Jesús A. Núñez

Sobre el autor

Jesús A. Núñez es el Codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH, Madrid). Es, asimismo, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Pontificia Comillas (Madrid), y miembro del International Institute for Strategic Studies (IISS, Londres). Colabora habitualmente en El País y en otros medios.

La Liga Árabe y la Federación Española de Petanca

Por: | 29 de marzo de 2012

Veintidós años después de que Bagdad fuera el anfitrión, la Liga Árabe ha vuelto a la capital iraquí para celebrar su 23ª Cumbre. Al margen de que en clave nacional ese simple hecho sea un éxito diplomático de su primer ministro, Nuri al Maliki, la trascendencia de esta reunión viene siendo políticamente similar a la de una reunión de la Federación Española de Petanca. Confiando en que los responsables de ese deporte, que ocasionalmente he practicado, no vean esto como un menosprecio, lo que quiero señalar es que la historia de esa organización está llena de actos, reuniones, declaraciones y compromisos irrelevantes y nada indica que ahora vaya a ser algo distinto.

Más allá de las tradicionales apelaciones a la unidad árabe, lo que distingue a sus 22 miembros es precisamente su fragmentación y sus malas relaciones. Bajo el liderazgo de Egipto, la Liga se ha caracterizado desde su creación en 1945 por su inacción tanto en el terreno económico (que los siete Estados fundadores plantearon ya desde el inicio como una de sus áreas de responsabilidad) como en el político (basta, como ejemplo, con recordar su inoperancia en defensa de la causa palestina). A nadie se le puede escapar tampoco que, aunque en diferentes grados, ninguno de sus miembros es un régimen democrático y que ninguno de ellos ha apostado por la Liga como un actor relevante para atender a las necesidades y expectativas de los más de 300 millones de árabes.

Quizás precisamente esa acusada falta de legitimidad es lo que está llevando en este último año a la Liga a sobreactuar, pretendiendo hacerse pasar por un actor sensible a las demandas de la población, que se ha movilizado precisamente contra sus gobernantes por entender que han explotado las riquezas nacionales a sus espaldas. Conviene recordar que hoy únicamente han caído cuatro dictadores árabes, lo que significa que quedan otros 18 que (siempre matizando las diferencias que pueda haber entre unos y otros) no se distinguen precisamente por su vocación democrática y su pleno respeto de los derechos humanos.

Seguramente es por eso por lo que no deja de ser chocante ver a regímenes como el de Arabia Saudí pidiendo que se arme a los opositores sirios y demandando la retirada de Bachar El Asad.

Lo que no sorprende, por el contrario, es que el dictador sirio acepte (con comentarios que no se han dado a conocer todavía) el plan de paz de seis puntos que le ha presentado Kofi Annan, en nombre de la ONU y la propia Liga Árabe. Aceptar no significa cumplir- y por eso se siente libre para seguir matando a quienes se oponen a sus planes. Y, además, ese gesto encaja en su estrategia de aguantar hasta el 7 de mayo, día señalado para la celebración de las primeras elecciones multipartidistas desde 1963. Considera que ese aparente perfil negociador y reformista apaciguara a sus críticos y aliviará a sus principales defensores (léase Moscú).

Aprovechando que la oposición ha vuelto a fracasar en su intento de presentar un frente unido, y amparado en su superioridad militar (que le permite recuperar localidades que parecían ya en manos del Ejército Libre de Siria) y en la inapetencia internacional para intervenir militarmente en el país, cuenta con que el tiempo termine por agotar tanto a sus opositores internos como externos. Incluso, ahora mismo, no le viene nada mal que las huestes de Al Qaeda se hagan visibles en respuesta a la petición de su máximo líder, Ayman el Zawahiri, de combatir al régimen alauí.

Siria es hoy un corral muy revuelto en el que actores muy diversos tratan de dirimir sus diferencias. En esas circunstancias, la Liga Árabe no puede lograr la adopción de una postura común, lo que la condena a seguir siendo tan irrelevante como siempre. Quizás jugando a la petanca tengan más futuro.

