… Torpona, disimulando muy malamente algo que él está harto de que le suceda, le sigo hasta la barra de bar del rincón, donde él mismo prepara unos refrescos. Nos sentamen uno de los sofás y empiezo a grabar.

-    Háblame de las chicas, del “nivel”. Cuando uno vende alto standing, ¿de qué estamos hablando?
-    De chicas que, para empezar, tienen un nivel cultural bastante aceptable. Las hay incluso con carrera, o que son azafatas. En principio, son gente que no necesita currar de puta para subsistir, sino que quieren el dinero para sus caprichos, para llevar su Gucci, su Louis Vouiton, sus bolsitos, sus zapatitos... Les gusta ese rollo, llevar su Cartier en la muñeca. Son chicas que saben hablar… No sé si decir que son inteligentes pero, para un rato valen. Son azafatas de compañía, no putas baratas de la Casa de Campo. Yo lo que vendo son chicas 10, son las que están en la web. No vendo photoshop. Si tú ves a una chica de mi agencia por Internet y la llamas o vas a la agencia, la que te encuentras llamando a tu puerta es la misma que has visto. Si la vieras por la calle sabrías que es ella… No como pasa que otros sitios que, cuando llega, dices “no me lo puedo creer, ¿pero qué me han mandado?”. Eso me ha pasado a mí mil veces cuando, para alguna de mis fiestas, llamo y elijo a una piba: “quiero ésa”. Me dicen que OK y, cuando llega la tía, es un monstruo, no sabe lo que es una fiesta, se pasa el rato mirando el reloj… En fin. Yo he sido cliente y lo que no quiero es precisamente que el cliente se sienta como cliente. Por eso he equipado el piso. Cuando tú llegas, entras a un salón, con su barra de bar, su barra americana, su sofá de cuero, su mesita, su plasma gigante, un equipo de música… Desde la recepción lo que percibe es calor, es acogedor. Lo mismo que en los locales más caros, sólo que mucho más privado y te sientes bien. El cliente está ya sentado en su barrita de bar, y llega la chica. Así, si es una persona insegura, se encuentra como respaldado, en una posición segura, cómoda, eso es psicología básica. Y a los hombres, como somos seres mononeuronales (risas), nos gusta que nos entren así.  Y entonces, llega la chica y entabla una conversación normal… Si quiere se toma una copa, que de por sí tiene un valor X, y tú ya le estás invitando… Pero, como todo en esta vida, favor por favor… Tienes que saber que eso cuesta dinero, para que lo valore. Y si la chica se toma una copa, ésa sí la paga porque eso es alternar. No solamente vendemos sexo, vendemos alterne. Lo bueno de esto es que si tú no quieres irte a un club donde tu vecino o un amigo de tu mujer pueda verte o identificar tu coche, te vienes aquí, donde hay discreción absoluta.

[...]

-    Hablemos de prostitución masculina.
-    Eso está más jodido... Las mujeres desconfían más. Normalmente suelen ser mujeres adineradas, la mujer de un empresario, de famosos, o una señora que tiene su dinero pero que no tiene tiempo de salir y conocer a un chico de un modo más natural o en una discoteca. Además cuando una mujer es rica, ya sabe que los chicos se le acercan por su dinero…
-    A nivel precios, ¿es más caro un servicio masculino?
-    Sí, porque se suele vender como un servicio de compañía de lujo. No tengo los típicos chaperos que lo mismo te hacen labores de hombre que de maricón, como los que hay brasileños, colombianos…., que los hay hasta debajo de una piedra, y que te cuestan sesenta euros o setenta y puedes hacer lo que te dé la  gana con él, como si lo pisoteas… Esa clase de chicos, normalmente no me interesa. Quiero chicos con los que se pueda hablar, que sepa tratar a una mujer, que la escuche, que sepa comportarse y que tenga muy buen físico, que es por lo que está pagando. Ella sabe que está pagando pero, por lo menos, tiene que estar a gusto y eso, con un chapero brasileño no pasa, porque al final, te va a vender pena.
-    Has mencionado que las mujeres desconfían, ¿a qué te refieres?
-    Es que imaginemos una artista famosa que le gusta pegarse fiestas y que quiere contratar los servicios masculinos de un escort, ¿a qué agencia recurre que le vaya a garantizar que eso no se va a saber? A ninguna. Necesitan una confianza y al final, funciona de amiga a amiga.
-    Es un mercado relativamente nuevo…
-    Sí, es que necesitas hacerte con una cartera de clientes y eso, lo llevan más mujeres. Yo tengo chicas, chicos de lujo exclusivamente para mujeres, no tengo chaperos -repite-, y transexuales.
-    Has dicho que es más caro. ¿Un servicio a un hotel, por ejemplo, cuánto cuesta?
-    A partir de seiscientos euros, pero está garantizado que el chico va a cumplir. Los chicos lo tenemos más difícil y los que yo tengo en la página, no están acostumbrados a estar con feas y en eso no se puede actuar (risas). Si te obligan a comerte algo desagradable vas a poner mala cara…
-    Es que la señora puede ser también muy mayor, ¿no?
-    Pues eso no pasa normalmente. Sí nos hemos encontrado con clientes feas, aunque suelen ser mujeres muy bien cuidadas. Hay que tener en cuenta que las mujeres que llaman están muy seguras de sí mismas porque tienes que tener valor. Para una despedida de soltera llaman pidiendo un stripper…
-    Pero eso siempre es distinto: están quince amigas de fiesta y, si pasa algo es porque hay feeling con el chico…
-    Sí, pero esto no. Esto es que está llamando adrede para venga un chico y te haga un apaño y te lo haga bien. Para eso hace falta valor y mucha seguridad.
-    Implica ser capaz de decidir que será sólo sexo, sin ningún tipo de relación, ni llamadas, ni nada…

(seguiré)


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