Cumbre nuclear anodina en Seúl

Por: | 27 de marzo de 2012

Entre el sueño de un mundo sin armas nucleares y la realidad de las más de 20.000 cabezas nucleares (entre las activas y las retiradas, pero no destruidas) en manos de nueve países, es fácil pronosticar que la II Cumbre sobre Seguridad Nuclear, clausurada hoy en Seúl, no pasará a la historia. Si se toma la declaración final como vara de medida para evaluar los resultados de la reunión de los representantes de 53 países y cuatro organizaciones internacionales, el balance final es realmente anodino. Y esto no puede satisfacer a nadie cuando se piensa que con ese arsenal es posible la eliminación de la especie humana del planeta y cuando se toma en consideración que la proliferación es una dinámica en ascenso, a la que también se han apuntado grupos no estatales crecientemente interesados en hacerse con esos ingenios por cualquier vía.

Poco añade en términos reales a la seguridad mundial las llamadas que recoge la citada declaración final a emplear uranio menos enriquecido o a aumentar la seguridad de las instalaciones civiles y militares contra el terrorismo nuclear. Más que lo que figura en dicho documento, destaca que:

-      No hay medidas vinculantes en los 13 párrafos de la declaración, ni siquiera en el tema del terrorismo nuclear, que se ha querido primar en la reunión como el más relevante.

-      Aunque Israel, India y Pakistán- tres reconocidas potencias nucleares- han estado presentes en la reunión, ninguno de ellos ha mostrado el más mínimo interés en suscribir el Tratado de No Proliferación (TNP) y someter sus instalaciones y arsenales a los ojos de la Agencia Internacional de la Energía Atómica.

-      Se ha omitido por completo cualquier referencia a la creación de una Zona Libre de Armas Nucleares en Oriente Medio, que ya en la reunión previa (EE UU, 2010) se había identificado como una necesidad imperiosa y como parte de la agenda para el encuentro de Seúl. Eso no solo afecta al controvertido programa iraní, sino mucho más claramente (en la medida en que se trata de una realidad insoslayable) a Israel, única potencia nuclear de la región.

-      No hay ninguna referencia a Corea del Norte- que había anunciado que lo interpretaría como una amenaza a su seguridad- en un momento en el que su nuevo mandatario juega simultáneamente a ofrecer un acuerdo para suspender su enriquecimiento de uranio y a anunciar el inminente lanzamiento de un satélite espacial. Ese lanzamiento (que esconde en realidad una nueva prueba de un misil balístico de largo alcance) es visto como una amenaza inaceptable por Tokio (que anuncia su intención de derribarlo, lo que podría provocar una represalia norcoreana) y Washington (que anuncia su intención de suspender la entrega de alimentos acordada el pasado 29 de febrero). El problema añadido es que resulta muy improbable que Pyongyang renuncie a efectuar el lanzamiento que se ha presentado ya a su pueblo como uno de los actos principales de conmemoración del centenario del nacimiento del fundador de la actual dinastía dirigente, Kim Il Sung.

-      Tampoco hay mención alguna a los problemas que plantea el empeño estadounidense y de la OTAN en establecer sendos escudos de defensa contra misiles balísticos en territorio básicamente europeo. Algo que Moscú ve con notable aprehensión y que puede tensar las relaciones entre los dos países que poseen el 95% de las cabezas nucleares existentes en nuestros días. Si no hay un entendimiento en este terreno, difícilmente habrá progresos en la reducción de los arsenales nucleares de ambas partes, tal como planteaba el propio Obama en su ya famoso discurso de Praga (2009).

-      Mientras tanto, ni China, ni Francia, ni Gran Bretaña quieren darse por enterados. Si en algo han reducido sus respectivos arsenales los dos últimos es fundamentalmente por motivos económicos; pero ninguno de ellos quiere verse comprometido en un proceso global de desarme (tal como exige el TNP).

Frente a la gravedad de estos temas, no es posible compensar la inquietud que provocan insistiendo en la importancia de que Ucrania se haya deshecho ya de todo el uranio enriquecido que acumulaba o de que Kazajstán haya eliminado los problemas que plantea las instalaciones de Semipalatinsk. Con eso no basta.

Yihadismo en Francia, una amenaza para todos

Por: | 22 de marzo de 2012

La eliminación de Mohamed Merah a manos de la policía francesa no supone, desgraciadamente, el final de nada: ni del terrorismo, ni de la xenofobia, ni de la búsqueda del método más eficaz para hacerle frente a ambos problemas.

El terrorismo internacional yihadista es una de las amenazas globales que desde hace años nos afectan a todos. Desde el infausto 11-S estadounidense han sido muchos los errores cometidos como resultado de la nefasta estrategia definida por la administración Bush hijo (y seguida por otros gobiernos) en términos de “guerra contra el terror”. Convertida interesadamente en la amenaza más importante de la agenda de seguridad mundial, se optó por una estrategia militarista- con Afganistán e Irak como escenarios preferentes del empantanamiento en el que se sumieron Washington y sus aliados- que terminó por hacer de ellos magníficos campos de entrenamiento para los yihadistas de medio mundo. Hoy, estos grupos e individuos siguen operativos en muchos rincones del planeta, de tal modo que el castigo sufrido por el núcleo central de Al Qaeda- incluyendo la eliminación de su cabeza visible, Osama Bin Laden- no ha impedido que hoy sus franquicias regionales- con Al Qaeda del Magreb Islámico como la más cercana al territorio europeo- hayan ido ampliando su radio de acción y su operatividad.

El escenario europeo ha sido desde hace tiempo objetivo importante de este terrorismo- basta recordar a Madrid (11-3-2004) y a Londres (7-6-2005). Solo una combinación de buena suerte y de acertada labor de los sistemas de seguridad han hecho que Francia pudiera eludir, hasta lo ocurrido en estos últimos días, un golpe similar a los mencionados. Pero, por duro que sea admitirlo, era solo una cuestión de tiempo que algo así sucediera porque, por definición, no existe ningún sistema de seguridad perfecto y, además, matar es demasiado fácil para quien tenga voluntad de hacerlo.

Y más aún si, como todo apunta en este caso, los ataques los realiza un “lobo solitario” (por muy peculiar que Merah lo fuera, dado que, aunque actuó solo, parece claro que en su proceso de radicalización ha estado en estrecho contacto con grupos organizados tanto en Francia como en el extranjero).

Tras el alivio puntual que haya podido suponer para la sociedad francesa haberse liberado de un asesino, volvemos al mismo punto en el que nos encontrábamos. Es cierto que en nuestras sociedades hay individuos radicalizados que suponen una amenaza real para sus conciudadanos y que, igualmente, ninguno de nuestros gobiernos ha logrado ni desactivar acertadamente ese proceso, ni derrotar al terrorismo sea cual sea el método elegido. Estamos condenados a un permanente ejercicio de prueba y error que, en el mejor de los casos, solo logrará reducir la amenaza a niveles socialmente soportables (pero no a erradicarla totalmente durante mucho tiempo). No es un buen augurio, pero es el resultado del hecho de que, aunque Al Qaeda pueda estar estratégicamente derrotada, sus criaturas conservan una capacidad letal incuestionable.

Para hacer frente a esta amenaza, a partir de esa constatación, es necesario recordar que no existen atajos militaristas- que únicamente atienden a los síntomas más visibles del problema, sin entender que hay causas estructurales que deben ser abordadas con todas las herramientas de las que dispone el Estado de derecho. En ese esfuerzo es también fundamental evitar la demonización de los distintos, procurando integrarlos en sus comunidades de referencia para evitar precisamente la radicalización que conduce a la violencia terrorista. No menos importante es abordar las respuestas a esta amenaza en clave multinacional (dado que la amenaza es global, la respuesta también debe serlo). De momento, vamos con retraso en todos estos frentes.

Neofeudalismo en el siglo XXI

Por: | 20 de marzo de 2012

El muro de Berlín (1961-89) fue probablemente el más conocido de los muros de la vergüenza, pero ni fue el único ni el último en ser construido. Fueron los alemanes los que emplearon por primera ese término (Schandmauer, en alemán) para referirse al que la extinta República Democrática Alemana decidió construir en la dividida capital germana. Qué bien nos sonaba entonces esa denominación como expresión bien visible de la maldad intrínseca de los que se ubicaban al otro lado del “telón de acero”. Qué mal suena ahora, cuando es la expresión más visible de nuestro propio repertorio de medidas represivas frente a un mundo insosteniblemente desigual en el reparto de las riquezas.

La celebrada caída de ese símbolo de la Guerra Fría pareció interpretarse como el fin de las divisiones forzadas entre quienes habitamos la casa común (como Mijail Gorbachov gustaba de referirse al mundo globalizado que habitamos). Sin embargo, como bien nos recuerda hoy la noticia del muro que Grecia quiere erigir en su frontera común con Turquía, la construcción de nuevos muros (y el mantenimiento de muchos otros construidos con anterioridad) es también un rasgo crecientemente habitual en este nuevo siglo.

Vivimos un proceso de neofeudalismo en el que se tiende (equivocadamente) a creer que la solución a las amenazas que nos afectan pasa por la construcción de nuevas fortalezas. Progresivamente nos vamos encastillando tras altos muros que suponemos que van a preservar nuestro bienestar y nuestra seguridad frente al salvajismo que nos rodea. Enclaustrados tras altas paredes creemos estar impermeabilizados contra los males del mundo; sin entender que no hay ninguna valla que nos garantice la ansiada seguridad.

Aunque con diferentes motivaciones iniciales, en realidad todos los muros- desde la Gran Muralla China hasta el que Marruecos construyó en el Sahara Occidental, pasando por el que Israel está creando en tierras de la Cisjordania palestina ocupada, sin olvidar el que España ha elevado en Ceuta y Melilla- surgen del miedo a la invasión de los “otros”. Es una reacción que se repite en todas las latitudes- sea en la frontera entre Estados Unidos y México o en la que separa a China de Corea del Norte, o Irak de Kuwait o a Argelia de sus vecinos del sur.

Pero es, en todos los casos, una reacción condenada al fracaso. Nadie puede considerarse a salvo detrás de esas paredes, por altas y tecnificadas que sean, cuando las brechas de desigualdad siguen ampliándose e impiden a un amplio porcentaje de la población mundial satisfacer sus necesidades básicas.

Atenas, reciba o no los fondos que solicita a Bruselas, no puede creer que los 10 kilómetros de barrera a lo largo del río Evros (compartido con Ankara) van a solucionar sus problemas. Es cierto que la entrada diaria de 300 indocumentados en su territorio excede sus capacidades en solitario para atender a las necesidades que plantean ; pero la solución no puede ser el despliegue de más efectivos de Frontex ni el levantamiento de un muro feudal. Desgraciadamente este está siendo el enfoque principal de la política comunitaria de inmigración; sin entender que la apuesta por el desarrollo y la seguridad de quienes nos rodean redunda directamente en nuestro propio beneficio. ¿Hasta cuándo?

Desatino de ministros españoles

Por: | 15 de marzo de 2012

No es fácil determinar quién ha estado más desatinado en sus recientes comparecencias parlamentarias, si el ministro de exteriores, José Manuel García-Margallo, o el de defensa, Pedro Morenés. Ambos, en cualquier caso, son buena muestra de la vigencia de esquemas que deberían haber quedado arrumbados al menos desde el final de la Guerra Fría y que, por tanto, no son útiles para diseñar y ejecutar la política exterior, de seguridad y defensa de una potencia media como España en pleno siglo XXI.

El primero ha vuelto a usar (adaptado a las circunstancias) el tan viejo como equivocado planteamiento de “cañones o mantequilla”, traducido ahora en términos de “ayuda oficial al desarrollo o pensiones y ambulatorios”. Parece que algunos siguen sin entender que la cooperación internacional al desarrollo no es hija de la buena fe o de la caridad, sino del simple cumplimiento de compromisos acordados (el mítico 0,7% del PIB establecido hace más de cuarenta años) y de la acertada lectura sobre el vínculo que liga al desarrollo y a la seguridad. En un mundo globalizado, el desarrollo de quienes nos rodean redunda directamente en nuestro propio desarrollo y en la seguridad de todos. Basta con esa perspectiva, a la que se pueden añadir elementos morales y éticos, para entender de la brutal reducción de la ayuda oficial al desarrollo (solo 0,29% del PIB en 2011) no solo llevará a España a seguir incumpliendo sus compromisos, sino también a disminuir sus opciones en el concierto internacional y a limitar sus aportaciones a la seguridad mundial.

Para rematar su desacierto, el ministro ha tratado de apoyar a las fuerzas armadas con el insostenible argumento de que son actores humanitarios que incrementan la visibilidad de España en lugares donde otros no pueden actuar. Bien le vendría repasar los documentos del Comité de Ayuda al Desarrollo de la OCDE para entender que los ejércitos, por muy bien valorada que sea su actuación en contextos internacionales ante catástrofes o conflictos violentos, eso no los convierte por ensalmo en actores humanitarios.

Por su parte, el segundo ha insistido en que España está en una posición “razonablemente buena” para hacerse con el concurso (todavía por abrirse) para la venta de unos 250 carros de combate Leopard a Arabia Saudí. Se pueden entender los apuros del ministro para poder atender la descontrolada cifra de no menos de 26.000 millones de euros que su gabinete adeuda a la industria de defensa por los llamados grandes programas. Una historia que arrancó en 1996 y que trataba de modernizar el equipamiento de las fuerzas armadas con una fórmula tan rocambolesca como difícil de cumplir. Hoy, esa hipoteca ahoga a nuestra defensa hasta el punto de obligar a un replanteamiento global de la estructura y capacidades de los ejércitos. Algo que, de momento, nadie parece querer asumir.

También se puede entender el afán del ministerio por preservar una cierta capacidad industrial para atender a las necesidades propias y para poder colaborar en proyectos multinacionales (sobre todo en el marco de la Agencia Europea de Defensa). Pero por muy importante que pueda ser mejorar las expectativas empresariales de General Dynamics Santa Bárbara Sistemas, el fin no justifica los medios. El régimen wahabí de la casa de los Saud es cualquier cosa menos un modelo de respeto de los derechos humanos y de compromiso con el Estado de derecho. La simple aplicación estricta de la propia legislación española sobre el comercio de armas (Ley 53/2007) debería servir para bloquear de raíz las actuales acciones gubernamentales españolas para hacerse con el jugoso contrato (unos 3.000 millones de euros). Un poquito más de coherencia entre los valores y principios que decimos defender y la manera de defender nuestros legítimos intereses debería hacernos comprender que no todo vale.

El finiquito de Ahmadineyad

Por: | 13 de marzo de 2012

El propio régimen había fijado en el 65% de participación el umbral que marcaba el éxito de la convocatoria para renovar los 290 escaños del noveno Majlis (Parlamento) desde el arranque de la revolución en 1979. Por su parte, la oposición había pedido el boicot por entender que, como en ocasiones anteriores, sus candidatos habían sido previamente eliminados de la contienda por el Consejo de Guardianes, lo que restaba credibilidad a unos comicios- los primeros desde las controvertidas/fraudulentas presidenciales de junio de 2009- en los que las cartas estaban marcadas a favor de las tesis más conservadoras del régimen.

De este modo, todo se reducía comprobar si finalmente se alcanzaría ese nivel de voto- que ha quedado establecido en un 64,2%- y a tratar de dilucidar quién saldría reforzado de las urnas con vistas al futuro, sabiendo que la relación de fuerzas resultante determinaría en buena medida la agenda política interna para los años venideros. Con la victoria (75% de los escaños) de los partidarios de Ali Jamenei, líder supremo de a revolución, está claro que Ahmadineyad se va a enfrentar a muchos problemas para desarrollar lo que le queda de mandato (hasta 2013), arruinando de paso sus aspiraciones de regresar posteriormente a la presidencia en 2017 (puede optar a un tercer mandato, pero no puede ser consecutivo a los dos que ya lleva en el cargo).

Por el camino, no solo Ahmadineyad está a punto de recibir el finiquito, sino también los progresistas y el sector menos ultraconservador del espectro político iraní. De hecho, solo resta que en 2013 los ultraconservadores terminen por rematar una tarea que, desde la derrota de Mohamed Jatami, viene cerrando el paso incluso a los que desde dentro del sistema puedan cuestionar mínimamente la legitimidad de los sucesores de Jomeini. Aunque queden rescoldos de pugna ideológica, cada vez más el choque entre estos sectores es de carácter económico, con los alineados con Jamenei dispuestos a resistir el empuje de quienes aspiran a beneficiarse de un modelo que reparte privilegios entre unos pocos. En esta lucha, resulta clave la opción que tomen los Guardianes de la Revolución, que se han convertido en un actor económico de primera magnitud al frente de un conglomerado empresarial que ha aprendido a sacar tajada hasta de las sucesivas sanciones internacionales. Interesados en mantener esa posición de privilegio, en sus manos está (mucho más que en las de los votantes) inclinar la balanza a favor de Jamenei o de Ahmadineyad.

Aunque el poder de Ahmadineyad decline a ojos vista, no cabe esperar que en la escena internacional se vayan a producir cambios sustanciales. Es elemental entender que el programa nuclear iraní no habría llegado hasta el punto actual si no contará tanto con el apoyo de la inmensa mayoría de los iraníes- convertido ya desde hace tiempo en un asunto de orgullo nacional- y, desde luego, del propio Jamenei. Quienes se reparten hoy el poder en Irán- desde la doble legitimidad, religiosa y política, que define el modelo de velayat e-faqih- son igualmente antioccidentales y conscientes de que se acercan al punto de alcanzar el ansiado liderazgo en Oriente Medio. Por tanto, ni cabe imaginar que vayan a ser más contemplativos con Occidente, que vayan a abandonar su programa nuclear o que vayan a dejar en la estacada a su aliado sirio.

Vientos y tempestades en Libia

Por: | 09 de marzo de 2012

En el refranero español hay sentencias para todos los gustos, lo que permite pontificar sobre cualquier cosa y su contraria sin problema alguno, asignando la responsabilidad de lo dicho a la supuestamente infalible sabiduría popular. Mirando lo que acaba de ocurrir en Libia, con la proclamación de un consejo autonómico en la Cirenaica, bien cabe recuperar aquello de que “quien siembra vientos, recoge tempestades”. Lo malo en este caso es que, si no se frena de inmediato esta peligrosa dinámica, nos arriesgamos a que lo siguiente sea un huracán en forma de violencia generalizada en buena parte del país.

Lo de los vientos- analizado el asunto desde la perspectiva occidental- parte del convencimiento generalizado de que los llamados rebeldes nunca lograrían por sí solos derrotar militarmente a las fuerzas leales a Muamar el Gadafi. Dado que ya se había determinado que la desaparición del dictador libio era la única salida posible, se tomó la decisión de manipular la resolución 1973 del Consejo de Seguridad de la ONU para convertir a las fuerzas aéreas de la operación Protector Unificado en el arma principal para inclinar la balanza a favor de nuestros nuevos socios. Unos socios que no se distinguían precisamente por su vocación democrática o su respeto de los derechos humanos, pero que podían servir como parche transitorio (a falta de otro mejor a corto plazo) para estabilizar el país.

Bajo esa genérica denominación de rebeldes, cabían antiguos compañeros de viaje del propio Gadafi (como el actual líder del Consejo Nacional Transitorio, Mustafa Abdel Jalil, exministro de justicia del régimen y leal al líder de la Yamahiriya durante largo tiempo), pero también líderes tribales, espontáneos jefes militares (a la cabeza de milicias improvisadas en diferentes localidades del país), sin olvidar a islamistas radicales de larga trayectoria y, por supuesto, a personas de buena fe que solo deseaban recuperar su dignidad y su libertad en el marco de un Estado de derecho. En resumen, una coyuntural y mal avenida amalgama de personajes que solo compartían el deseo de liberarse del sátrapa y, en su mayoría, de obtener el mayor trozo posible de la tarta que se repartiría tras su caída.

Y ahora nos enfrentamos a las tempestades provocadas por aquellos errores y precipitaciones. Mientras se incrementan las dudas sobre la posibilidad de que en junio puedan finalmente celebrarse las elecciones, las señales que emite Libia ya eran inquietantes antes del reciente anuncio de un amplio grupo (se habla de 3.000 líderes y jefes tribales cirenaicos) de desmarcarse (sin que sea posible saber en qué grado) del CNT. Si, por un lado, se registra una notable emergencia del componente islamista radical en el escenario político, por otro, parece claro que los nuevos gobernantes no han logrado imponer su autoridad en todo el territorio nacional. Simultáneamente, se suceden episodios de indisciplina, protagonizados por las innumerables milicias armadas que solo responden a sus jefes directos. Eso significa, igualmente, que no se ha podido desarmar a dichas milicias ni integrar a sus miembros en las fuerzas policiales y militares del Estado (se habla de un plan que afecta a 50.000 excombatientes).

El panorama actual muestra, en definitiva, la pujanza de las históricas fracturas regionales (entre la Tripolitania y la rica Cirenaica), a las que se suman las tribales y las de los que ahora pretenden traducir el poder de sus armas en poder político en la nueva etapa que debe abrirse en Libia. Son muchos de ellos los convencidos de que solo por la fuerza de las armas lograrán alcanzar sus objetivos. ¿Hay alguien dispuesto/capacitado para evitar el huracán?

China-India, palabras mayores

Por: | 06 de marzo de 2012

Casi a espaldas de la atención mediática la agenda de relaciones bilaterales entre China e India va cobrando una temperatura que apunta a mayores niveles de inquietud en el inmediato futuro. Basta con recordar que entre ambos gigantes suponen en torno al 36% de la población mundial, para comprender de inmediato que lo que les afecte a ellos repercute invariablemente en todo el planeta.

El día 3 terminaron las maniobras militares indias “Pralay” (Devastación), desarrolladas durante cuatro días en el estado fronterizo de Arunachal Pradesh. Se trata de un territorio que India administra desde 1987, pero que es reclamado en su mayor parte por China como parte de la Región Autónoma de Tíbet.

Al día siguiente, el portavoz del parlamento chino- mientras su ministro de exteriores visitaba precisamente Nueva Dehli- anunció que el presupuesto de defensa para este año aumentaría en un 11,2%, hasta alcanzar un total equivalente a los 110.000 millones de dólares (aunque diversas fuentes elevan esa cifra en un 50%, al añadir los gastos en el terreno nuclear y en actividades espaciales). Si se recuerda que ya el año anterior ese mismo presupuesto había aumentado un 12,7%, que China ya es el segundo país del mundo por volumen de gastos de defensa (tras unos Estados Unidos que quintuplica el presupuesto chino) y que recientemente Pekín ha reiterado su intención de duplicarlos para 2015, podemos hacernos una mejor idea sobre la China que viene.

Por su parte, India trata de responder en la misma medida al esfuerzo de su poderoso vecino. En esa línea, su presupuesto militar del último año fue un 11,6% mayor que el de 2010, llegando a los 36.000 millones de dólares; lo que lo sitúa como el décimo país del mundo por volumen de gasto en defensa.
Aunque en ambos casos, sus gastos de defensa no superan el 2% de sus respectivos PIB, parece claro que han entrado hace tiempo en una carrera armamentística que genera preocupación en ambas capitales, pero también en otros países del continente. Para los 14 países que comparten frontera con China, el auge militar de quien parece llamado a protagonizar (probablemente en compañía de Estados Unidos) la historia de este siglo, no puede ser percibido como una buena noticia. Tampoco lo es para India, que comparte 4.000km. de frontera terrestre, pero que también tiene intereses contrapuestos en las aguas del océano Índico y del mar del Sur de China. Y lo mismo cabe decir de otras potencias como Japón, Filipinas o Australia, a las que Washington ya se está acercando de manera directa en un movimiento que le llevará a buen seguro a incrementar su presencia militar en la zona Asia-Pacífico.

Lo previsible, de momento, es que ambos paíese continúen aumentando su potencial militar (para alegría, en lo que corresponde sobre todo a India, de los principales exportadores de armas, con Washington y Tel Aviv a la cabeza) e intensifiquen sus movimientos ajedrecísticos. Así, China procurará aumentar los dolores de cabeza de India, animando a Pakistán; mientras, en reciprocidad, India hace lo propio apostando por Vietnam y otros países del sureste asiático. Simultáneamente, cabe suponer que seguirá aumentando el esfuerzo chino por consolidar su “collar de perlas” en el Índico- estableciendo acuerdos con Pakistán, Singapur y otros, para facilitar los movimientos de su creciente flota oceánica-; en tanto que India tratará de seguir inmiscuyéndose en zonas marítimas que Pekín considera propias. Nada bueno, en definitiva.

II Maratón de Gaza, corriendo contra los elementos

Por: | 02 de marzo de 2012

El pasado día 1 se celebró la II Maratón de Gaza, iniciativa de la UNRWA que pretende lograr fondos con los que financiar los Campamentos de Verano que se organizan desde 2008, dirigidos a los más de 250.000 niños y niñas que viven encarcelados en los exiguos 400km2 de la Franja. En la carrera participaron unos 2.000 niños y niñas (haciendo relevos cortos) y unos 500 adultos, entre los que se encontraban 13 atletas representando al Comité Español de la UNRWA.

A pesar del ambiente de fiesta que caracterizó el evento- porque de eso se trataba también en un escenario tan acostumbrado a las penurias y a la violencia- era imposible abstraerse del negativo entorno circundante. Ni siquiera las condiciones climatológicas facilitaron la tarea a quienes se atrevieron a recorrer la distancia que separa a Beit Hanoun (en el norte) de Rafah (en el sur), puesto que tanto la lluvia como el fuerte viento contribuyeron a crear una sensación térmica más propia del norte europeo.

Mientras esto ocurría, el diálogo político palestino-israelí está completamente paralizado desde el pasado 26 de enero- cuando se cumplió el plazo dado por el Cuarteto para que ambas partes presentaran propuestas detalladas de negociación-. Además, las condiciones de vida de los más de 1,5 millones de habitantes de la Franja no hacen más que deteriorarse, como resultado del permanente asedio al que están sometidos por Israel. Estamos hablando, sin ningún ánimo de exageración, de la mayor prisión del planeta, en la que el carcelero (Israel) aplica una estrategia tan simple como racionar la entrada de suministros de todo tipo (incluyendo alimentos, combustible, material de construcción y hasta papel, lo que dificulta hasta el extremo la recuperación de instalaciones y viviendas destruidas en la operación Plomo Fundido, de 2009) y realizar constantes operaciones de castigo que no solo eliminan a posibles enemigos, sino también a población civil indefensa.

Por su parte, otros actores como la ONU o la UE parecen no darse por enterados. Aunque el secretario general de la primera visitó Gaza el mismo día de la prueba atlética, su intención no era participar en ella, sino inaugurar un nuevo proyecto de construcción financiado por la ONU. Nada se sabe entretanto (aunque es fácil adivinar que la respuesta será negativa) de la petición realizada por Mahmud Abbas para que Palestina sea reconocido como miembro de pleno derecho en la Organización.

Por lo que respecta a la UE, Catherine Ashton todavía estuvo en la Franja el pasado 25 de enero. Su visita sirvió para firmar un nuevo apoyo económico a la UNRWA- demostrando que la Unión sigue siendo el primer donante internacional a los palestinos-, pero en el plano político se limitó a reiterar la necesidad de que Israel abra los pasos que conectan a Gaza con el mundo. Poco (nada) cabe esperar de un actor que se debilita a ojos vista en el escenario internacional, sumido en su propia crisis económica y en una renacionalización que hace aún más difícil que algún día pueda hablar y actuar conjuntamente fuera de sus fronteras.

Israel, mientras tanto, seguía a lo suyo. Por mencionar un solo hecho, esa misma madrugada invadió las instalaciones de dos cadenas televisivas (Watan TV, en Ramala, y Al Quds Educational TV, en El Bireh).
Aún así, la carrera pudo celebrarse y se lograron recaudar unos fondos (que pueden seguir aumentando a través de www.maratondegaza.com) que permitirán que este próximo verano los niños y niñas de Gaza puedan volver a disfrutar temporalmente de juegos y actividades formativas que los alejen de la miseria y la violencia en la que están creciendo.

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